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En Transición

Las elecciones necesitan normalidad, y la izquierda, incómoda, un relato

Publicada 30/10/2017 a las 06:00 Actualizada 30/10/2017 a las 09:56    
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Fracaso, desastre, tristeza, derrota. Ya no caben más sustantivos que añadir a los que hemos ido utilizando para caracterizar una situación a la que en teoría nadie quería llegar. Cuando transcurra algo de tiempo, y quienes estuvieron en primera línea de las conversaciones, contactos y llamadas que se produjeron durante los últimos días antes de las dramáticas votaciones del 27 de octubre nos cuenten exactamente qué pasó, sabremos por qué Puigdemont no convocó las elecciones como anunció unas horas antes, o por qué Rajoy no hizo los gestos que se le pedían. Esperemos a conocer la información exacta. Y esperemos que esto ocurra lo antes posible, porque si bien las negociaciones requieren de más discreción cuanto más delicadas y complejas son, en este caso esa información resulta vital para valorar las actuaciones de unos y otros. La transparencia no consiste en desnudarse, sino en facilitar los datos suficientes para entender los procesos.

Sea como fuere, lo cierto es que hoy estamos en una nueva fase, inaugurada por esa sorpresiva y hábil convocatoria de elecciones el 21 de diciembre, en la que nos vamos a jugar mucho más que un gobierno autonómico o una nueva –o vieja– correlación de fuerzas. Son tantos los elementos que están por ver, que cualquier intento de demoscopia hoy raya la temeridad, pero como paso previo a todo esto, es imprescindible que se cree un marco de normalización que garantice los mínimos para que unos comicios puedan celebrarse. Y esto sólo se conseguirá si todos los actores logran hacer un equilibrio inteligente entre la ética de la responsabilidad y la ética de las convicciones, con las que Weber quiso señalar dos enfoques a la hora de afrontar los problemas, y cuya aplicación en momentos complejos como los que estamos requiere, probablemente, de una hábil combinación de ambas en cada momento.

A partir de este lunes se empezará a desalojar a los consellers de sus despachos y a dar los primeros pasos para que la vicepresidenta del Gobierno español –que no sólo no gestionó la crisis cuando se le encomendó, sino que ha visto cómo se recrudecía bajo su responsabilidad– tome el mando de la administración catalana. Cómo se pongan en marcha estas medidas y cómo responda el cesado Govern y el conjunto de la sociedad civil dibujarán un escenario que formará parte ya de la propia campaña electoral. El cómo se va a convertir en el qué, cargando de razones a unos y otros.

No todos estos elementos van a estar en manos de quienes se presenten a las elecciones: las decisiones judiciales, algunas ya en trámite y otras que irán tomando forma en las próximas semanas, serán también determinantes para recrudecer el problema o sosegarlo. Y como es bien sabido, en nuestro sistema jurídico la Fiscalía tiene un importante papel en este sentido.

El nuevo marco de suspensión de la autonomía y cese del Govern va a influir también de forma notable en el día a día de todos los catalanes, y en puridad de todos los españoles. Decisiones que se verán en su relación con la administración, en el día a día de escuelas, universidades, centros de salud, y como es ya tristemente reconocido, en las relaciones de amigos, compañeros y familias que han saltado por los aires, en una pérdida de capital social que costará recuperar.

La importancia del momento viene dada por lo que hay en juego: nada menos que el camino que va tomando la segunda transición, o la relectura del pacto del 78. El momento destituyente que empezó con el 15M ha ido empujando nuestra convivencia hacia posiciones más neoliberales en lo social –ahí está la reforma del artículo 135 de la Constitución–, y, según estamos viendo ahora, hacia tentaciones recentralizadoras por parte de la derecha, como se ha demostrado en las alusiones hechas al artículo 155 en relación con Castilla La Mancha, Euskadi o Navarra –esperemos que como un mero calentón del momento–, y el incomprensible aplauso que la bancada del Partido Popular daba a Mariano Rajoy cuando anunciaba la puesta en marcha de un artículo pensado para cuando todo falla, es decir, cuando se fracasa.

