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El problema no termina cuando Trump se vaya

Publicada el 08/01/2021 a las 06:00 Actualizada el 08/01/2021 a las 11:52

Doce días son los que quedan para que Trump abandone la Casa Blanca. Doce días que para algunos se van a hacer eternos. Porque, aunque ha prometido una transición ordenada, a saber qué entiende él por ordenado si lo del Capitolio del miércoles no le pareció lo suficientemente grave como para condenarlo de forma enérgica. Le faltó darles las gracias: “Os quiero, sois muy especiales”, les dijo.

El problema es que todo esto no termina con Trump fuera de la Casa Blanca. Y tampoco empezó todo cuando él aterrizó en la presidencia de los Estados Unidos. Él simplemente alimentó ese descontento que campaba a sus anchas en buena parte del ánimo de muchos estadounidenses, lo aderezó con un par de frases de esas redondas que lucen mucho y agitan las tripas (“Make America Great Again” Haz América grande otra vez o “America First” América Primero) y supo alimentarlo de forma continua y disciplinada durante sus cuatro años de mandato. Sus mentiras, sus locuras, sus frases incongruentes, decisiones tomadas a golpe de tuit, fueron el mejor de los abonos para lo que vimos el miércoles por la noche. Abono, pero no semilla.

Durante los últimos 20 años, se mire donde se mire, en los países en los que desde las instituciones se prometió todo y se cumplió muy poco, ha ido creciendo un descontento generalizado. Gente que vivió el sueño de tenerlo todo y que, sin previo aviso, se lo quitaron de un plumazo. Vieron cómo se quedaban atrás en cada crisis, cómo quienes prometieron cuidarlos y protegerlos se olvidaron de ellos. Grupos sociales que se sentían abandonados, y que seguían escuchando las mismas promesas mitin tras mitin. Sólo necesitaban que llegara su mesías para salvarlos. Pedían a gritos esa salvación, esa reparación, y llegó. En Estados Unidos bajo el nombre de Sarah Palin primero y Donald Trump después. Políticos que no ofrecían nada pero que lo vendían con el mejor de los envoltorios, con retórica fácil y vacía. Sólo había que echar un poco de gasolina para incendiar ese malestar y ellos tenían la fórmula perfecta: apelar a los sentimientos más básicos, a las tripas de cada votante, la bandera, la historia, lo arrebatado por otros y voilà!, fuimos viendo cómo uno a uno fueron ganando terreno y votos.

Trump ha sido el mejor maestro de esta forma de hacer política: no hacer nada, hablar mucho, mentir más y dar a las masas lo que quieren, gasolina. Llenar su discurso de odio hacia el rival, vestirlo como el peor de los enemigos, como Satán (el miércoles había varias pancartas en las que se llamaba así a Nancy Pelosi) y esperar a que todo eso fermentara bien hasta lograr lo que buscaban, reventarlo todo, dinamitarlo todo, incluso las instituciones y la democracia, para reinventarla y ajustarla a sus propias aspiraciones.

Lo que pasó el miércoles por la noche aterrorizó a muchos. Eso estaba ocurriendo en Estados Unidos, el país de las libertades y de las oportunidades. Aterrorizó porque comprobamos que el extremismo puede acabar en eso. Trump se irá, no le queda otra, nunca le quedó otra desde que perdió las elecciones en noviembre. Él lo sabía desde aquella noche y sólo ha jugado a probar hasta dónde podía llegar. El problema es que muchos de los que estaban el miércoles en el Capitolio creen a pies juntillas lo que él les ha dicho, están convencidos de que les han robado las elecciones, que hay poderes ocultos que mueven los hilos para arrebatarles la esencia de su país. Como si cada país tuviera una propia esencia, inquebrantable.

