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Plaza Pública

Derecho a una derecha que no incendie

Publicada el 27/12/2018 a las 06:00 Actualizada el 26/12/2018 a las 21:25
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Al PP le va bien la radicalidad. Cada vez que incendia el mundo obtiene algo. Siempre que pierde el poder, la derecha eleva varios puntos su gestualidad y esa sobreactuación adquirida se instala ya para siempre en su discurso. O sea que la cosa empeora con el tiempo. Cuando ganó Zapatero una elección que los sondeos anunciaban empatada, a causa de la manipulación masiva de los atentados de Atocha por el dúo Aznar-Acebes, el PP, con ayuda de la flota mediática de la caverna, se lanzó a acusar al presidente y a Rubalcaba de ilegítimos, insinuando su participación en aquellos hechos. Nadie les castigó por ello. Cuando la política antiterrorista de Zapatero y Rubalcaba acorraló a ETA hasta llevarla a renunciar a las armas, el PP se dio prisa en acusar al gobierno de traicionar a las víctimas y entregarse a ETA, tanto si había atentados como si no los había. No solo nadie les castigó por semejante deslealtad sino que siguieron contando con el coro favorable del peor periodismo, precursor de las fake news de hoy. ¿Por qué iban a abandonar una deslealtad tan productiva?

El historial de inflamaciones artificiales y extremismo verbal de Aznar, Rajoy o Casado funciona, porque sus votantes valoran, con algún cinismo, la claridad del discurso simplón y gesticulante. A otros también les funciona y por eso Ciudadanos nada en ese charco desde que el anticatalanismo militante les convirtió en fuerza política nacional. Al soberanismo catalán también le va de perlas la inflamación y la trinchera, para mantener calladitos a los moderados, en el caso de que aún existan. ¿Por qué se habían de bajar del púlpito tronante con lo fácil que se acusa desde ahí?

En tiempos de redes todo se vuelve rápidamente electoral, si es lo bastante simple y falso. Casado lo sabe y tiene decidido que no basta con acusar a Sánchez de flojo. Eso ya lo hacía Rajoy antes de gobernar, para pasar luego a tampoco gobernar, pero desde el gobierno. No, joven e impetuoso, a Casado no le basta la flojera y le acusa de “complicidad” con el secesionismo. Aunque ahora que lo pienso, eso también lo hacía Rajoy cuando culpaba a Zapatero de que hubiera y de que no hubiera atentados. En el nuevo patriotismo de Casado, si hay presupuestos, prueba irrefutable de complicidad golpista, y si no los hay, también. De ahí que Sánchez sea culpable incluso de las cargas de los mossos contra exaltados y también de la tolerancia de los mossos con aquellos exaltados.

Todo este pandemónium verbal le funciona a la derecha, como se acaba de ver en Andalucía, donde ha ganado habiendo perdido. ¿Por qué iba, pues, a rectificar?

Pactará con Vox y con quien se ponga a tiro y su electorado aplaudirá con las orejas, porque para eso ha sido entrenado durante decenios. La derecha europea está en el dilema de cerrar el paso al populismo ultra o aliarse con él, pero la española no tiene dudas, porque lleva decenios pactando con el franquismo en su interior sin que su votante parpadee. Cuando asoma un neo-franquismo externo, sus líderes se apresuran a incendiar el mundo, para mantenerlos en el redil. Esto ya lo hacía Fraga, pero el maestro fue siempre Aznar.

Así que la derecha tiene pocos incentivos para dejar la piromanía. Otro día hablamos de la otra derecha, Cs, que no debería tener ese lastre de franquismo sociológico y patriotismo de cartón, pero lo tiene, vaya usted a saber por qué. ¿Qué hará el electorado de Rivera, teóricamente más inclinado a renovar la política conservadora? ¿Le premiará como a Casado por abrir la puerta a Vox o se lo afeará como acaba de hacer Manuel Valls? Este aseado renovador ya decepcionó una vez cuando, de aspirante a refundador de la derecha pasó sin dolor a muleta del peor Rajoy y se le pusieron los ojos redondos cuando se le cruzó una moción de censura por delante. Si gobierna con el PP y Vox en Andalucía ya no podrá exhibir centralidad alguna, ni siquiera por aquello de apoyar a unos aquí y a otros allá.

Y los medios… también

En ese viaje a la inflamación de las emociones para descabalgar al adversario de sus razones, la derecha cuenta siempre con un amplio y casi unánime coro mediático. Los medios tienen sus propias razones para preferir la exaltación a la calma. Y una de ellas es la audiencia y los clicks digitales. Bueno, eso y la pérdida de periodismo, claro.

La democracia era el sistema en el que la ciudadanía le indicaba por diversos medios a los políticos en qué límites podían moverse. Lo hacía con votos y con opiniones estadísticamente distribuidas entre la población, con manifiestos y manifestaciones y con toda clase de movilizaciones y protestas cívicas. En fin, la gente se expresa y los políticos intentan interpretar lo que dice y, por supuesto, “performar” desde arriba la opinión. En ese sistema imperfecto pero viable, a los medios les cabía el deber de proporcionar sustento fáctico y veracidad a la circulación de opiniones. A cambio teníamos derecho a esperar un grado de responsabilidad y también de atrevimiento en la elaboración de políticas y proyectos de ingeniería social y en la forma de informar sobre ellos al común de los mortales.

