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Plaza Pública

Españoles... Franco no ha muerto

Publicada el 10/12/2018 a las 06:00 Actualizada el 09/12/2018 a las 14:45
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La noche del 20 de noviembre de 1975 el presidente del gobierno, Carlos Arias Navarro, apareció en la televisión para anunciar la muerte del dictador: "Españoles… Franco ha muerto". Recuerdo su cara lagrimosa en las pantallas de los televisores. Ha pasado mucho tiempo desde entonces. De casi todo ha pasado ya mucho tiempo, tal vez demasiado tiempo. Luego llegarían los años que, si no fueron los del plomo, poco les faltó. La calma chicha de la transición fue desmentida por una realidad que se llenó de muertes a destajo. Los años de violencia policial y de la extrema derecha -con los atentados de ETA en su etapa más sangrienta- fueron el pan de cada día en un país que sólo quería mirar adelante, sin pensar que el pasado es una piedra más que necesaria para construir la arquitectura -si la queremos recia- del presente.

El error de entonces. O al menos uno de los errores principales de aquella incipiente democracia: el dictador se había muerto en la cama después de cuarenta años de asesinar con saña a sus enemigos y -no lo olvidemos- de vaciar las conciencias, con todas las armas a su favor, de quienes sobrevivieron a sus crímenes. No de todos los supervivientes, claro que no, pero sí ese vaciado fue lo suficientemente eficaz para que hasta ahora mismo se asentara eso que Manuel Vázquez Montalbán -con su inmensa y hoy tan necesaria lucidez adivinatoria- llamó "franquismo sociológico". Me viene a la cabeza, para ilustrar sus palabras sabias, el chiste -seguro que injusto- al que acudo con frecuencia: "toda España es de derechas. Lo que pasa es que media España lo sabe y la otra media no lo sabe".

En ese chiste radica buena parte de lo que nos ha pasado desde la muerte de Franco sin que nos diéramos cuenta -o sí, pero no nos importaba- de que el huevo de la serpiente -como contaba Ingmar Bergman en una de sus películas sobre el nazismo- seguía incubándose a la sombra de una democracia cada vez más frágil, más insuficiente, más conforme con la desigualdad social, la precariedad laboral y la pobreza.

Los nuevos fascismos se metían en los gobiernos de la Europa del brillante porvenir (vaya gracia, ¿no?) y aquí seguíamos considerándonos una isla feliz y autosatisfecha en medio de la devastación política y moral que provocaban con su incursión planetaria esos nuevos fascismos. Aquí teníamos bastante con pensar que la extrema derecha se encerraba en el PP y que Ciudadanos tenía poco más que decir fuera de sus soflamas españolistas frente al independentismo catalán. El huevo de la serpiente no existía y mucho menos quienes lo incubaran, con fuerza suficiente, desde la calentura fanática de sus patriotismos anacrónicos de himnos y banderas. Flojos eran los mimbres con que las derechas construían su discurso, pero la España única y la "invasión" migratoria les eran suficientes para galopar por los andurriales de una democracia que poco a poco se abría sin pereza a ese discurso xenófobo y patriota hasta las cachas. Cierto es que no se trata, en general, de un embrión de serpiente ungido por el falangismo pistolero de los viejos tiempos, aunque el líder de Vox, Santiago Abascal, presuma públicamente de que lleva su pistola Smith&Wesson al cinto, dice él que porque antes quería defenderse de ETA y ahora a sus hijos, no sé si de un peligro extraño que sólo puede aliviarse a tiro limpio. En las casas, mientras tanto, el huevo se incubaba en la depresión provocada por la precariedad, en la fiera complacencia con el cinismo de algunas televisiones y tertulianos apocalípticos, en la seguridad de que la salvación estaba fuera de las posibles salvaciones conocidas hasta ahora. El hundimiento moral -claro, también el económico- necesita quien lo salve. Y es ahí donde se cuelan sin contemplaciones las estrategias del fascismo.

