x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Plaza Pública

Banalidades sobre el Estado de derecho: desobediencia y cuestión territorial

Andrea Greppi
Publicada el 09/05/2019 a las 06:00
Lo banal, según la RAE, es lo trivial, vulgar, insustancial, común, lo sabido de todos, que carece de importancia y novedad, de sustancia o interés.

La afirmación de que no hay democracia al margen de la ley o, en otros términos, de que la democracia no puede pasar por encima de las leyes, porque fuera de la ley no hay libertad, no es más que una banalidad. Y es una banalidad tanto si quien hace la afirmación es un Rey como si es el último de los villanos. Mientras no se demuestre lo contrario, o no se aclaren las intenciones, el hecho de repetir algo que es sabido de todos no aporta nada a la discusión. En el caso que ocupa la agenda política española, en campaña y sin ella, estas solemnes declaraciones de principios no tienen u destinatario claro. Se entiende que son advertencias dirigidas a los adversarios de la democracia y el Estado de derecho, pero más bien parecen mensajes destinados al consumo de un público ansioso de verse tonificado con obviedades reconfortantes. De hecho, respecto de los presuntos adversarios, yerran el blanco completamente. Lo que ellos están pidiendo, si se les escucha con un mínimo de finura, no es democracia por encima de la ley, sino que cambien las condiciones bajo las que se aplican las reglas del juego democrático. El tópico sigue siendo verdadero, pero deja las cosas exactamente donde estaban.

Segunda banalidad: afirmar solemnemente que, en democracia, la ley tiene que ser obedecida. Exactamente lo mismo afirman también los defensores de los estados autoritarios. Si se quiere salir de la trivialidad inútil, lo que hay que hacer es dar un paso más y explicar qué es lo que distingue la legalidad democrática de una legalidad que no lo es. No menos banal es decir que, en un Estado de derecho, los jueces están obligados a aplicar escrupulosamente la ley o que sólo los jueces tienen la facultad de interpretarla. Estas son simples vulgarizaciones de venerables doctrinas, que resultan perfectamente inocuas mientras no se puntualice que todas estas son condiciones necesarias para la existencia de un Estado de derecho, pero ninguna de ellas es por sí misma condición suficiente, o garantía, de democraticidad del sistema.

Junto a estas, hay todavía muchas otras banalidades. Entre ellas algunas que se refieren a un aspecto elemental del constitucionalismo democrático que, si no me equivoco, no ha sido borrado todavía de los temarios de primer curso, aunque no goce del mismo predicamento en la agenda institucional y mediática. Si se menciona, es con la boca chica. Si no se menciona, mejor. Me refiero a la idea de la desobediencia civil, entendida como la facultad de oponer resistencia a un derecho que se considera injusto y del que se reclama su transformación. Nadie se atreverá a negar que la desobediencia y la resistencia no estuvieran inscritas en el código genético más básico del liberalismo y la democracia. No hace falta molestar a John Locke y a Henry Thoreau para demostrarlo. Sus aplicaciones prácticas no se refieren sólo a los casos de los que encontramos noticia en los libros de historia, o a lo que sucede en los lejanos despotismo orientales. Es razonable preguntarse, por ejemplo, si cabe hablar de un derecho a desafiar e incluso a resistir al derecho en situaciones de carencia extrema, no porque se desconozca el valor de la ley, sino al revés porque se considera que la pobreza constituye una violación de los derechos humanos (véase Roberto Gargarella, El derecho a resistir al derecho, 2005). O puede hablarse, incluso en las más avanzadas democracias, de resistencia constitucional para referirse a la posición de quien actúa, «una vez agotadas todas las opciones de oposición legal», cuando el opositor actúa buscando la defensa de los principios constitucionales cuando le parece que están seriamente amenazados o comprometidos en su realización (Ermanno Vitale, Difendersi dal potere, 2010). Cuando desde la periferia del sistema se plantea esta clase de oposición al consenso mayoritario, la respuesta no puede consistir en una simple lectura literal de los artículos sobre la reforma constitucional. Lo que está en juego son los consensos que los respaldan. En general, en esos casos, una democracia saludable no puede hacer otra cosa que mirarse al espejo y preguntarse por su capacidad para metabolizar, elaborar, poner a prueba las demandas que no encajan en la opinión mayoritaria. Es en ese punto cuando se demuestra de qué fibra están hechas las mayorías, qué capacidad tienen para tomar conciencia de su posición de fuerza y, de ese modo, para volverse tolerantes y generosas. La legalidad democrática debe ser valorada también desde esta perspectiva: desde el punto de vista de las minorías.

