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Plaza Pública

No seamos hipócritas: somos cómplices

Publicada el 22/05/2019 a las 06:00 Actualizada el 21/05/2019 a las 18:03
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Había nacido en Malí hace 14 años y era un buen estudiante. No contaba con un visado que le permitiera entrar en Europa, pero estaba convencido de que su mejor salvoconducto iba a ser su boletín de notas. Cuando los europeos comprobaran cuánto se había esforzado en matemáticas y lo bien que se le daba la física, tal vez le dejaran quedarse con ellos y emprender una nueva vida en el Viejo Continente. Un sueño lejos de la miseria de casa. Para evitar perder el expediente durante los más de 3.000 kilómetros que le quedaban de viaje o que se lo robaran los ladrones y traficantes, el muchacho lo escondió en un bolsillo secreto que cosió a su chaqueta. Ahí permanecería hasta que llegara la hora de sacarlo a la luz con cierto orgullo delante de un funcionario encargado de inmigración. Le haría ver que él era un chico trabajador y serio, digno de que se fiaran de él y de que le dieran una oportunidad en la tierra de los ricos. Darío Menor, El ideal.


Desde que supimos de los horrores de los campos de exterminio nazis, Occidente se repite una pregunta hipócrita por retórica: ¿cómo es posible que los alemanes no impidiesen el genocidio de los judíos? ¿Cómo explicarnos la complicidad del pueblo alemán con la progresiva matanza de sus conciudadanos? Como si nosotros, ciudadanos ejemplares y solidarios, no pudiésemos dar crédito a la complicidad, a la supuesta ignorancia, al mirar hacia otro lado o a la negación de que dieron muestra los alemanes cultos que cerraron los ojos ante un crimen que, aún hoy, sí, seguimos considerando el más deleznable del siglo veinte: el uso de la lógica de la industrialización aplicada al exterminio de un pueblo, como argumentó Bauman. Como si nosotros, insisto, ciudadanos tan cultos como los alemanes y mucho mejor informados que ellos, no fuésemos igualmente cómplices de las catástrofes humanitarias que nos han acompañado en los últimos años del siglo XX y primeras décadas del XXI. Repasemos solo unas pocas.


El genocidio tutsi: la cruel matanza de los hutus contra los tutsis en la Ruanda de 1994, donde murieron  asesinados a machetazos más de 800.000 personas (el 75% de la población tutsi), en cien días, ante la indiferencia de las potencias occidentales, que habían previamente armado con machetes chinos a las milicias hutus.


La guerra de Siria, que ha producido un éxodo de refugiados indefensos, hacinados en campos de concentración en Líbano, Jordania, Turquía y Grecia, con más de 500.000 muertos en siete años.


La sistemática matanza de los rohingya, desde 2017, a manos de sus compatriotas budistas, programada insidiosamente por el gobierno de Myanmar, antigua Birmania, a cuya presidenta Aung San Suu Kyi, aplaudimos y defendimos hace años, cuando estaba prisionera de los militares de su país, hasta se le otorgó el Premio Nobel de la Paz. Luego, ya en el poder, dejó que se aislara y se desprotegiera a los rohingya; propició que no se les reconociera como ciudadanos, que se les persiga y asesine por ser musulmanes –en el país budista, oh, el loado pacifismo de los budistas–, hasta el éxodo de poblaciones enteras. Más de 270.000 personas de esta etnia malviven hoy en la vecina Bangladés.

La llamada eufemísticamente “crisis de los refugiados”, las muertes en el Mediterráneo, que solo en 2018 alcanzaron los 2.262 ahogados. Entre ellos el pequeño Aylan, cuyo cadáver nos provocó ríos de lágrimas, sin que cambiase para nada nuestra política europea de asilo. Eso sí, en la estación de metro de Passeig de Gràcia se ha exhibido hasta hace unas semanas 'La Lista', de la artista turca Banu Cennetoglu que forma parte del proyecto socioartístico Umbral, impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona "para contribuir al debate sobre el fenómeno migratorio y su llegada a la ciudad" y "combatir el discurso del odio", en palabras de la alcaldesa, Ada Colau. Qué buenos que somos. Ellos, los muertos, ya son una larga lista de 35.597, según la artista turca.

En fin, ustedes, si están atentos al mismo mundo que yo, ya saben de sobra a qué me refiero: a nuestra confortable indiferencia.

La misma que tuvieron los alemanes durante el exterminio de los judíos. Así pues, no sigamos hipócritamente preguntándonos qué pasó entonces, cómo es posible que aquel exterminio fuera exitoso. Está muy bien explicado. Lo hicieron Bauman, Lanzmann, y tantos otros. Lo explicó “científicamente” el experimento Milgram, quien, en 1977, en su libro Los peligros de la obediencia, escribió:
 

La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.


