x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Plaza Pública

El Poder Judicial ante el populismo después de la pandemia

Lucía Ruano Rodríguez
Publicada el 05/06/2020 a las 06:00

A punto de cumplir cuatro décadas de un sistema jurídico destinado a garantizar la tutela efectiva de los derechos y libertades democráticas, que junto a la separación de poderes son los dos pilares fundamentales nuestra democracia, podemos preguntarnos sobre la solidez de ambos pilares en el momento actual, ante los retos a los que nos vamos a enfrentar.

¿Podemos confiar en el Poder Judicial?

No me refiero sólo a las capacidades organizativas, ni a los insuficientes recursos personales y materiales. Tampoco me voy a referir a los problemas de una legislación procesal que, en especial en determinados ámbitos, hace tiempo que espera una actualización que nunca llega. Me refiero a lo que podría constituir un talón de Aquiles del sistema político constitucional en tiempos del coronavirus: que los jueces y tribunales se dejen arrastrar por los movimientos populistas.

No va a ser fácil que muchos jueces tengan la capacidad de resistencia que requiere sustraerse al populismo. Para ello, es necesario apelar a lo que son los valores fundamentales de un Poder Judicial en democracia: la independencia, la imparcialidad, la responsabilidad y el sometimiento exclusivo a la ley y al Derecho.

Los jueces no debemos dejarnos arrastrar por la polarización política y social debida a la crisis del coronavirus, alentada por el designio de algunos actores políticos que así lo han anunciado; actuando con irresponsabilidad, desde la irracionalidad, la apelación constante a las emociones, incluidos los sentimientos de odio al que piensa de forma diferente, cuando pensar diferente y actuar de forma diferente es la esencia de todo sistema democrático.

Ningún juez debería de obviar la objetividad que, como todos nosotros sabemos, por nuestro quehacer diario, solo se alcanza a través de los hechos minuciosamente analizados y contrastados, los datos precisos confirmados, el estado de los conocimientos científicos asentados y la ausencia de todo prejuicio ideológico o personal, evitando las presiones ambientales.

De todos los prejuicios de los que debemos desprendernos al instruir una causa o cuando juzgamos, la propia ideología o creencias personales es el más difícil de superar. Según mi experiencia, esa ideología, en el caso de la mayoría de mis colegas, es una ideología conservadora. No es solo una apreciación personal. A falta de estudios más rigurosos, viene corroborada por los porcentajes de afiliación a las cinco asociaciones judiciales existentes, cuya tendencia ideológica es conocida.

Que la mayoría de los jueces y juezas (ahora más numerosas las juezas) se sitúe dentro del espectro de la ideología conservadora, tiene sus causas y también sus consecuencias. Entre las causas más relevantes estarían los sistemas de selección, el tipo de formación exigida para ingresar en la carrera y para promocionar a lo largo de ésta, la forma de ascender a instancias superiores o cargos y empleos del aparato administrativo judicial, mediante nombramientos discrecionales del órgano de gobierno, conformado a lo largo del tiempo por una mayoría conservadora.

Sobre las consecuencias, me atrevería a decir que, por el momento, la calidad de la respuesta judicial, en términos generales, es mejor que la imagen que transmite y superior a la confianza de la ciudadanía que en ocasiones muestran los estudios de opinión.

El sistema judicial responde con lentitud pero, en mi opinión, lograría un aprobado ante las controversias cotidianas de los ciudadanos. Las injusticias que las personas más vulnerables de la sociedad padecen y que se proyectan sobre los procesos judiciales, no siempre son atribuibles a las resoluciones de los jueces.

La ideología mayoritariamente conservadora de la judicatura no ha impedido tramitar y concluir numerosas causas de corrupción política y económica y sancionar conductas graves de personas antaño poderosas.

Durante los próximos meses y años (esperemos que pocos), la judicatura se va a enfrentar con las demandas ciudadanas de quienes han sufrido de forma directa las peores consecuencias de la crisis económica y social debida a la pandemia. El incremento de los litigios va a exigir más recursos materiales, personales, organizativos y probablemente reformas procesales.

La anunciada avalancha de demandas de algunos actores políticos, que podrían dar lugar a procesos instrumentales con finalidades políticas y/o económicas, ajenas a los intereses legítimos de los ciudadanos, además de detraer los de por sí limitados recursos del sistema, podría contribuir a la deslegitimación del Poder Judicial, ya lastrado por sus diversas deficiencias. En tal caso, la respuesta de los jueces y juezas españolas no puede ser la que dichos actores políticos pretenderían.

