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¡A la escucha!

Por Joseph y por todos los otros Joseph

Publicada el 13/11/2020 a las 06:00

No es el grito. No es lo que dice. Ni siquiera es su postura, tirada sobre la lancha boca arriba, subiendo los brazos hacia el cielo, agitándolos pidiendo ayuda no se sabe muy bien a quién, si a su Dios o a la vida. No es eso... Es su desesperación lo que estremece. Grita con desgarro que ha perdido a su hijo porque sabe que ese mar inmenso, ése que a punto ha estado de matarla a ella también, es complicado que se lo devuelva. La imagen que envió ayer el equipo de rescate del Open Arms desde el Mediterráneo volvió a ser una bofetada en toda la cara. Una madre rota, exhausta, que acaba de ser salvada de un naufragio se asoma peligrosamente al borde de la lancha para buscar a su hijo: un bebé de 6 meses que llevaba en sus brazos y que el mar, ese mar inmenso y frío, se lo ha arrebatado.

El bebé logró ser recuperado del agua, pero estaba en parada cardiorrespiratoria y, aunque consiguieron reanimarle, el pequeño no pudo sobrevivir. Se llamaba Joseph. Joseph. Venía desde Guinea con su madre, es lo poco que se sabe a esta hora. Y seguramente no sabremos mucho más. Ella buscaba lo mejor para su hijo, un futuro seguro. Creyó que en Europa, cruzando ese mar inmenso, lograría darles a Joseph y a ella las oportunidades que no tenían en su tierra. ¿Cómo tenía que ser la situación allí para que esa madre decidiera cruzar el continente y subirse a esa lancha? Sin saber nadar, sin un flotador para su hijo, sin un arnés. No había nada ni nadie que les esperara al otro lado, pero aquello, fuera lo que fuera, iba a ser mejor que lo que dejaban atrás. Casi lo lograron: su embarcación naufragó cerca de la isla de Lampedusa. Rozaron el sueño que habían perseguido a través de ese mar, de esa travesía suicida.

Junto a Joseph y su madre viajaban más de 100 personas. Los equipos de rescate recuperaron del mar el cuerpo del bebé y el de otras cinco personas. Cuerpos que tuvieron que compartir espacio y lamento en el barco que les llevó a tierra, a ellos y al resto de compañeros de travesía, también a la madre de Joseph. No me quiero imaginar el horror que esa madre y el equipo tuvieron que pasar hasta llegar a puerto.

Nosotros hemos conocido su historia porque el Open Arms estaba allí, otra vez. Porque alguien del equipo de la ONG lo grabó todo. Si no, hoy nadie hablaría de esto, en los informativos no habríamos emitido las imágenes, yo no le dedicaría una columna al pequeño ni a su madre, ni la imagen y el lamento desgarrador de ella se nos metería a todos en el corazón. Me resulta imposible pensar el dolor inmenso que tiene que suponer ver morir así a tu hijo, a tu bebé, y sólo deseo que ella y el resto de los que arriesgan a diario su vida para venir a buscar su futuro junto a nosotros sientan nuestro cariño y nuestro abrazo. Joseph. Se llamaba Joseph.

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10 Comentarios
  • Jotaechada Jotaechada 13/11/20 19:13

    Tristeza y vergüenza para todos. Para los que tienen poder, más vergüenza. Pero ¿hay alguien con poder que se sienta más o menos culpable por las víctimas que consiguen llegar, vivas o muertas, a nuestras costas?

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  • Larry2 Larry2 13/11/20 13:33

    Lamentablemente esto ocurre bastante a menudo en el mar, unas veces nos enteramos, otras no, pero esto continua. Como tiene que estar esta gente para embarcarse en estas condiciones, de mientras el mundo civilizado tranquilos, y los gestores mundiales sin solucionar nada, al menos algo más se podría hacer, agur

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  • migra migra 13/11/20 12:48

    Creo que donde hay que actuar es en sus países de origen, fomentando su desarrollo, evitando que haya empresas o empresaurios que equilmen sus recursos , en muchos casos enormes, y en muchos casos empresas o empresauros europeos y a veces españoles. Hay que actuar alli, para que no haya dictadores, ni explotación. Que no fomentemos la desigualdad ni al fuerte frente al débil. Y por ejemplo que no haya guerras que toleremos allí, tampoco. No es difícil nombrar estados fallidos, que lo son porque nosotros los del primer mundo los hemos hecho así.

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  • MIglesias MIglesias 13/11/20 11:38

    Nos aprovechamos de la miseria que nuestro sistema genera endémicamente, pero nos molesta ver los resultados de nuestro modo de vida, no queremos oír, ver ni saber y mucho menos ocuparnos de los desheredados por nuestra codicia o indolencia. Ayer oí una conversación en la panadería sobre esta tragedia mil veces repetida: "ya están otra vez dando pena utilizando las imágenes para vendernos su propaganda", lo dijo un vecino que conozco y no es de derechas. El discurso racista, más o menos evidente, se introduce por cualquier hueco y hace nido porque hay ya un poso estructural en la sociedad que le facilita el paso, si a eso sumamos el bombardeo constante de bulos sobre la inmigración tenemos la tormenta perfecta, solo nos quedan la empatía y pelear cada bulo con datos reales una y mil veces si es necesario.

