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¿Son los programas electorales verdes?

Alberto Rosado del Nogal
Publicada el 26/04/2019 a las 06:00 Actualizada el 26/04/2019 a las 17:25
Se crea más o se crea menos, a la ciudadanía española le importa el medio ambiente. Y no es una afirmación tirada a una piscina vacía, hay datos que así lo demuestran. Otra cosa bien diferente es si los partidos políticos se dejan llevar por esa corriente o la ponen freno. Qué mejor oportunidad antes de unas elecciones que analizar los programas electorales con unas gafas verdes y determinar, con más o menos acierto, cómo de preocupados están los principales partidos políticos con esa casa común llamada Tierra.

Vayamos al grano. En primer lugar, la división por temáticas será la siguiente: energías renovables, agua, movilidad, biodiversidad, residuos, incendios, calidad del aire, medio rural e industria agropecuaria y animales. Estas categorías responden a una síntesis de los contenidos de los programas electorales: si alguno habla de algún tema, este se incluye; si no se habla, no se incluye (ejemplo: ningún programa habla de la contaminación acústica y, por ende, no se menciona). En segundo lugar, en el análisis se tendrá en cuenta tanto la inclusión de una problemática específica como la concreción de las medidas para resolverlo. Este punto es importante para interpretar los dos cuadros de análisis expuestos ya que, a menudo, en los programas se cita un “plan general” para atajar un problema sin detallar ni una sola medida concreta del mismo. El mero nombramiento es un paso adelante pero, aun así, un programa electoral de altura debería no solo diagnosticar un problema, sino proponer soluciones al mismo [ver aquí la tabla completa de análisis de los programas electorales].

 

  Energías renovables

En España el porcentaje de energía renovable en la energía primaria consumida es de, aproximadamente, el 18%, y si pensamos en la electricidad (energía secundaria) estamos en el 37% (datos de la UE para el año 2016 que servirán para, a continuación, compararlo con la media europea. No obstante el último informe de la Red Eléctrica Española ya sitúa la electricidad proveniente de fuentes renovables en el 40%). La media europea de renovables en ese año fue del 17% en cuanto energía primaria y 29% de electricidad y, por ejemplo en Alemania, fue del 15% en energía primaria y de 32% en electricidad. Es decir: no nos situamos en mala posición dentro de la UE pero teniendo en cuenta nuestras condiciones climáticas −nuestro Sol especialmente− algunos países más del norte nos lleva cierta ventaja. Si nos fijamos en la evolución de la cuota renovable en la electricidad, los datos son tremendamente pesimistas: vamos para atrás.

Por ello, una transición energética es necesaria, tanto para dejar de contaminar como para tener mayor soberanía energética, es decir, producir nuestra propia energía y, por tanto, tener capacidad de bajar precios. Es importante recordar que la energía primaria es aquella energía disponible en la naturaleza antes de ser transformada, y la energía secundaria sería aquella que ya ha sido transformada. Ejemplos: el carbón sería energía primaria y el calor que se desprende de una caldera de carbón sería secundaria; la radiación solar sería energía primaria y la electricidad que generan los paneles fotovoltaicos sería energía secundaria.