La noche de las elecciones andaluzas fue una noche triste. Los análisis posteriores coincidían en los motivos principales de esa tristeza. La realidad es una construcción, como lo es la política que la afirma o la desmiente. Y aquí nunca se desmintió -y hablo no sólo de las derechas- la realidad de un franquismo que seguía vivo en la sociedad, por más que el optimismo de la voluntad o el oportunismo político lo negara con la energía incansable del conejito duracel en los anuncios de la televisión. Ahora hablamos de Vox como el protagonista principal del fascismo emergente. ¿Pero el embrión de la serpiente no estaba ya -por no irnos muy lejos en el tiempo- en el huevo que han ido calentando, al hilo de la actualidad más última, Pablo Casado y Albert Rivera? Sin descartar, faltaría más y cada cosa en su sitio y responsabilidad, la tibieza y el cainismo del PSOE, el viraje de Podemos a la no mejor versión del clasicismo partidista, las improvisaciones del independentismo catalán y otras versiones a la baja de una sociedad que concebía la democracia como un domingo cada cuatro años dedicado a depositar una papeleta en las urnas.

El desencanto, las traiciones ideológicas, la corrupción que ha desprestigiado no sólo a muchísimos políticos sino a la misma política, el cansancio ante las promesas incumplidas y otras seguro que numerosas razones han convertido el voto andaluz en la mitad de su valor. El voto de las derechas no faltó a la cita electoral. No así el de las izquierdas. La desolación de esas izquierdas -no sólo las andaluzas- es un aviso para navegantes en las próximas citas electorales. El tiempo pasado no puede ser un tiempo inútil. La tristeza de la noche andaluza me llevó a los versos de Cernuda: "Uno tras otro iban cayendo mis pobres paraísos". Y eso que nunca confié demasiado en ningún paraíso, porque desde John Milton sabemos que todos los paraísos se inventan para ser perdidos.

Lo que no se me va de la cabeza es que buena parte de la devastación que hoy nos llena de congoja viene de muy atrás. Y que cuando bastante gente hablamos -desde hace muchísimo tiempo- de que el franquismo sigue demasiado vivo en una democracia que no ha sido capaz de construir su propia cultura igualitaria, no sé si tenemos toda la razón pero al menos sí una parte -y creo que grande- a la hora de encontrar una explicación a lo que nos pasa. Por eso -aunque peque de exagerado y sobre todo de simplista-, cuando se vieron los resultados electorales andaluces la noche del domingo, y se supo que la extrema derecha rompía la cáscara del huevo y asomaba la cabeza en la forma de trío triunfador, me acordé de aquella lejana noche del 20 de noviembre de 1975. Las palabras de Arias Navarro me llegaban en una nueva versión con la risa en vez de lágrimas llenando su rostro: "Españoles… Franco no ha muerto". En fin.
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Alfons Cervera es escritor. Su último libro publicado es La noche en que los Beatles llegaron a Barcelona (Piel de Zapa, 2018)
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7 Comentarios
  • AntonioMD AntonioMD 11/12/18 22:40

    Señor Cervera, no intente engañarnos. La noche de las elecciones andaluzas no fue para usted una noche triste. Todo lo contrario, porque fue una moche en la que se vio confirmado y reforzado en su visión de España, que viene de muy lejos y que es algo así como: veis, este país no tiene remedio, es y siempre será franquista, ya lo deciamos yo y Montalban. A usted Andalucía y España y los que tratamos de vivir en este país le somos indiferentes, lo importante es dejar claro que somos unos franquistas y, la mitad, además unos ignorantes que ni tan siquiera nos damos cuenta. Claro, usted está al margen y nos contempla desde esa atalaya de superioridad, regodeandose, pero sin aportar nada. Hay una cosa que, de un tiempo a esta parte me asquea más que la extrema derecha, a la que, en mi infinita ignorancia, seguramente pertenezco sin darme cuenta, y es esa izquierda exquisita que se llena de gozo machacando con el mensaje simplón de que los españoles tienen lo que se merecen porque siguen siendo unos franquistas. Con todo el respeto que puedo permitirme.

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    • Alfons Cervera Alfons Cervera 12/12/18 12:28

      Querido Antonio: es la primera vez que contesto a un comentario. Sencillamente porque hasta ahora no sabía cómo hacerlo. Me quedé muchas veces con las ganas de agradecer las opiniones favorables. Que sirva éste de ahora como ese agradecimiento. Sobre el suyo acerca de mi artículo último. Dos o tres reflexiones: no siempre quien escribe lo hace para congregar afirmaciones a lo que escribe; la única atalaya que conozco es la que nos sitúa a mucha gente a pie de calle (quiero pensar que ahí está también la suya); desprecio profundamente las torres de marfil desde las que el mundo se ve como una cagadita de mosca; respeto profundamente las opiniones diferentes, contrarias a las mías. Y sobre todo, querido Antonio: nunca intento engañar a nadie cuando escribo. Ni cuando vivo. Nunca. Gracias, de verdad, por su comentario.

