Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Plaza Pública

Injusticia de género: la condena de la Teología Feminista

Publicada el 06/06/2020 a las 06:00 Actualizada el 24/07/2020 a las 11:09

En el centenario del nacimiento de Juan Pablo II y en el quince aniversario de la elección de su sucesor, Benedicto XVI, voy a reflexionar sobre una teología que no ha tenido el reconocimiento que merece, ni siquiera en los discursos religiosos críticos: la Teología Feminista, cuando se trata de una de las más creativas, incluso “revolucionarias”, de los últimos cincuenta años.

En un primer momento apenas se la tuvo en consideración. Se la desdeñó y se la situó del lado de las teologías de genitivo por creerse que su novedad no consistía en otra cosa que en incorporar a la mujer como un tema más en el programa teológico. Por ello ni siquiera el Magisterio eclesiástico reaccionó ante su nacimiento ni reparó en su originalidad. “Cosas de mujeres”, interpreto que dijeran los defensores de la teología patriarcal y del dogma católico.

Pero la Teología Feminista era más que eso. Llevaba a cabo una verdadera revolución metodológica, un giro hermenéutico y un análisis de la realidad desde la perspectiva de género, que suponía una verdadera conmoción en el discurso teológico. En su mediación socio-analítica llamaba la atención sobre la discriminación de las mujeres, que desembocaba en violencia machista como invariante histórica e instrumento normalizado en la sociedad y la Iglesia patriarcales. Ni siquiera la Teología de la Liberación en sus orígenes reparó en tamaña injusticia, que afectaba a más de la mitad de la humanidad, y de manera especial a las mujeres del llamado “Tercer Mundo”.

Aplicando al ámbito religioso las categorías de análisis de la teoría de género, la Teología Feminista dirigía su crítica radical a las estructuras jeráquico-piramidal-patriarcales de las iglesias, cuestionaba las masculinidades sagradas como única representación divina, rechazaba la moral de esclavas que las religiones imponen a las mujeres, creaba sus propias organizaciones teológicas sin pedir autorización al Vaticano y sin necesidad de asesores teológicos varones, proponía alternativas comunitarias de corresponsabilidad y autoridad compartida, defendía la democracia paritaria en las instituciones religiosas, leía los textos fundantes, en este caso del cristianismo, desde la sospecha de que estaban escritos en un lenguaje androcéntrico y que era necesario despatriarcalizar.

Al darse cuenta de la seriedad y del carácter “revolucionario” de la iniciativa, el Magisterio eclesiástico y sus teólogos asesores comenzaron a sospechar del peligro de dicha teología y a vigilarla de cerca. A las sospechas siguieron las censuras, que desembocaron en condenas. Unas y otras procedían de jerarcas patriarcales y de teólogos androcéntricos –todos, o la mayoría, clérigos–, insensibles a la discriminación de las mujeres. Las condenas recayeron sobre algunas de las más reconocidas teólogas con una excelente formación interdisciplinar desde la perspectiva feminista, una sólida fundamentación epistemológica, una gran capacidad de diálogo interdisciplinar y de interlocución con las diferentes tendencias de la Teología Feministas, especialmente con las decoloniales.

Las condenas patriarcales confirmaban la afirmación de Mary Daly: “Si Dios es varón, el varón es Dios” y se colocaba a Dios del lado del patriarcado religioso para condenar a las teólogas feministas proyectando sobre Él una imagen misógina y sexista, que le hacía un flaco favor a la hora de presentarlo como Dios de todos los seres humanos. ¿Quién iba a creer en un Dios misógino? En palabras de Kate Millet, autora de Política sexual, referente de la tercera ola del feminismo, “el patriarcado tiene a Dios de su parte”, y no solo de parte del patriarcado religioso, también del político, incluso en sociedades secularizadas.

Una de las teólogas sometidas a este proceso patriarcal por parte de la nueva Inquisición fue la norteamericana Elisabeth Johnson, autora de obras tan relevantes de teología feminista como La que es. El misterio de Dios en el discurso teológico feminista (Herder, 2002), Verdadera madre nuestra (Herder, 2005) y La búsqueda de Dios vivo. Trazar las fronteras de la teología de Dios (Sal Terrae, 2008). En ellas de-construye el lenguaje patriarcal de la teología, que está en el sustrato del sexismo y de la misoginia, cuestiona las imágenes androcéntricas de Dios y busca reconstruir imágenes integradoras de la divinidad, privilegiando las que surgen desde abajo a partir de las experiencias del sufrimiento y de las luchas emancipatorias de las mujeres y las que tienen que ver con la vida.

La amplia difusión de su libro La búsqueda de Dios vivo provocó el malestar de los obispos estadounidenses que, a través de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, rechazaron la obra por "contener falsedades, ambigüedades y errores”, por no concordar con la doctrina católica en sus puntos fundamentales y por llegar a conclusiones “teológicamente inaceptables”. Elisabeth Johnson expresó su malestar por la tergiversación de su pensamiento y la falta de diálogo y respondió con una réplica rigurosamente argumentada.

Después, la censura contra la Teología Feminista desembocó en una investigación durante cuatro años a la Conferencia del Liderazgo de Mujeres Religiosas de Estados Unidos, organización que agrupa a numerosas congregaciones religiosas femeninas estadounidenses, por la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal conservador alemán Gerhard Müller, discípulo de Benedicto XVI, quien lo nombró para dejarlo “todo atado y bien atado” en el terreno doctrinal tras su renuncia.