 
Echando ya un ojo a los programas electorales, ¿qué nos encontramos? Unidas Podemos es, sin duda, el más ambicioso y concreto de todos los programas, sin que ello signifique, por otro lado, que sea el más realista si proyectamos su propuesta de energía primaria 100% renovable en 2040. No se puede puntuar negativamente su ambición y se sabe que técnicamente es posible, sin embargo, esta medida implicaría que todos los aviones, barcos, coches, camiones, autobuses, industria, fertilizantes, calefacción y un larguísimo etcétera tendría que cambiar para que su fuente de energía primaria fuera verde. Greenpeace hizo un proyecto similar con el horizonte en 2050 y ahora Unidas Podemos lo rebaja 10 años más. El PSOE también pospone el año al 2050 pero no de energía primaria verde, sino 100% electricidad verde (algo que, si bien es perfectamente factible, la crítica vendría por no ser más ambiciosos, una electricidad renovable del 100% se puede alcanzar sin grandes complicaciones para 2040). Hecho este comentario, se debe reconocer a Unidas Podemos también su concreción en el cierre de energías caducas como el carbón o la nuclear −algo que el PSOE menciona pero sin dar fechas− o la recuperación de las centrales hidroeléctricas que tantos beneficios dan pero que siguen en manos privadas. Tanto Unidas Podemos como Ciudadanos citan la factura de la luz para bajar el desorbitado precio que pagamos y dan una cifra para rehabilitar viviendas en términos de eficacia energética: 300.000 viviendas por año en el caso naranja y 500.000 por año en el morado. Tanto Vox como PP pasan de puntillas por la cuestión energética: se cita, pero sin mucho entusiasmo ni propuestas detalladas.

Agua

El agua es un recurso natural esencial para la vida, para nuestra salud y para nuestros alimentos. España, sin embargo, es un país extremadamente seco en comparación con nuestros vecinos europeos y, además, cada vez nuestro clima es más desértico debido al calentamiento global. Esto sumado a un uso excesivo del agua produce que muchas regiones de España padezcan sequías. Unos de los principales enfoques que propone la Fundación Nueva Cultura del Agua a través de su Acuerdo Social del Agua es detener su gestión desde su oferta y cambiarlo teniendo en cuenta su demanda. Ante un recurso tan preciado y limitado es insostenible ofertar agua por doquier y es urgente ajustarse a las demandas necesarias y posibles. Este enfoque solo lo recogen PSOE y Unidas Podemos, mientras que PP y Vox hablan de una solidaridad y cohesión territorial que alude, simplemente, a más transvases innecesarios y costosos. Ciudadanos, por otro lado, menciona la eliminación de pozos ilegales y regadíos no planificados por lo que también adquiriría, en cierto sentido, este espíritu de la Nueva Cultura del Agua.

Movilidad

El 25% del total de las emisiones en España de Gases de Efecto Invernadero (GEI) son causadas por la movilidad. Transportarnos individualmente en coches o motos supone un gasto altísimo de carburante, no solo económicamente, sino en emisiones. También el camión, el barco o el avión significan más contaminación para el aire. En el gráfico mostrado de la Agencia Europea de Medio Ambiente se simplifica las emisiones de CO2 por kilómetro y persona(s) que supone moverse en los diferentes medios de transporte.

 
Una movilidad sostenible debe pasar, necesariamente, no solo por la electrificación del transporte, sino por la reducción de los desplazamientos no necesarios o la conversión de estos a transportes de bajas emisiones. ¿Qué significa esto? Pongamos algún ejemplo: si un viaje dentro de una ciudad se puede hacer en autobús de gas natural, autobús eléctrico o bicicleta, el orden de preferencia será el de la bicicleta primero, después el autobús eléctrico y, por último, el de gas natural. Para conseguir esto una buena política de movilidad habilitará carriles bicis amplios y segregados de la circulación de vehículos motorizados para que el mayor número de personas posible decida moverse en ese medio. ¿Y si hay que coger el coche sí o sí? Pensemos en transportar algo pesado que solo un coche puede hacer y llevarlo a un punto donde es incómodo el uso del transporte público. 

En este caso la mejor opción sería poder alquilar por días u horas un coche eléctrico. ¿Cuál es el horizonte de estos ejemplos? En primer lugar, que todo vehículo motorizado debe ser eléctrico, por ser más eficientes y tener una huella de carbono prácticamente de cero en sus desplazamientos. Ahora bien: no se puede sustituir todo el parque móvil por uno eléctrico. La solución no pasa por los mismos o más coches de cero emisiones sino por tener menos coches y compartir más. En cuanto al transporte de mercancías es ya sabido que el ferrocarril es más sostenible que el camión, aunque en España todavía hagamos oídos sordos.

