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La historia rima

Olvido, memoria, Largo Caballero, Indalecio Prieto y Vox

Publicada el 02/10/2020 a las 06:00

Asimilar la historia del siglo XX y llegar a un acuerdo sobre ella ha sido una tarea muy complicada en la mayoría de los países europeos. Los verdugos insisten en que también ellos fueron víctimas. Los turcos acusan a los armenios de insurrección y de provocar la reacción legítima del Estado otomano; los soldados de la Wehrmacht aluden a los abusos y humillaciones a los que fueron sometidos como prisioneros de guerra en la Unión Soviética; y el número de alemanes expulsados por el Ejército Rojo de los territorios del Este se compara con el de las víctimas en los campos de exterminio. “Trauma” es una categoría difícil de aplicar históricamente porque las representaciones de esos pasados suscitan controversias y debates políticos en la esfera pública.

El término “trauma colectivo” se utilizó para meter en el mismo saco a todas las formas de sufrimiento, para igualar a todas las víctimas. En el análisis histórico no puede cancelarse una forma de terror invocando a otra, pero eso es lo que se hizo, por ejemplo, en Alemania en los años cincuenta comparando el sufrimiento de los niños del Holocausto con los de las familias alemanas. O más tarde, en años recientes, en España, interpretando la guerra civil como una especie de locura colectiva, con crímenes reprobables en los dos bandos, y olvidando todos los cometidos en las casi cuatro décadas de la dictadura de Franco, una continuación, en realidad, de la violencia puesta en marcha con el golpe de Estado de julio de 1936.

Me entero en Viena de que el Ayuntamiento de Madrid, a propuesta de Vox y con el apoyo del Partido Popular y Ciudadanos, retirará los nombres de las calles y estatuas que recuerdan a los ministros de la Segunda República Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero. Y les voy a explicar, tras décadas de investigación sobre la República, la guerra civil, la dictadura de Franco y las memorias cruzadas sobre la Europa del siglo XX, cómo hemos llegado a esta situación, qué es lo que hay detrás de esa propuesta y sus implicaciones políticas y para la enseñanza de la historia.

1. La sociedad que salió del franquismo y la que creció en las dos primeras décadas de la democracia mostró índices elevados de indiferencia hacia la causa de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura. Por diversas razones, ampliamente debatidas, la lucha por desenterrar el pasado oculto, el conocimiento de la verdad y la petición de justicia nunca fueron señas de identidad de la transición a la democracia en España, pese al esfuerzo de bastantes historiadores por analizar aquellos hechos para comprenderlos y transmitirlos a las generaciones futuras. España estaba llena de lugares de la memoria de los vencedores de la Guerra Civil, con el Valle de los Caídos en primer plano, lugares para desafiar “al tiempo y al olvido”, como decían los franquistas, homenaje al sacrificio de los “héroes y mártires de la Cruzada”. Los otros muertos, las decenas de miles de rojos asesinados durante la guerra y la posguerra, no existían. Pero ni los gobiernos ni los partidos democráticos parecían interesados en generar un espacio de debate sobre la necesidad de reparar esa injusticia.

2. Todo eso empezó a cambiar, lentamente, durante la segunda mitad de los años noventa, cuando salieron a la luz hechos y datos desconocidos sobre las víctimas de la Guerra Civil y de la violencia franquista, que coincidían con la importancia que en el plano internacional iban adquiriendo los debates sobre los derechos humanos y las memorias de guerras y dictaduras, tras el final de la guerra fría y la desaparición de los regímenes comunistas de Europa del Este.

Surgió así una nueva construcción social del recuerdo. Una parte de la sociedad civil comenzó a movilizarse, se crearon asociaciones para la recuperación de la memoria histórica, se abrieron fosas en busca de los restos de los muertos que nunca fueron registrados y los descendientes de los asesinados por los franquistas, sus nietos más que sus hijos, se preguntaron qué había pasado, por qué esa historia de muerte y humillación se había ocultado y quiénes habían sido los verdugos. El pasado se obstinaba en quedarse con nosotros, en no irse, aunque las acciones para preservar y transmitir la memoria de esas víctimas y sobre todo para que tuvieran un reconocimiento público y una reparación moral, encontraron muchos obstáculos. Con el Partido Popular en el poder, no hubo ninguna posibilidad. Mientras tanto, en esos años finales del siglo XX y en los primeros del XXI, varios cientos de eclesiásticos “martirizados” durante la Guerra Civil fueron beatificados. Todo seguía igual: honor y gloria para unos y silencio y humillación para otros.

