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Plaza Pública

Reformas estructurales y poder económico

Publicada el 14/10/2018 a las 06:00 Actualizada el 13/10/2018 a las 21:24
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Cuando el Fondo Monetario Internacional, las instituciones de la Unión Europea (UE) y la mayor parte de los gobiernos y los medios de comunicación hablan de “reformas estructurales” se refieren, obstinada y obsesivamente, a las que tienen que ver con las relaciones laborales, como si esa fuera la piedra filosofal de las políticas de cambio estructural que España y Europa necesitan. Con contadas excepciones, las reformas de los mercados de trabajo están presentes de manera muy destacada en los documentos comunitarios que pretenden dar cuenta de los desafíos que enfrenta la UE y también en las propuestas de los think-tanks y los economistas conservadores que defienden la necesidad de un nuevo diseño institucional de la misma.

A primera vista, puede resultar paradójico que, con tono enérgico, se siga exigiendo su aplicación cuando lo cierto es que esas reformas ya se han llevado a cabo en sus aspectos más sustantivos. Con resultados discretos o incluso decepcionantes, si se repara en los objetivos que, al menos en teoría, se pretendían alcanzar.

Se esperaba de ellas más y mejor empleo, la dinamización de la actividad inversora y un fortalecimiento de la posición competitiva de las empresas. Sin embargo, hemos sido testigos de una sustancial destrucción de puestos de trabajo, de la generalización del empleo precario, de una actividad inversora que no remonta el vuelo y de unas ganancias competitivas que, en el mejor de los casos, se revelan endebles y de corto alcance.

Pero, desde otra perspectiva, en clave de economía política, las reformas laborales han sido un completo éxito. La agenda neoliberal ha cubierto ampliamente sus objetivos, los cuales el relato dominante hace todo lo posible por invisibilizar. Con el argumento –pretexto– de que las relaciones laborales contienen considerables dosis de rigidez y de que urge proceder a su flexibilización, se han puesto sobre la mesa un conjunto de medidas dirigidas a debilitar -romper, si fuera posible- la capacidad negociadora de los trabajadores, poner contra las cuerdas a las organizaciones sindicales y, como consecuencia de todo ello, bajar los salarios. Y esto es lo que ha sucedido.

Hay mucho en juego para las elites que, con esa estrategia, están consolidando un poder absoluto, sin diques de contención, un escenario en el que proseguir su política confiscatoria. Esta es la razón de fondo por la que mantienen, imperturbables, su hoja de ruta en materia laboral. (Y también de ajustes presupuestarios).

Se ha puesto, deliberadamente, todo el acento en las reformas laborales, en las que, como acabo de señalar, hay mucho en juego. Otras dimensiones del cambio estructural han quedado, sin embargo, omitidas, porque abordarlas supone limitar los privilegios de los poderosos. Se trata de reformas que, indudablemente, contribuirían a cambiar, para mejor, aspectos fundamentales del engranaje económico y social.

Pondré un ejemplo, en mi opinión muy relevante, referido al poder oligárquico de las grandes corporaciones; poder que ya era notable antes del estallido del crack financiero y que se ha incrementado sustancialmente durante los años de crisis. A ello han contribuido, entre otros factores, la privatización y mercantilización de empresas y servicios públicos, el trato de privilegio dispensado por el Banco Central Europeo a las grandes corporaciones industriales y financieras, los rescates concedidos a los grandes bancos con dinero público, la tolerancia con los paraísos fiscales, la regresividad tributaria y el aumento de las fusiones y adquisiciones.

El enorme poder económico y político que resulta de este acelerado proceso concentrador es utilizado en exclusivo beneficio de las grandes firmas. Para capturar recursos públicos, fijar las agendas de los gobiernos y las instituciones comunitarias, poner precios abusivos sobre los bienes y servicios que colocan en los mercados, eludir las normas que regulan la competencia y generar espacios opacos donde operan con beneficios extraordinarios. También utilizan ese poder para presionar a la baja sobre los salarios de los trabajadores, acordar retribuciones extravagantes e injustificadas para sus equipos directivos y generosos pagos en concepto de dividendos a los grandes accionistas.