Los participantes creían que suministraban corriente eléctrica a los actores del experimento, sin saber que no la recibían, hasta alcanzar descargas letales. Todo ello siguiendo obedientemente las instrucciones de la autoridad, sin interrogarse, con pocas excepciones. La banalidad del mal, Eichman, Hannah Arendt, ¿les suena?

Nuestras autoridades cierran los ojos y nosotros con ellos.

Lo explicaron desde Dante hasta Gramsci, al señalar, respectivamente, el desprecio y el odio que merecen los indiferentes. Si entonces, cuando todavía los modernos alemanes podían alardear de una conciencia moral activa, un aparato psíquico completo, un Superyó robusto con su brillante ética represiva de hombres y mujeres modernos; si entonces ya se hicieron los sordos, ¿qué no pasará ahora, qué no está pasando ya, con la epidemia de normópatas indiferentes, posmodernos hiperadaptados a la amoralidad de un neoliberalismo voraz, que sustituye la ética por una fantasía de libertad omnipotente?  Imaginemos lo peor.

Estoy enfadada y escribo, para nada o para muy poco, porque, como muchos de ustedes, no soy capaz de actos más heroicos: morir en una huelga de hambre indefinida ante la inoperante Comisión Europea; hacerme un sangriento harakiri a las puertas de un Congreso cuyas hipócritas políticas cortoplacistas nunca sobrepasan los cuatro años, mientras que esto que les digo, lo sabemos, necesita para subsanarse proyectos globales ambiciosos que requieren de mucho más tiempo.

Mientras tanto, en espera de que un gigantesco tsunami se lleve por delante nuestros confortables asientos –el cambio climático queda también fuera de las agendas políticas –, sigamos hablando en las tertulias de lo más puntual y anecdótico, hagamos del debate electoral una pelea de gallos que excluye la catástrofe medioambiental, las políticas de asilo, el destino incierto de nuestros jóvenes, singularicemos la queja en el cómodo sofá de nuestras confortables viviendas.

Deja que llore mi suerte cruel, compuso Haendel.
_____

Lola López Mondéjar es psicoanalista y escritora. Su último libro es Qué mundo tan maravilloso (Páginas de Espuma, 2018).
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15 Comentarios
  • Azalea Azalea 02/06/19 01:05

    Tienes toda la razon , todos somos complices ,´esta gente que huye del horror y de la miseria tienen que haber perdido toda la fe en el ser humano , tiene que ser terrible saber que no importan a nadie...
    Gacias por tu articulo Lola lopez ,Saludos cordiales !!

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  • Hammurabi Hammurabi 23/05/19 03:17

    Me has revuelto las tripas, y te lo agradezco. El día que no me altere, agradeceré estar muerto.

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  • luzin luzin 22/05/19 21:30

    Que no cerramos los ojos es más que evidente, son multitud las noticias, estudios, publicaciones, las ONG's, los diferentes compromisos e intentos de ayudas en multitud de causas ... ahora bien, que no son suficientes es evidente ...

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  • CinicoRadical CinicoRadical 22/05/19 13:25

    A pesar de todo,y aunque no lo parece,avanzamos a mejor Cada uno en su puesto,sitio haciendo su trabajo lo mejor posible,colaborando por el legado a los que nos siguen,que se mueven,saben lo que no quieren.“Queremos la vida”, claman miles de jóvenes movilizados por el planeta ante el cambio climático.Educación.

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 22/05/19 08:56

    Otro aldabonazo a las conciencias, y van ... Sólo una recomendación: si alguien piensa en inmolarse con un puñal en una ceremonia sangrienta, es preferible que haga algo útil y se lleve por delante a algunos de los de la "férrea autoridad". Es una sugerencia. Muerto por muerto, mejor acompañad@.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 22/05/19 08:53