3. La llegada al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero abrió un nuevo ciclo. Por primera vez en la historia de la democracia, una democracia que cumplía entonces treinta años, el poder político tomaba la iniciativa para reparar esa injusticia histórica. Ése era el principal significado del Proyecto de Ley presentado a finales de julio de 2006, conocido como Ley de Memoria Histórica. Con una Ley, la memoria adquiriría una discusión pública sin precedentes y el pasado se convertiría en una lección para el presente y el futuro. El Proyecto no entraba en las diferentes interpretaciones del pasado, no intentaba delimitar responsabilidades ni decidir sobre los culpables. Y tampoco proponía crear una Comisión de la Verdad que, como en otros países, registrara los mecanismos de muerte, violencia y tortura e identificara a las víctimas y a sus verdugos. Aun así, encontró airadas reacciones políticas de la derecha, de la Iglesia Católica y de sus medios de comunicación.

La Ley, aprobada finalmente el 31 de octubre de 2007, aunque insuficiente, abrió nuevos caminos a la reparación moral y al reconocimiento jurídico y político de las víctimas de la guerra civil y del franquismo. Pero con la crisis económica y la victoria del Partido Popular en las elecciones de noviembre de 2011, esa Ley y las diferentes acciones de gestión pública que de ella derivaban murieron por falta de presupuesto y de voluntad política, resumidas en la fórmula de Mariano Rajoy “cero euros para la memoria histórica”, lo que significaba, sencillamente, no me vengan con esas tonterías.

4. Ahora, frente al nuevo proyecto de Ley de Memoria Histórica del Gobierno de Pedro Sánchez hay un nuevo e importante actor, Vox, que más allá de su apología del franquismo representa en España lo que la ultraderecha y los nuevos movimientos autoritarios y neofascistas están intentando en Europa: una amplia reescritura de la historia dirigida a dar la vuelta a la interpretación antifascista y democrática. Diferentes voces revisionistas comenzaron a argumentar que Stalin tenía tanta culpa y responsabilidad como Hitler en provocar el inicio de la Segunda Guerra Mundial. La publicación del Libro negro del comunismo en 1997 trataba de probar que el comunismo era peor que el nazismo.

5. A finales de 1931 España era una república parlamentaria y constitucional. En los dos primeros años de la Segunda República, con Manuel Azaña de presidente de Gobierno e Indalecio Prieto y Largo Caballero de ministros, se acometió la organización del Ejército, la separación de la Iglesia del Estado y se tomaron medidas radicales y profundas sobre la distribución de la propiedad de la tierra, los salarios de las clases trabajadoras, loa protección laboral y la educación pública. Nunca en la historia de España se había asistido a un período tan intenso y acelerado de cambio y conflicto, de avances democráticos y conquistas sociales.

Como consecuencia de ello, se abrió un abismo entre varios mundos culturales, políticos y sociales antagónicos, entre católicos practicantes y anticlericales convencidos, amos y trabajadores, Iglesia y Estado, orden y revolución. La República encontró enormes dificultades para consolidarse y tuvo que enfrentarse a fuertes desafíos desde arriba y desde abajo, con huelgas, insurrecciones y violencia. El golpe de muerte, el que la derribó por las armas, nació, sin embargo, desde arriba y desde dentro, desde el mismo seno de sus fuerzas armadas y desde los poderosos grupos de orden que nunca la toleraron.

Indalecio Prieto y Largo Caballero no estaban en el Gobierno en julio de 1936 cuando la República, como insistió en varias ocasiones Manuel Azaña, tuvo que defenderse con las armas, y no con la política, en una guerra que ella no había causado. Unir la República, la guerra civil y la dictadura de Franco en un mismo pasado traumático que conviene no remover es deformar la historia investigada en profundidad por decenas de historiadores y entrar en el juego de “equiparación” de víctimas y responsabilidades.

