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Claves para resetear (IV): Un día y un año después de la vuelta al cole

Publicada el 24/08/2020 a las 06:00

En la situación de pandemia actual no es de extrañar que el debate educativo esté girando alrededor de qué va a pasar con la vuelta a las aulas. No se alcanza a entender qué han hecho las distintas administraciones desde marzo hasta ahora, final de agosto, para no tener previstos todos los planes de contingencia necesarios. Más allá de reclamar la obviedad que supone que los estudiantes tienen que ir a la escuela, hay que plantear qué pasará cuando un grupo o un centro tenga que cerrar. ¿Estarán los menores atendidos o volverá a recaer el peso en las familias, es decir, generalmente en las mujeres? ¿Podrán seguir trabajando on line porque dispondrán de programación, materiales y metodología adaptada o todo quedará al albur de lo que cada profesor improvise? La falta de respuesta a estas y otras preguntas genera incertidumbre y, por lo tanto, miedo.

Ante semejante panorama, es ya inaplazable el debate sobre el replanteamiento de aspectos claves del sistema educativo. Mientras discutimos qué pasará el día después de abrir los centros, hay que debatir acerca de lo que debería ocurrir un año después.

Lo urgente

Lo único cierto es la incertidumbre, sin duda. Pero es deber de cualquier gestor, de lo público y de lo privado, ir acotando los márgenes para reducir esa incertidumbre. A un par de semanas de comenzar el curso el trabajo sobre planes "a", "b", "c", "d", etc., debería ser meramente su divulgación e información, en el bien entendido que esos planes: A) Debían estar ya elaborados. B) Deberían haber contado con el concurso y participación de toda la comunidad educativa. C) Deberían contemplar tanto aspectos sanitarios como sociales y educativos. Hasta lo que se sabe, y con alguna excepción como la Comunidad Valenciana, como se explica en este artículo, poco se conoce de lo previsto por las Comunidades Autónomas tanto para el día que se puedan abrir las aulas como para cuando haya que cerrarlas. Ideas, desde luego, no faltan. Aquí unas cuantas del catedrático de sociología Mariano Fernández Enguita.

La dinámica de la pandemia obliga a ir actualizando los planes de contingencia a medida que avanza. Por eso hay que tener en cuenta que, como se dice en este artículo, más allá de las medidas sanitarias que se puedan tomar, la clave para garantizar la seguridad en la escuela es tener una baja transmisión comunitaria del virus. De lo contrario, será prácticamente imposible que no existan brotes, rebrotes y cierres de aulas o centros enteros.

Considerando lo anterior, lo fundamental no es que los centros educativos estén abiertos. Es lo preferible, sin duda, pero en la situación actual de disparo de los contagios, la clave es que el proceso educativo esté garantizado. A ser posible, en las aulas, y si no, por las vías que los requisitos sanitarios permitan, incluyendo aquí todos los aspectos, tanto educativos como sociales. No parece positivo, por tanto, crear un mantra con la apertura de las escuelas. Es lo deseable, ya digo, y más cuanto más jóvenes son los estudiantes, pero conviene ampliar las miras y tener un "plan b" organizado y programado por si el "a" no fuera viable.

Lo importante (y también urgente)

Restringir el debate sobre educación a la vuelta al cole no deja de ser mirar el dedo que señala a la luna, aunque en este caso puede servir para hacer un primer diagnóstico de algunas de las carencias del sistema educativo que conviene revisar en esta voluntad de resetear y relanzar. La pandemia puso de manifiesto la transversalidad que la educación tiene en la sociedad. Si la escuela cierra, o la escuela tiene problemas, repercute en la vida de las familias que tienen que asumir el rol de educadores a tiempo completo, en las jornadas laborales de los adultos y por tanto en las empresas, en la conciliación que tendrán que gestionar empresarios, sindicatos y trabajadores, en las dinámicas de movilidad en las ciudades, etc. Prácticamente nada le es ajeno a la educación, por lo que se impone una reconsideración de su papel en la sociedad. Es hora de dejar de hablar de "gasto educativo" para empezar a hablar de "inversión en educación", y no puede dilatarse más la reforma profunda del sistema de selección y la formación del profesorado para hacer de dichos profesionales la figura relevante, de prestigio social, con iniciativa y capacidad de formación permanente imprescindible para cumplir su cometido.

Si países como Finlandia lo han conseguido, ¿por qué aquí no es posible? Quizá porque la inversión en formación del profesorado ha caído de forma exponencial desde el año 2009 (con un ligero repunte en 2015, que volvió a descender en la misma proporción al año siguiente). Tanto es así, que actualmente en España la inversión en formación del profesorado está por debajo de lo que se dedicaba en 1997. En lo concerniente a la inversión en investigación educativa los datos son igual de alarmantes, ya que las cifras se sitúan en los niveles de 2005, en torno a 48 millones de euros en 2018. Significativa es la curva descendente desde 2009, cuando se alcanzó la cifra máxima de 151 millones de euros, es decir, el triple de la cantidad que hoy se destina a la misma actuación en un mundo más digitalizado. Los problemas que hoy sufre la educación no lo son por designio divino, se trata de invertir, trabajar, evaluar lo conseguido y aspirar a la excelencia.

