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Muros sin Fronteras

Sin mascarilla en la nueva normalidad

Publicada el 24/06/2021 a las 06:00 Actualizada el 24/06/2021 a las 14:09

Si nada lo estropea quedan un par de días para vernos las caras, reconocernos, sonreír y comprobar cuánto hemos engordado en estos 14 meses de excepcionalidad vírica. Será una experiencia sentir el aire en el rostro, y llevar gafas sin que se empañen los cristales. Son señales extraordinarias que indican que la derrota de la pandemia está próxima, aunque aún no sea completa. Está viva la amenaza de la variante india Delta, agravada por una versión más agresiva. Seamos prudentes.

La siguiente estación serán los abrazos. No sé si serán achuchones entre vacunados revueltos o fragmentados en las nuevas tribus identitarias: los de Pfizer con los Pfizer; los de Moderna con los de Moderna; los astrazénecos con los astrazénecos, los de Janssen con los de Janssen.

No se rían, que esto es serio. No querían dejar entrar a los vacunados con AstraZeneca en el primer concierto pospandémico de Bruce Springsteen en Nueva York, solo estaban admitidos los vacunados con productos made in USA. Como se montó una buena en Canadá, han tenido que rectificar. La vieja estupidez no ha muerto, de eso sabemos mucho en España.

Después de tanto tiempo protegidos detrás de una mascarilla parecerá que estamos desnudos, en peligro de enfermar de cualquier cosa. Habrá miedo porque somos animales de costumbres que detestan los cambios.

Es el triunfo de las pequeñas cosas, las que están al alcance y pueden hacernos felices, las que nunca vemos empeñados en vivir la vida en un sprint continuo cuando es una maratón.

Lo nuestro ha sido un juego de niños ricos comparado con la vida cotidiana y sin esperanza de millones de mujeres confinadas detrás de un burka, un niqab o bajo cualquier otra forma de opresión, menosprecio y silenciamiento. Nos hemos cubierto la boca y la nariz por orden sanitaria y ya estaban los negacionistas en revuelta contra la dictadura de la ciencia.

Espero que las autoridades expliquen bien que el fin del uso obligatorio de la mascarilla al aire libre no significa el fin de todas las precauciones. Seguirá siendo obligatoria en el transporte público. Hay que mantener la sensatez en tiendas, mercados, cines, teatros, garajes, zonas comunes de los edificios, ascensores… Es fácil, basta con pensar.

Aún no hemos entrado del todo en la proclamada “nueva normalidad” y debo confesarles que ya estoy harto de tanta solemnidad primermundista.

Me molesta la frase, su vaciedad publicitaria. Deberíamos definir antes qué es o era normal, y qué inaceptable. ¿Es normal el clima político español en el que el jefe de la oposición insulta a todos los que no están de acuerdo con él? ¿Es normal que la derecha española vaya siempre a contracorriente de las derechas democráticas europeas, las que pelearon a su manera contra el nazismo? ¿Es normal que todo sea un arma arrojadiza y la Cosa Pública un negocio privado? ¿Es normal que una parte del Procés siga instalado en la ficción, que nadie se atreva a decir ‘la independencia está desnuda’?

¿Es normal que España sea el país con más paro juvenil de la UE, no importa quién gobierne? ¿Qué falla, la educación, los empresarios?

El periodista Andrés Oppenheimer, que aparece en el vídeo anterior, sostiene en el libro Crear o morir que una de las diferencias entre el mundo anglosajón y el latino es el derecho a fracasar. En las sociedades protestantes, en las que mejor ha prendido el capitalismo, no está mal visto el fracaso. Se entiende que es una persona que se está tomando su tiempo antes de triunfar.

En España, el fracaso te condena (menos si estás en política). Esa rigidez afecta al atrevimiento y a la financiación. España es un país especial en este asunto porque también está mal visto el triunfo: ‘¿este qué se ha creído?’. Prima la grisura, no destacar, bajar la voz.

¿Cómo conseguir un cambio de mentalidad si la escuela está secuestrada por las sotanas y por padres que dicen tener un sacrosanto derecho de propiedad sobre sus hijos? Hablan como los islamistas radicales que defienden el derecho a mutilar a sus hijas.

¿Es acaso normal gastar miles de millones de dólares y euros en armas y no en medicinas? ¿Lo es que falten vacunas en el Tercer Mundo? ¿Son normales la guerra, la desigualdad y la pobreza crónica? ¿Es normal este sistema piramidal basado en la explotación?

¿Es normal que los obispos de EEUU estén en la senda de negar la comunión al católico Joe Biden por no oponerse por ley al aborto? ¿Es normal que esta sociedad opulenta y enfadada haya renunciado a la verdad? ¿Es normal que las televisiones generalistas sean transmisores cotidianos de falsedades y odio? ¿Es normal el espectáculo sobre las niñas de Canarias?