En este proceso que ahora tiene como próximo hito las elecciones del 21 de diciembre la izquierda afronta el reto de construir un relato en el que reconocerse. Son muchas las personas de la izquierda –de todas ellas– que en estos meses han confesado, algunas en público y otras sólo en privado, que no se sentían cómodas en este debate, que no compartían la gestión irresponsable e interesada del Partido Popular ni tampoco la forma de abordar el tema por parte de los independentistas, que en el fondo el discurso nacionalista incomoda a las mentes progresistas pero que hay que hacer una buena lectura de la compleja situación en Cataluña. En definitiva, un reconocimiento de que no hay un diagnóstico, un relato y una propuesta viable y coherente con la que la izquierda se sienta cómoda. Basta ojear la evolución de las posiciones de cualquier fuerza política progresista para comprobarlo.

La izquierda necesita trazar una propuesta que le permita abordar el debate sobre el modelo de Estado desde posiciones nítidamente progresistas que combinen el respeto a la diferencia y la identidad no excluyente con un marco de convivencia amplio y plural en una economía, una sociedad y unas comunicaciones globalizadas.

La Historia y la ciencia política tienen mucho estudiado sobre formas de organizar la convivencia desde la diversidad y el respeto a las diferencias: las mil y una formas de federalismo, las construcciones teóricas de confederalismo, o cualquier otra fórmula que se asiente en la solidaridad entre los pueblos y en el acuerdo. Llama poderosamente la atención que estemos construyendo una Unión Europea de asimetrías, de soberanías compartidas, de decisiones multinivel, y con unas características que se alejan de una definición estricta –Objeto Político No Identificado en expresión de Delors– y no seamos capaces de articular fórmulas que den respuesta a los desafíos que tenemos en España. El Estado de las Autonomías fue un ejemplo de esto, pero lo que debería haber sido el inicio de un debate se transformó en un lugar de llegada incapaz de evolucionar a la velocidad y en el sentido que las sociedades, siempre vivas y nunca quietas, requerían.

Como se viene recordando estos días, federalismo viene de Fedus, pacto, y esa es la clave de la convivencia. Asentada sobre ese férreo pilar, la innovación política debe ser capaz de dar respuesta al desafío. Para la izquierda va a ser vital.
LA AUTORA


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21 Comentarios
  • hayundi hayundi 01/11/17 12:17

    La izquierda en Cataluña está desaparecida, desapareció cuando se subió al carro del nacionalismo propiciado por el ascenso de poder del " Honorable " Pujol. ya en aquella época se podia ver en las manifestaciones la pancarta con el lema: " Por la autodeterminació del poble de Catalumya " seguidamnete se trazo la linea entre los verdaderos catalanes y els altres catalans, mensaje que aun perdura ya como manifestaba la Sra. Forcadell en sus intervenciones. La izquierda en el resto de España suscitó un cierto resurgimiento con el 15 M, más tarde convertido en Podemos posteriormente aliado con Izquierda Unida, mala decisión compañeros nos arrastraran en su hundimento.

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    • taxista y rojo taxista y rojo 02/11/17 02:32

      Toma ya. Iba pensando que estaba de acuerdo con usted hasta que he llegado al impactante final/conclusión. La desaparecida IU, sin visibilidad alguna ni poder de marcar posicionamiento ninguno arrastra a Podemos. No las políticas erráticas y absolutamente indefinidas y faltas de ideología, por tanto de rumbo, de lo que es un ejemplo el tema catalán. Desde luego estamos de acuerdo en que fue un error, un matrimonio absurdo.

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  • Quinoft Quinoft 30/10/17 19:00

    Creo que quien mas necesita un discurso coherente es el PSC pese a las discrepancias internas en Podemos. Parece que Iglesias ha dejado clara la opcion que defiende:referendum legal y la posibilidad de un encaje diferente de Cataluña en España entre las preguntas de ese referendum

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    • yosolo1 yosolo1 05/11/17 17:42

      La solución de Iglesias no vale para el resto, sólo para Cataluña, País Vasco, y en su caso Galicia. La construcción de un sistema territorial asimétrico no igualitario no podrá ser aceptado por el resto de España, sería reconocer e institucionalizar la desigualdad.

