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Plaza Pública

El modelo Tinder y Mayo del 68

Publicada el 13/10/2018 a las 06:00 Actualizada el 12/10/2018 a las 17:27
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Decálogo de la auténtica revolucionaria:
  1. Una revolucionaria no puede tener una pareja estable, ni mucho menos cerrada…
  2. Una revolucionaria practica sexo libremente, sin complejos[1].

De la famosa revolución sexual de los 60, que Mayo del 68 francés expandió por Europa[2], destacaré un imperativo fundamental que afectó profundamente a las mujeres: ser revolucionaria en la España heredera del 68 francés, la España antifranquista que enterró al dictador en el 75, exigía no ser virgen.


Ser virgen era considerado burgués, reaccionario, capitalista y convencional, y la nueva ideología reivindicaba romper con todo eso y con la familia y practicar el amor libre, separar la sexualidad de las cadenas del afecto, del deseo de intimidad con el otro, de los celos y de la exclusividad sexual.


Las jóvenes y los jóvenes de aquellos años nos sumamos a la revolución con entusiasmo, creyendo que así recuperábamos lo que rezaba el título de un famoso libro que leíamos entonces, Nuestros cuerpos, nuestras vidas. Entendíamos que ser revolucionario era entregarse a un furor sexual que solo más adelante pudimos advertir que trataba de exportar y universalizar el modelo de relación sexual de la masculinidad hegemónica: sexo libre, genital, sin erotismo, seducción ni compromiso. Unas prácticas sexuales que dejaban aparte el más complicado y sutil deseo femenino, que quedó de nuevo negado.


Ya en 1997, Alicia Puleo señaló lo que hoy es una verdad incuestionable: es cierto que la revolución sexual significó el reconocimiento del derecho al placer de las mujeres, pero el carácter androcéntrico de la propuesta, de la nueva “posición de la mujer” que la revolución impuso, volvió a contrariar nuestro deseo. El sensual, en ocasiones pornográfico modelo femenino post-revolución sexual fue también, como el puritano “ángel del hogar”, una proyección del deseo masculino sobre nosotras, un deseo que ignora de nuevo lo que queremos las mujeres. Lo dice abiertamente José María Guelbenzu en El amor verdadero, donde novela la transición y lamenta aquella mezcla de sinceridad y malicia, como la llama, de los hombres de izquierdas de entonces.

“Todos nosotros, los jóvenes contestatarios del franquismo, sosteníamos el principio de las relaciones libres, lo considerábamos una conquista racional. Nunca fue sino una excusa para convencer a las chicas de que se acostasen con nosotros (pág. 307)”.

Mayo del 68 francés dejó pues una estela de sexualidad androcéntrica que llega hasta nuestros días, y las jóvenes de hoy siguen sometiéndose a los imperativos sexuales del mismo imaginario patriarcal de entonces, aceptando la tiranía de aplicaciones como Tinder, y autoimponiéndose un sexo “sin compromiso” ni afecto que niega las diferencias entre hombres y mujeres a la hora de afrontar las relaciones erótico-amorosas. Como señalan Cordelia Fine y Mark A. Elgar[3], el escarceo sexual actual culmina en el varón casi siempre en el orgasmo, mientras que en la mujer el placer sexual resulta menos probable y, a causa del doble rasero que impera aún en nuestra sociedad, estas tienen más probabilidades de que su imagen se resienta, además de correr mayor riesgo físico, comenzando por un embarazo y acabando con la agresión sexual. Todo ello según un amplio estudio sobre las estudiantes estadounidenses.

Mayo francés reconoció el derecho al placer de las mujeres, placer que ahora no está ni siquiera garantizado, pero confundió nuestro deseo –mayormente amoroso, necesitado de la intimidad del encuentro y del afecto para despertarse y satisfacerse–, con un deseo masculino más urgente y genital, desvinculado tradicionalmente del afecto y del vínculo.