    ¿Qué complicidad ni qué niño muerto? ¿Qué pudo hacer un español, servidor por ejemplo, para evitar matanzas en Ruanda o en Birmania? ¿Qué pudo hacer incluso España, como Estado? En la reciente guerra de Siria, una de esas incomprensibles guerras de todos contra todos, la UE intervino y fue para empeorar las cosas aunque la intención fuera buena. En todo caso, la responsabilidad será de los mandatarios, únicos que tienen, si la tienen, alguna capacidad de influir, pero no de los individuos corrientes, que ni pinchamos ni cortamos. El lenguaje emotivo, lacrimógeno y tramposo del artículo es un ejemplo magnífico de irracionalidad, la misma irracionalidad que está detrás de las matanzas que denuncia. Ejemplo obvio: "a cuya presidenta Aung San Suu Kyi, aplaudimos y defendimos hace años, cuando estaba prisionera de los militares de su país, hasta se le otorgó el Premio Nobel de la Paz". ¿A quién "aplaudimos"? Aplaudiría usted, señora mía, que yo soy poco entusiasta y desconfío de los héroes y heroínas y de los curas de todas las religiones, incluidos los psicoanalistas. Y el Premio Nobel lo otorga el correspondiente comité encargado, no usted ni yo. No me reconozco en esa primera persona del plural que usted usa tan alegremente. Me fastidian los que, cuando gana su equipo, dicen desde el sillón mientras se beben una cerveza "hemos ganado". Por la misma razón, me rayan los que pretenden incluirme entre los culpables de la muerte de Prim. Yo no soy cómplice de ninguna matanza, aunque confieso que la desaparición como por arte de magia de la inmensa cantidad de bobos que hay en el mundo me produciría una gran satisfacción: pero se trata, afortunadamente, de una hecatombe inofensiva porque es imaginaria. Una satisfacción vicaria, una realización simbólica de deseos, como decía Freud que eran los sueños, que de eso tiene usted que saber.

    Pianga la sua cruda sorte, si es que cree usted que verdaderamente es cruda y no es pura pose, doña Lola, pero no intente liarnos, que ya tenemos los espolones creciditos.

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    • Atea Atea 22/05/19 14:37

      Tampoco puede hacer usted nada por el conflicto catalán y bien que se ataca.
      Y sí que puede hacer algo, deje de ridiculizar artículos como este y otros muchos que defienden a colectivos desfavorecidos, puede informarse sobre feminismo, colectivo al que denigra sin miramientos, y haga introspección en sus ideas y comentarios que seguro que puede hacerlos de manera un poco más respetuosa.
      Mire usted si puede hacer cosas.

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    • jabd jabd 22/05/19 10:49

      ¿Pero quien es este señor? Quizá Vd no pueda o no quiera hacer nada, es su problema pero deje al menos que nos lamentemos y que votemos porque esos mismos organismos cambien. Por lo menos déjenos intentarlo y si Vd no quiere no sea tan arrogante.

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    • ArktosUrsus ArktosUrsus 22/05/19 09:11

      La complicidad está justamente en sus mismas palabras. "¿Qué pudo hacer un español, servidor por ejemplo ..." Eso respondían los nazis de segunda fila en los juicios de Nüremberg. "No podía hacer nada" "Cumplía órdenes" "Yo vivía en otro barrio, en otro pueblo""¿Qué podía hacer yo?" Como dijo José Martí, ” Los malos no triunfan si no donde los buenos son indiferentes ”. Hay muchas formas de hacer algo. Pero la primera de todas es ser conscientes de que hay que hacerlo. Y comprometerse con hacerlo. No hace falta hacer mucho. Por ejemplo, votar el 26 de mayo a quien no quiere pones verjas es una opción. Como lo habría sido el 28 de abril y pese a eso al menos 11 millones de españoles que se consideran buenas personas (estoy seguro de eso) y que creen que no pueden hacer nada (o incluso temen las consecuencias "terribles" para sus empleos y sus dineros de la ascensión al poder de quienes dicen que quieren hacer algo) han mostrado su indiferencia votando por opciones políticas que cierran los ojos a las realidades que señala la articulista. Salvo que pasen en Venezuela. Ya ve, poca cosa a hacer. La airada forma de iniciar su comentario delata que a ninguno (a mí tampoco) nos gusta que nos afeen una conducta no demasiado propia. Pero no por eso dejamos de cerrar los ojos y protestar en la barra del bar o en el pie de un artículo.

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      • rafalopon rafalopon 22/05/19 10:50

        Lo siento, ArktosUrsus, quise dar a voto verde y di al naranja... No puedo estar más de acuerdo contigo...
        Salud

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      • jorgeplaza jorgeplaza 22/05/19 10:49

