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En defensa de la politización

Publicada 04/09/2017 a las 06:00 Actualizada 03/09/2017 a las 14:02    
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En su libro Sin palabras, Mark Thompson –quien fuera director general de la aclamada BBC entre 2004 y 2012 y actual director ejecutivo del New York Times– articula toda una reflexión sobre la retórica partiendo de la base de que "la crisis de nuestra política es una crisis de lenguaje político". Su discurso está repleto de anécdotas que le sirven al periodista para ir desgranando su visión de la comunicación, con ejemplos que van desde Thatcher hasta Trump pasando por los principales líderes políticos de las últimas décadas. El mismo análisis podría hacerse en cualquier realidad paralela, como la española. Y si no, véanse los acontecimientos de este largo y tórrido verano.

He de advertir que el propio concepto de comunicación política me ha parecido siempre un tanto redundante. ¿Acaso la política no es comunicación en sí? Resulta complicado entender el ejercicio de la política sin comunicación, y en toda comunicación hay una intención política. Por eso, no puedo evitar sentir un escalofrío cada vez que, ante un suceso trascendente o un debate en profundidad, salen voces –sin lugar a duda con las mejores intenciones– criticando la "politización". Hay quien incluso llega a plantear la necesidad de sacar los grandes temas de Estado del debate político. Son expresiones que escuchamos y leemos cuando reflexionamos sobre la necesidad de un acuerdo educativo, sobre la visión y la acción ante el terrorismo, o sobre aquellos asuntos que se consideran de interés esencial.

Entiendo que cuando se critica esta politización lo que se está haciendo es clamar por un debate que vaya más allá del enfrentamiento entre partidos mirando cada cual a sus intereses más cortoplacistas. Pero ojo, que las palabras las carga el diablo y en ocasiones desvelan más de lo que somos conscientes. Quizá por eso cada vez que oigo estas críticas a la politización me viene a la cabeza el consabido "haga como yo y no se meta en política", que aconsejaba Franco con absoluto cinismo y que todavía es un argumento en uso por parte de quienes menosprecian la democracia.

Una verdadera politización de los grandes asuntos debería llevarnos a un debate plural, donde visiones en ocasiones similares y otras veces contrarias pudieran desarrollar argumentos, en un entorno de comunicación capaz de encontrar puntos de consenso y de disenso, convirtiendo los primeros en acciones concretas y los segundos en motor de cambio y transformación. Podrá pensarse que esto es mera ilusión –y probablemente así sea– pero me resulta difícil pensar en una democracia digna de tal nombre sin que esto se plantee como un objetivo a alcanzar. Sé que no descubro nada nuevo al unir democracia y deliberación –por mucho que siga operando como un horizonte utópico– pero creo que es necesario insistir en su reivindación.

Politizar el debate sobre el terrorismo hubiera significado, tanto en los años sangrientos de ETA como en los trágicos atentados del 11M y más recientemente de este verano, afrontar la discusión tanto sobre las causas como sobre las características de cada uno de ellos –tan complejos y cambiantes que los expertos andan buscando palabras para definirlos con precisión– y, por supuesto, dedicar un buen espacio a diseñar un estrategia para abordar el fenómeno. Frente a eso, asistimos durante años a una utilización partidista de la lucha contra ETA; vimos cómo el entonces Gobierno de José María Aznar cometía una de las mayores tropelías jamás imaginadas al atribuir el atentado del 11M a dicha banda terrorista calculando que eso le daría mayores réditos en las elecciones un par de días después; y estamos asistiendo estos días en directo a un debate sobre los atentados de Barcelona y Cambrils con declaraciones, filtraciones, negaciones y desmentidos, con la mirada puesta más en cómo afecta a la supuesta convocatoria de referéndum en Cataluña que en la estrategia a seguir. Todos han hecho cálculos de qué informaciones, qué palabras y qué silencios benefician a unos u otros frente al proceso independentista.

