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Muros sin Fronteras

Primaveras descarriladas

Publicada el 24/12/2020 a las 06:00

No es fácil transitar de una dictadura a una democracia por imperfecta que sea, y menos si el régimen autoritario se funde con la religión dominante en el país. Toda lucha contra el sátrapa y su camarilla se transforma en una blasfemia, en un desafío intolerable al orden establecido por Dios. Se han cumplido diez años del arranque de las llamadas primaveras árabes, pese a que cuando el joven vendedor tunecino Mohamed Bouazizi se quemó a lo bonzo el 17 de diciembre de 2010 nadie podía predecir el curso de los acontecimientos, ni imaginar que aquel acto de desesperación individual sacudiría gran parte del mundo musulmán.

Tendemos a ver la historia en movimiento desde una foto fija, sin levantar la cabeza. Es un mal que afecta a los periodistas (a mí, también), pegados al deadline y al titular del día. Lo grave es que esa cortedad de miras preside la política internacional. Nadie aprende de las enseñanzas del pasado que ayudan a modular un futuro mejor. Solo existe un presente mortecino, gris y eterno encerrado en eslóganes de oportunidad.

Gabriel García Márquez escribió un artículo sobre la caída de la dictadura uruguaya. Lo tituló El cuento de los generales que se creyeron su propio cuento. Nos lo podríamos aplicar en este caso, tanto los periodistas que compramos las primaveras como los políticos que ayudaron a los sátrapas locales a destruirlas. Primó el negocio sobre la libertad.

La historia es un poco más lenta que nuestros titulares y frases hechas, necesita años para madurar y desarrollarse. Habrá que esperar un tiempo, tal vez otros diez años, al estallido de una segunda ola de primaveras árabes. Será la definitiva.

La muerte de Mohamed Bouazizi provocó una ola de indignación popular en Túnez que terminó con el dictador Zine Ben Ali, que parecía intocable. La de Bouazizi era una historia de pobreza, abusos policiales, confiscación de mercancía y desesperación. Por eso conectó con la calle sin importar las fronteras. Existía un relato popular común sobre la represión y las ansias de libertad.

La primavera egipcia se llevó por delante al presidente Hosni Mubarak, otro intocable, el 10 de febrero de 2011. De nada le sirvió el apoyo de las Fuerzas Armadas, la principal fuerza política del país junto a los Hermanos Musulmanes. Los militares dieron un paso atrás y consintieron unas elecciones que ganaron los islamistas (moderados si los comparamos con las nebulosas de Al Qaeda y el futuro Estado Islámico). Su líder, Mohamed Morsi, no leyó bien la situación de fondo cuando se lanzó a cambiar la Constitución. No supo pactar un poder compartido con los uniformados. El Ejército dio un golpe de Estado. El país está presidido hoy por el general Absul Fatah al-Sisi, mucho más duro que Mubarak, pero que nos compra muchas armas. De ahí, el silencio de Francia.

Mientras que los manifestantes egipcios concentraban sus esfuerzos de libertad y propaganda en la plaza cairota de Tahrir, comenzó en Libia un movimiento similar que se hizo fuerte en el Este, cerca de la ciudad de Bengasi. Lo que comenzó como una manifestación pacífica derivó en una guerra civil entre dos zonas del país que habían estado tradicionalmente separadas, la Cirenaica y la Tripolitania. Intervino la OTAN (EEUU y Europa) en favor de los rebeldes de Bengasi decretando una zona de exclusión aérea para impedir la victoria de Muammar el Gadafi, un dictador con el que habían hecho buenos negocios desde que saltó de la lista de los malos a la de los buenos.

Pese a estar geográficamente tan cerca no sabíamos casi nada de Libia, de su historia y de sus tribus y de sus odios internos. Para nosotros solo era petróleo y un negocio de venta de armas que Gadafi, nuestro nuevo amigo, repartía entre los principales hijos de puta de África, estuvieran en el Gobierno o al frente de una guerrilla como Charles Taylor en Liberia.

Todos tenemos las manos manchadas de sangre de aquellos invisibles. Hoy, Libia sigue en guerra civil. Es un exportador de migrantes, personas que buscan un futuro mejor en Europa. Ahora pagamos para que los mantengan en cárceles sin derechos y no tener que asistir al espectáculo de su muerte en el Mediterráneo. ¿Dónde está la liberación?

De todas las primaveras, la más cruenta ha sido la de Siria, que aún anda guerreando en Idlib. El dictador sigue en su trono casi 600.000 muertos después. En un país de 27 millones, más de 5,5 son refugiados que tuvieron que huir de su país y que sobreviven en los países vecinos. Otros 6,49 millones son desplazados internos. Siria es un país destrozado física y emocionalmente, que necesitará una o dos generaciones para recobrar un equilibrio que permita hablar de paz.

