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Del sorpasso al impasse

Publicada el 19/09/2019 a las 06:00
«Yo la perseguiré al otro lado del cabo de Buena Esperanza, y del cabo de Hornos y del Maelstron noruego, y de las llamas de la condenación. Para esto os habéis embarcado, hombres, para perseguir a esta ballena blanca por los dos lados de la costa y por todos los lados de la tierra, hasta que eche un chorro de sangre negra»
Moby Dick, Herman Melville

Confieso que cada vez que leo sorpasso me recorre un escalofrío, que casi se convierte en sacudida cuando quien escribe inventa términos como “sorpasar” u otras patadas al diccionario. Pero es de justicia reconocer que es la palabra que define la política española en los últimos cinco años. La que le dio esperanza y la que ha acabado por quitársela toda.

Hace cinco años el sorpasso significó la posibilidad de herir de muerte al bipartidismo, y de que un nuevo partido enarbolase la bandera de las luchas sociales con la posibilidad real de gobernar. Hace escasos meses, el sorpasso se tradujo como la posibilidad de que un partido nuevo desplazase al único partido condenado por corrupción como la fuerza hegemónica en la derecha española.

La realidad es que del sorpasso hemos pasado al impasse, a un punto muerto del que parece que nadie nos puede sacar. En su obsesión por perseguir a la ballena blanca del sorpasso, los dos líderes de los partidos que venían cogiendo el rebufo de las dos cabezas del bipartidismo, Iglesias y Rivera, perdieron todo contacto con la realidad, como el Capitán Ahab. Ambos entendieron que la voz expresada en las urnas –cada uno en su momento– era poco menos que los primeros pasos de una profecía que había de cumplirse: el 20D a buen seguro era la herida de muerte del PSOE dividido en una guerra civil entre Susana Díaz y Pedro Sánchez; y el 28A, de un Casado al que le venía muy grande su cargo.

Y quizás habría podido serlo, si ambos líderes no hubieran mostrado tan pronto las ganas de ser el califa en lugar del califa, que decía Iznogud. Y presas de ese ansia por rematar el trabajo cuanto antes, y de los moribundos a resistirse a su suerte, asistimos a declaraciones altisonantes, bravatas de todo tipo, más o menos duras, pero que dejaron cicatrices en los cuatro. Cicatrices que han salido a relucir particularmente en los últimos meses: desconfianza, cálculos a medio plazo y ganas de revancha.

Así llegamos a las quintas elecciones generales en cuatro años, en un impasse en el que parece que Sánchez no tiene problema en seguir siendo presidente en funciones con los presupuestos de Rajoy hasta que la estrategia de la gota malaya de Redondo acabe por sumar los diputados necesarios para que gobierne sin hablar con nadie. En el que Casado y Rivera parecen estar felices en su disputa por la derecha, con viajes a Alsasua o donde proceda para caldear un poco el ambiente y que no miren mucho a Abascal, e Iglesias feliz, al haber encontrado nuevamente a un malo que le permita frenar la sangría de votos y credibilidad.

Y mientras, la gente, cada vez más desapegada, más asqueada del espectáculo que se repite semana tras semana desde hace ya demasiados meses. Si alguno de los cuatro líderes responsables de esto se olvidan de la ballena y vuelven a tocar tierra, aunque sea un segundo y por error, entenderán que el mejor servicio que le pueden hacer a su país y a su partido es dar un paso atrás. Y tengo la sensación de que el primero que lo haga, será el que mejor parado salga.
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Jesús Gil Molina es periodista y asesor en comunicación política.
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4 Comentarios
  • jorgeplaza jorgeplaza 19/09/19 03:50

    Los que más han colaborado en llegar aquí han sido indudablemente Rivera, enloquecido hace meses, e Iglesias, al que su egolatría y su engreimiento le han cegado otra vez como ya le cegaron en 2016. En realidad, eso es lo que dice el artículo aunque el políticamente correcto párrafo final reparta las culpas por igual. Iglesias y Rivera, Rivera e Iglesias prestarían un excelente servicio al país yéndose a su casita o, mejor aún, a alguna escondida clausura en la que meditar el resto de sus días sobre la fugacidad de las glorias del siglo. Y mejor si no volvieran nunca.