Algo similar ocurre con el propio procés y la inminente convocatoria de referéndum. Ojalá el proceso estuviera politizado, porque entonces escucharíamos, crearíamos y estaríamos contrastando argumentos a favor y en contra de uno u otro modelo de Estado, más allá de declaraciones huecas y poco creíbles que están apuntando a los intereses electorales de los partidos independentistas ante un posible adelanto electoral, y a los del Partido Popular que hace tiempo que decidió sacrificar Cataluña entendiendo que una posición inmovilista e intransigente allí le favorece en sus tradicionales feudos españolistas.

He aludido a dos de los casos que han protagonizado la actualidad este verano y de los que seguiremos hablando en este arranque de curso, pero sólo a uno de los actores de este juego: los partidos políticos. Sin embargo, como afirma Thompson, estas tendencias negativas en el lenguaje y en el debate público son responsabilidad de un conjunto amplio de fuerzas y actores políticos, económicos, sociales, culturales y mediáticos. Y estos últimos, los medios, son especialmente relevantes por su papel de mediadores y de creadores del espacio público. Por eso resultan tan escandalosas las purgas en Televisión Española, como el último cese del editor de La 2 Noticias, José Luis Regalado, y hace sospechar  que el Gobierno hará lo que esté en su mano para evitar que la reforma de la ley que busca el consenso en la composición del Consejo de Administración de RTVE aproxime a la corporación a su teórica función de  servicio público.

Vuelvo a Thompson para acabar mirando al futuro con algo de esperanza: "Un lenguaje público sano une al pueblo y a los dirigentes políticos, precisamente porque logra atraer al debate a los ciudadanos de a pie y conduce en última instancia a unas mejores decisiones políticas con un apoyo más amplio. Pero cuando el lenguaje público pierde su poder para explicar e implicar, pone en peligro el vínculo más general entre el pueblo y los políticos. Creo que ese es el proceso que se está produciendo en nuestras democracias hoy en día".

El lenguaje público, el debate y la "politización" no son hoy patrimonio exclusivo de nadie, aunque siga siendo cierto eso de que el poder es la capacidad de definir las palabras. Pero también es verdad que el poder es cada vez menos monolítico. Politicemos, por tanto, aquello que nos preocupa, como forma de cuestionar el monopolio del lenguaje público y del debate político –o sea, del Poder– a quienes se consideran sus únicos propietarios.
LA AUTORA


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12 Comentarios
  • Mascarat Mascarat 05/09/17 13:19

    'La crisis de la política es una crisis del lenguaje político' del tal Thomson es una perogrullada digna de Petete mientras no se demuestre la existencia de política fuera del lenguaje (!)
    Por otro lado creo que el articulo esta politizado... 

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  • itnas itnas 04/09/17 17:28

    ... De otro lado, me temo que tengo dudas respecto a la relación de equivalencia entre política y comunicación; que la política implique comunicación no me plantea reservas, pero ¿la comunicación implica política? Sólo entendiendo la comunicación (DLE) como 'la transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor', y la política (DLE) como 'el arte o traza con que se conduce un asunto para alcanzar un fin específico', puedo contestar afirmativamente a la interrogante; sin embargo, si la política se toma más específicamente (como es habitual) como 'la actividad de quienes rigen asuntos públicos', entonces no lo veo claro.




    Sugieres en el artículo que “una verdadera politización de los grandes asuntos debería llevarnos a un debate plural… Podrá pensarse que esto es mera ilusión –y probablemente así sea– pero me resulta difícil pensar en una democracia digna de tal nombre sin que esto se plantee como un objetivo a alcanzar…”. Ahora, planteas que la política implique debate plural (éste equivalente a democracia), y que política y democracia sean equivalentes, si he interpretado bien. En su acepción más general (DLE) la democracia consiste en 'la participación de todos los miembros de un grupo en la toma de decisiones', y claramente esto indica que no es equivalente a política. Sin embargo, sin entrar en la cadena lógica de razonamientos que sugieres (que pueden aburrir) vuelvo a felicitarte por el artículo al lanzar el mensaje de que democracia y política deberían ser términos intercambiables. Saludos cordiales. 