Se dirá que la desobediencia implica, además del carácter pacífico de la acción política, la adhesión a los contenidos fundamentales del orden político y la disposición a aceptar las sanciones correspondientes, como muestra de lealtad, hasta el límite del sacrificio. Pero estas exigencias sólo entran en juego en medida equivalente a la disposición de las mayorías a poner en duda su privilegio para trazar la frontera que separa lo que se considera fundamental de lo que, por el contrario, puede ser modificado sin alterar las claves del pacto social. Esta es una discusión que sólo puede llevarse a cabo en campo abierto. Sin exclusiones previas. Sin líneas rojas. En el caso que nos ocupa, quienes quieran afirmar el carácter innegociable de la unidad territorial tendrán que esgrimir argumento que sean algo más que el mero derecho positivo, porque es precisamente la letra de la Constitución ―y su interpretación― lo que está en disputa por parte de las minorías. La única condición a la que el partidario de la democracia y el estado de derecho no podrá renunciar es a la exigencia de respeto a los derechos humanos. Pero de esta exigencia no se sigue la tesis de que hay determinada bandera bajo la que los derechos de los individuos sí son respetados, mientras que bajo una bandera distinta esto no podrá suceder nunca, por definición.

Por estas razones, en el juicio al procés los jueces deberán hacer su tarea lo mejor que crean, pero deberán saber que la legalidad de su actuación no va a zanjar nunca la pregunta por la legitimidad de las decisiones que tomen. Podrán valorar la proporcionalidad de la violencia respecto de los derechos de expresión y manifestación, pero quedará pendiente una valoración ulterior sobre los contenidos de la ley que están aplicando, esto es, sobre la congruencia de las sanciones previstas para los tipos penales de sedición y rebelión respecto de la gravedad de los hechos que tuvieron lugar, así como respecto de sus efectos sociales y políticos y del contexto histórico en el que se desarrollaron. Y esto porque las cuestiones de legitimidad no se resuelven con el Código penal en la mano. Es banal recordar que los roles institucionales ―el de los jueces, también― sólo cumplen las expectativas que se proyectan sobre ellos bajo un conjunto de estipulaciones y ficciones que las partes aceptan y reconocen. Cuando tales convenciones se debilitan, la sentencia más correcta desde el punto de vista técnico puede desembocar social y políticamente en un fracaso.

Todo esto, al final, seguiría siendo perfectamente trivial si no fuera porque, en un entorno de degradación del discurso público, las obviedades, quirúrgicamente aisladas de la complejidad que las rodea, se convierten en coartada para el maquillaje de mensajes autoritarios, basados en la demonización de las minorías, según la figura atávica del enemigo interior, del traidor, como Judas, como Caín. En Barcelona como en Madrid. Y esto ya no es banal. Poca broma con las minorías disidentes o resistentes. Pero de esto, ni palabra con quienes por convicción o interés han incorporado a su equipaje retórico el léxico del golpe de estado.
 
______________

Andrea Greppi es profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid y autor, entre otros ensayos, de La democracia y su contrario, editado por Trotta.
Más contenidos sobre este tema




21 Comentarios
  • Infobron Infobron 10/05/19 00:22

    Hay una cuestión delicada en la desobediencia civil: ¿quién decide que una situación es tan injusta que la desobediencia de la ley está justificada? A mí me puede parecer que una situación es inaceptable y a mi vecino no. Hay ocasiones en que la injusticia es evidente (caso de Rosa Parks, por ejemplo), pero en otras la gravedad del problema no está tan clara. ¿Cómo se decide?

