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Plaza Pública

¿Qué necesitamos para cambiar nuestro país?

Teresa Aranguren Montserrat Muñoz Gaspar Llamazares Publicada 17/03/2018 a las 06:00 Actualizada 16/03/2018 a las 21:42    
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Cuando creíamos que nos habíamos adaptado al nuevo escenario, entonces nos cambiaron el libreto.

Creíamos que lo habíamos visto todo, pero si le das una oportunidad a la vida, ésta siempre te sorprende. Pensemos si no en los últimos años y hasta qué punto nos han ayudado a recuperar la capacidad de asombro: primero fue la crisis económica y la incapacidad del PSOE en el Gobierno para reaccionar, y para cuando lo hicieron, sólo supieron ponerse de rodillas ante las exigencias del Banco Central Europeo. Más tarde apareció el movimiento indignado del 15M como respuesta popular y de izquierdas a la crisis general en la que se había sumido el país; después, la aparentemente paradójica victoria conservadora del PP sucediéndose a sí mismo como alternativa creada como resultado de sus políticas; se multiplicaron las movilizaciones de resistencia a la austeridad y, finalmente, todo devino en la implosión de la representación política bipartidista.

El contexto hacía suponer que se abría una etapa nueva con cambios en la representación política, pero se quedó en un amago no consumado. No hubo cambios significativos en la política, tampoco en el gobierno, y mucho menos en el poder. Contra todo pronóstico, se mantuvo en las mismas manos de la derecha económica, política, judicial y mediática.

No obstante, el impacto simbólico de las movilizaciones y del 15M fue y sigue siendo muy importante. Esa resistencia social, los enunciados, la acción social reivindicativa y la ocupación misma del espacio público nos han librado, hasta ahora, de la versión reaccionaria de la ira social. Porque no olvidemos que el fascismo social es el resultado del nuevo contrato neoliberal.

En el caso de Catalunya, la opción independentista reforzada por el malestar social, la desconfianza institucional y la decepción democrática ha devenido en una respuesta de ruptura constitucional con un poso autoritario y un desprecio irresponsable hacia las consecuencias para la propia sociedad catalana y para el resto del Estado. La reacción del PP y de otras fuerzas ha doblado la apuesta, reforzando los tintes autoritarios de su gestión política, incrementando la represión, abusando de la razón de Estado y de los tribunales de justicia y quebrando la división de poderes propia de cualquier democracia madura.

Por eso llama la atención el esperpento de las derechas en competencia, agitando los símbolos patrióticos y desafiándose para ver quién responde con más dureza al desafío independentista en la perspectiva de conseguir pírricas ventajas electorales. Alborotan sin importarles las consecuencias, las heridas sociales, políticas o judiciales y penales infringidas. Y sin que ninguna de las derechas haya puesto encima de la mesa medidas que contribuyan a limar las aristas, mejorar la situación y permitir que se abra un diálogo productivo que normalice la situación.

La izquierda, en sentido amplio, ha pasado de la ilusión a la decepción en tiempo record, a la velocidad con que se transmite un tuit. Primero, con la aparición de Podemos como revulsivo, y cuando el impulso de la ilusión inicial perdía fuerza, con el relato épico de las primarias socialistas. La investidura frustrada de Sánchez fue una clara expresión de las dificultades de lo nuevo para gestionar una situación compleja y de lo viejo para sacar los pies y el cuerpo del fango.

El caso de IU muestra los límites del partido collage, una visión que sobrevalora las posibilidades de cambio sistémico –la famosa y desconocida “crisis de régimen”– y que reduce la política a una propuesta de cyborg organizacional: una fuerza política con una trayectoria de enorme dignidad convertida en un proyecto subalterno a la busca desesperada de la visibilidad. El espacio elegido para –como dicen en Venezuela– “pescuecear” descansa en el radicalismo verbal y una cierta estridencia discursiva y propositiva. Competencia inútil por la izquierda con el Podemos de Pablo Iglesias, que resta credibilidad al discurso.

De otra parte, al PSOE gobernante y realmente existente en las comunidades autónomas y municipios lo define su falta de proyecto, sustituido por las rentas del pasado de la construcción contradictoria de una suerte de Estado del medio-estar y por los intereses actuales de su mesocracia incrustada en la gestión. No han rectificado su deriva pragmática más que en la retórica. Al contrario, han continuado haciendo una cosa y diciendo la contraria, o al revés. El descrédito de los efectos de los recortes y ahora de los reinos de taifas de la mesocracia de los gestores, sus intereses y sectarismo político y profesional lo estamos pagando en malestar y desafección hacia los servicios públicos, la izquierda y la política en general.

