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Plaza Pública

Captar lo vivo: sobre el fascismo de Vox (Una respuesta a Joan Maria Thomàs)

Publicada el 23/11/2019 a las 06:00 Actualizada el 22/11/2019 a las 20:08
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El gran medievalista francés Marc Bloch, en un conocido pasaje de su Introducción a la historia, alude a una anécdota que le aconteció con Henri Pirenne, otro notable historiador belga. Andaban ambos por Estocolmo decididos a conocer mejor la ciudad cuando surgió la pregunta: “¿Qué vamos a ver primero?”. Pirenne entonces, de manera un tanto sorprendente, comentó que, antes que acercarse a disfrutar de edificios o monumentos antiguos, él prefería visitar el nuevo ayuntamiento de la ciudad. Y, como para evitar la sorpresa de su colega, añadió: “Si yo fuera anticuario sólo me gustaría ver las cosas viejas. Pero soy un historiador y por eso amo la vida”.

Marc Bloch evoca esta anécdota para llamar la atención sobre un aspecto importante referido al estudio de la historia: si bien es cierto que uno de sus objetivos esenciales es comprender el cambio, conocer cómo las sociedades se han transformado a lo largo del tiempo, no es menos cierto que nuestra disciplina también ha de captar lo vivo, aquello que, aun proviniendo del pasado, permanece en el presente.

Estas reflexiones vienen a mi cabeza tras leer un artículo publicado en El País el pasado 15 de noviembre, por el reconocido historiador Joan Maria Thomàs, uno de los mayores expertos en la Falange y el fascismo que hay en España. En dicho artículo, titulado “Por qué Vox podría seguir creciendo”, Thomàs analiza el auge del partido liderado por Santiago Abascal e introduce algunas matizaciones que, a su juicio, deberían hacerse con respecto al “supuesto carácter franquista-fascista” de la formación.

La posición del profesor de la Universidad Rovira i Virgili podría sintetizarse del siguiente modo: Vox “es la versión española del nacional-populismo”, una corriente política encarnada en una serie de partidos de extrema derecha que se están reproduciendo por toda Europa. De igual modo, a pesar de que Vox comparte un conjunto de elementos propios de la Falange Española de Primo de Rivera y del Movimiento Nacional de Franco, el autor no considera que estos partidos puedan equipararse con Vox. De hecho, junto a esos aspectos “franquistas”, habría otros que explicarían mejor “su crecimiento presente”. Por último, la solución al auge de Vox vendría dada porque los partidos progresistas aplicasen “políticas de empleo y sociales” y “ofrezcan soluciones reales” tanto a los sectores sociales más desfavorecidos como a los “problemas de articulación interna de España”.

Para Joan Maria Thomàs, por tanto, Vox no sería un partido fascista, sino nacional-populista. Y tan sólo poseería algunos rasgos, secundarios respecto a su éxito electoral, vinculados con el fascismo o el franquismo. Aunque la explicación es sugerente, creo que en el artículo del profesor Thomàs existen una serie de comentarios referentes al no-fascismo de Vox que no comparto y sobre los que me parece importante debatir. El diagnóstico es fundamental a la hora de saber ante qué nos enfrentamos.

El primer aspecto llamativo en relación con el carácter de Vox puede encontrarse en el segundo párrafo del texto. Thomàs enumera algunas de las características de Vox que entroncarían con ese nacional-populismo europeo, y que por supuesto comparto: xenofobia e islamofobia, rechazo a la Unión Europea, cuestionamiento de las políticas de género, concepción esencialista de la nación española, intención de acabar con las autonomías, neoliberalismo radical, etc., etc. Sin embargo, al final del párrafo, Thomàs afirma: “Pero todo ello se plantea desde el constitucionalismo y desde la aceptación de la democracia”.

