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Plaza Pública

Los aumentos de productividad: la gran mentira

Fernando Luengo Publicada 02/03/2018 a las 06:00 Actualizada 01/03/2018 a las 21:13    
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Producir más cantidad y mayor calidad, en menos tiempo y con menos recursos. Este sería, más allá de los episodios de crisis, el gran activo del capitalismo, frente a los sistemas económicos que le han precedido en la historia. Donde fracasó el socialismo realmente existente —simbolizado por la Unión Soviética—, ha triunfado el mercado.

Una primera aproximación —en mi opinión, superficial y, desde luego, insuficiente— parece dar la razón a los que sostienen que el balance del capitalismo en materia de productividad es, sin paliativos, una historia de éxito. Cabe señalar al respecto la reducción de la jornada laboral, el aumento en la variedad y la calidad de los bienes y servicios puestos a disposición de las empresas y los consumidores y la reducción de su precio.

Con todo, quienes suscriben tan favorable balance deberían estar preocupados por la evidente desaceleración observada en el curso seguido por la productividad del trabajo y del capital a lo largo de las últimas décadas; desaceleración que es particularmente evidente en el mundo capitalista desarrollado. Esta evolución abre las puertas a un debate de gran calado sobre los límites sistémicos del capitalismo para reproducirse; límites que, dependiendo de la interpretación elegida, apuntan a factores como la atonía inversora, el imperio de la financiarización o el alza de la desigualdad. Una deriva en materia de productividad que, entre otras cosas, está detrás del aumento de la pugna distributiva y, en un contexto de cambio sustancial de la relación de fuerzas a favor del capital y en contra del trabajo, de la presión estructural sobre los salarios.

Trascendiendo ese debate —decisivo, sin duda alguna—, nos enfrentamos a otros asuntos, asimismo cruciales, que cuestionan, desde la raíz misma, el propio concepto de productividad. ¿Producir más con menos? Simplemente, es falso. El continuo aumento de la producción capitalista se alimenta, en un grado creciente, de una relación depredadora con la naturaleza, alterando de manera sustancial, quizá irreversible, los equilibrios biofísicos que sostienen la vida del planeta (y que, claro está, también sostienen la economía). El sistema de cuentas nacionales e internacionales a partir del que se levanta el complejo y sofisticado edificio estadístico convencional ignora y oculta el carácter extractivo e insostenible del capitalismo.

En un sentido similar, hay que cuestionar la nula o deficiente contabilización de las horas de trabajo, necesarias para la vida y para la propia supervivencia y reproducción del capitalismo, realizadas fuera del mercado. Trabajo llevado a cabo en su mayor parte por mujeres, invisibilizado, y, por supuesto, no remunerado (excepto aquella parte del mismo que presenta una dimensión mercantil y que lo ofrecen asimismo mujeres, en unas condiciones laborales en extremo precarias).

Resulta evidente que, en caso de contabilizar los costes reales de los procesos económicos —los de naturaleza medioambiental y los relacionados con los cuidados—, los datos sobre crecimiento y productividad ofrecidos por las estadísticas oficiales quedarían sustancialmente rebajados; una contabilidad rigurosa llevaría probablemente esas variables a territorios negativos.

Pero todavía hay una cosa más a destacar en esa construcción tramposa del indicador de productividad. Aunque las dificultades de reunir datos al respecto son, por su propia naturaleza, evidentes, se sabe que los trabajadores realizan un número sustancial de horas extraordinarias o simplemente no regladas (mal pagadas o sin remuneración). Lo mismo cabe decir con la aceleración de los ritmos de trabajo, dentro de la jornada laboral pactada. Son muchas las empresas —grandes o pequeñas; en sectores en decadencia o en progresión— que han encontrado un filón para acrecentar sus beneficios a través de intensificación de la explotación laboral. Claro, el resultado estadístico —una falacia más, a añadir a las anteriores— es la mejora del índice de productividad.

Los aumentos de productividad obtenidos de esta manera no son tanto la expresión de del éxito del capitalismo, sino de su perversión y descomposición. Y la utilización del indicador de producto interior bruto por trabajador ocupado o por hora trabajada solo sirve para intentar ocultar las vergüenzas y la realidad de un capitalismo a la deriva que necesita, con urgencia, una alternativa.
___________

Fernando Luengo es economista de Podemos y miembro del círculo de Chamberí.


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6 Comentarios
  • leandro leandro 04/03/18 19:57

    Pienso que la productividad siempre es una mentira que se diseña a medida para perjudicar al trabajador y justificar recortes o despidos . Me atengo a los datos .

