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Plaza Pública

Momentos para olvidar, lecciones a recordar

Joan Coscubiela
Publicada el 06/09/2018 a las 06:00 Actualizada el 05/09/2018 a las 18:09
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Un año después de uno de los momentos políticos más comentados de los últimos años cuesta decir cosas nuevas.

Me parece poco útil releer hoy lo que pasó hace un año en clave de pasarnos cuentas. Este conflicto no tiene solución con un final de vencedores y vencidos y ello nos obliga a todos a evitar esa tentación.

En cambio sí me parece imprescindible analizar el Pleno del Parlament de los días 6 y 7 del año pasado en clave de futuro, para intentar una lectura compartida de lo sucedido.

Aquel Pleno fue la culminación de un proceso que convirtió una gran ilusión colectiva en una inmensa ficción y que abusó de la astucia hasta convertirla en una estafa política. Así lo ha reconocido, aunque con otras palabras, la consellera Clara Ponsatí, aunque esa reflexión no ha tenido continuidad en el mundo del independentismo.

Fue también la evidencia del callejón sin salida al que nos había conducido la renuncia a hacer política. Por la negativa de Rajoy a canalizar democráticamente un conflicto que el PP había alimentado desde sus inicios y por la incapacidad de los partidos independentistas para aprovechar alguna de las pistas de aterrizaje suave que otras fuerzas políticas catalanas le venían ofreciendo.

Ese Pleno también fue un punto de no retorno en la radicalización del conflicto. La aprobación de la Ley de Transitoriedad puso de manifiesto la victoria dentro del independentismo de la estrategia de quemar las naves.

Pero esos días pasaron más cosas. Se hizo evidente el deterioro de la cultura democrática de nuestro país. La idea de que en democracia la mayoría lo puede todo es la más antidemocrática concepción de la democracia. Quizás el conflicto catalán no haya sido el detonante sino que simplemente ha servido para hacer emerger un problema preexistente, la debilidad de nuestra cultura democrática.

Una prueba de ello la tenemos en el grave deterioro del lenguaje. Desde entonces los calificativos de golpe de estado, dictadura, fascismo, exilio o presos políticos se han utilizado de manera abusiva por algunas fuerzas políticas y medios de comunicación al servicio de una estrategia para afianzar sus posiciones cerradas, dogmáticas. Confirmando que, cuando el debate político gira sobre el eje identitario, las posiciones no buscan la moderación, sino la crispación con la que afianzarse en sus verdades absolutas.

También se puso de manifiesto – y los procesos judiciales lo confirman- que los tribunales tienen una lógica y unos tempos distintos a los de la política y que cuando se ponen en marcha pueden llegar a ser incontrolables. Y que las categorías políticas y jurídicas de que disponemos para analizar situaciones como estas son decimonónicas y no sirven ni para interpretar lo que está pasando y mucho menos para juzgarlo penalmente.

A doce meses vista ya es evidente que el proceso y todo el conflicto que ha disparado no han servido para avanzar políticamente a Catalunya, sino todo lo contrario. Catalunya ha entrado en una fase nacionalmente depresiva. Me temo que estos años van a pasar a la historia como los de mayor retroceso nacional de Catalunya y no solo por lo que se consideran ataques externos. Una nación, que no es más que una construcción política, requiere de una comunidad cohesionada, y Catalunya nunca ha estado más fracturada como comunidad que en estos momentos. Incluso en aspectos que han sido la clave de bóveda del catalanismo, como el modelo educativo.

Un año después de aquel momento no queda claro que los principales protagonistas hayan aprovechado el tiempo para sacar lecciones de estos doce meses. Es cierto que la moción de censura y el cambio de Gobierno han generado un cambio de clima, condición necesaria pero no suficiente. Pero en paralelo se ha incentivado la batalla dentro de la derecha española, una batalla que arrastra a sus contendientes hacia los extremos. El Gobierno Sánchez ha apuntado una posible propuesta, pero más allá del rechazo del independentismo es una propuesta que carece de una condición imprescindible: el acuerdo de las fuerzas políticas españolas. Espero que hayamos aprendido que este conflicto requiere de mayorías amplias para ser desbloqueado.

