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No tengo miedo, tengo siete años

Publicada el 27/06/2020 a las 06:00

Hace unos días, en un parque, se acercó a mi perra una niña preciosa de mirada inteligente con gafas de montura azul turquesa. Era como un delicioso dibujo animado convertido en persona real: “¿Puedo acariciarla?”, preguntó con soltura.

Cuando adopté a Betty los niños le asustaban y les ladraba, así que advertí a la niña de que quizás podía reaccionar así, aunque ya casi nunca lo hace. Me enamoró su respuesta: “No tengo miedo, tengo siete años”.

Lo dijo resuelta y poderosa, firmemente preparada para afrontar cualquier peligro. Solté una carcajada con mezcla de sorpresa y ternura, era para comérsela.

Ella jugó tranquilamente con Betty, y yo –en plan señora pesada que se preocupa– le dije: “después te lavarás muy bien las manos ¿verdad?” y me contestó con los ojos muy abiertos, señalando a una chica que nos observaba a cierta distancia: “mi madre tiene mucho gel”. La madre asintió sonriente.

Esa combinación perfecta entre confianza en sí misma “tengo siete años” y la seguridad de saberse protegida, su madre vigilante, es ideal para que un cachorro de humano pueda saborear lo bueno afrontando un riesgo controlado. ¿Cuándo perdemos ese otro equilibrio entre la despreocupación y el principio de realidad, esa mezcla necesaria para sobrevivir en la jungla disfrutando de la aventura?

El miedo al rebrote –miedo ante un riesgo real– convive con el “me la pela” o el “a mí no me va a pasar”–pensamiento mágico–. Hay un coro desafinado entre las voces que recuerdan que esto no ha terminado y aquellas que parecen proceder de otro mundo… sin distancia, sin mascarilla, sin peligro.

Dicen algunos que hemos visto demasiado bingo en balcón y no estamos al tanto de la dimensión… ¿De verdad? ¿Existe alguien tan ajeno a la gravedad de la situación? ¿Y cuántos ataúdes tiene que ver alguien antes de meterse en el coche para saber que, si se ha pasado de copas o lo pone a doscientos, puede matarse y matar?

Me encuentro entre las voces “pesadas”, esas que insisten a diario en mantener alta la guardia de la precaución y tengo la sensación de que quienes lo hacemos, proyectamos cierta amargura en la mirada de los y las “melapelistas”.

Tranquilidad, al menos en mi caso, es justo lo contrario: Yo quiero salir, quiero trabajar, quiero ir a un concierto, quiero ir al cine, quiero viajar, quiero abrazar, quiero que mis sobrinos disfruten y tengan futuro, quiero que mi madre ochentera se atreva a pisar la calle y tenga presente. Mantengo intacta la pasión, quiero vivir sin miedo y que todos podamos hacerlo, por eso insisto.

Mi querido Carmelo Machín ha sobrevivido al covid-19 con graves secuelas. Tras 40 días ingresado en aislamiento y pegado a su “carrito del helao”–así llama a la máquina de oxígeno de la que depende 24 horas– afirma: “No se puede jugar con el virus, en este juego nadie gana”

La peque que jugó con Betty va con su madre que vigila en el parque para que ella pueda disfrutar de la vida con sus gafas de color azul turquesa. ¿Y nosotros, los adultos? ¿Necesitamos que otros nos vigilen para no jugarnos nuestra salud y la de todos? ¿En serio? ¿Tenemos el principio de realidad de una niña de siete años?

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13 Comentarios
  • tarrul tarrul 28/06/20 11:10

    Que maravilla Raquel. Muchisimas gracias.

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  • radelpca radelpca 27/06/20 20:10

    pues si Raquel.Si que es ese el principio de realidad que tenemos.Como explicar si no que estemos palpando el riesgo de subsistencia de la especie humana,que no del planeta por nuestro desaforado intervencionismo en el cambio climatico y no hagamos nada??

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    3

  • Gauri Gauri 27/06/20 18:26

    Para comerte.

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  • Antonio LCL Antonio LCL 27/06/20 17:11

    Muy bueno tu artículo Raquel y muy acertado el cierre, con cuanta pasión!

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    1

  • Isa. Isa. 27/06/20 14:38

    Lo vi hasta en el hospital al meapila, tan insurgente.. Via via!!
    Vieni via di qui!!

    De aquí, a la eternidad "No tengo miedo, tengo 7 años." Abrazos

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    1

    • Isa. Isa. 27/06/20 14:57

      (Al melapela)

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      0

  • Yonecko Yonecko 27/06/20 12:16

    ¡¡¡Genial!!! Una verdad como un templo, pero no entiendo ¿por qué no se dice claramente que hay actitudes inteligentes y otras que no lo son?. Si el periodismo pusiese ese adjetivo, la mayoría de los que se sienten maravillosos por ser "diferentes"y no "obedecer" las directivas del "gobierno".- ¿Se imaginan un pie de pagina debajo de esas fotos "Peligroso nivel de inteligencia de esta juventus"?

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  • CinicoRadical CinicoRadical 27/06/20 10:56

    simios en evolución
    Ánimo.Salud,Responsabilidad

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  • GRINGO GRINGO 27/06/20 08:57

    Que si hay gente que no se cree la gravedad del problema ????.....lo definió claramente un portavoz de la Policía en plena pandemia.

    "En España hay más tontos que infectados....".

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  • Ayla* Ayla* 27/06/20 08:49

    Pues tristemente parece que vivimos rodeados de personas con menos seso que la niña de siete años.
    Y esos comportamientos no son de la "Nueva normalidad" vienen arrastrados de la antigua.
    Educación, sentido común, empatía.... Actitudes que escasean

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  • paco arbillaga paco arbillaga 27/06/20 08:02


    «¿Necesitamos que otros nos vigilen para no jugarnos nuestra salud y la de todos? ¿En serio? ¿Tenemos el principio de realidad de una niña de siete años?»

    No estaría nada mal que todo el mundo tuviéramos una «madre» (ellas, las reales, también) que nos vigilara, protegiera, acogiera cuando lo necesitamos. Quizás esa «madre» debería ser la sociedad, una sociedad que de verdad nos acogiera a TODxS prestando atención prioritaria a quien más lo necesita.

    En una sociedad en la que predomina el «tanto tienes, tanto vales», la presencia física, el «me lo vas a decir tú a mí», el «envoltorio» bonito que tape lo que lleva dentro, pedir el derecho a la protección de una «madre» me parece necesario y hasta revolucionario.

    Raquel, por tu ternura, por tu humor, por los sentimientos que manifiestas en tus escritos, te mereces una buena «madre». Muy fan. Osasuna para la gente decente.

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