Si Occidente intervino en Libia contra Gadafi, en Siria no supo qué hacer. En su propaganda era contraria al régimen de Asad, pero sus alternativas de repuesto, como el Ejército de Liberación de Siria, se esfumaron bien pronto. Era Asad o el ISIS o franquicias de Al Qaeda similares. Ese fue el problema de Obama tras el ataque químico llevado a cabo por el régimen de agosto de 2013. No sabía quiénes eran sus aliados. Los descubrió después: quienes hacían el trabajo en el terrero para frenar al Estado Islámico que había conquistado partes de Irak eran algunos de sus enemigos oficiales: Irán, Hezbolá. Donald Trump se apoyó en los kurdos sirios para aplastar al ISIS y luego los abandonó frente a Turquía, país de la OTAN que juega sus cartas fuera de los intereses de la Alianza Atlántica.

Diez años después podemos afirmar que las Primaveras Árabes fueron un fracaso. Solo se salva Túnez, que sigue su camino hacia un sistema democrático de la mano de un partido islamista moderado. Todos nos equivocamos, nos dejamos llevar por el entusiasmo. La plaza de Tahrir se convirtió en un símbolo de la lucha por la libertad, pero pronto mostró su cara más bronca en las violaciones a mujeres. Ser pesimistas ahora, que siempre es lo más inteligente, podría ser un segundo error. Quizá llegue una segunda ola de ansias de libertad, o tal vez para entonces todos estemos sometidos a regímenes autoritarios en nombre de la seguridad, sea política o sanitaria. Feliz Navidad.

 

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26 Comentarios
  • pablos pablos 26/12/20 18:36

    Muchas gracias Ramón estos textos ayudan a entender la historia.
    Madeleine Albright dijo cuando era secretaria de estado "Estados Unidos no tiene aliados tiene intereses". A la Unión Europea le debe pasar lo mismo.

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  • Cuatro Puertas Cuatro Puertas 26/12/20 18:27

    Al inicio pensé que hablaba de este país, donde hay un jefe de estado elegido por un dictador genocida y apoyado en el nacionalcatolicismo...

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  • tiago tiago 25/12/20 20:05

    Lo que a mi me parece que el problema son los "dioses" de todos ellos y de sus religiones, que han hecho su medio de vida aprovechando el miedo,la incultura, y ofreciendo soluciones para el mas alla. Pero en este inicio planteo una cierta incongruencia, pues el citar la incultura no se sostiene si observamos personajes como el papa de roma y tantos popes, ulemas, rabinos y demas patulea de cada religión y sus escisiones. Muchos de ellos no han dado palo al agua en su vida, punto y aparte son todas las personas de base que en estas mismas iglesias son ejemplo de sacrificio y solidaridad. Lo realmente cierto es que el animal humano es el unico de este planeta con capacidad de razonar y sorprende lo poco que la usamos.Hacer politica es el egoismo de las masas que anteponemos intereses personales, frente al bien común. Para terminar tengo alguna certeza a saber: de aqui a cien años todos calvos, y el sol sale todos los dias y para todos, ¿sera por eso que decimos hace un sol de justicia? SALUD Y BUENA ENERGIA RENOVABLE PARA TODOS . Gracias Ramón me haces reflexionar.

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  • CinicoRadical CinicoRadical 25/12/20 11:59

    Primaveras o neocolonialismo ? voto por lo segundo.
    En Túnez no andan muy contentos tampoco.

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  • guilemm guilemm 24/12/20 19:11

    Sr. Lobo, es un placer leerle, descubrir sus artículos ha sido para mi una delicia. Sus artículos son bien trabados, de asuntos candentes con reflexiones fundadas en datos, cifras y experiencia personal en paises y sitios (en mi opinión sus escritos además de ser profundos, rebosan serenidad, reflexión y delimita el contexto sobre lo que escribe de forma pedagógica y precisa).... En fin solamente me queda desearle lo mejor a nivel personal y profesional y salud y larga vida para poder seguir disfrutando de sus escritos.
    Un cordial saludo

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  • jorgeplaza jorgeplaza 24/12/20 17:44

    Parece que fue un tal Cordell Hull, Secretario de Estado de Franklin D. Roosevelt, el que dijo de Anastasio Somoza aquello de "Puede ser un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Es una frase de un cinismo aplastante, pero hay que recordar aquello no menos famoso de Lord Palmerston, que él refería a Inglaterra: "no tenemos amigos permanentes ni enemigos permanentes, sino intereses permanentes." ¿Salimos ganando los españoles con la revolución de los Ayatolás? ¿Y con el triunfo de los Hermanos Musulmanes en Egipto? Qué duda cabe que sería preferible que no hubiera "hijoputas" al mando de los países musulmanes pero, ya que parece que se pueden contar con los dedos de una oreja los que no lo son, mejor de los que controlan de cerca y meten en cintura a esos otros que se extasían con la idea de la Guerra Santa y quieren instalar una sucursal del califato en España. Es imposible tener una postura no ya impecable éticamente sino mínimamente coherente en un conflicto como el de Siria, que era una guerra de varios contra muchos. Cuando en alguno de esos países se mantienen al nivel de odio entre tribus, es difícil aplicar nuestras categorías políticas habituales. ¿Muy triste? Sí, sobre todo para los muchos inocentes que lo padecen, pero a veces las buenas intenciones (como en Libia o hasta en Siria) consiguen lo contrario de lo que pretenden. Leo en EP que España ha autorizado en el primer semestre de este año ventas de armas por un valor récord: lógico, estando las cosas lo jodidas que están. Los Gobiernos de todos los países y de todos los colores se atienen a los dos frases con que empezaba el comentario y hacen bien. Conviene, por lejos de nuestra propia experiencia que estén, ponerse en su pellejo de vez en cuando y preguntarse lo que uno haría en su lugar. Sospecho que autorizaríamos todas las ventas de armas que pudiéramos aunque tal vez vigiláramos más de cerca, visto lo visto, las comisiones que se llevaba el Emérito por engrasar la maquinaria. Pero, si somos sinceros, esa sería toda la diferencia... si es que la había.