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  • TOTOFREDO TOTOFREDO 30/10/17 18:13

    No confíes que con el tiempo se conozcan los detalles de ésas conversaciones tan decisivas.......ÉSTO es España y aquí no se desclasifican ni las recetas de Isabel la Católica, por si acaso. Hay algún relato cierto sobre el 23F.........NO. El "pueblo español soberano" no tiene mayoría de edad y no conviene contarle nada, porque sufre y es incapaz de entenderlo. Se le puede movilizar, que éso siempre gusta, estilo romería, ataviados con las mejores galas, abanderados y con música de Manolo Escobar..... Es más rentable para el sistema, dividir entre buenos y malos, así que "PP-P$O€-C's" = Buenos y el resto MALOS (Unidos Podemos-PNV-etc,etc.) porqué han querido buscar una solución alternativa de diálogo. La sociedad no está tan fracturada como se dice, ya que tanto la familia como los amigos, saben/sabemos de que pie cojea el otro, y aunque se discuta acaloradamente las aguas vuelven a su cauce sin mayores problemas. Lo que es más complicado es entender y tratar de olvidar el "juego de mentiras y ruedas de molino" que nos han querido hacer tragar algunos partidos políticos, pero como son reincidentes, yo no le dedicaré más tiempo.

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 30/10/17 16:32

    La ausencia de bondad del nacionalismo (consecuencia inevitable del soberanismo: si considero soberano un pueblo le estoy otorgando la categoría de nación) no viene de Hitler, Mussolini, Franco, Castro o Ho Chi Ming. Se deriva del propio hecho de que la nación (entendida como lugar donde se nace) es un hecho aleatorio. No se elige. Naces donde naces. Seguro que muchos sudaneses, nigerianos, somalíes o iraníes quisieran no tener esa nación, quisieran tener otra que les permitiera vivir en paz en su tierra. La soberanía se define por la existencias de fronteras: dentro de este terreno, somos un pueblo soberano que elegimos quién nos dirige. Aunque el jefe sea mentiroso, y nos haga ver que hay cosas que con él no ocurren mientrsa tapa con la cortina lugares donde sí ocurren. Muy parecido a la tribu. No se hace frente a los retos dividiendo (divide y vencerás) sino sumando. Europa fracasa porque no trata de unir sino de mantener diferencias importantes. Hemos renunciado a elementos importantes de soberanía en favor de Europa, pero queda todo en lo económico, la religión del siglo XX. A los "mercados" no les interesa que el pueblo sea uno. Sí que consuma como uno, que no es lo mismo.

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  • luzin luzin 30/10/17 12:39

    ¿y qué estados se van a federar para crear la Federación? No me entero de nada

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    • Orlinda Orlinda 30/10/17 12:53

      Es que no tienes fe, luzin, no comprendes a los creyentes en la fraternidad y la igualdad por el camino de la separación. Como me pasa a mí. O será que tenemos la cabeza de serrín...

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  • avelino avelino 30/10/17 11:19

    Cristina, después de la aplicación del 155 no puede haber normalidad, lo mismo que no puede haber reforma de la constitución sin los republicanos catalanes. La aplicación del 155 solo ha sido posible con la colaboración del PSOE y eso les inhabilita como moderadores del discurso involucionista del PPCs. Si el PSOE se hubiera opuesto a liquidar la democracia en Cataluña y hubiera planteado un voto de censura a Rajoy, hoy el 155 no sería la lacra antidemocrática que marcará el desastre social que nos espera A TODOS los no neofranquistas en la próxima década. No se puede ser demócrata y golpista institucional al mismo tiempo, no se puede jugar a mediar y golpear a uno de los sujetos de mediación. Si los mecanismos democráticos no pueden solucionar un conflicto político, algo muy grave está pasando en el sistema, llega la involución de las libertades y el PSOE podía evitarlo y no lo hizo.