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  • passarola passarola 13/11/20 09:29

    Cuanto mas felices seriamos su pudiésemos repartir parte del bienestar que disfrutamos. Deberiamos saber que compartiendo ganamos todos, todos menos el rico que lo quiere todo para el y no esta dispuesto a compartir ni a dejar que lo hagamos los demas, porque todo es suyo. Y me estoy refiriendo a los liberales que envenenan todo lo que tocan. Enseñemos en casa a compartir a nuestor hijos, porque esa sera la solucion a los problemas que padece por exceso o por defecto la actual especie humana. Siento tu muerte Joseph y siento el disgusto enorme y doloroso de tu madre,. LO SIENTO.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 13/11/20 08:53


    Suele culpar VOX a los emigrantes de que tienen la culpa de muchas de las cosas que suceden en España, cuando de las muchas penalidades que les ocurren a esos emigrantes son responsables personas que piensan como esos dirigentes de VOX.

    Perdónanos, Joseph, por no haberte dado la oportunidad de vivir; ojalá tu madre pueda recuperarse de tu pérdida.

    De este desastre la única luz es la que aportan quienes trabajan en el «Open Arms», gente que recibe con los brazos abiertos a los emigrantes. Sin personas así este mundo sería inhabitable. Hay días que son insoportables. Osasuna.



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  • Ira Ira 13/11/20 08:01

    Gracias, Helena. Gracias, Open Arms.
    Da vergüenza "pertenecer" a Europa. Está preocupada con sus crisis y no quiere mirar alrededor y ver las consecuencias de sus políticas.

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  • Ayla* Ayla* 13/11/20 07:31

    "¿Cómo tenía que ser la situación allí para que esa madre decidiera cruzar el continente y subirse a esa lancha?"

    Esa es la clave, lo que no se quiere entender.

    La falta de empatía y crueldad con la que tratamos a los inmigrantes.

    La postura de la UE con la inmigración, externalizado las fronteras para que aquí no veamos este horror, es de vergüenza.

    La responsabilidad que tenemos los países del "primer mundo" en que estas personas tengan que migrar de sus países, de los cuales sólo nos interesa la explotación de sus recursos, venderles armas, enviarles nuestras basuras, es lo que se intenta tapar.

    El dinero que se está invirtiendo en pagar para que no lleguen a nuestras costas.

    Una VERGÜENZA.

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  • Espartaco Espartaco 13/11/20 00:58

    Gracias por esas palabras. No hay más para describir la  vergüenza y el desamparo.  Gracias señora periodista. 

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  • Macu L. Macu L. 13/11/20 00:08

    Precioso artículo sobre una gran tragedia tan evitable.
    Nos sobra egoísmo, racismo, aporofobia, adocenamiento, ...
    Nos falta ética, justicia, solidaridad, sensibilidad, empatía, compasión, compromiso, amor y, sobre todo, nos falta VER a estas personas, verlas como iguales con derecho a vivir con dignidad, que están huyendo de guerras, de conflictos, de odios, de muertes, de desigualdades, de discriminaciones, de hambres, de pobreza en mayúsculas, de circunstancias y condiciones que, en su mayor parte, hemos creado, fomentado, sostenido o ignorado los países que nos negamos a verlas.
    La política de la UE en materia de inmigración es una desvergüenza que está cobrando demasiadas muertes, en el mar, en los desiertos, en los campos de concentración de las personas refugiadas, en los lugares de detención de los países "amigos" que por un no módico precio hacen el trabajo mas sucio, de las mafias, ... y también está cobrando demasiadas vidas, vidas rotas de hombres y mujeres de todas las edades sin esperanza y de jóvenes y niñas y niños sin futuro.
    Mayoritariamente las miramos sin verlas, desde nuestra gran vida de bienestar y confort que, en realidad, es una pequeña vida que se ha inmunizado de la pobreza, de la que viene de fuera y de la que ya está dentro, nacional y extranjera. No queremos ser pobres y verlas implica vernos o poder llegar a vernos reflejadas en el espejo y eso nos horroriza. No queremos verlas. Lo que no se ve, no existe.
    (Mi total agradecimiento y admiración al equipo de Open Arms por la grandísima labor humanitaria que hacen con los rescates y mi abrazo y acompañamiento por los terribles momentos que viven ante tanta pérdida. Colaboro con la ONG un granito, que no hace granero pero ayuda al compañero, y me encantaría que, algún día ya cercano, su voz rasgue los cielos con un estruendo taller que abra ojos y oídos a los responsables políticos, legislativos y judiciales de tantos sufrimientos e injusticias).

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