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Desde la casa roja

La polio: la epidemia que Franco ignoró y ahora ignoramos nosotros

Publicada el 16/09/2020 a las 06:00

Jonas Salk fue el médico virólogo e investigador de origen ruso-judío que desarrolló la vacuna contra la poliomielitis. Cuando la presentó, probada en más de un millón de niños, la polio era el principal problema de salud pública en muchos países y los científicos trabajaban frenéticamente para conseguir un tratamiento o prevención que frenara esta plaga que tenía atemorizados a muchos padres cada verano, era una enfermedad estacional cuya transmisión se producía, sobre todo, en los meses cálidos. Las epidemias eran cada vez más devastadoras. El 95 % de los infectados eran asintomáticos. En 1952, tuvo lugar el peor brote en Estados Unidos: de los 58.000 casos, 3.145 personas fallecieron y 21.269 quedaron afectadas por parálisis. La mayoría eran niños. El día que el éxito de la vacuna se hizo oficial, preguntaron a Salk por la patente, este dijo: “¿Se puede patentar el sol?”. Era el año 1955.

Lejos de allí, en España, con la dictadura afianzándose en el poder y el país en plena reconstrucción tras la guerra, Franco decidió ignorar la epidemia. Aunque no se conoce la cifra real, se calcula que entre 1950 y 1964 el virus acabó afectando a más de 300.000 personas y murieron cerca de 2.000 niños. No fue hasta 1964 cuando comenzó a suministrarse aquí una vacuna, una década después de Estados Unidos. No se inyectaba la solución de Salk sino una vacuna oral descubierta por el médico polaco Albert Sabin que consistía en unas gotas que se daban a los niños sobre un terrón de azúcar. ¿Por qué dejó Franco que la epidemia se extendiera y afectara a más niños?

No se entiende a día de hoy por qué España no se sumó a la vacunación masiva. Según cuentan se debió a una lucha de poder por el control de la Sanidad dentro del Gobierno. Franco no quiso tensar la situación política interna con una vacuna que no era obligatoria, pero que, sin duda, debió serlo y se ahorró la campaña. La enfermedad se ocultó, no interesaba dar esa mala imagen fuera ni que se extendiera la histeria y se exigiera la vacunación. Sin embargo, las clases sociales altas, que contaban con información y vías de acceso a la vacuna, viajaban a Francia o Andorra, donde ya se suministraba, para ponérsela a sus hijos y frenaron los contagios. Entre 1955 y 1958 se vacunó de forma privada a cerca de 200.000 niños de familias afines al Régimen. A la mía no le tocó.

Estoy segura de que no estaría escribiendo esta columna sobre la polio, que este asunto sería un tema olvidado también para mí, si no supiera que una mañana de 1963, cuando mi abuela intentó a poner a su hija de dos años de pie sobre la cuna, la niña no se sostenía. Había tenido diarrea y fiebre los últimos días. Puedo imaginar el susto de aquella mujer joven, recién llegada de Extremadura, en un taxi camino al hospital madrileño Niño Jesús. Diecisiete operaciones después, la última hace apenas unos años y un invencible espíritu de superación, hacen que la vida de L. sea normal. Normal siempre a pesar del dolor, a pesar de las secuelas, a pesar de que, cada paso mío, a ella le supone un esfuerzo cada vez más grande.

Los niños de la polio cumplen hoy sesenta años y ven cómo secuelas inesperadas de la enfermedad aparecen en partes sanas de su cuerpo y se agravan según se acercan a la vejez. El síndrome post polio (SPP) les causa fatiga progresiva, fuertes dolores y debilidad muscular. Pero estas consecuencias tardías de aquel virus apenas son conocidas. Parece que la polio les tocó y les hirió y ahí acabó todo. Luchan por el reconocimiento de esta nueva patología o de su discapacidad laboral según avanza la enfermedad.

La Asociación de Afectados de Polio y Síndrome Postpolio denunció al Estado en 2005, pero la causa fue archivada sin abrir diligencias por la imposibilidad de identificar a los acusados. La desmemoria histórica también olvida a sus enfermos. Una mala gestión política de una enfermedad puede cometer errores vitales para muchas familias. Errores que cambiarán la vida de sus víctimas para siempre. Lavarse las manos de responsabilidades tuerce el futuro de los demás. Quién puede entender hoy los discursos que niegan los beneficios de una vacuna o la existencia de una enfermedad. Quién puede entender la falta de resolución de las autoridades sanitarias y la falta de recursos invertidos en la sanidad pública. Detrás de todo esto, hay dolor, primero, físico; después, el que vendrá con el olvido.

Para L., en su 61 cumpleaños.

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10 Comentarios
  • Manuel Juan Martínez Manuel Juan Martínez 18/09/20 10:27

    Repito la enhorabuena a la escritora y me permito recordar que Philip Roth tiene, creo, una novela sobre la polio en EE.UU.: "Némesis". Estaría bien una obra sobre la polio y el franquismo...
    Gracias.