Qué es eso de nueva normalidad si lo que queremos es la vuelta de la normalidad ética, la que surgió del final de la Segunda Guerra Mundial, la que defendía los derechos humanos. ¿En qué se basa el paraíso pospandémico que se promete como un ungüento milagroso?

Hace unas semanas colgué un tuit provocador; decía: “Veo en un parque de Madrid a decenas de madres con niños pequeñísimos. Seguramente muchos de ellos celebrarán la llegada del año 2100. ¿Cómo será su mundo? ¿Qué tipo de trabajos tendrán? ¿Existirá la democracia? ¿Se podrá respirar al aire libre? Me alegro de no tener hijos”.

Un tuitero me respondió: “Menos mal que tus padres no pensaron lo mismo”. Le dije que mis padres habían vivido la Segunda Guerra Mundial y que en los años 50 había esperanza.

¿Qué hemos aprendido exactamente de la pandemia, qué han aprendido nuestros líderes y los llamados referentes sociales? ¿Tenemos claro que el covid-19 es una pandemia de medio pelo comparada con otras que podrían llegar? ¿Sabemos que la catástrofe climática causará más muerte y daño económico que el coronavirus, y que será difícilmente reversible?

Todavía hay políticos y periodistas que se ríen de las señales de un clima extremo. Los hay en el PP y en el PSOE. En Madrid tenemos un alcalde que viaja en dirección contraria al resto de las grandes capitales, y de ciudades como Vitoria que llevan años apostando por los espacios amables con la naturaleza y las personas. ¿A qué nueva maldita normalidad se dirige este Madrid de atascos y humo?

¿Cuál es el nuevo PP, el que desoye su corrupción y destruye pruebas o el que dice que se cambia de sede y ya está, todo arreglado? ¿Dónde está el mensaje de las nuevas izquierdas, que en los casos extremados siguen empeñados en la defensa de la pureza ideológica dentro de la granja de Orwell?

La nueva normalidad es la de antes, la de siempre, la mala, la de una sociedad egoísta basada en el dinero, el éxito y la belleza a cualquier precio, en el culto enfermizo de lo efímero. Lo bueno debe ser trending topic durante unas horas. Casi nada cala, casi nada permanece. Es una sociedad que galopa hacia su destrucción. Esta es la base del capitalismo salvaje que nos gobierna desde Thatcher-Reagan: ordeñar la vaca hasta que muera extenuada.

Sería mejor proponer una nueva anormalidad, un verdadero golpe de audacia, el del mundo al revés de José Agustín Goytisolo que canta Paco Ibáñez.

 

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19 Comentarios
  • Jotaechada Jotaechada 25/06/21 00:48

    Muy agradecido, de nuevo, por las palabras de Ramón Lobo, siempre verdaderas, estimulantes para el pensamiento y para la indignación. Madrid, España y el mundo, tan ancho y tan ajeno, se merecen mejores políticos de oposición. La señora Merkel debería alargar su servicio y darse una vueltecita por el sur de Europa: la pandilla de jóvenes españoles liderados por Casado podrían (?) aprender alemán y enterarse de lo que vale un peine.

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  • bidebi bidebi 24/06/21 12:27

    Estoy de acuerdo con el artículo, hasta con su pesimismo.
    Me fijo en una frase “culto enfermizo de lo efímero”.
    No sé si es enfermizo, pero el culto es evidente.
    Ahora bien, es que todas las vidas existentes son efímeras.
    Lo que existe son prisas en todo, nada perdura, todo cambia en un minuto.
    Seguramente porque nada es sólido, todo es líquido, y casi todo es imagen y postureo.
    ¿Tendrá esto algo que ver con que hasta hace poco lo efímero de la vida se complementaba con la vida eterna?. El abandono de las creencias en los países desarrollados quizás nos lleva a una loca carrera por lo inmediato, deprisa, deprisa.
    Como aquellos adolescentes de la película de Saura, deprisa, deprisa, que el tiempo se nos acaba.

    Y me fijo en todo esto porque precisamente casi todos los que escribimos por aquí, incluido Lobo, nos encontramos en el último tramo de nuestras vidas efímeras.
    Nuestras efímeras vidas humanas son ya muy efímeras.
    Quiero decir que, obviamente, la vida no se ve igual con treinta años que con sesenta.
    Quiero decir que, seguramente, lo ya muy efímero de nuestras propias vidas nos pesa mucho a la hora de percibir la realidad. Que nuestro pesimismo propio vital quizás también nos condiciona y nos hace pesimistas sociales.
    Aún así, estoy de acuerdo en que la realidad es asfixiante. La duda que tengo es si esa visión no está condicionada porque nuestras propias vidas se asfixian.