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  • itnas itnas 04/09/17 17:27

    Un mensaje el que transmites realmente agradable de oír (leer). Tal vez, como indicas, sea mera ilusión, si bien ¿qué aspecto de la actividad humana puede no serlo? Reconozco, hablando de ilusiones, que la alegoría de la cueva platónica me impresionó tan fuertemente que tengo el convencimiento de que la Matemática no se crea sino que se descubre, pero este es otro discurso. En lo que aquí concierne, si por 'politizar' se entiende 'degradar' un asunto dada la experiencia que el ciudadano tiene sobre la organización de la sociedad en la que habita, entonces me pregunto a) ¿para qué los conceptos? y b) ¿cuál es la actividad humana que no debe ser degradada? Es decir, algo similar a la degradación del marxismo a causa del comunismo... 

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    • M.T M.T 04/09/17 18:21

      De igual modo mi felicitación por tu excelente comentario, Itnas, en ese afinar la relación entre política y comunicacíon, que en mi manera de entender esa política exige la comunicación como debate plural que nos permita, desde esa alegoría platónica que mencionas, pasar de las sombras o ilusión a la luz para poder conseguir, alcanzar ese Bien social tan deseable. Te felicito por el magnífico comentario. Cordialmente, un abrazo.

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  • gualdo gualdo 04/09/17 15:53

    En su más común acepción, y a pesar de que no le guste a la autora del artículo, politizar un asunto es supeditar, articular y subordinar la discusión sobre él a la competencia entre partidos políticos, lo que supone trasladar el centro de gravedad del asunto fuera del propio asunto. Dado que los partidos dedican sus mayores esfuerzos a dicha competencia, la palabra "politizar" no me parece mal concebida. La autora del artículo, es su idealista voluntad de dignificar el tablero político, invierte el orden natural de acontecimientos: primero, señora, convenza a los suyos de la necesidad de tal dignificación, y si tiene éxito, nosotros, más tarde, generaremos un vocabulario distinto al referirnos a la política.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 04/09/17 15:35

    Declaraciones hace unos días de la ministra Báñez: «El empleo que llega es de más calidad que el que se fue.» Y entonces desde las alturas se oyó una voz femenina con acento portugués que decía: «Tocaya, si mientes así, ¿cómo quieres que te ayude tu Virgen del Rocío?» Osasuna!

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  • Paco67 Paco67 04/09/17 14:35

    En mi opinión, el lenguaje político solo sirve para convencer a cuantos más mejor, independientemente del programa político o la capacidad para llevarlo a cabo. Es un marketing específico para ciudadanos con capacidad para votar. Politizar según que cosas, no nos ha traído más que degradación institucional. Una cosa es debatir políticamente sobre ciertos asuntos de trascendencia, y otra muy distinta el politizar hasta la elección de la reina de las fiestas del pueblo más recóndito.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 04/09/17 18:31

      Tocayo: el lenguaje, entre otras cosas, puede servir para darnos: información, órdenes, engañarnos, propaganda, manipularnos, comunicarnos. Me parece que por lo menos en público para lo que menos se usa es para comunicarnos si por comunicación entendemos:

      El acto de transmitir información a otras personas, o recibirla de ellas, dándose mutuamente la oportunidad de poder aportar su punto de vista, razonar lo que se les expone, y todo esto cualquiera que sea el medio utilizado para transmitir la información (hablada personalmente o a través de los medios de difusión).

      Bastantes políticos esto lo practican poco; algunos hasta hablan a través del plasma y muchos ni admiten preguntas en lo que denominan «conferencias de prensa». Osasuna2 salu2.