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    • secondlife secondlife 19/09/19 19:57

      De tan previsible, marianista.

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    • ArktosUrsus ArktosUrsus 19/09/19 08:10

      Nada ha contribuido a eso un Sánchez que en lugar de hablar con los líderes de los partidos ha estado hablando con las "organizaciones sociales". Y ha estado de vacaciones como si la tarea que tenía por delante no fuera importante. En una empresa privada si un trabajador o un ejecutivo se toma vacaciones ante un trabajo importante para la empresa, va a la calle en menos que canta un gallo. O la señora Calvo, la del dinero público que no es de nadie, que ayer tuvo la desfachatez de mentir diciendo que Iglesias nunca se apartó para no ser un obstáculo "Ustedes han tenido un problema todo el tiempo: o su líder estaba en el gobierno o se rompía la baraja". No hay peor ciego que el que no quiere ver. En el artículo lo explica fenomenalmente. La política española se ha llenado de capitanes Ahab, persiguiendo cada uno su ballena blanca, y se han olvidado de lo que importa: el bienestar de los españoles. Hay dos formas de intentar mandar: mandar por mandar o mandar para hacer. Y es meridianamente claro quien quiere, en España, una forma u otra. Una pista: cuanto más solo se quiere estar en el poder, más se busca mandar por mandar.

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      • jorgeplaza jorgeplaza 19/09/19 08:44

        El PSOE no tenía interés en entrar en coalición con UP, eso es cierto. Pero después de la metedura de pata de Sánchez atribuyendo el problema de relación entre ambos partidos exclusivamente a Iglesias y tras la aparente retirada de este, el PSOE no tuvo otro remedio que hacer una oferta firme de Gobierno de coalición que Iglesias, siempre Iglesias, rechazó en directo durante la investidura pensando que estaba en posición de fuerza. No contento con eso, ordenó a los suyos abstenerse, con lo que por segunda vez colaboró decisivamente con la derecha en alejar a Sánchez de la Presidencia del Gobierno. En los casi dos meses siguientes, pese a que era obvio que el PSOE no le volvería a presentar ni aquella oferta de coalición ni ninguna, ha seguido en sus trece sin moverse ni un milímetro ni pensar, parece, en las posibles consecuencias que, de momento, son una repetición de elecciones de resultado muy incierto y unas relaciones con el PSOE rotas indefinidamente.

        Le recuerdo que UP no tenía diputados para garantizar la mayoría absoluta a ese Gobierno de coalición en que estaba emperrado, mayoría que había que completar con separatistas de ERC, ese partido tan fiable que votó contra los PGE y nos llevó a las anteriores elecciones.

        Le recuerdo también que Iglesias nunca ha hablado de programas sino de reparto de sillones, ahora y en 2016, cuando le hizo a Sánchez aquel Gobierno tan pintoresco a su medida: la de Iglesias.

        Y le recuerdo finalmente la desbandada lenta pero continua, tan parecida a una purga de disidentes, que ha mermado las filas de Podemos hasta dejarlas, en lo que a dirección se refiere, en un puñado de incondicionales de Iglesias. Para rematarlo, la número dos del partido resulta ser, ¡oh, casualidad!, la pareja del Jefe: no sé qué diría esta misma pareja de cualquier otro partido en el que se diera una situación tan estupefaciente.

        Iglesias es tóxico políticamente y, según se ha visto, una nulidad calibrando personalmente a sus oponentes políticos. Lo mejor que podrían hacer con él sus incondicionales es despedirlo, pero no lo harán, naturalmente: para eso son incondicionales.

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