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  • Aynur Aynur 24/06/21 11:31

    ESTA GRAN APUESTA POR LA VERDAD (sí, hay una verdad) a la que nos tiene habituados Ramón Lobo, viene escrita con tres palabras (¿o tres heridas? como se cantaba): pensar, normalidad e infancia. Que me sugieren: pasado, presente y futuro. Pensar en "lo" pasado para aprender, y no en "el" pasado para recordar. Analizar qué fuera la normalidad para actuar en el presente inmediato. Y ver la infancia como proyecto de futuro. Una sociedad inoculada con el virus/bacteria del consumo, no puede pensar. Por sus venas corre la sustancia tóxica del comprar, renovar, tirar, viajar y contaminar. Pensar es hoy una tara, un defecto, un error. Es, como diría Freud: una falta, una ausencia. Una sociedad que, intelectivamente, no distingue entre normalidad y frecuencia, está peligrosamente expuesta a confundir los intereses individuales con los intereses comunes. Las guerras, la emigración, la desigualdad, la corrupción, por frecuentes, por habituales, se han vuelto normales. Por eso, tambien es normal no pensar, por frecuente. Una sociedad que construye una infancia, un futuro, con más de lo mismo pero aumentándolo, potenciándolo, repitiéndolo, está condenada a reproducir el pensamiento de la normalidad del pasado, y la normalidad del presente. Tampoco yo, por decisión propia, tengo hijos. Muy inteligente y mucho tendría que pensar, y no es mi caso, para enseñar a pensar (qué pensamiento) a otro ser humano. Pero "pienso" que es la mejor decisión que he tomado en mi vida. Por supuesto esto chocará a todos los que piensan, que la normalidad es el mejor camino hacia el furuto.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 24/06/21 09:41

    Una respuesta a una pregunta muy concreta, reconozco que secundaria respecto al artículo en conjunto. ¿Es normal que los obispos le quieran negar la comunión a Biden? No solo es normal, sino que los obispos tienen esa obligación. El catolicismo es como es y no como quieren los cristianos progres. Hay que ser consecuente, seas Biden o Juan Pérez, y elegir si estás por el derecho al aborto o eres católico. Yo tenía un concuñado que se fabricaba el catolicismo a su medida. Me sacaba de quicio porque siempre se ponía la parte gorda del embudo para su lado. Yo le decía que no era católico, pero él no estaba de acuerdo. Según su elástica doctrina, hasta los ateos somos creyentes si bien se mira, pero la jerarquía católica no es tan laxa. No entiendo que se siga dando la matraca con el asunto: si uno no cree nada de que dice el Credo ni que el Papa es infalible ni, en general, nada de lo que la ortodoxia pide, es que no es católico y ya está, diantre.

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    • zeycus zeycus 24/06/21 23:22

      Todo esto es cierto pero la Iglesia sabe que si no cambia desaparecerá bien pronto, por falta de "clientes". Así que tiene la difícil tarea de evolucionar sin que se note, hacer compaginar el que su dogma ha sido siempre perfecto con el hecho de renovar actuaciones e ideas. No me gustaría estar en su pellejo, ciertamente. Es lo que tiene declararte infalible.

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    • Pepa Rosado Pepa Rosado 24/06/21 11:15

      Tendría usted razón si los seguidores y propagadores de la palabra de Dios en la tierra hubiera sido digna, pero han pasado cosas  tan perversas y malas que. para mí, no tienen autoridad moral. Que hagan limpieza en su seno, que hagan examen de conciencia y a lo mejor, a lo mejor se les podría escuchar. Lo de dejar que los niños se acerquen a mí no es como ellos lo entendieron y menos mirar para otro lado; la avaricia, la intransigencia, la misoginia...tienen mucho de lo que arrepentirse como para dar lecciones.

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      • MIglesias MIglesias 24/06/21 23:44

        Si fueran coherentes con sus enseñanzas y principios jurídicos, la Iglesia Católica tendría que excomulgarse.

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    • Androide paranoide Androide paranoide 24/06/21 10:38

      tiene usted razón, cago en dios.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 24/06/21 07:28


    «La nueva normalidad es la de antes, la de siempre, la mala, la de una sociedad egoísta basada en el dinero, el éxito y la belleza a cualquier precio, en el culto enfermizo de lo efímero.» Y a quienes dirigen esa normalidad de siempre les apoyan, les votan, millones de ciudadanos, los mismos que atienden, que ven, la basura que a los grandes medios de difusión interesa que consumamos en nuestro ocio.