Lo que ocurrió en el Capitolio fue un aviso para todos. Es el momento de aprender a hacer política de otra forma, de dejar de utilizar palabras como fraude, ilegítimo o impostor, cuando hablamos de líderes elegidos en las urnas, nos gusten más o nos gusten menos. Dinamitar lo más básico que tenemos, nuestras reglas de juego, puede acabar en caos. Ya lo vimos el miércoles.

 

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7 Comentarios
  • Paco I  el viejo. Paco I el viejo. 08/01/21 18:41

    Hola Helena, qué digo yo, después de esto seguirán usted protegiendo a Guardó, porque los mismos delitos que se le puede imputar a Trump se le puede imputar a Guaidó y al que protege Pedro Sánchez, un tal Leopoldo López , que cuenta con 47 asesinatos a sus espaldas por haber arengado a su gente a quemar vivos a chavistas y por poner bombas al paso de la policía, cosa que ustedes, los de ' la sexta ' , lejos de condenar han justificado como actos legítimos.
    Es que los delitos que se le puedan encajar a Trump no valen para Guaudó, que buscó mercenarios para asesinar a sus compatriotas o para ese al que usted y todos sus colegas de la sexta llamabais " preso político"? ...espero que poco antes poco sean un pelín más DIGNOS como periodistas y como personas.
    Sin acritud.

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  • Raul Raul 08/01/21 14:06

    Lo que mata la democracia son LOS GOBIERNOS EN TODO EL MUNDO GOBERNANDO A FAVOR DE LOS INTERESES DE BANCOS, RICOS Y CORPORACIONES. Eso es LO QUE MATA LA DEMOCRACIA. Trump NO ES LA CAUSA, ES EL SINTOMA de un sistema político en EEUU QUE ES UN JUEGO ENTRE MULTIMILLONARIOS. En EEUU para ser presidente TIENES QUE SER MILLONARIO Y FINANCIADO POR MILLONARIOS Y CORPORACIONES EMPRESARIALES. En EEUU NO EXISTE DEMOCRACIA, es un PATETICO TEATRO SOSTENIDO POR LA INYECCION DE MILES DE MILLONES PROVENIENTES DE BANCOS, EMPRESAS Y MULTIMILLONARIOS. EEUU es con diferencia UNA DE LAS PEORES DEMOCRACIAS DEL MUNDO.
    Trump NO ES LA CAUSA ES SOLO EL SINTOMA. La causa es Bill Clinton y su globalización que lleva los empleos a Asia e India. La causa es ESA PATÉTICA Hillary Clinton que hace una campaña electoral haciéndose selfies para Instagram a bordo de su jet privado RODEADA DE RICOS, GUAPOS Y FAMOSOS y diciéndoles a los votantes "yo soy como vosotros".
    Vox es EL SINTOMA. La causa ES ESE PSOE VENDIDO AL CAPITAL Y AL IBEX35. ESE PSOE QUE HA LLEGADO A DEBER 200 MILLONES DE EUROS A LOS BANCOS DEL IBEX. Vox no es la causa, ES SOLO EL SINTOMA. LA CAUSA ES ESE PSOE QUE GOBIERNA A FAVOR DE BANCOS, EMPRESARIOS EXPLOTADORES E INTERESES DE LAS ÉLITES QUE MEDRARON CON FRANCO.
    El fascismo se alimenta DE LA DESIGUALDAD. LOS QUE ESTÁN MATANDO LA DEMOCRACIA NO SON LOS FASCISTAS. LOS QUE ESTAN MATANDO LA DEMOCRACIA SON LOS GOBIERNOS EN TODO EL MUNDO QUE GOBIERNAN A FAVOR DE LOS INTERESES DE EMPRESARIOS, BANCOS Y RICOS DE TODO PELAJE MIENTRAS ABANDONAN EN LA MISERIA Y EL PARO A MILLONES DE CIUDADANOS.

