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Tres riesgos de la Comisión de Reconstrucción: exclusión, miopía e incapacidad

Publicada el 11/05/2020 a las 06:00

El objetivo de la recién estrenada Comisión para la Reconstrucción Social y Económica es alcanzar un acuerdo sobre el diseño de los grandes temas para afrontar la crisis económica y social generada por el covid-19. Según lo aprobado, dicha comisión, liderada por el socialista Patxi López, trabajará sobre cuatro ejes en otros tantos grupos de trabajo: el refuerzo de la sanidad pública; la reactivación de la economía y la modernización del modelo productivo; el fortalecimiento de los sistemas de protección social, de los cuidados y la mejora del sistema fiscal; y la posición de España ante la Unión Europea.

Semejante desafío va a tener que afrontar, al menos, tres riesgos, cada cual mayor: el primero, el de la exclusión de otras miradas y criterios ajenos a la lógica partidista, como consecuencia de haber limitado notablemente la participación de la sociedad civil; el segundo, cometer el enorme error de diseñar un plan para volver a la situación anterior como si eso fuese posible y no se hubiera aprendido nada; y el tercero, el más obvio, que el propio Patxi López señalaba en la sesión de constitución, el de la falta de acuerdo. El primer riesgo es de exclusión, el segundo de miopía, y el tercero de incapacidad. Porque su fracaso sería que los acuerdos volvieran a ser vistos como pactos limitados a los partidos políticos sin conseguir el consenso social suficiente, crear el espejismo de un retorno sin más a la "normalidad pre-covid" constituiría una enorme irresponsabilidad; y terminar los trabajos sin alcanzar un acuerdo, un descrédito, otro más, de la política ante la ciudadanía.

El primer riesgo tiene que ver con el método elegido para diseñar la reconstrucción. Lo que en un principio se planteaba como un gran acuerdo político y social que llegaba a compararse con los Pactos de la Moncloa ha quedado reducido, fruto de las condiciones impuestas por el Partido Popular, a una comisión parlamentaria. Para sus trabajos prevé contar con un número limitado de comparecencias de expertos y la posibilidad de solicitar informes a entidades de la sociedad civil. El funcionamiento previsto, limitado al procedimiento parlamentario, goza de toda la legitimidad democrática en tanto que se produce en el Parlamento, donde está representada la soberanía nacional, pero queda muy lejos de los criterios de participación y deliberación pública a los que pretenden llegar las democracias más avanzadas. Ni siquiera se han contemplado los mecanismos de parlamento abierto, ya desarrollados en el plano teórico y experimentados en algunos países. Una auténtica regresión en materia de participación y de calidad democrática para unos acuerdos que necesitan de la implicación de todos los agentes políticos, sociales, económicos, y para los que es necesario contar con la complicidad del conjunto de la ciudadanía. Sin la presencia activa del mundo del conocimiento y la generación de ideas, de empresas de todos los tamaños y sectores, de los ecosistemas tecnológicos y de innovación, de la cultura, de los jóvenes, y de un largo etcétera de sectores sociales, será imposible abordar el desafío.

El segundo gran riesgo tiene que ver con el lugar al que se quiere llegar, debate ideológico donde los haya. Si se pretende volver a la situación previa a la pandemia querrá decir que los grandes desafíos que estaban pendientes se dejan a un lado, y lo que es más grave, que no se ha aprendido nada, haciendo caso omiso a la máxima churchilliana, "nunca desaproveches una buena crisis". Entre los desafíos previos a la pandemia, el más urgente y de mayor alcance es sin duda el climático. En toda Europa se está viviendo una tensión entre quienes quieren hacer del Pacto verde europeo el marco de la recuperación y quienes siguen considerando que esto del medio ambiente es un lujo de ricos. Ahora –dicen– toca recuperar, y luego ya veremos qué hacemos con el cambio climático. En lo concreto, esto supone licencia para seguir quemando carbón, dinero público para la industria del automóvil sin condicionalidad alguna, o rebaja de los requisitos ambientales con la excusa de "dinamizar la economía" como ha hecho la Junta de Andalucía, en su decreto de mejora y simplificación de la regulación para el fomento de la actividad productiva en Andalucía, llevado a los tribunales. En España, como en toda Europa, esta pugna está viva y está por ver cómo terminará; pero sería conveniente empezar por definir bien los términos. Titular esta comisión como "de reconstrucción" invita a pensar en un horizonte de volver a construir lo que se ha caído sin imprimir ningún cambio. La enorme inyección de dinero público que va a practicarse en los próximos meses debería servir, por el contrario, para renovar el modelo económico, y no para reconstruirlo. Es decir, debería ser una herramienta para poner en marcha las reformas estructurales que permitan alumbrar un sistema económico más sostenible, más seguro, que incorpore los desafíos del siglo XXI y radicalmente centrado en la transición ecológica. Según muestra este informe liderado por la Universidad de Oxford y en el que han participado, entre otros, el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, la transición ecológica no sólo atañe a la mejora ambiental, que es tanto como decir a la posibilidad de vivir en este planeta, sino que es la forma más segura y sólida de acometer la recuperación económica.