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    1

  • Mascarat Mascarat 09/05/19 22:56

    La única 'solucion' al mal llamado problema catalán tendrá que ser democrática, con un referéndum en Cataluña. Es cuestión de tiempo. El nacionalismo español democrático, el poco que hay, lo sabe y por eso rabian tanto y repiten como loros las banalidades de perogrullo de las que habla el autor.
    Por otro lado la desobediencia civil es la mejor de la herramientas para defenderse de los abusos del poder.  

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 4 Respuestas

    2

    1

    • Antonio Basanta Antonio Basanta 10/05/19 09:36

      El corpus democrático en España es todo el pueblo español: ya decidimos hacer una Constitución y tenemos nuestro derecho individual a decidir en todo lo que se refiere a España. Los secesionistas no nos pueden robar a todos los ciudadanos el derecho a decidir sobre toda España, porque decidimos en la Constitución que ese derecho nos pertenece a todos y cada uno de los españoles. La solución democrática al problema de convivencia en Cataluña es la que decidamos todos los españoles. La solución antidemocratica es dividirnos a los ciudadanos españoles y que decida solo un parte de los españoles (los catalanes) por todos. No es una solución un referendum solo en Cataluña sobre Independencia SÏ-NO. A no ser que usted este hablando de la "Solución final" es decir el comienzo de una guerra étnica como en los Balcanes. Si el 50% o el 40% de los catalanes rechaza un referendum de autodeterminación solo en Cataluña, no reconociendolo, y prefiere votar en uno en toda España para decidir, lo normal es que rechacen participar en esa masacarada antidemocratica, inmoral e ilegal y llamen al resto de los españoles a defender su derecho (que ya tienen y que quieren desposeerlos los secesionistas) a decidir con el conjunto de los españoles. El deber de todos los españoles es defender sus derechos y el de todos nosotros a tomar las decisiones importantes sobre cualquier parte del territorio español, incluidas sus fronteras. Eso es la guerra cruel. En realidad usted sabe como yo que la única manera de conseguir la independencia en Cataluña es la guerra de independencia y las guerras con sus secuelas de sangre y pobreza hay que ganarlas. No hay otra manera. Hay 0 posibilidades de que los españoles (y franceses) cedan la frontera de siglos hispanofrancesas a unos lúnaticos separatistas: Lo que usted defiende es la guerra. En cuanto a la desobediencia civil sería por ej la de los ciudadanos catalanes que desobedecieran a su gobierno. Eso es la desobediencia civil. Pero que el poder de los secesionistas en ese poder del Estado que se llama Generalitat desobedezca al poder de la democracia y del Estado no se llama desobediencia civil sino rebelión y guerra nacionalista.

      Responder

      Denunciar comentario

      1

      1

    • Infobron Infobron 10/05/19 00:12

      ¿Y el nacionalismo catalán, ese sí es muy democrático, poniendo los medios públicos (tv, radio, instituciones públicas) pagados con los impuestos de todos los catalanes al servicio de la causa?

      Responder

      Denunciar comentario

      1

      2

    • Infobron Infobron 10/05/19 00:12

      ¿Y el nacionalismo catalán, ese sí es muy democrático, poniendo los medios públicos (tv, radio, instituciones públicas) pagados con los impuestos de todos los catalanes al servicio de la causa?

      Responder

      Denunciar comentario

      1

      2

    • Infobron Infobron 10/05/19 00:12

      ¿Y el nacionalismo catalán, ese sí es muy democrático, poniendo los medios públicos (tv, radio, instituciones públicas) pagados con los impuestos de todos los catalanes al servicio de la causa?

      Responder

      Denunciar comentario

      1

      1

  • Copito Copito 09/05/19 10:14

    Por fin, alguien que habla de la desobediencia civil!. Alguien que nos re cuerda que las leyes están hechas por para los ciudadanos, y que evolucionan, pueden y deben de evolucionar para su bienestar y su expresión. Desde luego que hacerlas respetar con ciudadanos pacíficos a base de hostias, no es una fórmula muy democrática precisamente. Leí hace tiempo a Erich Fromm " Sobre la desobediencia". Si los pueblos no tuviéramos la sana costumbre de desobedecer, todavía estaríamos haciendo sacrificios humanos a alguna deidad, o la esclavitud seguiría siendo algo socialmente deseable y aceptado, por ejemplo. Es estupendo que haya normas, pero la desobediencia civil es un derecho, sino podemos entrar fácilmente en el concepto de la dictadura.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    1