¿Y qué dicen los programas electorales en cuanto a movilidad? Llama la atención la alusión del PP a rechazar toda prohibición de los coches contaminantes en el corto, medio o largo plazo. Dejan esta transición a la voluntad ciudadana a la hora de comprar uno u otro vehículo y se olvidan −aunque no sin intención− que todo gobierno mantiene prohibiciones y fomenta comportamientos con sus acciones. ¿Acaso el PP no prohibiría si llega al gobierno quemar bosques? ¿O dejaría ese supuesto divertimiento a la voluntad ciudadana? ¿Eliminaría los semáforos porque quitamos libertad de circulación a los ciudadanos? Las trampas que genera su frase “Eliminaremos las restricciones indiscriminadas a los vehículos diésel” son claras.

En una sociedad democrática hay acciones que se restringen para lograr una mayor libertad colectiva. No tiene sentido permitir a quien quiera que contamine indiscriminadamente o queme bosques por doquier si este acto de supuesta libertad impide al resto o generaciones venideras ser libres. Pero pasando a otros partidos, ¿qué dice Ciudadanos? Si bien propone la renovación sostenible al 100% del parque móvil, introduce el conflicto del taxi con las VTC para remar a favor de la movilidad verde. ¿Y acierta con ello? Definitivamente no. Regularizar las VTC para ser usadas como un taxi implica, primero, competencia desleal con un sector público como el del taxi pero, además, las ciudades no están pidiendo más coches a gritos, sino menos. Una VTC, tal y como Uber y Cabify operan, significa tener en circulación constante muchos vehículos en las ciudades, lo que genera más tráfico y gasto de energía. Unidas Podemos, por su parte, propone que las VTC funcionen como se ha hecho siempre: con una precontratación de 2 horas, al menos. Añaden desde la formación morada una fecha para la electrificación del parque móvil (2040) y la gratuidad del transporte público para menores de 26 años. El PSOE se alinea con los horizontes verdes, pero no da fechas ni medidas concretas, por lo que su valoración no es demasiado buena. Para VOX la movilidad no es una cuestión importante y no lo incluyen en su programa electoral.

Biodiversidad

Sin duda el aspecto donde más flaquean todos los programas electorales. España es el país líder en al UE en biodiversidad y, sin embargo, la mitad de sus especies están amenazadas. Las causas son, entre otras, el abandono rural, el cambio de uso en el suelo y la agricultura intensiva que no respeta los tiempos naturales. Pero también hay causas políticas como la que representa el descuido del lobo en la península ibérica: una especia única en el mundo, que solo se da en nuestra península y que del Duero para arriba no está protegida. Los programas electorales incluyen planes con nombres previsibles pero escaso contenido. Proteger nuestra naturaleza y nuestra biodiversidad no solo es económicamente rentable (cada lince ibérico tiene un valor de un millón de euros en inversión), sino que demuestra el proyecto de país que tenemos. ¿Alguien se imagina presentarse a unas elecciones y derogar la protección por ley de las obras de arte del museo del Prado? ¿Alguien se imagina que un político permitiera y no persiguiera a quien destruya un Goya? Actualmente ocurre con el lobo ibérico en el norte de España, donde de un falso conflicto entre lobos y ganaderos se ha hecho una trinchera electoral en el que ninguno quiere entrar: la palabra “lobo” no está en los programas electorales. La biodiversidad, nuestro patrimonio natural, no está en la agenda política de ningún partido.