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    • yosolo1 yosolo1 05/11/17 17:54

      La demagogia era lo peor que podía haber en política, Aristóteles despreciaba y advertía respecto al demagogo. Pero hoy en día lo peor el la demagogia barata; barata en sus fundamentos, barata en su simplicidad, barata en su reducionismo, pero cara en el coste social y político. Pensar que una nación no es demócrata por no querer aceptar reivindicaciones de una minoría que no supera a los 2 millones de personas en un territorio con un derecho de votos de cinco, es lo más antidemocrático que se ha visto por aquí. La democracia es respetar que esa minoría pueda ejercer sus derechos, como ocurría hasta ahora en el Estado Autonómico, democracia que se pierde al declararse la república, no sólo por ser una minoría la que la impone por medios no democráticos, si no por no respetar el derecho de la mayoría de ese territorio, es decir de los otros tres millones de votantes catalanes. El que no lo quiera ver, ya puede hablar de PP PSOE, de CS lo que quiera, yo no los defiendo, pero eso no significa que la minoría que anula todos los derechos de la mayoría lo haga democráticamente por toda la parafernalia de leyes y votaciones emanadas de una asamblea elegida democráticamente, pues al saltarse las normas, todos los actos quedan deslegitimados, aquí y en la República de Aristóteles.

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    • jotapiquer jotapiquer 30/10/17 12:36

      Desgraciadamente, la única solución que había el Viernes era el 155. Todas las soluciones que se ofrecieron previamente eran las que se deberían haber plasmado. Pero no fue así.

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  • bidebi bidebi 30/10/17 11:18

    2/2 En cuanto a lo de la “izquierda” española, el relato y las soluciones.
    La cuestión, el gran problema, es que dentro del actual régimen no hay solución. Por eso los bandazos, los despistes, y las incongruencias de un PSOE que hace el ridículo todos los días. Porque no puede tener relato ni soluciones defendiendo el régimen del 78. De la misma forma que entró en gran crisis con el 15M, porque desde dentro no se puede tener relato democrático ni presentar soluciones válidas para las exigencias del 15M.
    Todos sabemos cuál es la única solución desde el principio para este grave conflicto : Consulta pactada. Entonces, ¿porqué seguimos insistiendo en preguntarnos por las soluciones?.
    ¿Por qué el estado del 78 (del 39) no admite la consulta democrática? : Por dos razones. Una, que su aceptación supone certificar la existencia de una Nación catalana, con derechos como tal, y su aceptación como sujeto político. La segunda, porque dentro del régimen no puede aceptar la incógnita de su resultado ya que una de las opciones no se podría realizar.
    Por lo tanto, dentro del régimen no hay solución, por mucho que demos vueltas a la noria. La actual correlación de fuerzas, con un españolismo mayoritario, hace además imposible el cambio.
    Hemos llegado al hoy de total enfrentamiento cuando todo el mundo sabe que se podía haber solucionado en una semana dando cabida a las dos reformas constitucionales y habiéndolas pactado con el soberanismo catalán, y por cierto también con el vasco.
    ¿POR QUÉ NO SOMOS VALIENTES DE SEÑALAR QUE EL ESTADO NO TIENE VOLUNTAD PARA UNA SALIDA DEMOCRÁTICA Y QUE ESE ES EL ÚNICO PROBLEMA?.
    O sea, seamos sinceros con nosotros mismos y no sigamos mirando el dedo en vez de la luna que es el régimen del 78 (39) que no quieren perderlo aquellos que se han enriquecido con él.
    Chapuzas todas son posibles, soluciones válidas no son queridas.

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    • taxista y rojo taxista y rojo 02/11/17 02:45

      A la hora de soltar sus diatribas nunca se acuerda de pensar en la otra mitad de Cataluña y de catalanes

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    • hayundi hayundi 01/11/17 12:26

      En democracia el poder lo constituyen las mayorías, si no nos gusta la ley vigente hay que hacer por cambiarla pero siempre dentro del marco legal, es lo que tiene la democracia. Como consuelo personal siempre queda la utopía.

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    • platanito platanito 31/10/17 09:49

      Por qué no emplea sus argumentos para justificar el golpe de estado del 6-7 setiembre? O el bodevil de los atropellantes que se declaran atropellados.

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    • jotapiquer jotapiquer 30/10/17 12:40

      No estoy de acuerdo en muchos aspectos de tu comentario.

