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¡Cuidado! Ni más solos, ni más lejos, ni más débiles, ni más líquidos, ni más superficiales

Publicada el 26/07/2020 a las 06:00

El optimismo y el pesimismo deben barajarse con cuidado porque definen el desvelo de nuestra conciencia, la frontera que de forma inevitable se establece entre el ser y el estar, entre lo que somos y el lugar que habitamos. Si malo es caer en la ingenuidad, malo es también permitirle a la lucidez que nos empuje hasta esa puerta del infierno en la que hay que abandonar toda esperanza. Se trata de resistir: así andamos o navegamos hoy. Resulta conveniente no darse por perdidos, ni pensar que el futuro será un camino de rosas. Conviene que los versos de nuestro tiempo cultiven con disciplina la sabiduría fronteriza de un optimismo melancólico o de una melancolía esperanzada.

Después del esfuerzo optimista de los meses de confinamiento (la consigna de que juntos hay que salir de la dificultad), ahora las vacaciones se acercan a mi casa cargadas de inquietudes personales. Es otro modo de defender la palabra juntos. Y no me refiero ya al panorama político de superficie, en el que los plásticos de todo tipo invaden el mar, sino a las profundidades de la vida, a la cultura que nos hace sentir y ver el mundo cada vez que formulamos opiniones o recibimos una emoción. No quiero ser aguafiestas, pero la mayoría de las respuestas a la epidemia que nos enorgullecen sólo demuestran hasta qué punto se ha interiorizado una cultura neoliberal que desplaza la experiencia social e histórica por una realidad virtual enfocada al individualismo posesivo y a confundir la libertad hedonista con la ley del más fuerte o con su versión doméstica: el cliente siempre tiene razón.

Si la economía neoliberal sustituyó la riqueza productiva de bienes por los beneficios de la especulación, su voluntad de operaciones abstractas, de negocios que matan, pero no se tocan, ha calado en el modo de pensar la vida, la cultura, la educación, la soledad, el trabajo y los vínculos sociales. El virus neoliberal se ha empeñado en hacernos vivir sin estado y sin estar, vivir donde no somos, fantasmas de una quimera especulativa.

1.- El gran beneficio democrático de la educación se condensa en el camino que va de la casa al colegio. La primera lección que se aprende es que, más allá de los credos y costumbres particulares, hay un espacio público en el que convive la diversidad. Esa tarea cívica palpita en la raíz de toda organización de conocimientos. Asusta la alegría con la que se festejan las nuevas posibilidades de una clase no presencial. Y lo que vale para el colegio vale también para la vida universitaria. Sin cafetería o teatros, las vocaciones cambian de horizonte.

2.- La cultura no es un entretenimiento. Inseparable de la educación, la cultura forma conciencias críticas y emociones capaces de sostener una imaginación moral. La cultura nos enseña a entender el dolor ajeno y a compartir la alegría. Asusta el orgullo con el que muchos protagonistas de la cultura se han dedicado a entretener a la respetable población mientras estuvo confinada. Gente que no tiene "tiempo" para la cultura en sus vidas normales, necesita ser entretenida cuando no puede salir de su casa. La cultura, igual que el fútbol, se convierte así en un espectáculo televisivo en el que no duelen las patadas y no impresionan de verdad los gritos, los penaltis o los goles.

3.- El lugar de trabajo es el mayor factor creativo de conciencia democrática. En él se consolidan los vínculos y los derechos de una vida digna. Asusta ver cómo se celebra el teletrabajo, cada uno en su casa, cada cual con su falta de vocación y su soledad, y todos dispuestos a caer en el desmantelamiento laboral en favor (ya tardarán poco) de las subcontratas, los falsos autónomos y los mensajeros sin derechos que cruzarán las redes con una bicicleta y una mochila a sus espaldas. Generalización de la enfermedad existente: un ser humano humillado por las posibilidades tecnológicas más que una tecnología pensada para adecentar el trabajo de las personas. Regular el teletrabajo un día a la semana, como una conquista para la conciliación familiar, es una cosa. Sustituir los centros de trabajo por una pantalla es otra decisión muy diferente.