Es evidente que esta estructura oligopólica –que no es una anomalía del capitalismo, sino un rasgo consustancial del mismo– tiene un efecto perturbador sobre la actividad económica; ha estado en el origen del crack financiero, ha contribuido de manera decisiva al aumento de la desigualdad, explica el sesgo de las políticas aplicadas en estos años y dificulta la superación de la crisis. De ahí, la importancia y la urgencia de adoptar medidas encaminadas a debilitar ese poder oligárquico.

Este y otros asuntos, que deberían formar parte de un ambicioso plan de reformas estructurales, han quedado fuera de la agenda política, configurada de acuerdo a los intereses de los poderosos. Tendrá que ser la presión ciudadana quien la abra y la impulse.
_______

Fernando Luengo es economista, miembro del círculo de Chamberí de Podemos.
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5 Comentarios
  • luzin luzin 14/10/18 15:11

    Venga va, unas preguntitas para todos mis amigos los rojillos, por si alguien se anima. ¿Con la cantidad de representantes sindicales y liberados que tenemos? ¿con las cuantiosas subvenciones que reciben los sindicatos? ¿con la miles de horas que tienen para realizar sus labores? ¿con las excelentes subvenciones que reciben los partidos, entre ellos los de izquierdas? ¿con la cantidad de ayuntamientos y comunidades que gobierna la izquierda? Con todos esos medios .... ¿cómo coño estamos los trabajadores así?

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  • Larry2 Larry2 14/10/18 11:44

    Buen artículo Sr. Luengo, analisis claro, mucho daño a hecho la Reforma Laboral, así estamos, aunque algunos dicen que ha sido un éxito y que hay que continuar. Por lo menos lo que a mí me rodea, empleos precarios, amigos con cierta edad en desempleo continuo, nuesros hijos sin poder emanciparse por alquileres altos, todo esto se puede mejorar un poco con presión ciudadana, y voto sensato y útil. La pena es que mucha gente no lo ve, las mentiras de siempre, ni los que van a la iglesia se lo creen lo de trabajos precarios, sociedad injusta, y desigual. Encima ven normal que a un asesino genocida lo entierren en un iglesia que creo recordar que es catedral.  Pues venga a visitar la almudena y a rezar. Sabiamos lo que era la iglesia, pero cada dia se confirma de que lado estuvieron y de que lado están. Algunos lo tenemos claro, otros miran a otro lado, y a otros dicen que rezando y confiando en los santos como la señora Fatima Bañez todo se arreglará, de mientras seguimos con reformas laborales, y especulación, ahora en los alquileres. agur.

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  • cagliostro cagliostro 14/10/18 11:37

    que manía han cogido en el fmi con la vigilancia de los salarios y las pensiones por si estos dos
    factores nos llevan a la ruina.Sin embargo no dicen nada de la desregulación bancaria ni de los
    paraísos fiscales que tanto ayudan a que hacienda no recaude lo que sería posible si no hubiera
    tanta huida de dinero.Pero no cobrarían sus desmesurados salarios si no obedecen la voz de
    su amo.

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  • Segedano Segedano 14/10/18 11:30

    No es que lo diga el señor Luengo "terrible y radical revolucionario anticapitalista" Es que lo dijo Warren Buffett, especulador financiero y dueño de una de las mayores fortunas de EE.UU. “esto es una lucha de clases y la estamos ganando nosotros”.

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  • platanito platanito 14/10/18 06:58

    A ver si es verdad que podemos ir en España metiendoles mano con suavidad, que esos gigantes suelen ser muy quisquillosos y son muy poderosos.
    ¿Conseguisteis a plena satisfacción lo del golf del canal o sigue la cosa coleando, con la ayuda de ciertos fiscales panamitas?

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