Si miramos fuera de nuestro país y observamos el colapso de la socialdemocracia europea y la incapacidad de la izquierda transformadora para erigirse en un referente político del malestar, comprenderemos mejor lo que nos ocurre aquí, en España.

Nuestra percepción es que la izquierda en su conjunto no ha entendido suficientemente el cambio de paradigma que el neoliberalismo ha producido en la conciencia social y en el imaginario de nuestras sociedades. Ni la gestión reformista socialdemócrata al uso, ni el radicalismo descomprometido de una izquierda más estética que operativa son hoy una alternativa frente a la dominación de los poderes reales y la ira sin límite representada por una derecha neofascista. Por eso se da la paradoja de una derecha que gobierna y se hace oposición a sí misma, mientras la izquierda se agota en conflictos internos y personalistas o en gestos a cuál más radical, pero carentes de un auténtico y creíble refrendo en la realidad.

Este análisis en su conjunto es el que nos anima a defender Actúa como un proyecto útil y necesario para el cambio en la izquierda y en la política estatal. No podemos aceptar que el turnismo entre conservadores y neoliberales cosmopolitas sea el único escenario posible para nuestro país. Tampoco creemos que todo el caudal de esperanzas, cambio y resistencia que el 15M puso en movimiento quede reducido a una amalgama de ocasión con el único fin de ir tirando.

Creemos en la necesidad y urgencia de una transformación interna que vaya más allá del personalismo y de lo plebiscitario, en condiciones de articular representación democrática, participación directa y decisión con responsabilidad.

Actúa aspira a ser el revulsivo que ponga de manifiesto que la reconstrucción de la izquierda es tan posible como necesaria. Que la implosión de la representación, que la crisis del bipartidismo, que las evidentes grietas que se han abierto en el edificio del “régimen” han sido solo el primer paso, pero que queda todo por hacer en el proyecto, el programa y la forma organizativa. A ello estamos dispuestos a colaborar, con modestia, generosidad, ilusión, sin ánimo de excluir y con la clara voluntad de hacer de la izquierda alternativa un referente con capacidad para cambiar nuestro país y Europa.
________

Teresa Aranguren, Montserrat Muñoz y Gaspar Llamazares son promotores de Actúa.
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15 Comentarios
  • ArktosUrsus ArktosUrsus 18/03/18 18:40

    ¿De verdad es de izquierdas decir: únete a mí que soy la izquierda alternativa? Hasta donde sé, en la izquierda se debe conjugar el plural: únete a nosotros. ¿Quiénes somos? Ese es el problema. Ese nosotros no es realmente un sujeto colectivo sino una suma de "mí" individuales en busca de una preponderancia. Uno de mis mayores reproches al comunismo clásico (sea marxismo leninismo, sea maoísmo, sea estalinismo o incluso eurocomunismo) es mantener la vigencia de la necesidad de una "vanguardia" que arrastre a las clases populares a su destino indefectible. Y me temo que no funciona así. Porque toda vanguardia cree estar en posesión de la verdad. Y la verdad se suele escribir con mayúsculas como en las religiones. Y eso no me ha convencido nunca. El proceso dialéctico es el único que de verdad puede hacer emerger una nueva izquierda. Y no la ilun¡minación de unos y otros. Los iluminati son el pasado. O buscamos una vía de futuro entre todos, sin personalismos y sin recetas personales o la derecha seguirá mandando mucho tiempo. Es consustancial al ser humano proteger lo que posee. Y de ahí al conservadurismo hay un solo y pequeño paso. Educar a la gente en la necesidad de compartir no pasa por barracas distintas de vocingleros y charlatanes sino por un trabajo auténtico y unido. Y no veo en el panorama de la izquierda nada de eso. Actúa es un síntoma más. Cada vez tiene más vigencia La vida de Bryan. ¡Qué desgracia!

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  • itnas itnas 17/03/18 18:20

    Llama mucho la atención el que los promotores de la unión sean actores de la ruptura. ¿Cómo no sentirse defraudado al leer este ¿manifiesto? cuando los firmantes están atomizando aún más la izquierda? Como dice el siempre bien ponderado 'Giordano' (a quien animo a aparecer más frecuentemente) ¿escribe el resentimiento moral? Se puede comprobar leyendo el resto de los comentarios que sería bueno, Sra. Aranguren, Sra. Muñoz y Sr. Llamazares, que tomen nota de lo que se percibe en sus movimientos políticos, eso sí, en el entendimiento de que a algunos nos gustaría mucho que sus valiosas contribuciones en política se hiciesen en el marco de unión que proponen, es decir, en el seno de alguno de los partidos de izquierda ya existentes (¿hay otra alternativa que la de UP?).