Quiero insistir, sin embargo, en que ambas expresiones del deseo son construcciones patriarcales que espero que se modifiquen poco a poco; no en base a esta parodia de igualdad sexual que aquí denuncio, que condena a las mujeres a prescindir de sus necesidades erótico-afectivas, sino en una sociedad igualitaria donde sean estas necesidades de comunicación, cuidado e intimidad, las que contaminen y modifiquen las de los hombres, quienes, necesitándolas tanto como nosotras, las niegan a causa de su castradora educación sentimental.

Sin embargo, queda una cuestión inquietante por resolver: si todo esto es así, ¿por qué las jóvenes liberadas de hoy en día se someten a unas relaciones sexuales que satisfacen ese deseo masculino y no el suyo propio?, ¿por qué no ponen sobre la mesa (sobre la cama) sus propias condiciones como ya hiciera Marcela en el Quijote, rechazando el ancestral derecho del deseo de los hombres a ser correspondido:

“Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura; y, por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama”.

La respuesta tiene que ver de nuevo con Mayo del 68. Como entonces, las mujeres, debido a la plasticidad que caracteriza nuestra socialización, una plasticidad que facilita la adaptación al deseo del otro, vuelven a adaptarse a la ideología sexual dominante para ser “modernas”, “nada puritanas”, para no molestar a los hombres que desean y para ser deseadas por ellos. Y para conseguirlo vuelven a contrariar su deseo tal y como hicieron sus madres al someterse a los imperativos de la famosa liberación sexual.

Para las mujeres, con el ejercicio de la autocontención[4], se trata de proyectar una autoimagen que no rompa la regla implícita de no sentir más de la cuenta y antes de tiempo apego y/o afecto hacia su pareja sexual, evitando así que la otra persona –el hombre, con la fobia afectiva que lo define como tal en la masculinidad hegemónica- se asuste y la abandone. La mujer se hace la fuerte adaptándose a las aspiraciones masculinas. Una contención emocional que sirve para ajustarse a los ritmos del otro, pero que es una auto-coacción a la hora de expresar el conflicto, que implica la negación de sus necesidades y la imposibilidad de mostrar la tristeza o el enfado que aparecen al contrariar sus propias expectativas, que quedan así insatisfechas.

¿Les suena? Sí, la misma “disciplina emocional” de entonces, aunque de signo contrario, transmitida de una generación a otra. Pues la marca patriarcal impresa en nuestro cuerpo, la más poderosa, tiene que ver con esta necesidad de ser amadas que está en el origen de la sumisión y que, antes del 68, obligaba a las mujeres a someterse al ideal del puritano “ángel del hogar”; después del 68 al de ser jóvenes promiscuas y liberadas y, ahora, activas consumidoras de encuentros sexuales cuasi-pornográficos que apenas las satisfacen.

Las jóvenes actuales deberían considerar que la auténtica revolución sexual solo llegará cuando establezcan un diálogo consigo mismas que les permita afirmarse en las condiciones que consideran adecuadas para el encuentro sexual y las capacite para poder decir “NO” cuando estas condiciones no se cumplan. Esta es la revolución pendiente.
 
[1] La primera vez que no te quiero, Lola López Mondéjar, Siruela, 2014.
[2] Quiero advertir que me ciño aquí a las relaciones heterosexuales por motivos de espacio, dejando fuera las relaciones homoeróticas o poliamorosas, que requerirían consideraciones propias.
[3] Fine, Cordelia, Elgar, Mark A. Hombres promiscuos, mujeres castas y otros mitos. Revista Investigación y ciencia, nº 494, noviembre 2017.
[4] Castrillo Bustamante, María Concepción, La incertidumbre amorosa contemporánea. Estrategias de los jóvenes, Política y Sociedad, vol. 53, Núm. 2, (2016): 443-462. https://revistas.ucm.es/index.php/POSO/article/viewFile/49369/48920
 
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18 Comentarios
  • Orlinda Orlinda 14/10/18 14:22

    La mujer está erotizada como frágil, débil, suave, sumisa, pasiva.... es normal que asuma ese papel, a todo el mundo le gusta agradar, que lo amen. Si supone callar, te callas. Por ahí abajo surge la amenaza de un hombre para las que no se callan, ¡cuidado! que los hombres maduros pueden ir a buscar chicas “dulces” - obedientes - a otro país, esto es, a comprarlas.
    Dices que hace falta una revolución sexual. En el sexo también, como en todo lo demás expresó muy bien Virginia Wolf lo que precisamos, conseguir independencia de lo simbólico masculino. No es fácil, y sobre todo es duro vivir con esa independencia.