La conjunción adversativa “pero” cumple una función fundamental en la frase, pues contrapone unos rasgos negativos a otros positivos. La impresión general que transmite el párrafo, por tanto, es que aunque Vox despliega ideas y propuestas extremadas, muy escoradas a la derecha, lo hace desde la aceptación de los principios democráticos y constitucionales. La pregunta, sin embargo, dada la realidad política e institucional española y una vez analizado el programa de ese partido, sería: ¿acaso desde Vox tienen otra opción? ¿Podrían presentarse ante la ciudadanía de otra manera?

O, dicho de otro modo: ¿Adolf Hitler no participó en la lucha electoral durante la República de Weimar? ¿Benito Mussolini no hizo lo propio en la Italia de Vittorio Emanuele III? Una de las diferencias de entonces con respecto a la España actual es que tanto Italia como Alemania eran Estados prácticamente en descomposición; Estados que, por sus propias circunstancias internas y la propia coyuntura internacional, permitieron a estos grupos practicar una constante violencia desde abajo mientras que desde arriba participaban en el juego político.

Eso es algo que Vox nunca podría hacer en la España de hoy. Por eso no tiene más remedio que aceptar las normas de la democracia y el parlamentarismo, a pesar de que su proyecto sigue unas líneas maestras esencialmente antidemocráticas, contrarias al Estado de Derecho, la libertad y los derechos humanos tal como los entendemos en la actualidad. Vox quiere aprovecharse del sistema para destruirlo desde dentro. La misma estrategia, aunque en diferente contexto, que la empleada por los partidos fascistas en Italia y Alemania.

El segundo elemento que llama la atención se encuentra en el tercer párrafo del artículo. En él, el profesor Thomàs niega rotundamente que Vox sea “un partido de tipo fascista” como lo fue la Falange Española. Y alude al nulo éxito que a nivel electoral han tenido distintos partidos falangistas actuales que, “inasequibles al desaliento”, siguen planteando “el programa joseantoniano de 1934”.

De este análisis se infiere una idea global que no comparto: la de que el fascismo es un fenómeno histórico prácticamente único e irrepetible. Sólo aquellas organizaciones atrapadas por el pasado fascista, que siguen punto por punto el ideario falangista de los años 30, pueden ser consideradas fascistas en la actualidad. Esta explicación resulta en todo punto insuficiente para descartar a Vox como fascista, pues precisamente lo que ha hecho está formación política (y muchas otras por todo el mundo) ha sido actualizar el ideario fascista, modernizarlo, adaptarlo a los nuevos tiempos. Los contextos en historia cambian y, por tanto, los efectos que tienen similares hechos serán muy distintos (e impredecibles) según acontezcan en una época u otra. Pero aunque los contextos sean muy diferentes, hay un fondo que permanece, un fondo que los historiadores debemos identificar y señalar. El fracaso de esos partidos fascistas actuales a los que alude Thomàs se debe precisamente a que están atrapados e inmovilizados por el pasado. Vox no. Vox construye su discurso fascista mirando al futuro y es hacia allí hacia donde dirige sus mensajes. Algo que, por cierto, también caracterizó al fascismo italiano y alemán del período de entreguerras.

El último aspecto que querría resaltar del artículo tiene que ver con su parte final. Mi objeción se resume en forma de pregunta: ¿cuántas características fascistas debe tener un partido político para ser considerado un partido fascista?

En el artículo, el profesor Thomàs afirma que el ascenso de Vox “incluye factores franquistas, sí, pero también otros que seguramente explican en mayor medida su crecimiento presente”. Y en el párrafo siguiente, apenas una línea más abajo, comienza a enumerar un conjunto de características del partido.

Todas ellas son propias de los regímenes fascistas que se han dado históricamente. Alude al nacionalismo extremo de Vox, característica esencial de los fascismos. También explica la crítica que hace Vox de todos los políticos, que viven “a costa y de espaldas al pueblo sano”, lo que automáticamente nos traslada a la teoría de la “puñalada por la espalda” nazi y a la de la “victoria mutilada” fascista. Se refiere al racismo y a la xenofobia de Vox, otro rasgo propio de los fascismos. Alude a la animadversión de Vox hacia las políticas de género y hacia los colectivos LGTBI, característica ésta, una vez más, constitutiva del fascismo, implacable con cualquier corriente ideológica partidaria de la igualdad, la libertad sexual, distintos modelos de familia, etc.