    • Antonio Basanta Antonio Basanta 09/05/19 12:09

      La desobediencia civil no es un derecho, es un concepto. Puede ser un concepto mas o menos respetable pero un derecho en una democracia, no, porque un derecho debiera ser puesto como derecho objetivo por escrito en las democracias. Y de hecho, excepto para la objeción de conciencia no está en ninguna legislación democrática, que yo sepa. Y no está porque no puede estar. Imaginemos que en una democracia decidamos que hay que pagar impuestos progresivos y que una parte de la sociedad decida hacer desobediencia a esos impuestos y no pagar. No hay ninguna legislación que pueda aguantar que una parte de la sociedad (con los mejores o peores motivos da igual) haga pagar a la otra parte los bienes públicos. Pero en España como democracia que es y hoy como hace la articulista, se utiliza falazmente el concepto de desobediencia como que una parte de la sociedad a la voz de un poder político, !firmes ar! decide que intentar romper un pais desde el poder del Estado, como hacen los secesionismos lo vamos a llamar desobediencia civil. Lo mismo que cuando Musssolini formó escuadras de combate para tomar el poder y lo llamara desobediencia civil en vez de lo que era. El experimento totalitario del secesionsmo manipula las palabras hasta el límite. A la rebelión de una parte del Estado le llama desobediencia, Al inexistente derecho de autodeterminación le llama derecho a decidir, a los catalanoespañoles les llama unionistas, al derecho a votar reglado por una democracia lo sustituye al derecho a votar cuando y como yo quiero. Al pueblo soberano que es el conjunto de los españoles como base de la democracia, lo sustituye por hacer la democracia en el ámbito en que pueda o espere salir favorecido. Es una perversión total y totalitaria del lenguaje. En esa manipulación del lenguaje los que respetamos y valoramos la desobediencia civil (con sus consecuencias para el que la hace)como un valor positivo, debemos combatirla para que los manipuladores secesionistas del lenguaje no utilicen un arma civil para sus intereses de romper un Pais. Porque al igual que se intentan apropiar de Mandelas, Luter Kings quieren apropiarse, pervirtiendolo, del concepto de desobediencia civil.

      Responder

      Denunciar comentario

      2

      4

  • Antonio Basanta Antonio Basanta 09/05/19 09:22

    La articulista dice cuestiones vaporosas como si no quisiera articularlas por las consecuencias que tendría articularlas. Por ej la democracia y el Estado de derecho. Separa las dos cosa. Pero no es así. Sin democracia, la ley o el derecho no sería legitima. Pero sin la articulación en ley y en derecho la democracia no sería real ni efectiva, sería falsa. Aplicados conjuntamente, como debe ser, este principio rechaza que haya un Estado de derecho legítimo por fuera de la democracia, pero tambien que pudiera haber democracia sin estar regulada por la ley o el derecho democrático. Que se puede cambiar la ley, seguro pero o se respeta el principio democratico o la leyes se convierten en instrumento de tiranias o de particularismos para privilegiados. Las leyes democraticas protegen sobre todo a los mas débiles, a las minorías. Los poderosos, sean estados, comunidades o particulares resistirían mejor sin leyes democráticas, pero las minorias, no. En cuanto a la desobediencia la articulista es tan vaporosa que en su escrito no se diferencia entre la desobediencia civil y la escondida por ella desobediencia a la ley ejecutada por un poder del Estado. Estar hablando de que una parte del poder del Estado (el poder político del Estado que es la Generalitat) se rebele o vaya contra el mismo estado democrático y no dejando claro que esa rebelión no es desobediencia civil, es jugar confusamente con ventaja. La desobediencia civil es algo de ciudadanos pero cuando lo realiza un poder del Estado, no se llama desobediencia civil, sino rebelión en su sentido no jurídico de una institución sufragada con el dinero de todos en el que la mayoría de los ciudadanos de ese Estado no apoyan que ese dinero sea malgastado en unos pocos (o muchos que es igual). Por eso es totalmente rechazable que la articulista no deje claro la diferencia entre desobediencia civil que pertenece a las bases de las sociedades y la rotura de la democracia y del derecho que significa que esa rotura la haga un Poder, un Poder del propio Estado.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 11 Respuestas

