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Por una soberanía digital europea

Publicada el 21/05/2019 a las 06:00
Coinciden las elecciones al Parlamento europeo de mayo de 2019 con una guerra digital entre multinacionales globales de origen norteamericano (y su Pentágono abducido) frente a los gigantes chinos de lo digital (y su autocracia de partido único). En relación a esta disputa digital parece imprescindible definir cuanto antes una posición de la Unión Europea.

Y lo cierto es que si uno revisa los programas electorales europeos de dos opciones progresistas en España (PSOE y Unidas Podemos) encuentra argumentos de interés en esa dirección. Medidas de carácter económico en un caso y de carácter normativo en el otro. Dos orientaciones complementarias. Veamos.
 

EN LO ECONÓMICO


En lo económico el tratamiento fiscal del hipercapitalismo digital global en el marco de la UE por parte del PSOE ayudaría a anclar por primera vez una autonomía presupuestaria de la Unión con recursos propios y, al mismo tiempo, duplicar como poco el presupuesto europeo.

Desde el actual uno por ciento sobre el PIB de la UE se plantea que “para poder disponer de los recursos necesarios que exige el pilar social que impulsaremos, es necesario dotar a la UE de un presupuesto adecuado, del 2 por ciento del PIB europeo” (página 14 del programa del PSOE).

Y lo haría por varias vías complementarias que se detallan en esa misma página de su programa electoral. La primera con un impuesto a la facturación de las grandes plataformas tecnológicas que prestan servicios, para asegurar que tributan allá donde generan dichos beneficios (GAFAs: Google, Amazon, Facebook y Apple).

Complementariamente y como quiera que dichas empresas están imbricadas en grupos y fondos de inversión globales (como Vanguard Group o Blackrock) desacelerando este capitalismo de casino con una Tasa Tobin comunitaria a las transacciones financieras. Sin olvidarse de la lucha contra la competencia fiscal dentro de la UE por medio de la armonización fiscal particularmente en lo relativo al Impuesto de Sociedades con un tramo europeo de una fracción de las base del impuesto de sociedades (todo ello anotado en la misma página 14 ya citada).

Si se quiere un ejemplo de manual de como el hipercapitalismo digital juega con la UE y con sus Estados miembros nada mejor que el contencioso de Apple entre Irlanda y la Unión Europea. Un asunto para el que J. Stiglitz comparte el diagnóstico de que Irlanda y Apple estarían gorroneando ingresos fiscales a la UE, mientras el Gobierno de Irlanda recurre ante la justicia europea el mandato de la Comisión de reclamar 13.000 millones a Apple.

La recaudación a escala europea de estos recursos sería la única dimensión en la que si acaso sería posible hacerlo, poniendo a disposición de las agencias tributarias de la Unión y de los Estados miembros información clave para el control y redistribución de las rentas que a día de hoy se están apropiando en sus paraísos fiscales aquellos cuyo mayor mérito es haber abducido y monetizado innovaciones en muchos casos solo posibles con recursos públicos (como vuelve a demostrar Mariana Mazzucato en su reciente ensayo El valor de las cosas).

Y dada la propensión depredadora y oligopólica de estos grandes grupos globales se impone también una aplicación contundente de lo que figura en nuestro artículo 10 de la Ley 15/2007 de Defensa de la Competencia relativo a concentraciones que afecten a la seguridad nacional o al desarrollo tecnológico. Tal como ya empieza a planterase: la UE someterá a control la inversión extranjera en medios de comunicación y firmas de datos.
 

EN LO NORMATIVO


De esta manera desembocamos en la necesidad de una agenda parlamentaria europea que permita dar cuerpo normativo a una soberanía tecnológica-digital (punto 55 del programa de Unidas Podemos), con estas palabras: “La tecnología es también un factor clave de la geopolítica, por lo que se fomentará la propiedad europea de las infraestructuras de internet y la creación de empresas tecnológicas públicas y de carácter exclusivamente europeo que faciliten el control democrático”. Un cuerpo normativo complementario a las propuestas fiscales que hace el PSOE, ya que en el programa de este último partido la palabra “digital” solo se maneja en referencia a los derechos laborales.

Para ello creo necesario replicar todas las veces necesarias la multa de la Comisión Europea a Alphabet-Google por abuso de posición en las compras online. O los fallos del tribunal de la UE contra falsas plataformas colaborativas. Hasta llegar a la partición de estos  megamonopolios (como propone la candidata a la presidencia de EE.UU. Elisabeth Warren), o su gestión pública previa a su reversión en iniciativas locales colaborativas.
Sin descartar el nacionalizar o socializar empresas como Google o Microsoft (Benkler, 2015) (Mason, 2016) que cuentan con franjas de mercado superiores al 80 por ciento (Stagilanò, 2005), niveles de concentración muy superiores al 50% referido en el art. 8 de nuestra Ley 15/2007 de Defensa de la Competencia.

Pues como quiera que los datos son un bien infraestructural esencial que nos pertenece a todos “la propiedad de esos datos y la inteligencia artificial avanzada que basada en ellos se construya deberían seguir siendo de propiedad pública” (Morozov, 2018). En esta dirección son más que pertinentes las propuestas de una carta europea de derechos del mundo digital, la defensa de la ciudadanía digital y el planteamiento de una digitalización democrática (puntos 54, 55 y 124 del programa de Unidas Podemos).
 

SOBERANÍA


Las propuestas fiscales, económicas y normativas que se han resumido aquí caminan en la dirección de abrir espacio a una soberanía de escala europea sobre el hipercapitalismo digital, evitando la abducción post democrática de nuestros gobiernos (como sucede en Estados Unidos) por parte de dichos hipermonopolios, o bien su gestión por una autocracia de partido único (como sucede en China).

Cierto que para ello no es suficiente con abrir camino a propuestas como las revisadas, es necesario, por encima de todo, que el Parlamento Europeo se transforme en una asamblea legislativa que controle a la Comisión y al Consejo Europeos, dejando de ser su mero apéndice decorativo.

Si así fuese avanzaríamos en una soberanía fiscal sobre las galopantes ganancias del hipercapitalismo digital, duplicando los recursos presupuestarios de la UE para dotar por ejemplo una renta básica a escala europea que reduzca los riesgos de pobreza y exclusión social (de jóvenes y pensiones no contributivas) facilitando el reparto del menguante trabajo asalariado disponible.

Pero también en una soberanía social que impida que los oligopolios digitales controlen el big data abduciendo al Estado y a nuestras democracias. Abriendo camino, bien al contrario, a usos y actividades no privativas de la digitalización: tanto públicos como del pro-común colaborativo.

Detallo más estos y otros aspectos de las reformas posibles, a escala europea y de cada estado, en el último capítulo de mi ensayo Crítica del hipercapitalismo digital (2019).
 
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Albino Prada es miembro de ECOBAS y de Attac
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