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 24/12/20 16:34

    Interesante análisis. Algunos no tienen ni priavera. Ni


    los palestinos ni los saharauis. GraciasJuan Carlos I, Felipe VI les debe una visita y una disculpa. Nunca la recibirán

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    • jorgeplaza jorgeplaza 24/12/20 17:50

      ¿Exactamente qué les debemos los españoles a los saharauis? Estuvieron tocando las narices y rozando el terrorismo para forzar la independencia hasta que un buen día, Hassán II, que era un hijo de puta muy listo, vio de lo que de verdad eran capaces nuestros heroicos militares, tan admiradores de los africanistas y tan inútiles, y se quedó gratis total con ese trozo del mapa aprovechando que el Generalérrimo las estaba diñando. Parece que a partir de entonces aprendieron los saharauis que, aunque compartieran raza y religión, había amos bastante más desagradables que los colonialistas españoles: que lo hubieran pensado antes. Ahora, francamente, que les sigan dando.

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  • VENCEREMOS VENCEREMOS 24/12/20 14:31

    Quien dijo que la religión es el opio del pueblo. Cuantos crímenes se han cometido en nombre de dios, ala o como coño quiera que le llamen. El hombre no será libre hasta que no acabe con las supersticiones, mire a su alrededor y sea consciente de la realidad, en esa realidad ningún dios tiene cabida, ni se ve ni se siente, es absurda hasta la idea. Porqué necesitamos amos, dioses, reyes o jefes para sentirnos infantilmente bien, tanto miedo tenemos a ser libres?. Los comentarios que veo aquí están en muchos casos vacíos de contenido y destilan odio. Yo respeto a los creyentes, ellos no tienen la culpa, pero nunca respetaré sus creencias. Ellos son seres humanos, las creencias son el veneno que les inoculan al nacer.

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    • Epi Epi 27/12/20 09:32

      Razón llevas , Venceremos, la religión , sea cual sea, es el virus que todo lo emponzoña.

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  • Coronel Dax Coronel Dax 24/12/20 10:29

    El problema de su análisis, Ramón, es que olvida un factor fundamental. Habla usted de “equivocación” de Occidente. No lo creo. Tras años intentando comprender lo que sucede a nivel internacional uno llega a la conclusión de que Occidente “no se equivoca” porque Occidente no busca ninguna democratización de esos países. Ni en lo países árabes ni en el Este de Europa.

    Que no se me malinterprete porque no defiendo a quienes no tienen defensa. Ni Gadafi, ni Asad, ni Mubarak, ni Lukashenko son ejemplos de líderes aceptables, pero a estos hh. de p. Occidente no quiere o no quiso sustituirlos por unos representantes democráticos sino por sus hh. de p. Puede que prefiera una democracia de baja calidad a una dictadura, porque es más presentable, pero siempre que con ello no pierda el control geoestratégico del país en cuestión. Y esas guerras sucedidas no son un mal sobrevenido, sino, estoy convencido, buscado o, al menos contemplado en las oficinas de los servicios de análisis geoestratégico de Occidente.

    En todos esos países se ha utilizado a los que tenían ansias de mayor libertad, pero no son los demócratas los que llevan las riendas de esas revoluciones de colores. Tanto en Bielorrusia como en Ucrania se han apoyado en los elementos más fascistas para dar el golpe de estado. Vean, si no, la bandera que ondea en las manifestaciones de Bielorrusia.

    En este sentido, es lamentable comprobar que la información que se nos suministra a las poblaciones occidentales sobre lo que sucede en política internacional es casi tan manipulada como la que pueda tener la población de China o de Corea del Norte sobre sus gobernantes. Es tan vergonzosa esa manipulación que devalúa mucho el valor de nuestras democracias, incluyendo en esto hasta las tan alabadas democracias nórdicas. Pero basta ver quiénes son sistemáticamente los agraciados con el Nobel de la Paz (que lo da Noruega) o el Sajarov (siempre son de la misma tendencia) o la actitud de Suecia con Assange, para concluir que hasta estas democracias tienen su límite.

    Felices Fiestas.

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  • carpe diem carpe diem 24/12/20 10:10

    UN ANALISIS PROFUNDO Y REALISTA.

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