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Contaminación por coronavirus y capitalismo global

Publicada el 16/04/2020 a las 06:00

Argumentaré que la contaminación biológica que desde China (Hubei) afectó al mundo (Italia, EEUU, España, Francia …) tuvo una condición necesaria y otra suficiente. La necesaria radica en los múltiples enlaces aéreos que reclaman las muy numerosas actividades empresariales (singularmente de automoción entre otras) que conectan esa región industrial china con las cadenas globales de valor de occidente. Una provincia-región que cuenta con más población que toda España.

Pero esa condición no sería suficiente de no haberse impuesto, a la necesaria precaución y alarma desde el primer caso confirmado, una inacción que solo puede explicarse por el temor de las autoridades locales a provocar la parálisis económica de uno de los principales motores económicos de aquel país. Parálisis que finalmente –varias semanas críticas después– fue inevitable decretar. Cuando ya era, sobre todo para el resto del mundo, demasiado tarde.

La muerte por contagio el cinco de febrero del doctor Li Wenliang, que había previamente denunciado a finales de diciembre de 2019 un sospechoso brote vírico (y que fuera reprendido por la policía por atentar contra el orden social), acota trágicamente las decisivas semanas perdidas (al menos del 15 diciembre al 20 enero).

Es así que la globalización económica, sus movilidades y sus prioridades dentro de China y de esta con el exterior, se impusieron a la precaución. Y fue así como el coronavirus dispuso durante varias semanas de una red global de transporte aéreo a pleno rendimiento al servicio de esas necesidades productivas. Semanas de tiempo de absoluta libertad para expandirse. Con una cosecha mundial que entre enero y abril no tiene otro calificativo que catastrófica a la vista del gráfico que presentamos a la altura del 12 de abril. Y no por falta de normativas al respecto. Veamos.

Analizaremos brevemente la interconexión económica y aeroportuaria global de Wuhan, y también la normativa internacional que esos intereses (locales y globales) anestesiaron durante unas semanas críticas. Interconexiones activas e intereses que no frenaron a tiempo lo que la OMS en su Reglamento Sanitario Internacional (RSI, 2005) define como “«contaminación»: presencia de cualquier agente o material infeccioso o tóxico en la superficie corporal de una persona o animal, en un producto preparado para el consumo o en otros objetos inanimados, incluidos los medios de transporte, que puede constituir un riesgo para la salud pública” (art. 1) (negritas mías), asumiendo además la “respuesta mundial de salud pública a la aparición natural, la liberación accidental o el uso deliberado de agentes biológicos y químicos o de material radio nuclear que afecten a la salud” (RSI 2005: 1) (negritas mías)

Interconexiones globales y normativas durmientes

Respecto a las interconexiones económicas globales baste decir que en la actualidad la capital de Hubei (Wuhan) con once millones de habitantes es considerada el centro político, económico, financiero, comercial, cultural y educativo de China central. Debido a su papel clave en el transporte doméstico, a Wuhan se lo conoce como el Chicago de China por fuentes extranjeras. Sus principales industrias incluyen desde óptica, electrónica, fabricación de automóviles, fabricación de acero, sector farmacéutico a ingeniería biológica, entre otras. Con un aeropuerto con conexiones globales para negocios y turismo (San Francisco, París, Madrid, Roma, …) que no se cerrará hasta el día 23 de enero. Singularmente con empresas de componentes de automoción para sus cadenas globales. Siendo así que el corazón industrial de Italia ya documenta un primer contagio en febrero a través del gerente de una empresa (MAE) productora italiana de fibras sintéticas que habría visitado China. Contagios que siguen el patrón de los primeros casos de Chicago o California.

Eran fechas en las que los responsables sanitarios españoles descartaban que fuese necesario implementar procedimientos de detección en los aeropuertos. Aeropuertos que seguían canalizando el tráfico de pasajeros asociado a las muchas empresas españolas que operan en toda China. Aquí los primeros casos detectados están vinculados a nuestro negocio turístico global, siendo paradigmático el de un británico en Mallorca con contactos en Singapur (11 febrero 2020).

Respecto a la normativa, la OMS, en el ya citado Reglamento, concreta que para dar respuesta a un evento de contaminación, “cuando la OMS reciba información sobre un evento que pueda constituir una emergencia de salud pública de importancia internacional, ofrecerá su colaboración al Estado Parte de que se trate para evaluar la posibilidad de propagación internacional de la enfermedad, las posibles trabas para el tráfico internacional y la idoneidad de las medidas de control” (art. 10.3) (negritas mías). Incluso adjunta un modelo a cubrir por el responsable del vuelo que reproducimos aquí por el interés de su lectura.