Solo podemos evitar que esto suceda si somos conscientes del grave riesgo que correría el sistema democrático en su conjunto y, en particular el propio Poder Judicial, que pese a su talante mayoritariamente conservador, todavía está en condiciones de ofrecer una tutela efectiva de los derechos ciudadanos y no meramente retórica, aplicando con objetividad las normas jurídicas vigentes y las garantías que las mismas ofrecen de respeto a los derechos fundamentales y a los valores democráticos constitucionales. Como dice el código ético de los jueces en Portugal: El juez respeta escrupulosamente el principio de la separación de poderes. Cuando tiene que pronunciar decisiones con evidente repercusión política, se ciñe a aplicar la Ley para dar respuesta jurídica al caso concreto que estuviera llevado a decidir. Por consiguiente, la salvaguarda de la independencia externa, que confiere las condiciones de imparcialidad de los tribunales y garantiza la confianza pública en la Justicia, supone que el juez se oponga a cualquier intento de politización de sus órganos propios de gobierno o de su función (…)”.

_________________________

Lucía Ruano Rodríguez es magistrada.

Más contenidos sobre este tema




5 Comentarios
  • elcapitantan elcapitantan 05/06/20 13:41

    Pregunta: ¿podemos confiar en el Poder Judicial?
    Respuesta: No. Contundentemente No.

    La famosa Transicion del 78 NUNCA pasó por los Tribunales españoles que siguen llenos de franquistas machistas, homofobos y racistas.
    No hay mas que asomarse un poquito a sentencias judiciales como las de -La Manada, -Los chicos de Altsasua, - El Procés Catalán, - Valtonic, - El coño insumiso ( aun pendiente despues de 5 años de calvario), ahora la jueza Medel y el 8-M etc etc para ver que calaña judicial padecemos en España.
    Se salvan cuatro gatos entre jueces y fiscales.



    Y para que no queden dudas de que jueces padecemos les dejo una esplendida aportacion de Carlo Maria Cipolla: «'Allegro ma non tropo': Las leyes fundamentales de la estupidez humana», 1988 (reelaboración propia):

    — Ley 1: Si los estúpidos volaran, no se vería el sol

    — Ley 2: La estupidez es libre (no todos somos igual de estúpidos)

    — Ley 3: El estúpido causa pérdidas a otros, ganando nada él o, incluso, perdiendo

    — Ley 4: La estupidez es peor de lo que parece (es un error grave tratar con estúpidos).

    Si a la estupidez se le añade la mala baba manifesta de gran parte de la judicatura, pues ustedes mismos....

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    3

  • Fernandos Fernandos 05/06/20 11:49

    A la vista de muchos casos, sobretodo las actuaciones en la corrupción, cuesta creer en la imparcialidad de la justicia.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    2

  • Teresa A Teresa A 05/06/20 11:01

    Todos sabemos que uno se defiende mucho mejor , con recursos , que sin recursos . Lo estamos viendo , en muchos casos de corruptos con dinero que se van de rositas pagando, y rebajando su condena muchísimo, algunos ni llegan a entrar en la cárcel, y otros con mucho rebaje de condena. Y lo de que la mayoría son conservadores , la verdad que da mucho que pensar , y màs sobre su imparcialidad. ¿Como se puede meter a alguien tres y cuatro años por una canción, y hay quien ha robado millones de dinero público, y le cae lo mismo o menos ?

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    3

  • MASEGOSO MASEGOSO 05/06/20 09:59

    Poco puedo añadir a lo expresado por Libertino y lo que me sumo.

    "Como dice el código ético de los jueces en Portugal: “El juez respeta escrupulosamente el principio de la separación de poderes."

    Esta cita la guardo ya que, al ser parte de un art. esrito por una magistrada, es muy digno de tener en cuenta el respeto de los jueces a la separación de poderes, en Portugal. No es así en España.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    4

  • Libertino Libertino 05/06/20 00:32

    Es un alivio saber que contamos con juezas y jueces honestos y neutrales como usted, pero siento decir que son minoría. La desconfianza que la mayoría de la sociedad tiene de la judicatura española se la han ganado sus colegas a pulso. Por ideología, por plegarse al poder político y económico, por lentitud voluntaria, por corrupción institucionalizada, por permitir que los poderosos se vayan de rositas mientras cargan contra el robagallinas. Esta es una verdad incuestionable, la prueba está en los diarios.
    Es absolutamente lamentable el funcionamiento de la Justicia en el estado español. Lo es, no sólo por la falta de medios humanos o materiales, sino por la irritante soberbia de algunos jueces, por el corporativismo, por la parcialidad, etc., etc. A ello hay que añadir la desgana con la que trabajan una buena parte de los funcionarios, y el desprecio que demuestran al ciudadano, ya que se niegan a ofrecer un servicio público de calidad. Lo digo con conocimiento de causa, como víctima de la desesperante desidia judicial y de la incompetencia de algunos funcionarios a la hora de tramitar los asuntos. Necesitamos una Justicia moderna y justa, todo lo contrario de lo que tenemos. Y agradezco que usted de la cara y promueva esa demanda, pero la veo muy poco probable. La sociedad es reflejo de la probidad de sus jueces. El populismo puede ser un enemigo a combatir, pero yo empezaría por librarme de los magistrado/as injusto/as.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    10

Lo más...
 
Opinión