    No solo los que mandan son los responsables de cómo están las cosas; la sociedad en su conjunto, y dentro de ella cada persona, también tenemos nuestra parte de responsabilidad en ello. Osasuna y República Libertaria.

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    • MASEGOSO MASEGOSO 24/06/21 09:17

      A veces pienso que, quienes pensamos en el conjunto, no somos capaces de discernir dónde está la raíz de la inhibición responsable de que hablas.
      Pienso ( posiblemente sea mucho pensar) que esa falta de crítica constructiva se deriva de los años en que hablar te podría costar algo más 

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      • MASEGOSO MASEGOSO 24/06/21 09:25

        prosigo mi respuesta a Paco Arbillaga.

        que la simple represión de la lengua o el lenguaje.
        Los vetustos no hemos olvidado aquellos años, posiblemente, se haya creado un espacio cerebral de indiferencia sobre lo que puede suponer para nuestras vidas.Al contemplar los discursos de las derechas vemos que siguen anclados en aquello de ser los amos de este cortijo llamado España ahora dividido en 17 partes, tan desiguales entre sí como ya estaban desde la ocupación de los ancestrales primeros pobladores de la Península Ibérica.
        Es lo  que trae en nacionalismo entendido como base cultural sin pensar que el conjunto es más atrayente que las partes, por interesantes que estas sean.
        Salu2 osasuna2

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        • paco arbillaga paco arbillaga 24/06/21 10:18


          MASEGOSO: Está muy bien eso de que hay que pensar, razonar, que hay que educar. Pero me pregunto: hacerlo ¿para conseguir qué clase de sociedad, de personas? Supongo que Casado, Abascal, junto con los portavoces de sus partidos, lo mismo que Jiménez Losantos, Marhuenda y otros periodistas o tertulianos, a algunos de los cuales vemos mentir, insultar, también piensan, razonan, y han recibido lo que se llama «una buena educación». La cuestión es qué hacen con todos sus conocimientos, para qué los utilizan, al servicio de quién los disponen. Osasuna2 salu2.

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          • MASEGOSO MASEGOSO 24/06/21 10:26

            Se puede haber estudiado, aprovechando para formarse de forma coherente y obtener un estado profesional aceptable peeeeeeero, a veces, los cerebros se infectan con varios virus a la vez y multuvacunas es más difícil de obtener que vacunas simples contra un solo virus.
            Además los virus adquiridos, ideas, soberbia, sabelotodo, falsedad,  etc. son voluntarios y aceptados como enfermedad sino como virtud. Pues tal como los dientes que duelen al salir ayudan y mucho a comer y buen vivir a la sombra de quienes les utilizan para difundir sus bajos instintos amparados en la política.
            SALU2 OSASUNADO2

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            • paco arbillaga paco arbillaga 24/06/21 10:56


              MASEGOSO: ¿Y no será que lo que pasa es que hay mala gente, tenga los estudios que tenga, y razone lo que razone? Osasuna2 salu2.

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  • Canija Canija 24/06/21 07:28

    Como siempre tus artículos dan en el clavo 

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  • MOE MOE 24/06/21 04:38

    ¡Hostias, Ramón! ¿Por qué no habrán un par de decenas de mujeres y hombres como tú, sin miedo a cantar las verdades del barquero en los temas más candentes, creando opinión y conciencia en más medios de comunicación de este maldito país? ¡Cuánta falta hacéis!
    ¡Bravo por el artículo! ¡Inapelables razones y palabras!
    Saludos

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  • MIglesias MIglesias 23/06/21 23:53

    Anda, que pregunta unas cosas... "¿Dónde está el mensaje de las nuevas izquierdas, que en los casos extremados siguen empeñados en la defensa de la pureza ideológica dentro de la granja de Orwell?" Pues aquí, en el foro de Infolibre.

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  • Ayla* Ayla* 23/06/21 22:23

    No hay más preguntas señoría. Con contestar a éstas ya nos iría mejor.

    "Es fácil, basta con pensar."

    Pensar? Eso, dónde lo venden?. Ahora se llevan las vísceras.

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    • MASEGOSO MASEGOSO 24/06/21 09:31

      Era una mercancía barata que surgió, siempre, del órgano rector del cuerpo humano que, también, rige las vísceras.
      Lo que ocurre es que los infectaron de un virus llamado miedo durante casi cuarenta años que, a la vez recordaron el virus que la inquisición dejo en los dañados cerebros de un pueblo al que, siempre, se le ha querido ignorante.
      Lo malo es que aquella circunstancia ya es obsoleta y alguien ene esta tierra no se ha dado cuenta, aún.
      Un saludo.

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