Residuos 

Ya sabemos que el planeta es finito, pero a veces da la sensación de que la basura que generamos no lo es. En España reciclamos solo el 34% de los desechos urbanos, muy lejos de la media de la Unión Europea que se sitúa, como muestra el gráfico, en el 46%.
Además, acumulamos esa basura en vertederos −produciendo filtraciones al subsuelo o emisiones de metano a la atmósfera por la descomposición de los materiales− o la incineramos en un espectáculo de magia (ahora lo ves, ahora no lo ves) que, en el fondo, cuesta demasiadas toneladas de CO2 a la atmósfera. La solución es sencilla, a nivel teórico, pero parece imposible a nivel político: no podemos comprar más plásticos que productos. Hay manzanas en bandejas de plásticos, quesos en tápers de plástico, plátanos que te obligan a meterlos en bolsas de plástico (¿es que su cáscara no los protege?), nueces que ni con una piedra puedo agrietar bien en bolsas de plástico… E igual con otros productos que no son alimentos: velas en cajas de cartón, productos de limpieza en cajas de cartón más envases de plástico, perfumes en envases mixtos más su tarro de cristal, champúes en plástico y un casi infinito etcétera. Basta con ir al supermercado y ponerte 1 minutos las gafas verdes: ¿ves algo que no está empaquetado? ¿Es por higiene? Algunos dicen que sí, yo digo que me como muy tranquilo una calabaza que no está envuelta en plástico. De hecho, me fío más de su dura piel que de las bandejas envueltas en plástico.
 
¿Reciclar es la solución? Sí, pero la última de todas ellas. Primero reducir, luego reutilizar, luego reparar para reutilizar y luego, ahora sí, reciclamos. Los partidos políticos intentan poner un parche ineficiente y muy temporal al problema. Permiten a las empresas producir una cantidad enorme de papel, plástico y vidrio y después nos dicen que la responsabilidad de reciclar esos materiales es nuestra separando en diferentes cubos. Y es verdad, hay que reciclar, pero mucho más importante sería, por ejemplo, no tener que comprar el queso de burgos envuelto en un papel primero, luego en táper de un solo uso de plástico, luego en una bolsa de un solo uso de plástico fino transparente y, en la caja, finalmente ya te lo ponen por unos céntimos más en una bolsa de plástico que se puede, al menos, reutilizar para la basura. 250 gramos de queso y casi otros tantos de plástico.

En los programas electorales del PSOE, U. Podemos y Ciudadanos vemos alusiones a la economía circular o residuo cero para 2050 pero sin un proyecto conciso con metas claras. El PSOE menciona el sistema de depósito, devolución y retorno que funciona bien en otros países europeos y Ciudadanos prohíbe los productos de un solo uso (suponemos que se refiere a pajitas, vasos, cubiertos, etc., cosa que ya la UE nos va a obligar). PP habla de envases sostenibles y para Vox la basura tampoco existe.

Incendios

¿Qué ocurriría si se incendiara el Museo del Prado cada año? La pérdida de espacios y especies debido a los incendios forestales es una de las mayores catástrofes naturales que nuestro país presencia cada año. Esto no significa, paradójicamente, que el gobierno tome medidas radicales (de ir a la raíz del problema) para evitar, por ejemplo, que en el año 2017 se quemaran más de 175.000 hectáreas (un 0,64% del territorio español). El año 2018 fue considerablemente bueno, con 23.600 hectáreas quemadas, pero las medidas de prevención siguen sin existir, el factor que influye para que España no arda no es político, es climático: si hace menos calor, llueve más o ningún pi(rado)romano tira una colilla al bosque, no hay tantos incendios. ¿Pero esas variables se pueden controlar? Hasta el momento ningún presidente del gobierno es Dios para controlar la voluntad de la gente o del clima. Lo que sí se puede hacer es invertir los números entre inversión en prevención y en extinción (20-80), luchar contra el cambio climático para que los periodos de sequía no sean tan largos, parar de vaciar la España rural que con su vida y su ganado mantiene en mejores condiciones el monte o planificar los cultivos forestales con especies maduras, autóctonas y menos pirófilas. No en vano, la palabra “deseucaliptización” fue la palabra de 2018 en Galicia.

Todos los partidos políticos menos Vox llevan algún plan sin detalles sobre incendios, pero solo solo PSOE y Unidas Podemos hablan, también, de mejorar las condiciones laborales de bomberas y bomberas, de las Brigadas de Refuerzo de Incendios Forestales (BRIF) y los Servicios de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento (SPEIS). Es insuficiente, pero un paso en la buena dirección.