Desde la perspectiva del independentismo tampoco parece que se haya aprovechado el tiempo. Quizás aún es pronto para descomprimir tanta tensión. Veremos, pero de momento se continúa hablando del 1 de octubre como de un referéndum de autodeterminación y del mandato democrático surgido de las urnas, de la construcción de la República y de otras muchas cosas que hacen pensar que desde el puente de mando del independentismo –si lo hay– se pretende mantener la ilusión con más ficción.

En mis momentos de optimismo genético pienso que las dificultades para una lectura útil del 6 y 7 de setiembre son solo una cosa pasajera. Que estamos en un tránsito que no puede ir más rápido. Y que, mientras en el horizonte estén esperándonos el juicio contra los dirigentes independentistas y las próximas elecciones del mes de mayo –o las que se puedan anticipar– los incentivos para no querer entender son muchos y muy compartidos.

Y en mis momentos de optimista bien informado me atrapa la pesadilla de pensar que, como en todo el mundo, la reacción ante una globalización que genera desigualdades, miedos, incertidumbre y hasta pánico nos conduce a décadas en las que el nacional-populismo será visto por mucha gente como un refugio en el que encontrar seguridad –solo aparente–. Y que los conflictos identitarios hegemonizarán nuestra vida durante algunos años.

Desearía fervientemente que mis genes optimistas le ganaran la partida a la realidad.
_______________________________________

Joan Coscubiela, veterano abogado laboralista, sindicalista de CCOO y ex diputado por ICV y por Catalunya Sí que es Pot en el Parlament, donde protagonizó una intervención calificada de histórica el 7 de septiembre de 2017. Es autor del libro Empantanados. Una alternativa federal al sóviet carlista (Ediciones Península, 2018) sobre el proceso independentista.
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13 Comentarios
  • El chipionero El chipionero 07/09/18 00:36

    Haces un gran análisis, Coscu, como siempre. Yo comprendo que haya momentos que uno quiera descansar de sus responsabilidades políticas, con todas sus contradicciones, y haga lo que hiciste tú y lo que ha hecho Domenech, pues peino más canas que tú y, algún tiempo después que a tu padre, me "enchiqueraron" a mí también. Pero creo que, y pienso que tú también lo creerás, no debemos de dejar la política ya que es el oxígeno que necesitamos para vivir y tratar de mejorar este mundo. Cuando un compañero de partido, o de coalición, entra en momentos de agobio por cansancio o contradicciones internas, es bueno que se tome un "descanso" en sus responsabilidades (como te ha pasado a ti, a Domech y a tantos compañeros), para que al poco tiempo vuelva si es preciso con más energías. Salud.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 06/09/18 22:37

    MASEGOSO, Desde ayer aparte de unas contadas excepciones todo son alabanzas paraXavier Domenech. Yo también expresé mu alabanza, tengo una muy buena impresión de Domenech.
    Pero vale la pena hacer otras hipótesis que la del "hombre bueno cansado de política tan cruda".
    Podría ser que Domenech piensa que la Colau no va tener un gran éxito en las elecciones para la alcaldía de Barcelona y que prefiera no estar salpicado por el pequeño batacazo... Entonces se tomaría un descanso de dos, tres o cinco años para volver después con unas fuerzas renovadas... Es que la vida política debe ser despiadada. Recuerdo que en unas elecciones autonómicas catalanas, Pablo Iglesias estaba bregando denostadamente y la alcaldesa Colau no le ayudó.
    Si esta hipótesis fuera cierta, no me indignaría y mantendría mi buen concepto de Xavier.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 06/09/18 22:07

    Estoy de acuerdo con lo que expone. Me temo que vamos a ver en la elecciones europeas grandes éxitos de diversos y variados nacional-populismos.
    Dos hermanos yendo de casa arrastran un diferente desde minutos antes en el desayuno y llegando a la escuela ven un colega caerse con su bicicleta, de repente se preocupan por el y el diferente que tenían se esfuma, en realidad era una nimiedad.
    Con esta pequeña historia quiero apuntar la posibilidad de que esta vez sea literalmente imposible para Catalunya avanzar si sigue tan obsesionada por sî misma y que le harîa falta pensar en otras cosas, otras gentes...
    Fuera ombliguismos!