El Partido Popular y Ciudadanos deberían mirar a las democracias europeas que, desde Alemania a Checoslovaquia, pasando por Austria y España, acabaron derribadas por el fascismo. Indalecio Prieto murió en el exilio en México en 1962. Largo Caballero en París en 1946, tras ser presidente de Gobierno de la República en guerra y pasar por el campo de concentración nazi de Sachsenhausen. Un poco de respeto para aquella República que como las de otros países en Europa en los años veinte y treinta intentó consolidar, con enormes obstáculos y enfrentamientos, un proyecto reformista parlamentario y constitucional. Hasta julio de 1936, cuando la sublevación militar ocasionó una división profunda en el ejército y en las fuerzas de seguridad, debilitó al Estado republicano y partió a España en dos.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y Visiting Professor de la Central European University de Viena.

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36 Comentarios
  • JOSEMARIAV JOSEMARIAV 05/10/20 15:05

    Muy necesario el artículo, necesitamos más gente como usted.
    Gracias

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  • Armandobis Armandobis 03/10/20 21:20

    Es cierto que Indalecio Prieto y Largo Caballero apoyaron la evolución de 1934. Pero para juzgarlos hay que conocer lo que pasaba en España y sobre todo en Europa (Alemania) en aquellos momentos. Hitler había llegado al poder de forma más o menos democrática en enero de 1933. Una vez instalado en el poder suprimió todos los partidos excepto el suyo. En aquellos momentos (1934) Gil Robles pretendía entrar en el Gobierno y había anunciado de forma bastante clara que su intención era cargarse la Constitución. En ese contexto hay que entender a dos socialistas a los que ningún fascista puede calificar de antidemócratas como se ha hecho de forma vergonzosa en el Ayuntamiento de Madrid.

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  • Gordini Gordini 03/10/20 17:11

    Algo de lo que se habla muy poco es de cómo los individuos deben asumir su responsabilidad en el sostenimiento de la democracia y en instaurar los gobiernos que mejor defiendan el interés social para que el país avance sobre valores de dignidad y solidarios, algo que no es posible desconociendo el pasado. Nací en en 1967 y sólo en los últimos cursos de la entonces llamada EGB, culminamos el curso de Historia con la guerra civil, presentada como lucha fratricida producto de la conflictividad social. El silencio de las generaciones previas nos durmieron en el olvido, alentado por un PSOE dominante alienado con la idea de modernidad y europeismo. Ahora que hemos despertado, en parte gracias a esa ley imperfecta de Zapatero, pero sobre todo por quienes se empeñaron en recomponer nuestra historia y recuperar nuestra memoria, historiadores, asociaciones y tantos seres anónimos, debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad en exigir los cambios necesarios para mejorar nuestra democracia. En 1982 el pueblo votó masivamente al PSOE para salir de la negrura del franquismo y dejar atrás las rémoras visibles durante la transición. Las mayorías absolutas otorgadas al PSOE reveladoras de un ansia de cambio, fueron desperdiciadas por este partido y luego, en 2007, no fuimos capaces de respaldar a Zapatero para dar continuidad al proyecto de Memoria. Hasta que no asumamos que sólo de nosotros depende llevar al gobierno a las opciones políticas comprometidas con nuestra memoria no lograremos el cambio radical que necesitamos para consolidar nuestra verdad histórica sin retroceso posible. La ley electoral no lo facilita, es cierto, pero es el abstencionismo lo que nos hurta el poder que verdaderamente tenemos, y bien que se nota cuando la gente se queda en casa en lugar de votar las opciones de cambio, para muestra el desastre de Madrid. No hay que temer los cambios, como no lo temieron nuestros padres en 1982; el mundo seguirá girando, pero indudablemente con un mejor horizonte.

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  • Luis Fernando Luis Fernando 03/10/20 14:38

    Es increíble cómo, al amparo del texto -mejorable- de la Ley de Memoria Histórica de 2007, el Ayuntamiento de Madrid, con los votos de Vox, PP y Ciudadanos, se ha cargado el espíritu y voluntad de la norma.