Todo esto adquiere mayor importancia en un contexto en continuo cambio como el que vivimos. En la era de la tecnología, donde los estudiantes de cualquier edad viven rodeados de dispositivos electrónicos con acceso a toda la información, el rol del profesorado no puede ser el mismo que hace dos décadas. Los sociólogos de la educación llevan años intentando explicar que en un contexto así, el profesor debería dejar de ser un transmisor de conocimiento para convertirse en un gestor de la educación, alguien que guía y acompaña al estudiante a recorrer los caminos que llevan al conocimiento. Porque, recordémoslo, en la red no hay conocimiento. Hay datos, muchos datos. A veces, incluso algo de información. Pero el conocimiento es otra cosa, y en los estudiantes es el resultado del trabajo que llevan a cabo con profesores y compañeros. El papel del profesorado, como se ve, es fundamental. Pero no puede ser el que era, y eso, nuevamente, implica formación; es decir, inversión por parte de la administración y voluntad por parte del profesorado.

Otra de las cuestiones que la pandemia ha mostrado a las claras es la función igualadora que tiene la escuela. La sociología de la educación ha estudiado a fondo el papel de transformación social que tiene la educación, y buena parte de él consiste en hacer que el ascensor social funcione, limando así las desigualdades. En España, a grandes rasgos, puede afirmarse que desde mediados de los 80 hasta la crisis del 2008 funcionó considerablemente. Fueron las políticas neoliberales de recortes las que detuvieron el ascensor social y pusieron en marcha las espirales perversas de la desigualdad. Es vital revertir esta tendencia con políticas públicas innovadoras, ambiciosas y dotadas de fondos suficientes.

Las paredes de las aulas son de cristal. Todo lo que pasa fuera tiene su reflejo dentro, y todo lo que ocurre dentro acaba repercutiendo fuera. La pandemia ha dejado ver muchas de sus carencias, pero también ha puesto de manifiesto la importancia estructural que tiene en el conjunto de la sociedad. El Ministerio de Educación acaba de transferir 2.000 millones de euros a las comunidades autónomas para paliar algunas de las urgencias. Esto debería ser el preámbulo de un programa ambicioso de inversión plurianual cuyo primer reflejo se necesita ver ya en los Presupuestos Generales del Estado de 2021 que se empezarán a negociar de inmediato. Además de pensar en qué pasa el primer día de curso, es imprescindible debatir qué queremos que pase un año después.

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11 Comentarios
  • senenoa senenoa 24/08/20 19:33

    Me temo que, una vez más, se ha puesto en evidencia lo evidente: El Estado de Bienestar, y dentro de él la Educación Pública, importa poco a nuestros dirigentes. Teoricamente los elegimos para que se ocupen, precisamente, de ello... Y una y otra vez vuelven a demostrarnos lo equivocados que estamos. Y tampoco en esta ocasión aprenderemos gran cosa. ¿O sí?

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  • estovamal estovamal 24/08/20 13:53

    No puedo mas que felicitarme por encontrar, al fin, un artículo que pone el acento en el problema de este país, y felicitar a la autora con entusiasmo.
    Solo le ha faltado que reclamara el regreso inmediato y urgente de la Institución Libre de Enseñanza, que es lo que pienso necesitamos.

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  • Antonio LCL Antonio LCL 24/08/20 13:23

    Mi completa adhesión a tus comentarios Cristina. Pero me temo que tan aplastante análisis se va a seguir encontrando con los muros infranqueables del neoliberalismo más salvaje. Lo tenemos difícil, pero lo vamos a seguir intentando y luchando, como eternos sufridores de una sociedad maltratada por los poderosos de siempre.

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  • Pernalonga Pernalonga 24/08/20 12:04

    Muy lúcida la reflexión que expone aquí Cristina Monge sobre el replanteamiento de aspectos claves del sistema educativo, que se me antoja de la mayor urgencia, poniendo un especial empeño para que el profesor se convierta en un auténtico gestor de la educación.
    Cada Ley Orgánica de Educación, y van tantas que ya he perdido la cuenta, no fue otra cosa que una enmienda a la ley anterior. La ideología de la derecha prioriza una educación elitista dirigida a la educación de sus cachorros a medida, en detrimento de una formación de calidad para todos. Resulta incomprensible que esas clases trabajadoras que votan a partidos neoliberales no sean conscientes de este hecho. El tantas veces aquí cuestionado señor Gabilondo estuvo a punto de conseguir una Ley de Educación para todos consensuada por la mayoría de partidos, pero las fuerzas más reaccionarias de PP derribaron finalmente el acuerdo. Claro, a ellos les regalan los títulos. Y a las pruebas me remito.
    Otro de los asuntos pendientes es el reconocimiento social de los educadores. Esto solo se podrá conseguir mediante una apuesta muy fuerte por una formación académica y continuada. Y también con un poco de pedagogía. Hace unos días leí aquí un comentario bastante desafortunado que opinaba sobre la falta de motivación de los profesores para volver a las clases después de seis meses sin dar un palo al agua. Estos comentarios, mucho más frecuentes de lo que parece, denotan un profundo desconocimiento de la labor educativa y el esfuerzo que supuso para muchos educadores ejercer su tarea de una forma para la que, profesores alumnos, no estaban preparados ni dotados de los medios oportunos. Eso sin mencionar la amargura que para cualquier docente supone el fracaso de sus discípulos.