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  • ganoig ganoig 06/09/18 18:10

    Gran artículo lleno de sentido común, es lo que se echa en falta para solucionar este conflicto. 

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  • MASEGOSO MASEGOSO 06/09/18 13:08

    ¿Cual es la razón por la que los políticos de izquierda catalanes dejan sus puestos?
    Joan Coscubiela, autor de este art., Xabier Domenech, la voz razonable de en Comu Podem¿qué pasa?
    No podemospermitirnos el lujo, ni catalanes ni españoles, de perder mentes serenas ante el caotico plan de políticas de la Generalitat.
    ¿Alguien escucha la voz de la razón? No. Ni el gobierno de España, ahora en poder del PS OE, ni los partidos politicos catalanes de derecha.
    ¿Quien dará la solución? El Sr. Sánchez está entre una espada bien afilada y los perros voceros de la ultraderecha (no menciono los perros voceros de su propio partido) y la presión es fuerte. Espero que su talante político sea tan fuerte que supere esa presión.

    Cuando este conflicto quiera aclararse, si ello es posible, Cataluña y el resrto del país habrán sufrido una merma posicional de muy diíicil recuperción y, entonces, todos nos echaremos las manos a la cabeza y lamentaremos; los catalanes los primeros.

    Cuanto notaremos vuestra falta, Coscubiela y Domenech; el tiempo os dará la razón, mas ya no habrá solución pacifica y edificante a ese problema.

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  • Paco Panceta Paco Panceta 06/09/18 10:46

    De su análisis, destacaría tres aspectos:

    La debilidad de nuestra cultura democrática que se manifiesta, entre otras cosas, en el desprecio a la minoría, en este caso no tan minoría, que no está a favor de la independencia, aunque pueda estar a favor de una consulta pactada.

    Las posiciones cerradas y el debate sobre la identidad, se traducen en polarización política y social, algo muy útil ambas derechas, catalana y española.

    El acuerdo entre las fuerzas políticas españolas es imposible. Por los réditos de la política de polarización, como por el sustrato franquista de la derecha española. A los hechos me remito.

    Además de todo esto, quisiera añadir una reflexión.

    La derecha catalana se ha envuelto en la bandera cuando las cosas han venido mal dadas, como ya anticipara en su momento Tarradellas. Nada nuevo ni extraordinario. Sin embargo, lo que me resulta incomprensible es papel desempeñado por ciertos sectores de la izquierda, durante todo este proceso.

    No comprendo que se pueda acompañar a la derecha catalana, que no solamente está señalada por importantes casos de corrupción, sino que además, como alumna aventajada del ideario neoliberal, aplicó recortes sociales sin contemplaciones que afectaron a los sectores sociales más desfavorecidos. Esos a los que la izquierda representa.

    Tampoco comprendo que hace la izquierda defendiendo la patria, la bandera y la frontera.

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    • Diego de Miranda Diego de Miranda 06/09/18 16:19

      Interesante reflexión. No suelo ser aficionado a las teorías conspiratorias, pero me da la impresión de que, en este tiempo de neoliberalismo salvaje, con el conflicto catalán las derechas (española y catalana) se retroalimentan, a la vez que alejan nuestra atención de otras cuestiones cruciales para la gente en general e incómodas para sus intereses.

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      • Ayla Ayla 06/09/18 18:17

        De acuerdo con ambos.
        Y sí, el "problema" Catalán empezó para tapar 3%, Palau, Guertell, recortes en el estado de bienestar,... Y se convirtio en el juego de a ver quién los tiene más grande ( y quién tiene el cerebro más pequeño), envolviéndose en sus respectivos trapos y soliviantando al personal.