    2

    5

    • luzin luzin 09/05/19 09:50

      Compartiendo el fondo de su intervención quiero matizar que hablar de Estado y Democracia se me hace difícil y prefiero volver al inicio histórico de la situación, se debería de hablar de República y por tanto de separación de poderes. En este caso es claro que tanto ejecutivo y legislativo pertenecen al ámbito del Estado, aunque su elección sea democrática y/o no, y de la otra el legislativo que pertenecería al ámbito civil, donde los ciudadanos están directamente representados.
      En lo que discrepamos usted y yo es en el mecanismo real y físico, considero que la partitocracia que tenemos en nuestro país no garantiza la separación de poderes, además en la fundamental: separación entre ejecutivo y legislativo, por lo que las leyes nacidas bajo nuestra constitución pueden ser consideradas justas o injustas pero difícilmente democráticas dado que los ciudadanos no están representados en el legislativo, secuestrado por las oligarquías de los partidos que son los que eligen a los diputados, obligados a obedecerles ...

      Responder

      Denunciar comentario

      Ocultar 10 Respuestas

      1

      0

      • Antonio Basanta Antonio Basanta 09/05/19 11:50

        Es que usted se inventa términos que no es capaz de definir. La "partitocracia" es un concepto que utilizaban los teóricos del fascismo y totalitarismos varios para descalificar la democracia. Así, sería el gobierno de partidos, es decir de fulanismos, de particulares, mientras que sus regímenes totalitarios serían "del pueblo", por cierto de manera parecida a como los secenionistas hablan "del pueblo" que son ellos y los demás antipueblo. Pero en las democracias, los partidos politicos representan, aparte de la forma mas importante de participación de los ciudadanos en la política, la representación de una "parte" de la sociedad. Y esa parte, medida por elecciones periódicas, se articulará como cada partido crea conveniente, pero en todo caso los fallos serán de cada partido. La suma de los partidos no se llama partitocracia en las democracias, que son las democracias representativas. Yo, perdone LUzin, pero el término partitocracia en España esta asociado al lenguaje Franquista que lo utilizaba constantemente para denigrar las democracias y defender "su democracia orgánica" es decir la dictadura de un partido "El movimiento Nacional". Lo demás de su comentario como la no separación de poderes yo creo que se lo inventa para su propaganda. En España hay separación de poderes, le guste a usted o a los secesionistas, o no. Las imperfecciones del sistema hay que ir limandolas con el tiempo y con el fortalecimiento institucional. Decir que no son representativas las elecciones parlamentarias es pura propaganda y decir que los partidos están secuestrados por oligarquias formaría, si no es porque es usted, parte de la propaganda totalitaria. Mire, si un partido se desgaja de su base de apoyo desaparecería y entonces no habría oligarquia. Por su bien, por su continuidad y por su poder, tienen que representar mal que bien a sus representados. Aunque no es el motivo de mi comentario, le digo a usted que a mi me representa mas los partidos que voto que si la elección fuera que tuvieramos que elegir en un sistema mayoritario de 50000 electores a un representante del que no controlo ni su fuente de financiación ni la pornopolitica que cuente, ni las acciones que hace.

        Responder

        Denunciar comentario

        Ocultar 9 Respuestas

        3

        1

        • luzin luzin 09/05/19 19:00

          ¿No entiendo que tiene que ver mi postura con el totalitarismo?¿Es Francia totalitaria? ¿y EEUU? ¿O Inglaterra? Ni mucho menos, tal vez las democracias más estables del mundo. En ellas los diputados son elegidos por sistema mayoritario en circunscripciones. Por supuesto que debe ser controlada exhaustivamente la financiación y gasto electoral. Es más, debería ser pública la agenda de los diputados y mantener una oficina abierta a los ciudadanos en su circunscripción, amen de un sistema revocatorio para que sus electores puedan echarlo si lo consideran pertinente.
          Lo que tenemos en España no es democracia en un sentido formal, aunque por supuesto gozamos de los derechos individuales. Por ejemplo hoy estamos con que el futuro Presidente del Gobierno elige al Presidente del Senado, no me gusta, me parece indecoroso. Deben ser poderes separados, es fundamental.