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    • platanito platanito 14/10/18 18:52

      Por alusiones, le diré, señora, que me he limitado a señalar dos hechos
      1.- Alemania del Oeste en los años 70
      2.- Aumento de personas divorciadas viviendo solas.
      ¿Es quizás porque la mujer espera del hombre más de lo que él le puede ofrecer? O simplemente porque somos de dos planetas diferentes?

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      • platanito platanito 15/10/18 10:39

        Estoy empezando a leer la tierra valdría de Eliot y el prologuista intuye que va de incomunicación entre sexos. Ya veré si soy capaz de entender algo. Lo comparan con Dante y con Joice.

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  • Orlinda Orlinda 13/10/18 15:48

    Por aquí apelando a la independencia y la libertad de elección, como si el sexismo no existiese, como si la forma de vivir la sexualidad no fuese una construcción cultural que se propaga por todos los medios en la que la mujer es un objeto de consumo que se posee, como si a través de la pornografía no se estuviese enseñando un modelo de sexualidad desigual en el que la violencia genera el deseo..
    En fin, sirva mi comentario, Lola, para decirte que yo te entiendo y que si de algo peca tu artículo es de ser demasiado suave con lo que sucede.

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    • José Luis53 José Luis53 14/10/18 08:28

      Esa es exactamente la misma argumentación de fondo que utiliza la Iglesia - cambie cultura por Dios-para inmiscuirse en un terreno que debería ser de máxima libertad como es la intimidad de la sexualidad, y de hecho, si lo reflexiona, su argumentación y su posición guarda muchas semejanzas con la del catolicismo. Supongo que por les mismas, habría que prohibir la lectura de Sade, y ya puestos, cualquier lectura que no coincida con su visión cosmegénica de la sexualida femenina.A lo dicho, lea usted a Sade, si es que sus mojigatería se lo permite.

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      • Orlinda Orlinda 14/10/18 13:49

        Nada, falso, nada que ver esto de lo que yo hablo, sexo en igualdad, esto es, con la misma consideración de persona y derecho al placer compartido, y no de objeto de uso de la mujer para disfrute del otrocon lo que dice la Iglesia, la institución más sexista que siempre la ha considerado al servicio en todos los aspectos.
        Discurso viejo el tuyo ese de llamar mojigata a quien se opone al modelo de sexualidad pornográfica dominante, viejo y convencional. Tengo una curiosidad, me pregunto si tendrás una hija y le dices que no hay que ser mojigata... qué dilema para las chicas hoy como ayer, o estás a entera disposición de lo que surja o eres una mojigata reprimida.

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        • José Luis53 José Luis53 14/10/18 16:57

          Pues anda que que su discurso manido y estereotipado no es viejo " ¿ Le dices a tu hija mojigata?" Mire, con mis hijas, que las tengo, jamás se me ocurriría inmiuscuirme en su sexualidad ni transmitirles mis posiciones y si alguna vez acuden en mi ayuda en ese terreno - que lo hacen- lo único que hago es escucharlas lo más atentamente que puedo y ayudarlas a que encuentren SU camino, que no forzosomante es el mío, y recomendándoles que huyan de quienes pretenden saber lo que ellas quieren/desean, y no se dejen empujar por nadie en ese terreno, ni hombres ni mujeres, sabiendo que si se hacen monjas de clausura o si se apuntan a orgías sadianas regularmente, siempre me tendrán a su lado. Para adoctrinarlas ya de sobras hay con salvadoras/iluminadas como usted. Yo estoy sólo y nada más para quererlas como son, decidan lo que decidan ¿ Paso su examen de padre?. Déjelo, la verdad es que me importa un comino si lo paso.