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        • Paco Panceta Paco Panceta 06/09/18 22:21

          Gracias por vuestros comentarios.

          Pero con independencia del juego de la derecha, la cuestión central sigue siendo qué pinta la izquierda en este proceso.

          ¿Es que la izquierda que ha acompañado a la derecha catalana en este viaje piensa que de esta forma va dar el “sorpaso” a esta derecha y construir la Arcadia feliz? ¿Y después qué?

          Al parecer debe hacer mucho tiempo que no leen la prensa, si no se habrían enterado de los desastres que supuso construir el socialismo en un solo país.

          Por eso no entiendo la defensa de la patria, la bandera y la frontera.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 06/09/18 08:11



    Coincido con casi todo lo que se expone en este escrito. Vi por televisión buena parte del pleno del Parlament los días 6 y 7 del año pasado (amigos catalanes me llamaron para que lo viera). Aquello me resultaba escandaloso y me resultaba incomprensible que se llegara a aquellos comportamientos transmitidos en directo porque desde el inicio de los años 70, como tantos miles de personas en Catalunya, pedíamos (cuando nada se podía pedir y había una terrible represión, TODOS LOS DÍAS, por hacerlo) un cambio en la política de España, de Catalunya.

    También, Joan, no has citado la de reproches que en aquellos días se te dirigieron por no estar tú de acuerdo con aquellos comportamientos parlamentarios y por exponer tu postura democráticamente. Algunos te llamaron traidor como también lo han hecho con Serrat, Gasol, Évole o con quien no comulga totalmente con las ideas independentistas que tienen todo el derecho del mundo a exponerse aunque no a imponerse, como no debiera hacerse con ninguna idea.

    Opino que los políticos presos independentistas sin juzgar deberían estar en sus casas.

    Joan, aprovecho para desearte lo mejor, lo mismo que a Xavier Domènech que también me parece un buen ejemplo de comportamiento democrático en defensa de los derechos del pueblo. Osasuna!

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  • ROSA TARRAGONA ROSA TARRAGONA 06/09/18 01:10

    Un estupendo análisis de un honesto y buen político, que conoce los problemas de Catalunya y el "taranna de sus políticos e instituciones". Siempre ha sido coherente en sus actuaciones, de acuerdo a sus principios. Puedo entender , pero no por ello dejo de lamentar , que él antes y ahora Domenech dejen la política en estos momentos tan convulsos, y tan necesitados de personas honestas , coherentes y con una gran cultura democrática. Gracias a los dos por el tiempo de vuestras vidas que habéis dedicado , vosotros sí, al servicio público. GRACIAS

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    • MASEGOSO MASEGOSO 06/09/18 13:19

      Quisiera pensar que Ud. es Rosa Tarragona, directora de aquellos programas de RNE que, en las madrugadas de insomnio me ayudaban a sonreir.

      Si lo es, le quedo reconocido por aquel programa nocturno que el PP nos arrebató.
      Si no lo es le ruego sepa disculparme.

      Cordiales saludos.

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    • MASEGOSO MASEGOSO 06/09/18 13:16

      Estimado Paco: Los problemas no se solucionan cuando una de las partes no quiere la solución para seguir abundando en los errores que, en este caso, ellos mismos han cometido y seguir en su posición de vendedores de humo. Su falacia ya es insultante para un pueblo que aspira a vivir en una democracia consolidada y fija en sus principios.
      Estos dos chavales, por llamarlos de alguna manera, están jugando a algo que no entienden bien; olvidan las sutilezas y solo se basan eb la mentira y en procurar el bien de los españoles. Es necesario que se aclaren y expliquen ese bien ciudadano huerfano de sanidad, educación, apoyos sociales y malviviendo por unos recorte que no tienen nada de razonables. Perdona si sigo poniendo a Portugal como ejemplo. Es que lo es con toda la razón del mundo.
      Nos queda la basura política de la derecha y se nos van los autenticos políticos de la izquierda ¿qué más podemos perder?

      Salud y República Libertaria

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