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    • Birth 3 Birth 3 18/03/18 01:12

      Me sumo a tu opinión, Itnas. Comentario muy acertado.

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  • Gabrielon Gabrielon 17/03/18 18:04

    Actúa: únete a la Izquierda que ya existe, y si crees que puede mejorar, lucha por ello. No crees más división, y mucho menos electoral. En otras palabras: no hagas como Actúa. Así lo veo yo.

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  • Pascual Ontinyent Pascual Ontinyent 17/03/18 18:01

    Hace unas semanas Paco Nadal "viajero" en su entrevista CADENA SER , escuetamente describia los pueblos del norte Europa y los del sur. Los primeros de gran tendencia a vincularse a asociaciones cultares en contraposicion de los del sur. Los del sur aplauden a los defraudadores como una gran proeza burlar a Estamentos Institucionales que representan a todo el pais, mientras los del norte colaboran con el Estado poniendo a los infractores en brazos de la autoridad.

    Una de las conclusiones es el pequeño rey que cada ESPAÑOL tiene y lo guia a vivir con la mayor independencia e insolidaridad institucional. Los españoles nos tiene que invadir la indignacion, "el cabreo" para ir todos a "UNA". La izquierda le pierde "EL PROGRESISMO" y le falta "DISCIPLINA GRUPAL", pues los reyecillos aparecen con gran vocacion.

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    • itnas itnas 17/03/18 18:36

      De acuerdo en parte con Ud. Lo digo porque lo que sobra es identidad tribal que U. Eco describía como la razón para entender que los italianos no amasen al estado; yo creo lo mismo, menos tribu y más estado (no neoliberal), lo que claramente es lo mismo que menos reyezuelos. Ahora bien, dicho fenómeno supongo también se da en la derecha, por lo que ¿cómo es que se 'aglutinan' en vez de disgregarse en grupúsculos? ¿Es el aglutinante eso de no creer en el estado social sino como un cajón en el que meter mano para beneficio propio?

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  • Giordano Giordano 17/03/18 13:21

    Es posible que esté equivocado pero la lectura del artículo me ha hecho empatizar con ese resentimiento moral de quién se considera injustamente tratado porque no ha visto reconocido el protagonismo que cree merecer.

    Se afirma «la necesidad y la urgencia de una transformación interna que vaya más allá del personalismo y de lo plebiscitario, en condiciones de articular representación democrática, participación directa y decisión con responsabilidad.» Bien pensado, ¿qué se está proponiendo detrás de esta retórica tan bella».

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  • Larry2 Larry2 17/03/18 11:30

    Respetuoso articulo, pero ustedes señores de Actua, donde se situan? Con el Psoe, Ciudadanos, a kla derecha de Podemos, que pais proponen. El divide y vencerás sigue vivo?. Vamos a unir, y luego ya debatiremos, ese es el quid de la cuestión. agur. 

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  • hayundi hayundi 17/03/18 10:52

    Si surgió el 15 M fue porque la izquierda instalada en el sistema no cumplía con las necesidades de cambio que expresó la gente al salir a la calle, era evidente que si el movimiento no tenia la pretensión de quedarse en algo testimonial, debería cuajar en un partido político, al ser así con Podemos, se vuelve a caer en la dinámica de cualquier partido al uso, solo que ahora al movimiento 15 M se ha sumado por razones electorales la izquierda tradicional así que estamos como al principio.

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  • Cristina Buhigas Cristina Buhigas 17/03/18 10:34

    Una de las cosas necesarias es que aquellos cuyo momento pasó, como los firmantes de este artículo, dejen de dividir a la izquierda y de intentar movimientos destinados sólo a quitar votos a Podemos.

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  • Grobledam Grobledam 17/03/18 10:07

    Buena gente en principio (la mala está a la derecha); pero detenidos en profesionales "bienpagaos" de la política y, claro, no lo quieren dejar y no asumen sus contradicciones.
    No son ellos y ellas los que nos van a sacar del brete.
    Sólo el pueblo llano tiene la llave; pero para eso hay que tenerlo claro, estar unidos y no distraerse con movilizaciones de las que les vienen bien al sistema; así como zarandajas varias: "panelm, morbo et circensis"

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  • Eleonor Eleonor 17/03/18 10:05

    A mi el ideario me parece estupendo pero todos los representantes de Actua tienen una larga trayectoria en la política de este país y no demasiado buena. Porqué ahora tenemos que creer que lo van a hacer mejor? Porqué no lo hicieron antes? Que tal un poco más de autocrítica en la izquierda histórica?

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