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      • AntonioMD AntonioMD 12/12/18 15:48

        El inicio de mi comentario fue sin duda desafortunado, no quería decir que usted quisiera engañarnos a los lectores. Mis disculpas sinceras. Gracias por su respuesta.

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  • platanito platanito 11/12/18 07:35

    Y porque no ha muerto es por lo que hay que remover la losa de cuelgamuros cuanto antes para permitirle que se vaya, levitando, hasta el pardo a reunirse con doña Carmen de Meirás. Así podremos calibrar toda la amplitud del mónstruo y tomar las provisiones para su futura derrota.cien veces mejor un enemigo de frente que no agazapado.

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  • arrossinat arrossinat 10/12/18 19:12

    Excelente artículo, pero tan estremecedor como la realidad real.

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 10/12/18 11:33

    Es normal. El votante de derechas siempre votan a los corruptos aunque sean corruptos. Son gente de fe; creen lo que no ven; que no son corruptos porque así lo afirman los corruptos. La izquierda es más ética y razona; deja de votar a los corruptos aunque sepa que así ganarán los más corruptos. ¡Que buen vasallo si oviese buen señor!, se lamentaban ya en la época de Alfonso VI. A la sombra de la corrupción surge el mesias incorrupto y radical. Ya sabemos a donde conducen esos mesias. Consta en sus mensajes; lo dicen claramente en sus diveras promesas. Cada uno vota por la suya aunque diga que le repugnan las demás, pero todas van en el mismo lote. Como siempre, la derecha economica sufraga esta soluciòn porque, al final, es la suya: unos pocos mandando y los demás obedeciendo. Lo fue en Alemania, lo fue en Italia, lo fue en España, ¿lo fue en Francia, Bélgica y Holanda?; casi lo fue en inglaterra y en los USA y no hay que descartar que llegue serlo algun día. La unica solucion es que los partidos de izquierda recuperen la ética. No lo harán mientras no exijan recuperar la IGUALDAD, la que en 1931 permitió condenar tras un juicio justo a Alfonso XIII como traidor a la patria. En 1931 Alfonso XIII de Borbón ERA IGUAL en sus derechos a todos y por eso NO ERA INVIOLABLE. Esa es una de las muchas DESIGUALDADES que tienen los reyes en sus dictaduras/dictablandas, que aunque sean parlamentarias por eso NO SON DEMOCRACIAS. ¡Da lo mismo! dicen los corruptos. ¡No, no da lo mismo!, ¡qué va a dar lo mismo! Permitir el atropello de UNO SOLO de los Derechos Fundamentales, ¡nada menos que el de la IGUALDAD!, GARANTIZA que se incumplirán todos los demás ¡por la misma razón!; porque ya interesa VIOLARLOS. Un régimen donde no se respetan los derechos fundamentales ES INTRINSECAMENTE UN RÉGIMEN CORRUPTO. Su futuro será el de tener partidos cada vez mas corruptos que lleguen al poder. "Un fantasma recorre Europa", el mismo que la recorrió y triunfó en ella: el fantasma del fascismo. Llego de la mano de los patriotas ingleses y franceses. Ellos permitieron el atropello del DERECHO FUNDAMENTAL A LA LIBERTAD en los Sudetes, en Austria y en España. Recordemos la historia al votar.

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  • pepelu. pepelu. 10/12/18 07:14

    Es cierto Sr. Cervera. Es tal como yo he vivido “la transición”, con los matices que nos contaban, quieras o no para aterrarnos, y salvar la vida si no querías ser uno de los integrantes del “paseíllo”, para terminar olvidado en una cuneta, que muchos de ellos aún están. Hoy en día, da mucho dolor y cuesta recordarlo, pero sin embargo es necesario no olvidarlo para tratar de evitar a los alimentados por el odio franquista que presumen de liberales.

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