Calidad del aire

Solo expondré el siguiente dato: en España mueren cada año 30.000 personas por causas derivadas de la contaminación atmosférica. Por mucho que pesen otras libertades (desplazarse en coche cuando uno quiera, en avión varias veces al año o encender la calefacción de mi casa con carbón) existe otra libertad mayor: la libertad de poder respirar aire limpio. Solo dos partidos tocan, y de refilón este tema. Unidas Podemos propone extender planes como el de Madrid Central a otros municipios de España y Ciudadanos, por su parte, propone más coches eléctricos (aceptable, aunque no hablan de compartirlos) y más VTC, argumento que no mejoraría, por sí mismo, el aire que respiramos, solo el aire de los fondos de inversión de Uber y Cabify. Es falso que a más VTC, menos coches privados −no hay estudio que lo demuestre− ni que compensen sus emisiones de CO2 (además, solo los de gama alta son eléctricos, el resto usan combustibles fósiles), por tanto, Ciudadanos demuestra solo estar de lado de esa industria (que es legítimo) pero no del lado de la sostenibilidad.

Vivir en Madrid o Barcelona puede equivaler a fumarse medio cigarro al día. No solo los adultos, sino que obligamos a los niños/as, las embarazadas o las personas mayores a hacerlo. Peor salud y más gasto sanitario para paliar los efectos de respirar humo. ¿Acaso no nos conceden, a la ciudadanía, la libertad para elegir no fumar?

Medio rural e indutria agripecuaria

Parece que la España vaciada ha cogido peso en las últimas semanas por las movilizaciones ciudadanas, pero, no nos engañemos, también porque los partidos políticos hacen ahora, y solo ahora, guiños a ese medio situada entre ciudades, eso que llamamos medio rural. Electoralmente la España rural es un tesoro por el sistema electoral de circunscripciones provinciales que tenemos y esto provoca que todos ahora se acuerden de los pueblos y empiecen las promesas que, seguramente, nunca lleguen. Este tema ocupa bastante tinta en los programas electorales y es difícil evaluar en términos comparativos.

Solo PSOE, Unidas Podemos y Vox hacen una especial mención a la Política Agracia Común (PAC) para denunciar que las subvenciones van a parar a manos de los terratenientes en lugar de a las personas que trabajan la tierra. Es más, si no se trabaja, pero posees tierras, recibes la ayuda igual. Esto genera grandes desequilibrios que hay que reajustar. El resto se parece: digitalización, acceso a internet o brecha de género. Ciudadanos especifica una serie de medidas solo para emprendedores que viven en el medio rural como bonificaciones de su cuota de autónomos o bajada del IRPF a habitantes de municipios en riesgo de desaparición.

No se habla de la industria agropecuaria extensiva y ecológica, que garantice los tiempos naturales y minimice la contaminación ni se habla de la reindustrialización descentralizada de una España que no está vacía por causas divinas sino por decisiones políticas centralizadoras que vienen de tiempos franquistas. La España rural no puede servir solo para macrogranjas, energías nucleares o almacenes de los residuos radioactivos de esa energía nuclear. Echemos un ojo a otros países como Alemania para ver la distribución de su población: ¿cuántas ciudades medianas importantes tienen? Frankfurt, Colonia, Múnich, Berlín, Hanóver, Dresde, Leipzig, Dortmund, Hamburgo, Stuttgart, Düsseldorf, etc. A más ciudades medianas habrá menos despoblamiento y existirá más “vida” y posibilidades para vivir en ellas.

Por último, PP y Vox intentan argumentar que el apoyo a la caza es una manera de revitalizar el medio rural, pero los pueblos no necesitan más plomo, sino más oportunidades de desarrollar su talento.