          Responder

          Denunciar comentario

          Ocultar 8 Respuestas

          2

          1

          • Antonio Basanta Antonio Basanta 09/05/19 19:48

            Y sigo: respondiendo a las otras cuestiones que plantea de tapadillo: 1ª El sistema revocatorio de cada diputado. Eso es propio de Maduro, pero para revocar a los rivales que en su caso llama enemigos. El sistema de representación se hace por 4 o 5 años porque las medidas que puede apoyar un diputado pueden tener su buena repercusión en un periodo dilatado en el tiempo, aunque al principio muchos electores puedan rechazarles. Lo que usted propone llevaría a un populismo superlativo por parte de los diputados, que ríase de los debates populistas de la pornopolitica de la Sexta o del populismo inicial de Podemos. Medida rechazable tambien desde el punto de la exigencia de responsabilidades al diputado y al partido. Si hace lo que dicen los electores aunque sea malo para su pais no le revocan y si hace lo bueno para sus pais y no para los electores concretos de su circunscripción le pueden revocar. Populismo en su estado mas puro. 2ª Su interpretación de la separación de poderes es, como poco, folklorica es decir de aspectos no sustanciales. El secretario general del Partido Socialista el sr Sánchez propone para presidir el Senado al sr Iceta. Explica que porque él cree que al ser o pretender ser una cámara territorial de autonomias y tener un problema interno en Cataluña entre los secesionistas y los demás catalanes, el sr Iceta por ser un buen politico, por ser moderado, integrador, etc puede ser útil para presidir el Senado. Puede que su visión sea errónea pero es la visión del Secretario General del Partido que ha ganado las elecciones en voto popular por mucha distancia. Usted sabe perfectamente que es una proposición para la presidencia del Senado pero usted lo llama "El sr Sánchez elige". Manipulando el lenguaje, manipulando el sentido de lo que ha ocurrido se queda usted con ese titular propio también de la pornopolitica. Pero usted sabe igual que yo que es una propuesta porque no desconoce que tiene que ser propuesto para el Senado por otro sistema representativo como es el Parlamento catalán y que ahí puede ser rechazado el sr ICEta como senador. En realidad con "El sr Sanchez elige" no demuestra usted nada, ni la no separación de poderes ni nada.

            Responder

            Denunciar comentario

            2

            1

          • Antonio Basanta Antonio Basanta 09/05/19 19:28

            Su modo de nombrar a lo que no le gusta, como partitocracia tiene todos los significados de los regímenes totalitarios. Le pedía que definiera un poco mas que es eso de la partitocracia porque a mi me suena a todas las soflamas del dictador Franco contra los partidos politicos y contra las democracias. El tenia la palabra "partitocracia" como uno de los puntos comunes de sus vomitivos discursos: ¿Será el inconsciente suyo el que se manifiesta?. Pero mezcla los temas: Como si ir contra la partitocracia fuera apostar por los sistemas electorales mayoritarios o presidencialistas: todos los sistemas electorales tienen sus pros y sus contras y usted parece que defiende, pero fanáticamente, el sistema mayoritario o el presidencialista. Si se aplicara el sistema mayoritario en España, cabría la posibilidad que todos los partidos que defiende la Constitución fueran barridos de Cataluña y el Pais Vasco. Los sistema mayoritarios roban la representación de millones de ciudadanos a quien no les representa nadie en el Parlamento. Supongase que un partido tiene una media del 20% (o pudiera tener una media del 20% si fuera proporcional). Podría encontrarse con que nadie le representara en el Parlamento sus ideas y Si otro tuviera el 10% tampoco le representaría nadie. En el caso de Escocia los independentistas escoces llegaron a obtener casi todos los diputados con el 40% de los votos. ¿Quien representaba al 60% no independentista? Nadie. El sistema de elección de un representante único en circunscripciones de 25000 habitantes con distancias de un lado a otro lleva 1ª Cada aspirante se hace propaganda a si mismo lo que le hace depender mas del dinero particular 2ª Se habla de problemas mas locales pero cuando viene un problema gordo como el Brexit la rotura es total. Hay parlamentarios laboristas, que estando contra el Brexit porque piensan que es perjudicial para su pais y para los ciudadanos, para defender su escaño no están defendiendo lo que es bueno para su pais sino para conseguir los votos en su circunscripción. El Brexit ha demostrado lo perverso del sistema mayoritario.