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  • HIPATIA HIPATIA 03/10/20 09:10

    Solo quiero darle las gracias por este artículo. Ojalá se hablará de lo acontecido durante la II República Española más a menudo.

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  • CarlosP58 CarlosP58 02/10/20 23:38

    Muchas gracias profesor Casanova por sus palabras llenas de juicio, sentido común y verdad ante tanta calumnia interesada.
    Hoy, como en el 36, necesitamos mesura y verdad para no equiparar víctimas y verdugos. Se lo debemos a cientos de miles de víctimas del fascismo del siglo XX, hoy vestido de populismo ultraderechista.
    Saludos y Periodismo Libre.

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  • Dver Dver 02/10/20 22:08

    Extractos de "Contra el fascismo" de Umberto Eco. (1995). (Eco define el fascismo eterno con las palabras "ur-fascismo").

    En Italia, hoy en día, hay personas que dicen que la guerra de liberación fue un trágico episodio de división, y que ahora necesitamos una reconciliación nacional. El recuerdo de aquellos años terribles debería ser reprimido. Pero la represión provoca neurosis. Si reconciliación significa compasión y respeto hacia todos aquellos que combatieron su guerra de buena fe, perdonar no significa olvidar. Puedo admitir incluso que Eichmann creyera sinceramente en su misión, pero no me siento capaz de decir: «Vale, vuelve y hazlo otra vez».

    La primera característica de un ur-fascismo es el culto a la tradición. El tradicionalismo es más antiguo que el fascismo. No fue típico solo del pensamiento contrarrevolucionario católico posterior a la Revolución francesa, sino que nació en la edad helenística tardía como reacción al racionalismo griego clásico.

    A los que carecen de una identidad social cualquiera, el ur-fascismo les dice que su único privilegio es el más vulgar de todos: haber nacido en el mismo país. Es este el origen del «nacionalismo».

    El elitismo es un aspecto típico de toda ideología reaccionaria, al ser fundamentalmente aristocrático. En el curso de la historia, todos los elitismos aristocráticos y militaristas han implicado el desprecio por los débiles.

    El ur-fascismo está aún a nuestro alrededor, a veces vestido de paisano. Sería muy cómodo, para nosotros, que alguien se asomara a la escena del mundo y dijera: «¡Quiero volver a abrir Auschwitz, quiero que las camisas negras vuelvan a desfilar solemnemente por las plazas italianas!». Por desgracia, la vida no es tan fácil. El ur-fascismo puede volver todavía con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice a cada una de sus formas nuevas, todos los días, en todos los rincones del mundo.

    "Contra el fascismo" es corto y muy instructivo. Recomiendo su lectura.

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    • yosolo1 yosolo1 03/10/20 21:06

      Pues yo en el texto de Eco, no solo identifico perfectamente a VOX, más que al PP, o mejor dicho a sus votantes, no a todos claro, pero donde se acomoda como un anillo al dedo, como el guante a la mano, sobre todo en" La primera característica de un ur-fascismo es el culto a la tradición. El tradicionalismo es más antiguo que el fascismo. No fue típico solo del pensamiento contrarrevolucionario católico posterior a la Revolución francesa" al Nacionalismo Vasco, recordemos la ideas xenófobas y racistas de Arana, y su vertiente violenta actual de pro etarras, también se encuentran expresiones xenófobas en el nacionalismo catalán, el actual (en la mujer de Pujol, rechazando la posibilidad de que una persona sin apellido catalán pudiera ser presidente de la Generalidad; Eribert Barrera que tuvo que ser acallado numerosas veces, o el mismo Torra en sus escritos supremacistas y su elogio del paramilitarismo fascista de Estado Catalán y Nosotros Solo), por eso me extraña el silencio de tanto demócrata de por aquí, que solo condena el fascismo de Franco, que el resto de los supremacismos que seguimos padeciendo.

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  • Hammurabi Hammurabi 02/10/20 16:03

    Gracias por esta ayuda necesaria a la memoria histórica.