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  • Aserejé Aserejé 02/03/18 19:21

    Estipendo y esclarecedor este articulo

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 02/03/18 09:38

    Muy buen artículo que pone el dedo en la llaga: el capitalismo no sólo se reinventa, sino que además miente. Mentía cuando mostraba su cara amable por miedo a la extensión del socialismo. Miente cuando asegura que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos, pero luego sin dinero no tienes acceso a todo lo que se te ofrece. Y miente cuando habla de productividad porque olvida todo lo que rodea a la productividad. No hace tantos años, yo lo recuerdo presente en mi vida, con un sueldo podía vivir una familia de seis u ocho integrantes (padres, hijos y algún abuelo) pasando algunas estrecheces, es cierto. Daba incluso para comprar un pisito. Se empezaba a trabajar muy joven. Se vivía menos, también es verdad. Pero había cierta armonía. Hoy trabajan todos los miembros de la familia salvo los más pequeños, pero no todos cobran. El salario depende de los vaivenes de "los mercados" porque de ello dependen los sueldos. Las empresas muestran su cara más depredadora y comprar un piso, cuando la burbuja por caros y cuando la crisis por ausencia de recursos, es impensable. Los jóvenes se independizan cuando ya muchos de nosotros estábamos casados, con hijo y alguno había ahorrado para un coche o una segunda residencia. Hemos perdido. Los de siempre y como siempre: por nuestra inacción y por la cegazón a que nos han llevado con sus brillantes anuncios y su deslumbrante "way of life". No sé cuando fue el cambio. Posiblemente fue gradual y empezó con al decadencia del mundo "socialista" (viendo a su heredero Putin creo que podemos deducir lo que tenía realmente de socialista) que sólo mostraba que otro mundo era posible aunque tampoco contaba demasiado con nosotros, los de siempre. Pero lo cierto es que desde que hemos permitido que un pequeño dispositivo electrónico cuesta más que el sueldo medio de un español y pese a ello hay colas para ser el primero o de los primeros en tenerlo. Ciegos, sordos y mudos. Así nos quieren. Y así les respondemos.

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  • phentium phentium 02/03/18 08:06

    ¿Donde esta aquella Europa social de hace años?

    La ha fagocitado la Europa Economica.

    Mientras los problermas se analizen con criterios economicos, el ciudadano seguira llendo de mal en peor.
    No se donde lei acerca de una pequeña tribu por la zona de Indonesia cuyo principal indicador de lo bien o lo mal que lo hacian sus gobernantes era el bienestar de sus ciudadanos.

    No se que indicadores utilizarian para medir este parametro ni tampoco que otros parametros tenian en cuenta. Pero me parecio una magnifica idea y una forma muy eficiente de que los politicos no olviden su mision principal, que no es otra que contribuir al bienestar de sus votantes.

    Lo de defender la unidad de la patria esta bien (sobretodo para los faltos de otras capacidades), como lo del lenguaje, etc. Pero eso no son mas que herramientas de distraccion del que debiera ser el objetivo principal: incrementar el bienestar y la satisfaccion de los ciudadanos.

    Incluso la disminucion del paro, el aumento de las pensiones, una enseñanza de calidad, una sanidad a la altura del siglo XXI....todo esto solo deberian ser herramientas para conseguir el bienestar de la ciudadania.

    Y nosotros cuando vamos a votar simplemente debemos pensar si estamos mejor o peor con el aspirante.

    Y saobretodo, no dejarnos asustar por los cuentos de asustaviejas como unico argumento de aquellos que no tienen otro.

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    • TOTOFREDO TOTOFREDO 02/03/18 10:04

      Yo creo que la Europa Social, desapareció con la caída del Muro de Berlín.

      Hasta entonces, el miedo del capitalismo era "que nos hiciésemos rojos, muy rojos..", pero al desmoronarse el sistema del "enemigo", sintieron que tenían las manos libres para recomponer el tablero de juego, y en éso están....

      Esperemos que la sociedad reaccione a tiempo.

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  • platanito platanito 02/03/18 07:56

    Creo que los aumentos de productividad han surgido con los avances técnicos, léase descubrimiento del fuego o de la rueda, de la navegación a vela, de la máquina de vapor o del internet de las cosas, etc... Me temo, y me duele pensarlo y escribirlo, que su predicción de deriva y descomposición capitalista no casa con la realidad observada en Occidente, China o Rusia, por citar 3 ejemplos. Y ojalá tuviese ud la razón.

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