Prácticamente todos los principios con los que el artículo describe a Vox son propios del fascismo. Y es que la corriente que describe a organizaciones racistas, ultranacionalistas, anti-políticas, anti-democráticas, machistas y violentas, se llama fascismo. Con todas las letras. Y aunque ese fascismo no es el “original”, y aunque el contexto de los años 30 es muy diferente al nuestro, la estructura del fascismo permanece. Está viva. Y los historiadores, creo, deberíamos dar cuenta de ello.
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Alejandro Lillo es doctor en Historia Contemporánea y profesor en la Universidad de Valencia.
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9 Comentarios
  • MASEGOSO MASEGOSO 24/11/19 23:29

    El fascismo se lleva larvando en el seno de PP dede su fundación a partir de Alianza Popular de Fraga Iribarne. Nada nuevo bajo el sol.

    En el transcurso de estos cuarenta y dos años de democracia la idea de ir más a la derecha se ha ido observando en las actuaciones del PP, más en el tiempo de Aznar que de Rajoy.
    Es abasolutamente del dominio público que Aznar no estaba en la onda de gobierno de Rajoy y que le ha criticado su "blandura". Sabida es la rápidez con que Rajoy eliminó todo el aznarismo en el PP, al menos de cara a la galería.

    Los componentes de Vox proceden todos de las filas PP y es necesario tener en cuenta que hace once meses no tenían representación alguna en política de modo real, figuraban y no eran entendidos por la población con derecho a voto.

    ¿No parece extraño que en solo once meses se haya pasado de un plano figurativo a un plano de primera presencia en el Congreso?

    Sus discursos han sido estudiados de forma activa en los discursos del fascismo y de su primera figura publicista; Goebels.

    El tono de sus palabras, la exposición y díalogo corporal, los gestos que, indudablemente, afirman la fe en sus declaraciones orales, ese tono de quien se está escuchando a sí mismo y, por supuesto, cree en lo que dice pero solamente ante la galería, despues sabe muy bien que no habla de realidades que se puedan solventar como afirma, no ignora que su posición respecto a la mujer es intolerable mas, de momento, arrastra a un PP que navega en aguas desconocidas y que desconoce si existe algún puerto fiable al que llegar para ampararse de la tormenta.

    Malos tiempos para la democracia con quienes se llaman constitucionalistas y abominan de la Constitución. Recordemos que Aznar no firmo el asenso a la C1978.

    Puede ser que solo sea una actuación tetral para reafirmar las ideas de José María Aznar López que, visto su paso por la política española, si dejo un rastro de fascismo innegable.

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  • José Luis53 José Luis53 24/11/19 15:05

    Con todos mi respetos, y no lo digo con ironía sino con verdadero respeto: discuten ustedes si son galgos o podencos.

    El problema es que mientras nosotros discutimos si son galgos o podencos, es decir, discutimos acerca de matices, ellos emplearon la táctica completamente opuesta y llevan las de ganar.

    La táctica de fascismos, o como quieras llamarles, reside justo en lo contrario: no hay matices, son respuestas totales que no dejan margen ni para la duda, ni para la fisura ni para la diferencia ni para el pensamiento. Son técnicas basadas en el pensamiento publicitario, una técnica también destinada aquí el receptor no piense. Y para ello sólo hay un sistema: la saturación de la percepción. Que el mensaje sea tan impactante, tan simple, tan sencillo, que obture por completo cualquier resquicio por el que se pueda colar el cuestionamiento. Dichos en términos  psicológicos: algo muy cercano a la alucinación.