            Responder

            Denunciar comentario

            Ocultar 1 Respuestas

            1

            1

            • luzin luzin 09/05/19 20:36

              Tal vez acabamos mezclando churras con merinas. La cuestión del Brexit es que se ha celebrado un referendum con un resultado, no creo que tenga que ver con el sistema electoral de los diputados. Por otra parte los británicos no separan ejecutivo y legislativo dado que el legislativo elige al ejecutivo. Mi discusión es formal, se refiere a los mecanismos democráticos, los que creo fundamentales. La esencia republicana que viene a derrocar el antiguo régimen es muy clara y tiene una premisa fundamental: la separación de poderes. En estas discusiones las posiciones fueron muy claras, fueron los norteamericanos los que acertaron al separar estrictamente ejecutivo y legislativo, y no los franceses que no separaron ejecutivo y legislativo, y fracasaron ... Bajo mi punto de vista el problema fundamental del sistema político español es ese. Cuando hablo de que el Presidente elige al Presidente del Senado, es así le pese a quién le pese, no entro en política partidista ni ideológica, lo mismo va a utilizar ese mecanismo un partido que otro.
              Y en cuanto a la función del legislativo es legislar, su función no es representar una ideología o pensamiento, a la vez que controla al ejecutivo. Esas leyes, y fundamentalmente la ley de presupuestos generales, son las que contienen las diferentes visiones que afectan a la vida cotidiana de los ciudadanos ...

              Responder

              Denunciar comentario

              1

              2

          • luzin luzin 09/05/19 19:17

            Y en cuanto al térmimo "partitocracia" es usado por multitud de teóricos políticos, desde el norteamericano Robert Alan Dahl al español Antonio García- Trevijano. Que lo usen fascistas o totalitarios no invalida el concepto, no creo que ese sea un poderoso argumento ...

            Responder

            Denunciar comentario

            Ocultar 4 Respuestas

            1

            1

            • Antonio Basanta Antonio Basanta 09/05/19 20:02

              Pero es que ese concepto del que me habla no lo define usted, lo nombra y ya con nombrarlo ejerce efectos taumaturgicos. No lo define y eso que se lo he pedido dos veces. Para que sea concepto tiene usted que explicarlo con precisión, que sea entendible, universal, que defina todos los campos de la posible partitocracia y que no sea de manera teórica, sino visible por todos y que los defectos posibles de la política democrática no le sean achacados al conjunto de personas que forman un partido, ni al conjunto de la sociedad sino al sistema partitocratico. Pero en todo caso, yo soy mas partidario de las democracias parlamentarias que de las presidencialistas, con sistemas electorales proporcionales y corregidos para favorecer la gobernabilidad y la exigencia de responsabilidades políticas en el Parlamento. No es ningun modelo a copiar la elección de los miembros del Tribunal Supremo de USA, porque se eligen politicamente a los candidatos y son indefinidos. Hay menor separación de poderes con el poder judicial que en España y todo el mundo lo sabe.