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  • luzin luzin 24/08/20 10:57

    Otro artículo más que incide en los mantras de una pretendida moderna y avanzada progresía ... Lo cierto es que los trabajadores tenemos una única arma: nuestra formación ... y precisamente lo que no garantiza el actual sistema educativo es esa formación, que se sustenta en pilares fundamentales: capacidad lectora, escrita, verbal y matemática.

    Son pruebas internacionales y ajenas a nuestro sistema "educativo" las que han puesto de manifiesto que no se están haciendo bien las cosas, que los resultados en comprensión lectora y matemática son ajos. Y sin esta herramientas puedes tener todo el Internet que quieras, que como no sabes leer ni escribir con soltura te vas a dedicar a ver anuncios y porno.

    Pero claro, si uno mira por ejemplo los que van a estudiar medicina o ingeniería resulta que están duramente selecccionados, que se enfrentan a un duro trabajo y se les exige notas y pasar pruebas con excelencia ... pero qué se les exige a los maestros? a los pedagógos? a los psicólogos? ... resulta que hacer magisterio en este país es una carrera más bien para los mediocres estudiantes ... esa es la realidad ... claro que después se les paga como se les paga ... Así, la selección de nuestros maestros es la que es ... tal vez tengamos que empezar por ahí e implantar un sistema parecido al que se hace con los médicos ... luego ya veremos, pero esto de acompañar es otro cuento, no se aprende si no se estudia y se pelea uno con los libros ... para divertirse el circo ...

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    • luzin luzin 24/08/20 11:05

      Y como ejemplo del gran éxitco educativo espanyol tenemos al gran Presidente doctor Fake Sánchez que saca la carrera en una universidad privada y el doctorado tal y tal ... y su opositor el gran master fake Casado que saca 23 asignaturas de derecho en un par de anyos ... g

      Más claro el agua ...

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      • M.T M.T 24/08/20 12:25

        Sí Sr. Luzin, así es y así lo veo y comparto lo que expresa en sus 2 comentarios. Ese es el nivel.
        Sin esfuerzo, estudio, codos ( los codos de toda la vida) no hay aprendizaje sólido. La memoria ha caído en desprestigio y el aprendizaje en pildoritas, bien masticado y digerido para el examen inmediato de la pildorita o breve temita, que si no se supera ya vendrán múltiples recuperaciones hasta el aprobado por aburrimiento...eso es lo que tenemos. Sobresalientes y matrículas con el nenor esfuerzo. Este esfuerzo se exige para esas Carreras o Grados que menciona, sin olvidar que los pocos buenísimos alumnos, que los hay, son excelentes. Así lo he vivido y no creo equivocarme en lo que digo.
        Comparto sus comentarios, Sr. Luzin.
        Saludos.

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      • Pernalonga Pernalonga 24/08/20 12:08

        Y no sabemos como serían los estudios de IDA y Abascal. Con el cociente intelectual que demuestran no creo que fuesen muy brillantes.

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  • passarola passarola 24/08/20 09:42

    Estan meridiano y claro todo lo que dices Cristina, que horroriza comprobar como todos los sectores que manejan educacion miran hacia otro lado, no puede ser que tengamos el pilar fundamental de un pais en manos de ineptos y ultraliberales metidos a politicos trincones. Gracias por tan clarisima exposicion de la situacion, que comparto al ciento. Un giro de 180 grados tiene que ser impuesto desde ya en educacion.

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    • Emilion Emilion 26/08/20 12:12

      Sí. Ponte a quitarles el chiringuito a las universidades privadas y verás la que se arma, no sé si sería más fácil reformar, de cabo a rabo, la constitución que eliminar las escuelas católicas en favor de la educación publica.
      Que digo yo que al menos, los que deseen que sus hijos no se mezclen con la plebe se podrían pagar las carreras y dejar las subvenciones para los más necesitados.
      Por suerte o desgracia, a lo largo de mi vida laboral, he coincidido con titulados de universidades privadas, que no los podías sacar de labores de relaciones públicas, los llamábamos electrocuras, que para hacer una "o" les tenías que dar un vaso.

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  • vel vel 24/08/20 08:45

    Completamente de acuerdo. La educación es la raiz de toda socledad. Salud

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