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Plaza Pública

El hombre provisional

Antonio Campuzano
Publicada el 19/09/2018 a las 06:00 Actualizada el 18/09/2018 a las 20:01
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El segundo cuatrimestre del curso político 2018 será recordado siempre como un periodo de extraordinaria combustión que ha hecho palidecer la realidad política, objeto de alteración semana tras semana en una sucesión de sorpresas que dejaban en trance incomparable la una a la otra en la balanza de las medidas sorpresivas.

En periodo vacacional también se ha agitado la superficie de lo habitual para enfriar gélidamente las ambiciones de Pablo Casado, quien parecía ya depositario de los mejores designios de futuro al frente de las opciones conservadoras. El fenómeno de la impureza y falsedad en la noticia ha originado un efecto contrario en la búsqueda de la virtud en la verdad y la rectitud de ánimo en medios y fines. Al margen de la preocupación profesional de los representantes del periodismo, legítimamente desplegada en un caso presuntamente irregular como el de Casado, la maquinaria judicial ha comenzado su habitual lubricación con proliferación procesal en perjuicio hasta el momento del flamante presidente del Partido Popular. Mal asunto para la proyectada salud política del recién iniciado en el camino del liderazgo popular.

Dice Tony Judt –Pensar el siglo XX– que "el problema de la inseguridad ética ha tenido atadas de pies y manos a dos generaciones de liberales". La sentencia de la Gürtel, en términos atléticos, ha puesto el listón muy alto. Los aparatos de medición moral en el desempeño público están siendo afinados con ajustes y precisión apenas conocidos con anterioridad.

Pudiera ser que se estuviese reproduciendo el escenario de 1998, cuando Josep Borrell ganó las primeras primarias del PSOE frente a Joaquín Almunia. Un año después del triunfo, el ahora ministro de Exteriores cedió su victoria al segundo clasificado al verse envuelto en un problema fiscal de uno de sus más directos colaboradores. La presión de la opinión pública resultó implacable para Borrell. La mancha de la irregularidad, no obstante, atenaza al PP, que no sabe desasirse de esa amenaza de oprobio y carga onerosa contra el partido hasta hace nada en el poder. Esas asignaturas tan duras de aprobar para la regeneración del partido, todas ellas necesitadas de un aire fresco capaz de oxigenar una atmósfera tan viciada de intromisión de los asuntos privados en los públicos, han sido puestas a prueba inmediatamente después de la proclamación de Casado.

La persecución de sus posibles fallas de honorabilidad será encargo de todos los redactores jefes de cuantos periódicos se reclamen de tales. Casado, portador de sonrisa idónea para el desempeño de ese new deal emergido en el mes de julio, ha visto congelado su rictus corporal y el tiempo de gracia hacia su figura se ha esfumado en dos jornadas, no menos arrumbado por la ayuda desafortunada de su guardia organizativa más próxima en el partido, difíciles de clasificar en el grupo que decía Georges Perec –La vida–: "Gente que le basta ser ambiciosa para ser inteligente".

Lo que demuestra una vez más que la renovación de estructuras de poder en los partidos políticos es una tarea mucho más ardua de lo que  cabía esperar. Los modos atribuibles a Mariano Rajoy al frente del partido de la calle Génova, que transcurrían por itinerarios de conducción suave hasta el punto que eran repudiados en el think tank de FAES –con Aznar como su buque insignia–, parecían atacados de obsolescencia incurable en beneficio de la vuelta a los atavismos ideológicos más recios. Léase integridad territorial impermeable a cualquier matiz moral y costumbres nacional católicas, estado de bienestar como ensoñación únicamente predecible de la mano invisible del mercado y la apuesta por el raquitismo fiscal.

Pues bien, todo ese glosario –a merced de una imputación– puede quedar inutilizado con la desaparición de su principal autor, en este caso Pablo Casado, y entrar en actividad la opción arrumbada pese a contar con prácticamente la mitad del voto popular doméstico, un 43% en sufragio demostrado en la elecciones primarias.

Probablemente, de este modo se volverían a regenerar las corrientes ahora perdedoras en metamorfosis amplia y rápidamente digerida por una clientela que hasta el momento parecía propietaria de una voluntad de cambio en el fuero doctrinal más interno del Partido Popular. El presidente Casado ha tropezado, nada más iniciar su recorrido público de primer nivel, con el que podía llevarle a ocupar el cartel electoral del primer partido con representación parlamentaria en este momento: ese accidente judicial derivado del contencioso personal de formación de currículum que cada vez toma una forma más concluyente para la proyección de los candidatos. La virtud o la decadencia de la verdad como palanca de crecimiento del crédito público.

No se podrá decir jamás que se ha desarrollado un ciclo de estudios o ampliación de los mismos sin la acreditación de su correcto inicio, trayectoria y terminación. El presidente del Partido Popular se encuentra en la posición, de cara al otoño político, con un horizonte electoral plagado de hitos que –define Fernando Aramburu en Autorretrato sin mí–, como hombre provisional, "el que se echa a la calle a mejorar la sociedad a martillazos".
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1 Comentarios
  • Juanjo Seoane Juanjo Seoane 19/09/18 13:30

    Demasiados "medios de comunicación" generadores de fake news a un ritmo brutal generan protección a los neofranquistas.

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