        Los alemanes de la Alemania nazi pudieron votar, al menos una vez, y lo hicieron mayoritariamente por Hitler. Por otro lado, la represión hacia los disidentes fue bestial desde el primer momento y no era precisamente fácil oponerse al régimen, exactamente igual que pasó aquí con Franco: ¿o es que usted y doña Lola nos van a echar también la culpa a TODOS los españoles de que el régimen franquista primero se impusiera por la fuerza de las armas y luego, tras una represión salvaje que nunca se acabó del todo, perdurara cuarenta años? Y, de todas formas, alemanes en Alemania y españoles en España algo podrían hacer contra sus opresivos regímenes: al menos tenían físicamente cerca a sus jerarcas. Pero, ¿qué puedo hacer yo que valga para algo si algunos (no todos: nunca son todos) hutus quieren cepillarse a algunos o a todos los tutsis o al revés? ¿O algunos hindúes a algunos o a todos los musulmanes en la India y viceversa en Pakistán? ¿O algunos budistas a cualquiera que no lo sea en algún remoto lugar de Asia? Por favor, hagan cómplice de las matanzas a quien realmente lo sea. En el fondo, en lo que la autora del artículo y usted defienden, subyace una mentalidad colonial, de misionero que trata de civilizar a los paganitos que, los pobres, en su estado previo a la civilización, no saben lo que hacen, a diferencia de nosotros (todos nosotros, sin excepciones, en primera persona del plural, incluyendo al Presidente del Gobierno, Oriol Junqueras, Amancio Ortega y a un servidor), que lo sabemos todo y lo podemos remediar todo. Como eso no es así y el lenguaje que se utiliza es falso y tramposo, le diré como dije antes: no nos intenten liar, que estamos ya un poco mayores.

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        • ArktosUrsus ArktosUrsus 23/05/19 08:45

          No es cierto que los alemanes votaran mayoritariamente a Hitler. Es una más de las falacias que se han montado para diluir la responsabilidad personal en la responsabilidad colectiva, como cuando alguien agrede a alguien en la calle y no interviene nadie porque todos piensan que lo hará otro. Lo que llevó a los nazis al poder fue una combinación de inestabilidad política prolongada (al menos desde 1924), el miedo al crecimiento del comunismo (especialmente los espartaquistas de Rosa Luxemburgo) que tenían los grandes capitales alemanes y un nacionalismo desaforado que hizo que hasta el príncipe heredero de Prusia apoyara a Hitler. Lo que usted llama "mentalidad colonial" yo lo llamo mentalidad internacionalista. Los conflictos en otras partes del mundo no surgen por arte de magia. Detrás están los intereses (estos sí, colonialistas) de los grandes capitales. Si en mi país voto contra quienes permiten la acumulación de riqueza en unas pocas manos (como por ejemplo el gobierno actual de Andalucía), presto mi colaboración y mi voz a organizaciones como Open Arms, participo en movilizaciones contra los conflictos en el mundo y trato de que la sociedad en que vivo sea más justa y lime las atroces diferencias entre habitantes de mi propio país, habré hecho algo por que mejore el mundo. No sé si suficiente pero más que quienes se encogen de hombros "porque no pueden hacer nada" ante un mundo que descaradamente camina hacia un repunte de los totalitarismos. Cada vez que callamos ante un acto de barbarie como los citados en el artículo, o cada vez que no alzamos la voz contra las barbaridades que dicen los totalitarios, o cada vez que apoyamos a "los nuestros" por "necesidad política", estamos cerrando los ojos. Yo interpreto que es a eso a lo que se refiere el artículo. Mirar el ombligo de nuestro entorno es olvidarse que somos 47 millones en casi 8.000. Y que lo que ocurre en sitios tan lejanos como Ruanda o Camboya nos afecta sí o sí. Como seres humanos. Y hay cosas que se pueden hacer. Cualquiera menos cerrar los ojos.

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        • Otilio Otilio 23/05/19 00:28

          ¿Que qué puede hacer? Se lo explico rápido: No vote a partidos que retienen a barcos de ayuda humanitaria en puertos españoles con el argumento de que no sé que legalidad legitima que se sigan muriendo a millares en el Mediterráneo. Tampoco vote a aquellos que consideran a los inmigrantes unos "ladrones de nóminas" como señalaba Benjamín Prado. ¿Por que no vota vd. a partidos que si defienden la ayuda humanitaria, la acogida y la integración de los inmigrantes legales o en patera?... Ya caigo, ese partido le cae un poco gordo. Es verdad, realmente vd. no puede hacer nada.

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        • luzin luzin 22/05/19 21:28

          Votaron minoritariamente a Hitler en un sistema político donde gobiernan las minorias sin una clara separación de poderes ...

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  • paco arbillaga paco arbillaga 22/05/19 07:23


    Lola, tienes, tenemos, las personas muchos y graves motivos para estar enfadadas viendo los horrores que padecen millones de personas en este mundo que dicen que es tan rico, tan avanzado tecnológicamente.

    Como dices, es dramático que mientras: «Nuestras autoridades cierran los ojos y nosotros con ellos», solo «sigamos hablando en las tertulias de lo más puntual y anecdótico, hagamos del debate electoral una pelea de gallos que excluye la catástrofe medioambiental, las políticas de asilo, el destino incierto de nuestros jóvenes, singularicemos la queja en el cómodo sofá de nuestras confortables viviendas».

    Como dice una amiga mía, cuando nos llamamos cultos deberíamos suprimir la l, pues muchas veces como ellos nos comportamos. Osasuna.

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