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        • Orlinda Orlinda 14/10/18 14:02

          En cuanto a prohibir, mira que os gusta la palabra. ¿Qué tal regular? Los y las jóvenes están aprendiendo qué es el sexo a través de lo pornografía, sexo violento, dominante y en desigualdad. A no hacer lo que muchos hombres llamáis censura y coartar libertad, las feministas lo llamamos connivencia de las leyes con la dominación masculina.

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  • M.T M.T 13/10/18 12:51

    Si tras la lectura del artículo y comentarios hubiera algo en este terreno tan íntimo, particular, de sexualidad, sensualidad, afectos o sentimientos que pudiera expresar con algún convencimiento es que la independencia o libertad de la mujer empieza por la independencia económica. Desde ahí entiendo la igualdad de actuación entre hombres y mujeres. Algún comentarista en este foro lo ha expresado. Y por añadidura suscribo, como mujer, el comentario completo de Dver.
    En cuestiones tan particulares mejor no anatemizar ni pontificar.
    Desde esos supuestos de independencia económica ¿ cabe un modelo patriarcal en los tiempos y nuestra sociedad actual, aquí y ahora? Tengo serias dudas.

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  • Dver Dver 13/10/18 12:09

    Es curioso como hoy en día todo el mundo tiende a categorizar (sin ser Pickerty, por ejemplo en economía, aunque él, gran conocedor de lo suyo, nunca categoriza). La articulista, arrimando el ascua a su sardina, hace unos planteamientos simplistas. O esto, o lo otro, que como no "es patriarcal". Creo que las relaciones humanas son muy complejas, y mucho más en el terreno afectivo-amoroso-sensual. La articulista no ha entendido nada del mayo del 68 (yo lo viví en Florencia, donde había arrancado antes y duró algo más en la Universidad de Arquitectura). Si hay una maxima que lo define es el célebre eslogan "PROHUBIDO PROHIIR". Con ello se expresaba la necesidad de salir de los corsés sociales, económicos, morales, y como no sexuales. Si las mujeres tenían que aguantar la represión de sus deseos por mor de la familia o la sociedad, los jovenes varones "ibamos a salto de mata" y más salidos que un cohete. En ese contexto, pedir templanza, disfrute del elemento "romántico" era pedir peras al olmo. Pero se equivoca la articulista en cuanto a que las jóvenes abrieron sus piernas pero no reivindicaron el corazón. Fue justamente esa seguridad de que el límite no estaba marcado el que hizo que ambos sexos se templaran, se conocieran y participaran del bienestar de la sensualidad. No hay prisa, cuando sabes que llegarás. Ahorta bien, cada cual tiene su historia y la cuenta según le ha ido, y mucho me temo que la articulista la cuente según le fue, pues en caso contrario sería muy perverso estar disfrutando del amor, la ternura y el sexo, y anatemizar sobre los que no han logrado lo mismo. ¿Nunca me atrevería yo a predicar sobre cómo el otro puede alcanzar su felicidad? Sería sobervio por mi tarte ¿no? Las necesidades intimas de cada cual son muy particulares y no seré yo quién preconice tal o cual manera de alcanzarlas. Por otro lado, me parece que para anatemizar sobre la "preponderancia" del varón en cuanto al sexo, propone una "preponderancia" de la mujer. Sí, los hombres, en general, tenemos una forma específica de llegar al orgasmo, y, pienso, que las mujeres, en general, tiene otra. ¿Es esto incompatible con el disfrute de ambos?¿Hay que pedir perdón por ser hombre?