En estos tiempos “líquidos” parece que la ciudadanía es sustituida por una vociferante amalgama de redes y medios, que reducen su raciocinio al tamaño de un twitt. Así que los límites que podemos ponerle a la clase política resultan caprichosamente ambiguos y disparatados.

La corrección lingüística, por ejemplo, era un intento de establecer reglas para un mundo sin reglas. Esa corrección es siempre la primera víctima en cualquier viaje hacia la ultraderecha. Lo vemos todos los días en la Cope o Libertad Digital, en las soflamas de Losantos, Reverte, Sostres y tutti quanti. Primero se ataca la corrección del lenguaje, como si fuera un impedimento para la libertad de expresión y no un requisito del respeto y el diálogo, y luego ya podemos incendiar el mundo a nuestro gusto, aunque con eso destruyamos el derecho ciudadano a tener una derecha que no incendie.
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4 Comentarios
  • Cuca de llum Cuca de llum 31/12/18 17:58

    Me parece muy acertado el artículo. No obstante, algunas discrepancias respecto a la crisis catalana: sigue habiendo soberanistas moderados a pesar de la represión ejercida sobre miles de ciudadanos (y sus representantes políticos) que sólo querían votar. Puedes creerme: el 1 de octubre no había trincheras. Solo colas de gente que esperaba ejercer su derecho democrático. No queremos pues trincheras, solo respeto.

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  • Juanjo Seoane Juanjo Seoane 29/12/18 14:18

    El problema no está en el PP, está en sus votantes y en los partidos que dejan escapar esos votos.
    Siempre ha habido y siempre habrá grupos como el PP.Y VOX

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 28/12/18 08:38

    La derecha española siempre ha estado cerca de Savonarola con cierto regusto a Fray Gerundio de Campazas. Nacidos y crecidos al amor del púlpito y la soflama cuartelaria, no saben expresarse de otra forma que no sea la orden ladrada con el fin de que el miedo haga que se cumpla. Porque cuando tratan de explicar su mensaje es cuando entra en liza el espíritu "Zotes", cuyo máximo exponente es Mariano Rajoy y sus frases incoherentes o sus preguntas hilarantes acerca de la nacionalidad. Felpudo Maldito simplemente masculla el mensaje y no le tiembla la voz al mentir. Con esos antecedentes, no podía esperarse un jefe de la derecha que no tuviera el corte de Casado. Echo de menos una derecha civilizada en España, pero difícilmente la habrá. En los demás países del mundo los poderosos han sufrido algún descalabro, han perdido alguna guerra o al menos alguna batalla. En España no. Han ganado siempre. Y han masacrado impunemente a la población. Nunca han pagado un 'precio por sus desmanes. Si un periodista de izquierdas soltara las perlas que sueltan los Federico, Carlos y compañía, tendría encima constantemente multas derivadas de la Ley mordaza. No pagan precio porque al español medio le va bien así. Como perros de Pavlov, se actúa de forma refleja ante el grito llamando a la Patria, esa patria que no cuenta con los nacionales del país, sino con un concepto trasnochado, anclado en un pasado voluntariamente trastocado para ofrecer un brillo lejos de la realidad, un pasado en el que el mayor conquistador de tierras para España tuvo que subirse a la carroza del rey-emperador para recordarle que le había dado más tierras que las que recibió en herencia de su padre. No sé cómo hacer que la sociedad española se sacuda este reflejo condicionado pero mientras que exista no tenemos futuro. Porque el simple hecho de que exista sólo esta derecha (aunque no mande) es un presagio negro, muy negro para un cambio social real. Y sin ese cambio cualquier pacto social es casi imposible.

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    • Cuca de llum Cuca de llum 01/01/19 14:55

      De acuerdo en que un problema muy importante de España es la ausencia de una derecha progresista, dialogante y transformadora. La que tenemos tiene el mismo sentido que la del siglo XIX. Dogmatismo e intolerancia. Pero sí ha perdido guerras: la mayor parte de sus colonias la vencieron mediante luchas armadas, aunque sus criollos mantuvieron regímenes corruptos con élites hoy llamadas "extracrivas". Y así les va. Es nuestra herencia en centro y Sudamérica. Bien mirado, sólo vencieron en una guerra: la del 36. Y tuvo que ser contra su propio pueblo y contra la democracia. Y necesitaron la ayuda de Hitler y Mussolini. Quizá yo tenga una visión sesgada, pero no tenemos muchos motivos para el orgullo. Si la transición del 78 parecia romper el maleficio, la derecha de siempre, autoritaria y cerril está llevando a España nuevamente al desastre. Los Aznares de turno y sus jóvenes clones nos depararán, desgraciadamente, nuevos episodios de vergüenza. De momento, en Cataluña, una lectura restrictiva de la Constitución ha hecho que revienten sus costuras y en Bélgica, Alemania, Suiza y Escocia pronto nos dejarán por imposibles. Una pena.

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