Trabas potenciales que mal se podría considerar implementar si en el Estado parte se silenció durante semanas la existencia de la contaminación, sin duda para no interrumpir uno de los motores clave de la economía china. Aunque no es menos preocupante comprobar que la propia OMS asuma el criterio de “reducir la propagación internacional de una enfermedad con un mínimo de trabas para el tráfico internacional” (art. 15.2.) (negritas mías). Para no crear alarma social, no interrumpir el turismo y las cadenas globales de negocios.

Posición local que solo se descalificó como un grave error cuando el Gobierno Central chino consideró que aquella política del avestruz si bien podría ser útil a corto plazo para no dañar la economía de Wuhan, era letal para el crédito internacional y global de toda China. Aunque para entonces ya habrían pasado unas semanas decisivas para contaminar al resto del mundo. De las presiones que a nivel provincial y estatal se anotan en aquel país (y en el nuestro, como bien supimos de esto cuando se intentaron paralizar actividades no esenciales) baste dejar constancia que ya el 14 de marzo su Vice Ministro de Industria Xin Goubin se felicitaba del regreso a la normalidad en todas las empresas fuera de Hubei.

Conclusión

A pesar de que nuestra Ley General de Salud Pública prescribe con inmejorable criterio en su artículo 3.d. lo siguiente:

Principio de precaución: la existencia de indicios fundados de una posible afectación grave de la salud de la población, aun cuando hubiera incertidumbre científica sobre el carácter del riesgo, determinará la cesación, prohibición o limitación de la actividad sobre la que concurran.”

Lo cierto es que en España, tal como aconteciera en Hubei entre diciembre y enero, el intentar minimizar y diferir al máximo las trabas al tráfico y a las actividades productivas hasta la declaración del Estado de Alarma (y aún más tarde hasta hibernar las actividades no esenciales), no encaja con una aplicación firme del principio de precaución. Lo que explica que la precaución se calificase como “generar alerta y confusión” el día cuatro de marzo (a semejanza de alterar el orden social en China), por mucho menos de lo que hubo que acabar haciendo quince días después. Dejando varias semanas de plena libertad, también aquí, a la contaminación biológica. Lo mismo que se documenta para Italia.

Si en Hubei cuatro semanas de miopía del contaminador-exportador condujeron a ochenta mil infectados reconocidos en una población de 58 millones, en España si a esa miopía le añadimos otras tantas semanas de la miopía del contaminado-importador, no es raro que alcanzásemos los ciento sesenta mil para 47 millones.

Miopía española que era ya más que patente en esta afirmación oficial a la altura del día 24 de enero: “En cualquier caso, no se puede descartar que aparezca algún caso importado en España procedente de la zona de riesgo. Si esto se produjera, la probabilidad de que se produjeran casos secundarios en nuestro país se estima baja en este momento, ya que con la información disponible, la transmisión persona a persona no es elevada”. Y hablamos de infectados reconocidos porque, al menos en España, el tamaño real del iceberg de esta contaminación podría ser mucho mayor.

La lógica arrogante y arrolladora del capitalismo neoliberal se resiste a la prudencia y la humildad. Porque la factura en vidas humanas se contrapone, dígase o no, con la caída del PIB y la producción. Con esa misma lógica se nos venden ahora los milagros de la inteligencia artificial y el big data para la salvación contra el coronavirus. Cuando de lo que de verdad carecemos es de una efectiva, y sobre todo resolutiva, inteligencia social y colectiva. A la vista está.

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Albino Prada es miembro de ECOBAS y ensayista.

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2 Comentarios
  • W. SMITH W. SMITH 19/05/20 09:32

    El día 19 de mayo nos enteraríamos de que en 18 de febrero los 30 expertos de la Unión Europea que debieran haber aplicado el PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN ante tamaña INCERTIDUMBRE miraron hacia otro lado: https://elpais.com/sociedad/2020-05-18/los-guardianes-de-la-salud-europea-subestimaron-el-peligro-del-virus.html

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  • W. SMITH W. SMITH 16/04/20 12:55

    Se lee hoy en El País: "El 20 de enero Xi Jinping habló en público por primera vez sobre el virus y afirmó que había que “tomar seriamente” el brote y atajarlo. El prominente epidemiólogo Zhong Nanshan anunció también por primera vez, y en la televisión nacional, que el patógeno se transmitía entre humanos. Un estudio de la Universidad de Southampton en el Reino Unido encontraría después que se hubiera podido reducir en dos tercios el número de contagios si el público hubiera recibido una semana antes avisos de mantener la distancia social y llevar mascarilla y se hubieran impuesto restricciones de viaje". Ver aquí el citado estudio: https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.03.03.20029843v3.full.pdf

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