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    • platanito platanito 13/10/18 13:28

      Comprenda que doña Lola, nacida en un pueblo murciano, tenía 10 añitos cuando lo del Mayo francés. Y teniendo en cuenta que el libro bostoniano que reseña no fue editado en español hasta el 84 cuando la reciente diplomada sicóloga contaba 26 añitos, imagino que habla aquí en teoría, o quizás estaba participando de alguna movida como la madrileña.
      Que ella aspire a convencer a la juventud de conseguir unas relaciones que incluyan los anhelos de las féminas me parece una cosa muy loable. Pero como quieran obtener más que lo humanamente posible se pueden exponer a la soledad. Y me ha traído a la memoria un movimiento que hubo en la Alemania de los años 70,
      donde muchos hombres maduros divorciados se echaban un viaje a Tailandia y se traían de coima una dócil y dulcísima mujercita para todo.
      Y por otro lado pienso que haría mejor en publicar este artículo en alguna revista juvenil, pues tengo el barrunto que la población juvenil lectora de nuestro digital no sea muy numerosa. Nuestra media de edad ya no debe estar para trotar por esos tiránicos pagosTinder que evoca.

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      • M.T M.T 13/10/18 13:37

        Aplausos y saludos, Platanito.

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        • platanito platanito 13/10/18 14:19

          ¡Cuánto tiempo doña Maite! Gracias a doña Lola por este reencuentro!
          El Mayo aquel me pilló terminando los estudios y me enteré porque mi futura me lo contaba por carta desde su pequeña ciudad del sur. Y del Tinder me acabo de enterar. Su onda expansiva os debió llegar a las universitarias en los primeros 70. Me perdí ese calentón.
          Ayer, después del figón, nos montó el nieto pequeño una timba de yembés, amplifón y otros instrumentos de fortuna, y en familia, revolucionamos el barrio hasta la anochecida. Participó hasta la abuela. Todo tuvo mucho de sensual. Hay que aprovechar las ocasiones, que ya se acercan los fríos. Besos.

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          • M.T M.T 13/10/18 14:30

            Un gustazo el reencuentro en la escritura, Platanito, que en eso de la lectura, a ratitos he ido siguiéndote en este medio.
            A mí el Mayo del 68 me pilló recién estrenaíta en el 1er año de estudiante universitaria y dices bien, fue en los 70, en aquellas asambleas a las que asistiamos, hablo de mi grupete de amistades, cuando empezamos a tomar verdadera conciencia de ciertas realidades y libertades y a percatarnos del sentido de algynas de esas libertades. No estábamos tan avanzados en una ciudad universitaria de provincias como en el París del 68. Andábamos, creo mas bien, con la lectura de " Entre visillos" o algo similar. Es un decir y sentir.
            No obstante, un gustazo ' ese pegar la hebra' a propósito del artículo.
            Un abrazo.

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    • Dver Dver 13/10/18 12:14

      Ruego disculpen las erratas y faltas de ortografía. El maldito teclado virtual.

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  • José Luis53 José Luis53 13/10/18 07:51

    Prosigo: estaría bien un poco más de prudencia y reconocimiento acerca de que SU modelo de sexualidad no es forzosamente el modelo de sexualidad de todas, ni tan siquiera lo es de los hombres, porque igualmente,cada cual tiene su propio modo de funcionamiento. Lo contrario tiene nombre y se llama prejuicios.

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  • José Luis53 José Luis53 13/10/18 07:47

    Una de las premisas básicas de cualquier liberación es el reconocimiento de la individualidad, es decir,  en este caso que cada cual tenga la sexualidad que quiera. Usted se permite pontificado acerca de la sexualidad cambia el modelo hetero patriarcal, según usted, por el modelo en el que usted cree que es , o debería ser. Conozco no pocas mujeres a las que el modelo que usted critica, es el modelo que practican sin sentirse en lo más mínimo coaccionadas por nadie. Estaria


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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 12/10/18 21:54

    Hace mucho tiempo que dije que la "píldora" no dio la libertad sexual a la mujer, como le he oído decir a muchas; es su salario mensual, el que le permite vivir con plena independencia, el que le dió todas las libertades juntas; no sólo la sexual.

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