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  • MASEGOSO MASEGOSO 04/09/17 13:42

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    Comentar sobre las necesidades básicas de la ciudadanía y, como consecuencia de vivir en una mal llamada democracia (sistema de gobierno del que disfrutamos en la actualidad) puede tener muchas versiones pero, en este medio de difusión periodística, todos coinciden, más en las perdidas de derechos con que se taparon las frustraciones populares por parte de UCD, PSOE Y PP

    . Desde 2011 en que el PP de Rajoy tomó el gobierno y, solo en términos económicos hemos pasado de: 65% de la deuda externa a 101%, de una bolsa de recursos especiales para la jubilación de 65 mil millones a perderla, de tener dinero para gastos excepcionales a carecer de ellos. De potenciar la Escuela Pública a patrocinar a la eclesiástica con subvenciones de más calado que los presupuestos para Educación. De anidad no le voy a hablar, lo mejor que le podemos desear a cualquiera es que no tenga que depender de la Seguridad Social en cuestiones de salud o dependencia.

    Gracias por su artículo y cordiales saludos.

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  • MASEGOSO MASEGOSO 04/09/17 13:41

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    “¿Acaso la política no es comunicación en sí? “ Esta aseveración debería hacerse, comparativamente, en el lugar y sistema político de nuestro entorno y, en España los políticos consideran, han considerado y considerarán que el pueblo español de a pie no sabe lo que quiere. Hechos demostrativos los tenemos cada día en prensa y TV.

    “Por eso, no puedo evitar sentir un escalofrío cada vez que, ante un suceso trascendente o un debate en profundidad, salen voces –sin lugar a duda con las mejores intenciones– criticando la "politización". Debería tener en cuenta Sra. Monge quienes politizan esos sucesos y en interés a qué. Ejemplo claro los sucesos del 17A en Barcelona donde cada partido ha aplicado el ascua a su sardina. Ud. misma lo asevera en el párrafo tercero de su artículo.

    “Algo similar ocurre con el propio procés y la inminente convocatoria de referéndum. Ojalá el proceso estuviera politizado, porque entonces escucharíamos, crearíamos y estaríamos contrastando argumentos a favor y en contra de uno u otro modelo de Estado,” Ud. misma pone el ejemplo

    Ha omitido una noticia que, no hace mucho tiempo, nos dejó a los españoles con los pies a un metro del suelo. En declaraciones de prensa la Presidenta de APM, Victoria Prego, lanzó la noticia sobre el referéndum que el Presidente del Gobierno y de la UCD; Adolfo Suárez anunció se realizaría sobre la continuidad del régimen gubernativo en España. La respuesta del Sr. Suárez a la Sra. Prego fue “NO SE PUEDE REALIZAR POR MIEDO A QUE SALGA REPÚBLICA COMO SISEMA DE GOBIERNO” Entiendo que los arrastrasables de uniforme no les hubiese gustado.

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  • viaje_itaca viaje_itaca 04/09/17 12:14

    El artículo está bien, pero tiene el defecto de entender o quizás definir la política como comunicación. Es erróneo. La política es un ejercicio de poder que tiene por objeto el manejo de asuntos públicos, de interés para la comunidad. En democracia?, ello implica una buena dosis de comunicación, pero hay otros regímenes en que es mucho menor, siendo reducida a la transmisión de órdenes, de información de acceso restringido, los actos de liturgia política y la difusión de propaganda. E incluso hay que plantearse, asunto señalado con la interrogación, hasta qué punto esto es una democracia. No mucho.

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  • luzin luzin 04/09/17 12:02

    No sé si la autora del artículo vive en el mismo país que yo. España está absolutamente politizada, y lo político entendido como lucha por el poder, porque no puede confundirse que yo haga "política" con esta pequeña intervención con la verdadera política, la real. La partitocracia lo ocupa y corrompe todo, como un cancer brutal, en España hasta los clubes de petanca están politizados ya que su financiación dependen de la subvención de turno ... así de qué debate se habla? . Evidentemente hay facciones, pero sus objetivo son conseguir el poder, y sólo bajo ese paraguas se admite el debate.

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