El resultado de la investigación fue la acusación a la Conferencia del Liderazgo de posturas contrarias a la fe de la Iglesia en cuestiones como el sacerdocio y la homosexualidad, de errores doctrinales y de promover un feminismo radical. Además, el cardenal Müller consideró “una abierta provocación contra la Santa Sede” la concesión del “Premio al Sobresaliente Liderazgo” por parte de la Conferencia de Liderazgo a la teóloga Elisabeth Johnson, que había sido condenada por el Vaticano unos años antes.

Durante el pontificado del Papa Francisco no se ha producido ninguna amonestación ni condena contra la Teología Feminista, como tampoco contra las organizaciones religiosas femeninas de orientación feminista. Sin embargo, Francisco no se ha destacado precisamente por su afinidad con el feminismo ni por devolver a las mujeres en la Iglesia católica y en la teología el protagonismo requerido por mor de justicia de género y justificado teológicamente. Más bien todo lo contrario. Continúa la injusticia de género en todos los terrenos.

Durante el encuentro de los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo en el Vaticano para tratar sobre la pederastia en la Iglesia, el Papa Francisco afirmó que “el feminismo es un machismo con faldas”. Es una prueba de que, tras siete años de pontificado “franciscano”, el feminismo y la Teología Feminista siguen siendo dos de sus asignaturas pendientes y constituyen uno de los criterios para que pueda ser considerado consecuentemente renovador. Por el momento las asignaturas no las ha aprobado.

________________________________

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid.

Más contenidos sobre este tema




5 Comentarios
  • CinicoRadical CinicoRadical 06/06/20 16:45

    caramba !!...lo de "ideología de género ",con mucho,demasiado credo por este reino, de quién es ?
    dicutir sobre Fe en fín. Creo por lo visto en los últimos 2020 años si nos creemos lo que defienden el xtianismo,las mujeres ,bien,excepto como dadoras de vida,no se las considera,se equivocan de lugar,casa ,agrupación.Todavía en algunas otras iglesias hay ,obispas,o jefas del asunto.
    En el tema Teologías la que va ganando adeptos es la de la Prosperidad,, Hay que fundar una nueva Jerusalém....ahí están.
    Quien canta su mal espanta. El miedo es libre.
    Salud.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Larry2 Larry2 06/06/20 09:58

    interesante artículo, la iglesia lleva muchos tiempos sin dilucidar este asunto. Pensábamos que Francisco iba a ser el renovador absoluto de esta multinacional, pero no. Venía con mucha fuerza, pero se ha quedado ahí. Mas apertura si que hay, pero las mujeres en el mundo de la iglesia no pintan nada, y la iglesia debiera tenerlas en cuenta, el tiempo lo dirá. agur

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 06/06/20 09:28

    El desprecio de la iglesia por los verdaderos creyentes, no los meapilas, empezando por Lutero, sigu Kendo por Teilhard de Chardin y Hans Kung y por la Teología de la liberación y la Teologìa del feminismo es una constante historica. Las plazas de toda Europa huelen todavía a la carne quemnda de verdaderos cristianos. Murieron asesinados cientos de miles; fueron mártires a manos de la iglesia fanatizada; muchos más que los pocos miles a manos de los emperadores romanos tan denostados ellos. En España hicieronsu última "razia" en 1936 que les duró hasta después de 1975. Todavía tienen voluntarios esperando la ocasiòn. Una Iglesia que sólo en sus primeros 300 años respetò el mandato evangélico "mete tu espada en la funda que el que a hierro mata a hierro muere" ratificando el quinto mndamiento que prohibe no matar, hasta que tuvo capacidad de hacerlo a partir de su legalizcion con el nefasto decreto de Constantino y el más nefasto de Teodosio II declarándola religión oficial del imperio. Allí empeó la "razia". Hoy aún siguen asesinado "dentro de la ley" en paises declaradamente cristiano, los EEUU, sobre todo a los negros, con su silenciosa connivencia.
    Los varones, de forma ostentosa y mayoritaria, hemos perdido la fe; todavía hay muchas mujeres, y no me refiero a esas beatonas de novenas y rosario, que la conservan. ¡Eso sí que es un milagro!

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    1

  • Segedano Segedano 06/06/20 00:51

    Hoy por hoy, Iglesia y feminismo, en mi opinión, constituye un perfecto oxímoron. Y, sin embargo, creo que solo el concurso activo y protagónico de las mujeres podrá salvar, o por lo menos retardar, el inevitable declive de la Iglesia Católica en un mundo cada vez más proclive a todo tipo de sincretismo pseudorreligioso.

    La Iglesia ha incorporado a su jerarquía, si bien con no poco recelo, a representantes de diferentes países, culturas, lenguas y etnias. No por eso no ha dejado de perder influencia, tanto en intensidad como en extensión. Si yo fuera Papa (cosa que ni de coña, claro está) y me preocupara de verdad el futuro de la organización, estaría muy atento a las demandas del feminismo católico: es la clave para conectar de verdad con el mundo real. Nada menos.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    2

  • Heradis Heradis 06/06/20 00:45

    Fantástico artículo. Gracias 

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    1

 
Opinión