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Sabina y el vacío

Publicada el 21/02/2020 a las 06:00

Sabina cayó al vacío por querer acercarse más a su público, lo dijo Benjamín Prado en televisión. Y esto, aparte de las consecuencias que le está tocando batallar al artista, no deja de tener su lado simbólico. Joaquín Sabina siempre se ha caracterizado por lograr un grado de proximidad, casi íntimo, con quien pasea con todo su ser por las letras de sus canciones. Algo que no es nada fácil y que está al alcance de muy pocos artistas. Es de elogiar el hecho de que un artista de su talla, con todo lo que lleva encima y todo lo que se le ha quedado debajo, tienda aún siempre y sin demora a buscar este acercamiento cómplice con su público. Al acercarse tanto, Sabina no sólo se pone a tiro de objetivo para las cámaras de los teléfonos y para hacerse con algún regalo de sus seguidores –entre los que nunca debería faltar un sujetador y una rosa–, sino que se acerca para demostrar que es como tú, que se te parece, que las pasiones que tú sientes él también las lleva por dentro, que comparte tu mundo porque es el mismo que el suyo, y que asiste a la aventura de vivir ajeno a los privilegios del hermético Olimpo.

Mucho se ha escrito ya sobre el hecho en sí del paso en falso, del foco cegador, de la mística interna de la imagen de Serrat y Sabina sobre el escenario tras el golpe y el posterior silencio frío, helado de dudas y preocupación de todo el auditorio. Pero poco se ha dicho del trasfondo interno del caluroso aplauso que el público le brindó a Joaquín. Volvió al escenario, igual que retornan al ruedo los toreros minutos después de haber sufrido una cornada en la arena. Quizá se manifestase en esos momentos negros su antiguo deseo de ser torero. Y volvió como pudo, sin el micrófono con el que había luchado contra las sombras, pero cargado de palabras puras que destellaban desde su armadura de sinceridad a pecho descubierto. Se quejó y nos dolió a todos. No se confundan, no abandonó el escenario, fue sacado a hombros por los que lo aplaudían desde el más profundo respeto.

Desde esa noche, como pasa sólo con las figuras realmente grandes, los que desde ese momento tenemos el corazón agarrotado y el alma encogida igual que si se tratase de un pariente directo, comprendemos un poco más el vacío interior que llenan las canciones de Joaquín. Ellas son siempre un atajo para sacudirse la tristeza de encima, un hombro en el que encontrar consuelo cómplice, un bálsamo contra el desamor y un manual de libertades para mentes adormecidas. Sin ellas, fuera de toda duda, los hispanohablantes seríamos más pobres y estaríamos más vacíos. El público que se volcó en aplausos con el artista sabe bien de la sustancia y el contenido al que me refiero. Sabina siempre llena el vacío. Sin embargo, ya empieza a ser hora de que España –como apuntaba recientemente el maestro Calamaro– perfile y atine mejor en los honores que rinde a quien aporta cultura y valor a la sociedad; y nos saca del vacío que es a veces la existencia. Ahora que Sabina ha salido de la UCI, dejemos ya de enterrar bien y festejemos mejor a los que todavía están.

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Justo Zamarro es doctor en Literatura Española por la Universidad de Viena y autor del libro 'Ciudad Sabina'.

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6 Comentarios
  • clacepa clacepa 22/02/20 22:22

    Magnífico articulo para el más grande de los poetas en español vivo. No hay ninguna canción de Sabina que no destile rasgos de la mejor poesía.. amor, ironía, humor, melancolía, nostalgia.. Son cientos las veces que utilizo frases de sus canciones para definir aspectos que no sé decir con mis propias palabras: no hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió; que no te den la razón los espejos; esa amante inoportuna que se llama soledad; que el calendario no venga con prisas, que los que esperen no cuenten las horas, que los que matan se mueran de miedo y.. Para ti, Sabina, que el fin del mundo te pille bailando

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    • peruntros peruntros 23/02/20 17:17

      Supongo que lo dirá por el abuso del pareado concatenado con la patética ayuda de un diccionario invertido, que le lleva a cantar (entiéndame, es un decir) lo que pega y no lo que quiere decir (coche, broche, noche). De ahí su gusto por las canciones en torno a meras enumeraciones (Todos menos tú, la del pirata cojo). Ojo que tiene dos registros más: "nos miramos y me la tiré" y "oda a mis amigos, y a las juergas corridas con ellos". Por no decir que el tipo NO COMPONE muchas de sus canciones.
      En otro orden de cosas, me parece un misógino despreciable y un izquierdista (o lo que le venga bien en ese momento) de puros, toros y traiciones.

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  • Pointer56 Pointer56 21/02/20 11:03

    ¡Efectivamente! ¿Para cuándo un premio Princesa de Asturias?. Ya están tardando. Tienen donde encajarle sobradamente: artes, comunicación y humanidades (como a Les Luthiers), o letras. En cualquiera de los tres encajaría sobradamente. Y lo mismo digo para Serrat...

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    • Grobledam Grobledam 21/02/20 12:04

      Voto por el Princesa de Asturias para los dos y a la vez. Muestra de los que nos une y escarnio para lo que nos separa.

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  • M.T M.T 21/02/20 09:20

    Mi aplauso más sonoro al articulista, en homenaje a ese Grande que es Joaquín Sabina.
    Pronta recuperación y a seguir deleitándonos con su música y su poesía. No son otra cosa sus canciones.
    Saludos y aplausos.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 21/02/20 08:37

    Soy un rendido admirador de Sabina, al que deseo que se ponga bueno lo antes posible. Me ha gustado el artículo. Pero, como no puedo escribir un comentario sin intentar chinchar, lanzo la pregunta: ¿no es evidente que la mayoría de sus estupendas letras no se podrían escribir hoy, que son de una incorrección política y un "machismo" que tumban? (Precisamente por eso me gustan tanto, pero no por eso deja de ser cierto lo que digo. Ejemplo: "Qué van a decir todos los que a ti bruja te llaman / Si saben que lloras, besas, te enamoras y me haces la cama." Por menos de eso ha puesto pleitos Irene Montero.

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