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  • nosé nosé 08/01/21 11:55

    Trump = Tricolón, no hay una diferencia entre ellos. Lo único que nos ha demostrado este sujeto, el Trump. es la realidad del mundo en el cual nos casi desenvolvemos, Los únicos que mueven los hilos de TODOS los GOBIERNOS de la U.E. son los estadounidenses a través del Pentágono y sus dos ciudades del LIBERTINAJE económico: Vall Street y la City. El Personaje desenfundó, saco las pistolas y dijo, se acabó el juego, las cartas sobre la mesa, aquí mando yo. Todos quietos!!! Que nadie se mueva!!! Ahora Qué!!! Seguiremos como siempre, nuestra manta y nuestro destino están en manos de unos locos que solo saben reincidir en lo de siempre. Capital Criminal y Atrocidades para los que se quieran salir del círculo vicioso.

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  • caroche caroche 08/01/21 11:13

    Parece que una parte de la culpa de lo que nos pasa, se puede leer en la etiqueta de lo que compramos. (Fabricado en). Globalización.

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  • Ayla* Ayla* 08/01/21 09:37

    Lo que se ha visto en EEUU es un aviso de lo que puede llegar, está llegando, a otras partes del mundo occidental.

    Cuando la ciudadanía siente cada día más depauperada su vida y no ve futuro, cuando estamos en el salvese el que pueda, cuando en definitiva, estamos en un capitalismo salvaje, es muy fácil caer en las mentiras de quienes te venden que lo van a cambiar, sin pararse a analizar si lo que cuentan es humo.

    En España tenemos tres grupos alumnos de Trump, así que ya podemos ir atendiendo al aviso.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 08/01/21 07:17




    «El problema no termina cuando Trump se vaya.» Estoy de acuerdo con la frase, pero discrepo en que el problema sea solo Trump. Pertenece a un potente partido, el Republicano, que ha consentido quizá muchas veces dictado, y siempre apoyado, todas las «ocurrencias» de ese impresentable presidente.

    No parece creíble que EEUU haya salido de varios organismos internacionales solo por el capricho de Trump, sin que su partido no interviniera en esas decisiones. ¿O acaso EEUU es una dictadura en la que el presidente hace lo que le da la gana?

    Las crisis que están pasando muchos países del mundo capitalista, España incluida, tiene mucho que ver con la automatización de muchas empresas, con la infomática, con la tecnología digital que permite suprimir millones de puestos de trabajo en el mundo, y que la sociedad capitalista no sabe resolver, o de momento solo lo hace con trabajos precarios en ingresos y en estabilidad laboral.

    Ante esa realidad que los partidos de izquierda no saben afrontar, se está creando un caldo de cultivo que lo aprovechan partidos en los que la demagogia es su primer recurso político, y parece que les esté funcionando, también en España, viendo los avances que les dan diferentes encuestas a los partidos de derechas en nuestro país.

    «Lo que ocurrió en el Capitolio fue un aviso para todos.» Sí, Helena; esperemos que atendamos ese aviso, aunque dudo que desde los casados a los abascales sean capaces de captarlo. Más bien parece que no les disgusta mucho lo que han visto que se puede hacer… cuando no mandan ellos. Osasuna.

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    • casaroja casaroja 10/01/21 08:58

      Totalmente de acuerdo con el artículo de Helena y con el comentario de paco arbillaga, pero añadiría que en un país en que dios, la biblia, Adán y Eva.... la religión en general, están tan impregnados en la sociedad, forman parte de la retórica y la simbología institucional del Estado e inspiran reglas y costumbres sobre las que se legisla, no es extraño que la gente sea arrastrada por el primero que les dice lo que quieren oír si, además de decírselo en nombre de dios, lo adereza con conspiraciones inventadas y noticias falsas que no importa que entren en conflicto evidente con la realidad, la ciencia y la verdad porque tendrán una amplía audiencia habituada a creer en lo esotérico y cabreada, con razón, con el poder político y económico. Es cierto que esa audiencia (76 millones) no se acaba con Trump.

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