Animales

El animalismo o protección animal ha pasado de ser un tema completamente ausente en la vida política y moral de una país a ser uno de los puntos que más votos puede mover. Prueba de ello es que un partido político animalista como Pcama siempre es el partido sin representación parlamentaria con más votos e incluso, esta vez, puede conseguir uno o dos escaños y condicionar el gobierno esta legislatura, según apuntan algunas encuestas. Reportajes sobre el maltrato animal como ‘Strangers Pigs’ que Jordi Évole emitió en prime time en Salvados protagonizaron la vida política durante días en España. Cada vez más casas tienen un nuevo familiar de una especie no humana y el consumo de carne es una de las causas importantes del cambio climático. Este cúmulo de factores hacen que todos los partidos tengan que posicionarse al respecto. Y lo hacen, pero desde puntos de vista diferentes.

Por un lado, se situaría el PP y Vox, cuyo concepto de animalismo o de protección animal se basa, según sus programas, en apoyar con más subvenciones la tauromaquia. Solo el PP habla de luchar contra el abandono de mascotas, pero ambos están a favor de lo que la tortura de la tauromaquia representa. Pagar con dinero público este tipo de espectáculos crueles por mero entretenimiento no puede considerarse, ni de cerca, apoyo a los animales sino todo lo contrario: perpetúa un modelo en el que el ser humano cree que puede disfrutar del dolor animal ajeno. De otro lado, tanto Ciudadanos como PSOE no entran en la cuestión de los toros pero sí promueven que los animales disfruten de una categoría jurídica diferente como seres sintientes o, al menos, que no sean meras “cosas” (también propone esto Unidas Podemos). Por último, el programa electoral de Unidas Podemos sí recoge una gran cantidad de propuestas para el bienestar animal: desde la bajada del IVA del veterinario o los productos de alimentación animal, elevar penas por el abandono animal, cámaras de vigilancia en los mataderos para controlar que se cumple la legislación o la eliminación de las subvenciones a la tauromaquia.

Entonces: ¿son los programas electorales verdes?

La respuesta más acertada sería que depende. En comparación con programas electorales del pasado, se nota que los partidos políticos incluyen la cuestión ambiental, bien sea arrastrados por la presión social o bien por la presión impuesta desde Europa y la ONU. Sea como fuere, ningún partido, salvo Vox, se queda sin propuestas sobre temas claves como la calidad del aire, biodiversidad, movilidad, incendios o residuos. Aun así, a nivel general, los programas electorales solo tienen grandes palabras vacías de contenido, es decir, se anuncian planes generales o estrategias nacionales por y para solucionar un problema, pero no incluyen propuestas concretas sobre las mismas. Solo Unidas Podemos, PSOE y Ciudadanos (por ese orden) detallan de mejor manera las propuestas a llevar a cabo, pero en la mayoría de las ocasiones tan solo se anuncian intenciones generales que, una vez llegados al gobierno, va a ser muy difícil controlar si son o no cumplidas, porque donde no hay objetivos medibles, no se puede evaluar adecuadamente.

En definitiva: los programas se verderizan, pero falta la responsabilidad de cumplir lo que se promete y de dejarnos comprobarlo mejor.
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Alberto Rosado del Nogal es doctorando en Ciencias Políticas (UCM) y creador de #inSosteniblePodcast
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2 Comentarios
  • Copito Copito 26/04/19 10:43

    Quiero matizar mi comentario anterior. Que la izquierda sea más sensible al tema ecológico no significa que sea eficaz. El artículo es magnífico. Un tirón de orejas a todos y una llamada de atención ante un problema vital y acuciante.Si no logramos además una legislación seria, sin fisuras, que penalize los delitos medioambientales y de bienestar animal, nos vamos todos al carajo.

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  • Copito Copito 26/04/19 10:33

    Está claro que la sensibilidad ecológica mayor, incluyendo la protección de todos los seres vivos, la tienen los partidos de izquierdas, posiblemente porque va en el ADN de la izquierda luchar por el bienestar de todos los individuos y seres vivos por igual y por la justicia social. Puede sonar panfletario, pero es que la filosofía de las derechas se basa en la competitividad y sálvese el que pueda, mientras yo me haga rico.

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