    Es una técnica bien conocida de los publicistas. Más impactante - o sea, más gorda- será la mentira más producirá la anestesia del receptor. Las fake news saben bien que no importa la realidad, sino la  parálisis de la capacidad de discriminar. E insisto, sólo hay un método:saturar completamente la percepción del receptor.
     Es decir, intentar combatirlos por medios éticos está destinado al fracaso.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 24/11/19 12:08

    El problema que veo para algunos en la izquierda a la hora de tachar a Vox como antidemocrático es que no han lo han hecho cuando opciones formalmente de izquierda han propuesto no respetar que todos los ciudadanos del Estado son libres e iguales. La propuesta de referendo pactado para Catalunya pasando por encima de la soberanía popular clama al cielo, es antidemocrática!!!
    Por eso las reacciones de algunos "izquierdistas" ante el auge de Vox, me parecen impostadas.

    En este momento relaciono mâs Vox con Renovación Española de José Calvo Sotelo que con la Falange de Primo de Rivera. Los políticos de Vox son nacionalcatólicos pero creo intuir que han recibido mâs votos nacionalpopulistas que nacionalcatólicos. De momento veo a Vox mâs cercano al nacionalcatolicismo de Kaczynski que al nacionalpopulismo de Le Pen. Por ejemplo Marine Le Pen ya no es beligerante contra la interrupción del embarazo.

    A efecto practico opino que si se definen como demócratas monárquicos, no debemos espetarles que son fascistas asî como asî. Al hacer esto les estamos dando la oportunidad de presentarse como victimas, su deporte favorito. Sería un ayuda impagable para Vox.



































































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  • jorgeplaza jorgeplaza 23/11/19 18:46

    Me parece un debate sobre palabras más que sobre realidades. La pregunta (inquietante pregunta) es si el electorado español está dispuesto a respaldar con su voto a un partido que defienda abiertamente valores no democráticos y si está dispuesto a hacerlo masivamente. No estoy seguro de que la respuesta sea no. (A escala local, por cierto, ahí está Bildu)

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  • Grobledam Grobledam 23/11/19 15:30

    Sr Alejandro Lillo: ¿Hay alguna partido, aparte de VOX, en el Parlamento español que se pueda tildar de fascista según sus presupuestos?; ¿Hay algún Movimiento u Organización que actúe en la dinámica política española actual o del pasado reciente bajo esos presupuestos?. Si lo hay podría citarlos o en caso de que haya más de uno relacionarlos.
    Como supongo que estará atento y leerá con respeto y atención los comentarios de los socios de Infolibre a su artículo le ruego conteste en un sentido o en otro.
    Agradecido de antemano.

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    • Grobledam Grobledam 24/11/19 10:34

      Gracias por no contestar Sr Lillo, confirma lo que sospechaba.

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  • Galias Galias 23/11/19 11:53

    Totalmente de acuerdo: mi intención era eenviar un artículo a El País rebatiendo la tesis de Joan Mría Thomàs. Es fundamental caracterizar a Vox como un partido fascista, porque de lo contrario crecerá.El término puede llegar a desgastarse, pero si hay unidad en todas las fuerzas políticas, entre los dueños de los medios de comunicación y los tertulianos que usan en este caso, como en otros aspectos de las demandas sociales la adversativa "pero" para negar loo que antes han afirmado, pararemos su avance entre los votantes. ¿ Hay algo más evidente como que el fascismo no puede calificarse a sí mismo como fascista, que no estamos en los años 30, que no puede utilizar la violencia y que tiene que utilizar las instituciones democráticas para seguir creciendo?El nuevo Gobierno que se formará y el Parlamento tienen una enorme responsabilidad para desenmascararlo. Este debate estará vivo en los próximos años.

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  • .Sasha .Sasha 23/11/19 11:02

    Osea que El Pis también les blanquea. Grandioso. Y yo que pensaba volver a asomarme. Gracias.

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  • Republicano1944 Republicano1944 23/11/19 06:58

    Totalmente de acuerdo. Lástima que los medios "se la cojan con papel de fumar" antes de llamar por su nombre, fascistas, a toda la derecha heredera del framquismo genocida, y en ese cajón tendrían que meter a la mafia vaticana, copartícipe de tantos crímenes.

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