El tercer riesgo es el que planea de forma más visible sobre la comisión: un fracaso de los parlamentarios y sus respectivos partidos, que agravaría la desafección ciudadana y podría desencadenar una enorme crisis política. El no acuerdo hundiría a todos los partidos en el océano del descrédito, a excepción –quizá-, de los únicos que siguen haciendo creer que están fuera del barco, los neofascistas, que podrían resultar beneficiados. Para que unos y otros entiendan esto, es vital que hagan un buen análisis de lo acontecido la semana pasada en el Congreso con objeto de la prórroga del estado de alarma. El Gobierno, al borde del abismo, obtuvo una lección de la importancia de la gestión política, y no sólo técnica, de esta crisis. Si en un parlamento tan fragmentado como el actual la negociación entre los partidos y las conversaciones entre los líderes debe ser cotidiana, en una situación como esta ha de priorizarse y estar permanentemente al máximo nivel. El Partido Popular, por su parte, experimentó en carne propia lo que es quedarse descolocado, como han reconocido algunos de sus líderes, y con fricciones internas, como las manifestadas por Feijóo. Si no es por una abstención de última hora que no ha contentado ni a unos ni a otros, Casado se hubiera encontrado rodeado de incómodos compañeros de viaje para él, y todo por no entender su papel o pensar que puede jugar un rol que no es el suyo. Por su parte, ERC intentó reaccionar a última hora al ver cómo Ciudadanos le arrebataba el papel de apoyo crítico al Gobierno, pero ya era tarde. Sólo Inés Arrimadas, en un giro de timón que parece querer convalidar los pecados del último año de Ciudadanos, entendió las ventajas que tiene volver a la centralidad, aunque si quiere convertir este movimiento táctico en estratégico necesitará tiempo, vistas las críticas y tensiones internas que se han producido. En definitiva, tras tres días en vilo, se puede concluir que ninguno de los partidos ganó, unos perdieron más que otros, y aunque hay que esperar para ver si este movimiento supone un cambio de escenario o es puntual, al menos debería servir para que todos sean conscientes de que el fracaso que supondría terminar sin acuerdo los trabajos de la Comisión de Reconstrucción no dejaría a nadie libre de culpas, y en él arrastrarían al conjunto de la ciudadanía.

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11 Comentarios
  • ArktosUrsus ArktosUrsus 12/05/20 15:36

    Un buen análisis pero a mi juicio poco atinado. Se están cerrando acuerdos fuera del ámbito político. Empresarios y sindicatos se han sentado con el Gobierno para acordar algunas medidas. No todas, pero ya es algo. El resto de organizaciones sociales pecan de la fragmentación que hace que parezca más que preguntan "¿qué hay de lo mío?" que ofrecen soluciones. El segundo es impecable: o cambiamos o las próxima pandemia igual nos lleva por delante. Ojalá lo entiendan todos, incluyendo unos empresarios más pendientes de los dividendos que de la reinversión. Pero es en el tercer punto donde el análisis, por clarividente que sea, no nos sirve. Dos no acuerdan si uno no quiere. Y la tensión entre los dos bloques la crea quien no está dispuesto a sentarse a hablar salvo que se haga lo que ellos piden. La tensión izquierda derecha se ve además distorsionada por las tensiones territoriales, especialmente con Cataluña. Si estás dispuesto a que prime tu sentido de nación sobre tu sentido de clase, no puedes llamarte "izquierda". Los "huligans" de las banderas (sean las que sean) sólo quieren negociar el tamaño de la misma. Todo lo demás les importa poco, incluyendo los ciudadanos que viven en el país al que la bandera (sea la que sea) representa. En la derecha no hay problemas. Se llamarán "derechita cobarde" o lo que quiera que se digan, pero votan juntos, cabalgan juntos aunque sea al lado de los jinetes de la Apocalipsis. En la izquierda empezamos por preguntar de qué tamaño es la montura o la anchura de las cinchas de la silla. Alguna vez, tal vez, la izquierda de este país entenderá que primero es arreglar los problemas de todos y luego los de los colectivos minoritarios. Para eso hay que tener altura de miras y una proyección más allá de las próximas elecciones. Lleguemos a una base común y consolidada esta, empecemos a proyectar el resto de peticiones. Utópica propuesta. Pero algo menos que pensar que se puede llegar a algún acuerdo con quien dice una cosa y mañana otra según estén en el poder o en la oposición. El objetivo de la derecha no es resolver el problema (les dejaría sin bazas) sino volver a mandar. ¿Se puede acordar algo con quien tiene ese objetivo?