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  • Charo Caylan Charo Caylan 16/09/20 22:19

    No conocía que este tema, doloroso y que aún sufren muchas personas, tuviera esta connotación tan miserable como el de ocultar o negar que se podía evitar con una vacuna. Más miseria que añadir a las atrocidades de un régimen que aún cuenta con tantos adeptos y nostálgicos. Gracias Aroa

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  • rosmarinus rosmarinus 16/09/20 13:33

    Gracias por tu artículo.
    Realmente somos los olvidados. Las ortesis son carísimas y la seguridad social solo abona un 20% de lo que cuestan pues no actualiza el catálogo de prestaciones a los precios reales.
    Por otro lado, hay gente en mi entorno de edad (tengo 63 años) y que no padece Síndrome Postapolio, pero el uso continuado de muletas durante tantos años nos está pasando factura. Yo y otros como yo hemos pasado a utilizar 24 horas al día una silla de ruedas pues nuestros brazos y hombros están destrozados por el continuo sobresfuerzo para andar.
    Una vez más gracias Aroa

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  • CarmenMoreno CarmenMoreno 16/09/20 11:02

    Muchas gracias por la información. En mi familia hay varios casos de polio de esas edades. Todos vivían en Madrid. Lo que yo no sabía es que se ignoró por un tiempo aquí en España deliberadamente la vacuna. La de casos que se podían haber evitado!. Otro delito más.

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  • Juan Gondra Juan Gondra 16/09/20 10:46

    Artículo triste pero interesante; una muestra más de que los males de un gobierno dictatorial.
    En Bilbao, La Academia de Ciencias Médica local organizó en 1955 una mesa redonda sobre la vacuna de Salk, en la que todos los pediatras se manifestaron partidarios de una vacunación masiva y gratuita, pero las presiones recibidas llevaron a adoptar una postura de expectativa.

    Un grupo de aquellos pediatras, amparados por la autoridad moral del presidente del Colegio de Médicos, logró en 1960 promover una campaña de vacunación gratuita para todos los niños de Bizkaia, para lo que movilizaron al Instituto Municipal de Vacunación de Bilbao, a la delegación territorial de la Seguridad Social, a la Cruz Roja y a la Dirección Provincial de Sanidad.
    También lograron la colaboración de la casa comercial Parke Davis, productora de la vacuna. Así fue que los niños vizcaínos fuimos vacunados sistemáticamente a partir del año 1961; tres años antes que en el resto de la Península.

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  • toscane toscane 16/09/20 10:44

    Gracias Aroa por recordar la enfermedad invisible

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  • Fernandos Fernandos 16/09/20 09:40

    Los criminalee que nos gobernaron durante el franquismo, tenian muy claro a quien habia que salvar en esta situación y en cualquier otra, por eso me resulta terriblemente sar castico, que tantos gurus de la comunicación y de la politica, nos digan que pedir la revisión de esta historias y sus aeesinatos es dividir Edpaña, con Franco y sus gobiernos si que esaba dividida, incluso aquello de atado y bien atado, lo que esta costando desatarlo, ni dios lo sabe.

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  • Manuel Juan Martínez Manuel Juan Martínez 16/09/20 08:51

    Muchas gracias, Aroa, por esta y otras columnas. Tengo un amigo, de 61 años, que sufrió la polio -y la sufre, aunque con mucha fortaleza moral-. Una cuestión más que sumar a nuestra memoria de la infame dictadura.

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  • caurfe caurfe 15/09/20 23:33

    Yo tambien soy un niño de la polio, y tras pasar toda mi vida luchando para superar los obstaculos que la enfermedad me ponia delante, ahora el sindrome postpolio me ha llegado para acabar con las escasas fuerzas que me quedan ya. Por mas que he intentado hablar con investigadores en biologia molecualar para intentar tratar nuestra enfermedad con celulas madres, nadie ha respondido a mi llamada. Somos los ultimos que quedamos y ya nadie se ocupa de mejorar nuestra calidad de vida, empezando por la administracion y siguiendo por las farmaceuticas. Solo nos queda resignarnos despues de toda una vida de lucha

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    • paco arbillaga paco arbillaga 16/09/20 07:31


      caurfe: Se avergüenza uno, se indigna, leyendo el relato que hace Aroa y tu testimonio sobre el trato dado a vuestro problema por nuestra sociedad, primero en los tiempos del dictador, principal responsable de lo sucedido, y luego por el abandono en que se os ha tenido.

      Desde la vergüenza que siento lo único que te puedo ofrecer es mi solidaridad. Seguro que la sociedad tenemos que agradecer tu lucha pues por ella algo habrá mejorado la atención a quienes padecen otro tipo de enfermedades. Ánimo, caurfe; un abrazo.

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