      Personalmente no reconozco un privilegio por el cual un ciudadano tiene más potestad para decidir sobre el marco territorial que yo, ya que las razones del nacionalismo independentista son, en su inmensa mayoría, mentiras o medias verdades. Tanto en lo histórico, lo económico y lo social. Partir de conceder un privilegio democrático, que divide y separa la sociedad, y darle el potencial de romperla definitivamente, me parece una irresponsabilidad.

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  • bidebi bidebi 30/10/17 11:17

    Como Hitler era nacionalista, y Franco y Mussolini, y todos eran de derechas, yo concluyo desde “la izquierda” que todos los nacionalismos son malos per se.
    O sea, también eran malos los castristas o los vietnamitas. Y con ello llegamos a no entender nada y a ni saber dónde estamos.
    Los únicos nacionalismos racistas y xenófobos son generalmente los nacionalismos de estado.
    En el caso de Catalunya, la mayoría parlamentaria que declara la DUI no se declara nacionalista, se declara soberanista. ¿Se sabe diferenciar los conceptos o seguimos llamándoles nacionalistas para perjudicarlos?.
    Para saber si esa mayoría es xenófoba basta con una prueba evidente : Convocan una consulta para que la ciudadanía decida. Con ello protegen a los partidarios del NO, dándoles la opción de escoger. El estado español prohíbe la consulta porque en este estado no se puede decir SÍ. O sea, desprotege a los partidarios de ese SÍ. ¿Dónde se encuentra la xenofobia?.
    Convendría exigirnos a nosotros mismos el hablar por lo menos con un poco de rigor.

    No estoy de acuerdo con “el cómo” se realice la intervención decretada por el estado determine “el qué”. Ese qué ya está determinado por el golpe que un 8% del electorado catalán, en representación del pp español, da sobre la legalidad y la legitimidad catalanas. El cómo se desarrolle ese golpe no quita gravedad a la intervención.
    Golpe que cuenta con la colaboración de la “justicia” española, con dos encarcelamientos y docenas de encausados. Por lo que hay que temer que de aquí al 21/12 el estado seguirá reprimiendo la fuerza del soberanismo catalán para intentar por todos los medios que el españolismo gobierne de una forma u otra.
    A muchos nos recuerda todo esto a cuando en la CAV fueron ilegalizados partidos para que el españolismo PPSOE gobernara. Fracasó totalmente y hoy en día los dos partidos están en la cuarta y quinta posición.

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    • taxista y rojo taxista y rojo 02/11/17 02:50

      Es alucinante. Siga, siga

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  • alfredocastro alfredocastro 30/10/17 09:39

    Un apunte lingüístico: no es“ralla la temeridad”, sino raya en la temeridad. Se ralla algo cuando se hace migas o desmenuza, o bien, se ralla a alguien cuando se le importuna o incomoda.
    Se raya en algo, cuando uno se acerca mucho a ello o, directamente, se confunde con o se iguala a ello.
    Me “ralla” leer textos que, por mejor contenido que expongan, “rayan” en la ausencia de rigor gramatical.
    Un saludo.

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    • Jman Jman 30/10/17 19:20

      No se raye usted, alfredocastro: aparte de que la autora solo ha empleado el verbo como transitivo (construcción de la que el Diccionario Panhispánico de Dudas solo afirma que no es normal en uso culto), el DRAE y el DPD, ambos de la RAE, se contradicen en atribuir significados a los usos transitivos y pronominales de "rallar/rayar". Legislar en la lengua es una pérdida de tiempo. 

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  • Senecabis Senecabis 30/10/17 09:37

    Es desesperante leer cómo la autora del artículo es una más de las que viven abrazadas a ciertas palabras de moda. Y, entrando en el fondo, no es un problema de "relatos" sino de que la izquierda se decante por la postura actual de aliarse contra natura con el independentismo reaccionario y clasista arremetiendo contra el sistema, o que defienda los valores igualitarios e internacionalistas que se supone debiera defender (que tanto ha publicitado mediante otro "palabro" como "transversal"), lo que le llevaría al lado opuesto (y coincidente con partidos a los que detesta), paradójicamente.

    Es un problema de ideas y de coherencia, no de "relatos".

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