              Responder

              Denunciar comentario

              Ocultar 3 Respuestas

              1

              2

              • luzin luzin 09/05/19 21:16

                Un sistema partitocratico es aquel donde los partidos tienen la representación de los ciudadanos que eligen a sus representante a través de listas y mediante el sistema proporcional. El legislativo y el ejecutivo no son elegidos por separado, son los diputados los que eligen al ejecutivo. El sistema proporcional de listas cerradas se inició en Australia por iniciativa de un telegrafista inglés, por causa de las grandes distancias (para poder reunir un parlamento de forma eficiente).
                En Europa, fue la República de Weimar la primera en aplicarlo. Quien más lo criticó en su momento fue luego su gran defensor, el presidente del tribunal de Bonn, Gerhard Leibholz. Para evitar el fraccionamiento en infinidad de grupos parlamentarios pequeños (como advertía Max Weber), se usó un sistema de concentración del voto basado en distritos medianos (5 o 6 diputados) y sistema de reparto proporcional corregido (de d'Hondt), que favorece a los partidos con más votos.
                “El Estado de Partidos prohíbe el mandato imperativo de los electores, pero basa la representación proporcional en el mandato imperativo de los jefes de partido. Se dice que la soberanía reside en el pueblo, pero con la prohibición a este fantasmagórico soberano de dar instrucciones a sus mandatarios, ni siquiera haciendo vinculantes las promesas que le hicieron los partidos estatales para ser elegidos. Y se le prohíbe que revoque el poder dado a sus diputados. La culpa no fue de Rousseau, para quien el pueblo soberano no podía ser representado, sino del abate Sieyés, que anuló el mandato imperativo y la revocabilidad de la representación, para que la Asamblea pudiera proclamarse soberana. Obligado a legislar según la regla de mayoría, el colegio de mandatarios se apoderó de la voluntad general, que Rousseau había ideado para un pueblo sin representación. Con el monopolio de la representación, los partidos estatales asesinan al sentido común. El poder electoral no está en los votantes a listas predeterminadas, sino en la media docena de jefes de partido que hacen las listas. El consenso de sus voluntades particulares pretende ser la voluntad general.” ( Teoría Pura de la República, Antonio García-Trevijano)

                Responder

                Denunciar comentario

                Ocultar 2 Respuestas

                1

                1

                • Antonio Basanta Antonio Basanta 09/05/19 22:04

                  Lo que me faltaba: Me responde con la Wikipedia o algo parecido. Perdone pero no suelo leer esos tratados. Me aburre no discutir con cualquiera que copia. Pero he leido las dos primeros párrafos, ahi he parado, y usted (aunque lo ponga otro) califica a como partitocráticos a todas las democracias (excepto USA y Gran Bretaña) porque tienen democracias parlamentarias, es decir democracias en que los ciudadanos eligen representantes `parlamentarios. Y estos representantes del pueblo eligen el poder ejecutivo al que luego controlan y eligen por mecanismos democráticos a los Miembros del TC y del Consejo General de Poder Judicial. Entiendo que el nombrar como partitocráticos a las democracias occidentales tiene un sesgo ideológico no muy democratico. Las democracias que usted defiende, en realidad muy pocas y presidencialistas son mas antiguas, pero indudablemente son menos democraticas que las parlamentarias basadas en la primacia de los representantes del pueblo elegidos proporcionalmente a los votantes, procurando que todo el pueblo este representado en el Parlamento y no los elegidos solamente por mayorías.

                  Responder

                  Denunciar comentario

                  Ocultar 1 Respuestas

                  2

                  1

                  • luzin luzin 10/05/19 12:05

                    He citado a Trevijano un párrafo de su muy recomendable libro Teoría Pura de la Republica. Y ya he afirmado infinidad de veces que la C78 es copia de la Alemana y que la partitocracia es mayoritaria en Europa, excepto en Francia e Inglaterra. No hay que escandalizarse tanto

                    Responder

                    Denunciar comentario

                    1

                    1

  • luzin luzin 09/05/19 08:29

    Lo que es banal es este artículo, absolutamente superficial ... banal es hablar de Estado de Derecho, todos los estados lo son, incluidos sus ejércitos, policías, cárceles, jueces, ... esos si que no son banales como bien sabe cualquiera que haya intentado oponer resistencia o "desobediencia civil" ... no sería banal, más bien estúpido, oponer esa resistencia y no conocer que habrá respuesta ... como de gilipollas es pensar que se puede romper un país y secesionar las provincias más ricas y que no pase nada ... y lo que si es banal es pedirle a unos jueces que valoren el contexto histórico y la trascendencia de su sentencia, eso si que es banal y pretencioso ...

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    3

Lo más...
 
Opinión