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  • kikonazo kikonazo 11/05/20 18:32

    Si desde luego es Marcos de Quinto quien tiene que dar ideas, ¡apaga y vámonos! Esto no va de neoliberalismo, y que lo arregle el Mercado. Si no queremos saqueos y parece que algunos quieren ir por ese camino, arrimemos todos el hombro.

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  • Bastagoya Bastagoya 11/05/20 18:11

    Entiendo que se trata de una reconstrucción, sino, más bien de una Revolución. Volver al pasado inmediato manteniendo como pilares de la economía: El turismo de alpargatsa, la construcción como motor de la actividad, y las exportaciones basadas en la devaluación salarial es un gran error que nos ha traido al lugar donde estamos. Esta comisión es más bien un lavado de cara, que un intento real de Reinventar nuestro sistema productivo. Faltan voces tales como: las organizaciones empresariales, los sindicatos, los expertos en I+D, IA, economistas ... y los que opinamos que hay que aprovechar las oportunidades que ofrece la crisis para afrontar el necesario cambio climático.

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  • Isa. Isa. 11/05/20 17:00

    Interesante por desafiante leer el porvenir que analizas.. valiosa advertencia a considerar. El predominio de los riesgos, cada cual mayor. Tal vez tiene que darse el tiempo para crear la probabilidad de enfrentar el cambio, asumiendo pruebas de ensayo, y errores que convivan con antiguas estructuras durante el tiempo de procesar. A lo mejor, es otra manera de avanzar, como caminar en zigzag o haciendo eses.. si sucede, será porque aún seguimos no preparados. Gracias por tu estudio detector. Qué sin caer en el excesivo pesimismo, alerta muy sensatamente. Gracias, Cristina

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  • passarola passarola 11/05/20 12:01

    No son los politicos los agentes necesarios y relevantes para esa comision, los politicos solo deben buscar los cauces para que lo que la ciencia y la sociedad decida llevar adelante se materialice. Mal empezamos conociendo la falta de inteligencia de los politicos de este pais, mal vamos.
    Saludos,

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  • estovamal estovamal 11/05/20 10:41

    Menos mal¡. Creo que es el primer comentarista que se refiere al asunto. Es decepcionante que entre los dichosos "cuatro ejes" con que se van a entretener en el Congreso, no se haga referencia a la cuestión del cambio climático y la necesidad de una transición ecológica. Vamos apañados. Y luego, que estamos desengañados de los políticos¡.
    Gracias, profesora.

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  • Concha Monserrat Concha Monserrat 11/05/20 09:53

    Como casi siempre en la palabra elegida/mal elegida está la clave ¿Reconstruir qué? ¿Volver al momento anteriuor?. De esto habla atinadamente el artículo y un apunte más liviano : puestos a introducir -por cierto con gran éxito- nuevas palabras en nuestra cotidianiedad deberían esmerarse casi tanto como hacen las fuerzas de seguridad en bautizar sus operaciones vg Operación Balmes.

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  • Ozaez Ortega Ozaez Ortega 11/05/20 08:01

    Mientras los avariciosos compulsivos e indolentes ( neo - liberales ) no se pongan en tratamiento no pactaran , porque pactar es poner limite a su trastorno Y los reaccios del nacional - catolicismo se apuntaran a priori
    No tengo esperanza

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    • Ozaez Ortega Ozaez Ortega 11/05/20 08:03

      A posteriori, perdon

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  • Ayla* Ayla* 11/05/20 07:17

    Si no lo enfocan para cambiar el modelo económico actual, es que no han entendido nada.
    Que no participen expertos y entidades de la sociedad civil no es un buen inicio. Se ha visto claro durante este tiempo que es importante tener los pies en el suelo cuando se adoptan medidas, desde el Congreso no siempre se tiene el detalle de lo que es la vida real.
    Entiendo que se llevara a una comisión para intentar una participación de la oposición, pero ya se ha visto que el PP se ha tirado al monte y no está por la labor de construir (dentro de su línea habitual cuando no está en el poder).
    Y como sigan mirando encuestas, a ver quién gana, mientras discuten las medidas, perderemos todos.

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  • MASEGOSO MASEGOSO 11/05/20 06:24

    Una visión clara, entre otras muy importantes, de la discapacidad de consenso entre los partidos políticos del arco parlamentario.
    Las dudas son claras y a la ciudadanía se la aparta de dar ni un simple consejo.
    Es someter a esta ciudadanía a las veleidades de oportunismo de dirigentes de partidos políticos que nos someten a las necesidades y vivencia de sus partidos.
    No es hora de reconstruir, es hora de levantar nuevos cimientos, asirnos a un salvavidas y empezar de nuevo.

    Y, sin duda, se puede si todos arrimamos el hombro y estas negociaciones salen fuera del Congreso. Pisar la calle con la decisión popular de la ciudadanía, sin banderas ni subterfugios.

    Buen artículo Sra. Monge. Gracias.

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