X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Muy fan de...

La llamada

Publicada el 06/03/2021 a las 06:00

En casa había dos teléfonos fijos de muelle, el gris de sobremesa en el salón y el beige de pared en la cocina. Lo saben mis lectores habituales, ya lo conté. Hay símbolos emocionales recurrentes y entre los míos, sin duda, esos dos teléfonos. Enganchados a sus muelles hay recuerdos claves en mi vida.

Por el teléfono beige nos enteramos de que habíamos aprobado la Selectividad. Fue nuestra profe de Lengua y Literatura, María Luisa Ponce. Bueno, nuestra profe, amiga, referente y maestra de vida.

No sé si fue Merche –mi hermana elegida– o yo, quien descolgó el teléfono, qué más daba si las dos éramos una. Entonces no existía la posibilidad de poner el altavoz, lo más similar a un “sin manos” eran nuestras dos cabezas pegadas al auricular para oír la noticia a la vez, imprescindible la simultaneidad, las dos éramos una.

Al fijo de un modelo más moderno llamó Luis del Olmo en el 93 para darme la bienvenida de manera oficial. Él me hizo el primer contrato en la radio. Por razones que no vienen al caso, no cogí la llamada y escuché –temblando– la voz inconfundible que me había despertado desde niña. Dejó su mensaje en un contestador automático de cinta de casette diminuta, después de oír la señal:

–Hola, Raquel, soy Luis de Olmo…

Luis no sabe que yo estaba allí mientras él hablaba. Ignora por qué no atendí su llamada “en directo” y le llamé unos minutos después. Le debo la desclasificación de un secreto muy personal.

Unos años después, la muerte sonó a dúo en los dos teléfonos de madrugada. Ya nos habíamos despedido en el hospital de la tía, sabíamos que pronto llegaría la llamada. Desde la cama oí dos tonos, el estridente del teléfono, el doliente y contenido de papá.

–Voy para allá.

El teléfono fijo perdió su papel, en casa solo suena cuando llama mi madre. Lo conservo por ella, sé que cuando no esté él desaparecerá de mi mesa de trabajo, porque no habrá voz al otro lado.

Llevo días esperando una llamada. La llamada. Como muchos de nosotros. Quizás, tú que me lees ahora, también la estés esperando o la recibas en estos días o la hayas recibido ya. Y entenderás mi emoción, seguramente tan fuerte como la tuya.

Anhelaba esa llamada con más deseo que la de un novio en la adolescencia, que la nota de Selectividad, que el mensaje de Del Olmo. La esperaba, como la del adiós de la tía, sabiendo que al recibirla lloraría, pero esta vez no de tristeza, sino de emoción y alivio. La llamada sonó el miércoles para decirnos que este viernes vacunaban a mamá.

Las redes sociales llevan en su composición sus porcentajes de veneno, falsedad y odio… Pero también contienen una alta dosis de empatía entre desconocidos, hasta de cariño, me atrevo a decir.

Recibí tantos mensajes el día en que respiré contando que mamá ya no tendrá que coger el metro a Abu Dabi, como en días anteriores, cuando expresé mi deseo, mi inquietud, mis ganas locas de que sonara el teléfono.

Me escribieron personas que se alegraban por mí y agradecían que me alegrara por ellas. Las que me felicitaban y expresaban su deseo de vivir lo mismo. Las que ya lo habían vivido y entendían la emoción y expresaban la suya. La alegría y el alivio colectivo ante tanto dolor compartido, también es contagiosa.

Y me acordé de los sanitarios que llevan casi un año llamando a números de teléfono para pronunciar la frase más negativa: "Eres positiva" y percibir el silencio congelado y cargado de miedo al otro lado.

Imaginé lo que sienten esas mismas voces ahora al decir "tiene cita para vacunarse" cuando escuchan el silencio emocionado y cargado de ilusión, o los gritos, las risas y el llanto de felicidad al otro lado. Y, con todo mi cariño –seguro que ellos piensan lo mismo– ni los Javis ni hostias, esta es LA LLAMADA.
 

Publicamos este artículo en abierto gracias a los socios y socias de infoLibre. Sin su apoyo, nuestro proyecto no existiría. Hazte con tu suscripción o regala una haciendo click aquí. La información y el análisis que recibes dependen de ti.
Más contenidos sobre este tema




8 Comentarios
  • tarrul tarrul 07/03/21 11:08

    Muchisimas gracias Raquel, una vez mas otra alegria al leer tu articulo, mi eterna gratitud.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    5

  • Comares Comares 06/03/21 13:42

    Raquel , te entiendo perfectamente. Ayer también vacunaron a mis padres. Mientras los llevaba en coche al centro de salud no podía dejar de llorar del alivio y la emoción. ¡Son tan vulnerables!, ¡Han hecho tanto por sus padres, por sus hijos y por este país!

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    12

  • amparo st amparo st 06/03/21 13:07

    Ay Raquel, cuánto me he emocionado con las dos partes de tu artículo, cuando murió mi madre quité el teléfono fijo,me alegro tanto de que la tuya todavía te llame y de que la hayan, por fin vacunado. Muy fan

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    8

  • cexar cexar 06/03/21 10:44

    A mis padres le pusieron la primera dosis el martes pasado. Todos los hermanos nos hemos quitado un enorme peso de encima, la luz al final del túnel. Estando ellos vacunados al resto ya nos llegará.
    Comparto los mismos recuerdos del teléfono fijo de casa y, al igual que tú (y desde que me apunté a la Lista Robinson), el mío sólo suena cuando llama mi madre. Para mi padre sigue siendo "el aparato para dar recados urgentes".
    Salud,

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    8

  • Valldigna Valldigna 06/03/21 10:24

    Valldigna.Que placer leerte todos los Sábados tus columnas.Muy fan tuya!

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    2

  • FIngerlady FIngerlady 06/03/21 09:58

    Buenos días de sábado con la alegría de saber que hoy tenemos tu columna. Emotiva y a la vez crítica. En la casa de mi niñez también hubo esos teléfonos. En la actual ya ni para mi madre, que también era la única que llamaba. Se amoldó al móvil como una campeona. Seguimos esperando "la llamada". Aquí llaman como en las oposiciones, por letra. No tenemos ningún padre al que visitar en Abu Dabi. Todavia queda espera...

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    7

  • Jigsaw Lo Jigsaw Lo 06/03/21 08:23

    que bonito e interesante relato, sensible y reflexivo a la vez, como siempre en palabras de Raquel.
    leyendo he pensado que donde yo vivo hay por lo menos cinco o diez mil personas que jamás recibirán esa LLAMADA, viejos, jóvenes, sanos o enfermos, y no porque no tengan teléfonos fijos o móviles, sino porque no tienen documentos, no están registrados son ilegales, no constan.
    Pero viven y conviven con nosotros.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    14

  • Evaus Evaus 06/03/21 03:14

    Buffffffff. Precioso y enhorabuena por la tranquilidad que tu madre no tiene que coger, avión, metro, autobús o lo que sea para vacunarse. A ti no te ofrecieron la vacuna para tu madre. Te llamaron cuando te tocaba y cumples con lo que te mandan. A las otras y su contubernio borbónico, quizás no sepan lo que sentiste tu cunado llamaron para la vacuna. Ellas creen que están vacunadas. No les quedará mucho.Pero para una vacuna en el exilio. Es norma borbónica.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    11

 
Opinión