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  • Ayla* Ayla* 02/10/20 14:27

    Y todavía tenemos que aguantar a la iglesia católica, cómplice del dictador, diciendo que ahora se quiere reescribir la historia.

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    • 30junio 30junio 04/10/20 10:15

      Y no sólo aguantándola, si no llenándola los bolsillos. Se puede ser más servil?

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  • José Luis53 José Luis53 02/10/20 13:24

    Supongo, sñor Casanova, que ha leído usted "Comunidades imaginadas" de Benedict Anderson. Es un libro bastante consistente acerca de los nacionalismos, a los que se acerca con una mirada histórica creo que rigurosa.

    Lo digo porque entre la condiciones del nacionalismo, pone una que es bastante llamativa, al menos lo es para los que nos dedicamos a la mente humana: los nacionalismos reposan sobre una mentira que deben mantener oculta.

    En otros terrenos de la psicología, y más concretamente en psicoanálisis, se llama desmentida. Algo que está ahí, hago un escotoma - punto ciego-- y ya no lo veo.

    Esa desmentida sustenta el nacionalismo español, que no iba ser la excepción: un escotoma impide -e impedirá por mucho tiempo- una aceptación de lo ocurrido.

    Los escotomas mentales pagan su precio: por ejemplo, un montón de cosas de las que ocurre hoy en día en España no se explican. Y sin embargo, si desparece el escotama, son perfectamente comprensibles.

    ¿Ha habido un solo acto de reconciliación entre españoles como los han tenido otras divisiones traumáticas de otras sociedades? ¿ Algún acto de mutuo reconocimiento, de perdón, de reconciliación?.

    Ni uno. Y por eso, continúa produciendo síntomas.

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    • MIglesias MIglesias 02/10/20 14:29

      Equidistancias no, por favor.

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      • Dver Dver 02/10/20 21:42

        No he visto en el comentario de Jose Luis53 ninguna equidistancia. Más bién denuncia que es muy fácil escamotear la verdad ocultándola detrás de una esquina invisible porque no se deja que nadie la vuelva. En cuanto a actos de reconciliación, evidentemente constata que no ha habido ni uno, ni siquiera la manera de conformar el texto constitucional, y no puede haberlos porque para que haya una cierta comprensión de las maldades y falacias del otro, tiene que saberse píblicamente la verdad. Y ersa se ha escamoteado siempre. ¿Que mayor prueba que lafrase desvergonzada de Rajoy? "A la Memoria Histórica ni un euro. Pa cagarse.

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        • José Luis53 José Luis53 03/10/20 15:17

          Te agradezco tu intervención.

          Al igual que desmoraliza bastante darse cuenta de que no se entiende lo que dices, anima ver que otros te entienden muy bien.

          Es exactemente como lo dices: no hay la más mínima equidistancia entre uno y otro lado sino la denuncia de la verdad escamoteada. Esto no va de la supuesta superioridad moral que da repartir culpas, porque no va de culpas sino de verdades, y la culpa no es la verdad.

          Ocurre con la ideologías, otro escotoma que simplifica la complejidad de las cosas e insisto, referir la complejidad de las cosas no es aliviar culpas de nadie. Es más, la culpa suele escamotear la verdad y en este caso es la verdad de un dolor causado que no se paga ni con culpas ni con nada, y que siempre acompañará. A cada cual de soportar vivir con ese dolor.

          Y así nos encotramos con frases como" equidistancias no, por favor" que muestran la necesidad de reducirlo a terrenos conocidos, a frases tan leídas como vacías, que no hacen otra cosa mantener el escotoma.

          No sé dónde está la solución a nivel colectivo. Pero, en todo caso, sí sé dónde no está.

          Insisto, gracias.

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          • Dver Dver 08/10/20 20:16

            Gracias a tí.

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    • pobla pobla 02/10/20 14:10

      Que reconciliacions ni que gaitas,lo que tienén que hacer esta detecta rància y anclada en el pasado franquista,es,pedir perdon por el genocididio cometido por Franco,y no venerarlo como estan haciendo estas tres repudiables fuerzas de la detecta.

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