4.- Todo tiene que ver con la liquidez del deseo que quiere negar los cuerpos, la realidad de carne y hueso. El deseo existe y puede ser una pulsión sin objeto, pero asusta convertir su dinámica en una negación de la realidad más que en una necesidad de dar respuestas justas. Cualquier detalle merece atención, pero nadie puede pretender que un árbol oculte los bosques o que el capricho se convierta en reclamación de un cliente poco satisfecho. Es el deseo que alquila vientres, compra cuerpos, niega la biología, se permite despreciar las vacunas y coloca evangélicamente en red las nuevas supersticiones.

Todas estas inquietudes nacen de la conciencia de que la nueva cultura democrática necesita establecer un diálogo, inevitable e imprescindible, con la ciencia y la tecnología. Siempre ha sido así y ahora resulta más necesario que nunca. Por eso es tan importante que no se confunda el futuro tecnológico con una supresión de la experiencia carnal, es decir, que no se confunda la tecnología con la especulación virtual de las supersticiones tecnológicas. Esas supersticiones nos citan para trabajar y emocionarnos allí donde no somos, allí donde perdemos el sentido de la explotación o de la convivencia.

Atravesé la pandemia como un optimista melancólico. Me adentro ahora en las vacaciones como un pesimista esperanzado, porque necesito negarme a estar cada vez más solo, más lejos, más débil, más líquido y más superficial.

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16 Comentarios
  • palangana republicano palangana republicano 27/07/20 15:44

    MUY BIEN LUIS BUEN ANALISIS POLITICO

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  • Nuñez Nuñez 26/07/20 19:15

    Maraviloso!!!! Como siempre. No defraudas. Felicidades por un artículo tan acertado!

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  • Segedano Segedano 26/07/20 11:38

    “Asusta ver cómo se celebra el teletrabajo”, dice Luis. Y tanto. Yo me permitiría concretar: asusta ver cómo se celebra el teletrabajo en las condiciones actuales: sin protección para los trabajadores, sin seguridad ni privacidad de las redes para las empresas, sin regulación alguna, en definitiva.

    En 1964, Umberto Eco publicó un ensayo premonitorio, “Apocalípticos e integrados”, en relación con la cultura popular y la comunicación de masas (incipiente como nuevo fenómeno, en aquellos años). Su tesis todavía genera interesantes reflexiones sobre el uso y recurso de las tecnologías en las relaciones económicas, sociales y laborales.

    Eco nos advirtió de un falso dilema, como sería la aceptación acrítica de cualquier tecnología en aras de una mayor eficiencia empresarial y comercial o la también posible reacción contraria de carácter ludita y negadora por principio de cualquier avance técnico.

    Respecto del teletrabajo, a actual ministra parece tenerlo claro (ver sus declaraciones de hoy mismo en El País), así como los sindicatos de clase, que aquí se juegan buena parte de su base social y, en consecuencia, de su poder. No parece ser el caso de la patronal, que de momento sólo ve la posibilidad de reducir costes en infraestructuras y medios y, sobre todo, la oportunidad perfecta para profundizar aún más en la individualización de las condiciones de trabajo.

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  • JuanRíos JuanRíos 26/07/20 11:30

    Eso de las supersticiones tecnológicas merece una aclaración. También te diré que las frases en negrita me parece que en este caso no son lo más importante. Me parece que el artículo de hoy te ha quedado farragoso. Pero no te lo tomes a mal que casi todos los días te salen bien. Saludos.

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  • W. SMITH W. SMITH 26/07/20 11:25

    Uno de los más peligrosos espejismos del confinamiento para una parte de la población más joven, y menos joven, fue la aparente normalidad de todo lo digital, lo virtual, lo no físico. Al mismo tiempo que lo físico (mascarillas, ventiladores, UCIs, personal sanitario, agricultores, distribuidores, supermercados, ...) aparecía como asuntos de vida o muerte. Pero entre lo virtual y lo físico tenemos que encontrar, caro Luis, un nuevo equilíbrio con mucha educación y cultura. Porque los abducidos neoliberales por todo lo online corren el riesgo de actuar como sonámbulos: creen que mientras las redes e internet no se caigan de poco hay que preocuparse. Sonámbulos, zombies, abducidos ... ¡que peligro¡

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  • MASEGOSO MASEGOSO 26/07/20 10:24

    A las personas que, por cualquier circunstancia laboral nos ha llevado a habitar fuera de nuestro entorno la nostalgia nos lleva, a veces, a pensar qué cambio ha fomentado en nuestras vidas.

    Unos buscan Madrid o Barcelona por ser el lugar donde hay más posibilidades de encontrar un trabajo, de vivir en directo una cultura y, sobre todo, de aprender diversas formas de vida que aún siendo la misma, según el lugar siempre es algo diferente. Te enriquece la vida, te llena de expectativas más amplias y a la vez te acerca a seres humanos que en el entorno del lugar de nacimiento, educación y evolución no hubieses podido conocer.

    A través de estas páginas y a lo largo de los años que infoLibre se edita, personalmente, he tenido la enorme satisfacción de haber encontrado personas con afinidades ideológicas, gustos personales y puntos de vista comunes que, sin ellas no hubiese podido lograr.

    Esta pandemia la superaremos, entre todos y a ambos lados de los océanos . Superar el terrible poder del neoliberalismo nos va a costar más ya que, en sus manos, están las nuevas tecnologías que nos hacen perder el contacto humano en el trabajo y que en ocasiones nos lleva a realizar más horas laborales de las pactadas. En nuestras manos está el potencial humano de darle la vuelta a la tortilla, aún perdiendo algún que otro trocito.

    Gracias maestro y buen verano.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 26/07/20 09:20


    «El lugar de trabajo es el mayor factor creativo de conciencia democrática.» En mi caso sí lo fue. Desde antes del proceso de Burgos en 1970, y sobre todo a partir de la «voladura» de Carrero Blanco en 1973, en la empresa donde trabajábamos unos cientos de personas, en el Baix Llobregat, se creó un ambiente politicosocial, fomentado con la aparición de compañerxs de organizaciones clandestinas y que con sus intervenciones en las asambleas a la hora del bocadillo se informaba y concienciaba de la dura realidad del país.

    Iniciados los 60 tuve el privilegio de tener como compañeros de trabajo a unos anarquistas que habían participado en la guerra incivil para defender sus ideas. Fueron personas de las que aprendí mucho por su comportamiento como compañeros (por mi edad podía ser hijo o nieto para alguno de ellos) y por las vivencias que me contaron habían sufrido en la guerra y en la posguerra; personas a las que admiraba y por las que siento una inmensa gratitud.

    Aquellos tiempos que nos tocó vivir fueron muy revueltos, llenos de miedo, esperanza, y todo ello contribuía a unirnos, a crear lazos con algunos, y aunque no todos participaban en las «movidas», la mayoría apoyaba lo que se hacía: paros, huelgas, distribuir información, colectas para empresas en huelga. Hasta en el 23-F algún compañero que vivía solo fue acogido en casa de otros, por si las «moscas».

    Hoy los tiempos son muy diferentes y no me parece que el lugar de trabajo sea el único donde concienciarse de la realidad sociopolítica. El teletrabajo me parece una muy buena opción, aunque como todo en esta vida depende cómo se aplique, si solo va a ser para beneficio de la empresa. Se pierde con él el contacto físico con lxs compañerxs, pero también esa misma tecnología permite estar en contacto con ellos y planificar o estudiar mejoras laborales y las acciones para conseguirlas. Ojalá en aquellos tiempos hubiéramos podido disponer de esos medios de contacto y no tener que reunirnos en lugares «clandestinos» solo para hablar de nuestras reivindicaciones.

    Mi recuerdo agradecido para los que se fueron y para los que quedan. Espero, amigos, podamos evitar el puñetero virus que nos ronda. Osasuna.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 26/07/20 08:45

    Informo que se puede leer libremente un cincuenta por cien de mi libro El desorden de los toldos. El espíritu del viaje habita esta novela!...
    En: https://www.amazon.com/El-desorden-de-los-toldos-Spanish/dp/1521301034
    Buen día!

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  • AILEMA AILEMA 26/07/20 07:38

    Respecto al artículo de García Montero, " .. Ni más solos.. ", estoy de acuerdo. También he pensado hacia dónde nos estaban dirigiendo, sí, evidentemente a una sociedad mucho más manejable para los poderes fácticos o económicos. Ya se lleva tiempo trabajando en ello, faltaba algo para que, con el miedo en el cuerpo, fuéramos mucho más vulnerables hacia sus intereses. Y NO NOS ESTAMOS DANDO CUENTA, QUÉ PENA Y QUE CONTENTOS ESTAMOS...

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  • Grandota Grandota 26/07/20 07:20

    Muy buena reflexión. No perdamos el contacto con la realidad, hacerlo nos haría peores personas y de eso se beneficiarían la minorías de siempre 

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