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La guerra en los tribunales

Francisco Javier López Martín
Publicada el 11/06/2020 a las 06:00

Salimos de una dictadura, hace ya más de 40 años, con un proceso de transición democrática en el que los hijos de los golpistas que ganaron una sangrienta guerra civil se sentaron con los hijos de quienes la perdieron. No debió ser nada fácil. Había muerto el dictador y nadie quería volver a más muerte, al enfrentamiento civil, a la larga noche del franquismo.

Me asombra ahora, cuando el momento es tremendamente complicado, no menos que lo fue entonces, aunque por causas distintas, que hablar con unos y con otros, sentarse a hablar, constituya un crimen contra la unidad de España, esa unidad que siempre termina por coincidir con la unidad de los negocios en marcha.

Durante los años sesenta y setenta del siglo pasado fueron muchos los países que intentaron encontrar caminos hacia la convivencia libre y democrática y acabaron ahogados por golpes militares, auspiciados por los ricos y poderosos de cada lugar, pagados por las grandes corporaciones multinacionales y dirigidos por el país que ha venido ejerciendo como gendarme del mundo, los Estados Unidos.

Hoy, ese tipo de operaciones parece impensable. Todos aquellos pronunciamientos militares que dieron lugar a las dictaduras de América Latina, o del continente africano, que desgraciadamente sigue azotado por las guerras, asolado por los virus y sitiado por la muerte.

Esos métodos expeditivos están siendo sustituidos en Latinoamérica por nuevos mecanismos que permiten conseguir los mismos efectos, pero sin tener que ejercer la violencia de las bayonetas.

Si para el militar prusiano Clausewitz la política es la continuación de la guerra por otros medios, para los poderosos de hoy en día la continuidad de la política se produce en la utilización de la justicia, de los procedimientos legales, para atacar a los oponentes.

Si prestamos atención al laboratorio político que siempre ha sido América Latina podemos comprobar que esos métodos, a los que ya muchos denominan lawfare, se han instalado con fuerza en países como la Argentina de Cristina Fernández de Kirchner o Héctor Timerman, la Bolivia de Evo Morales y sus colaboradores, el Brasil de Lula Da Silva, Dilma Rousseff y otros miembros de su partido y en otros países del entorno.

Un lawfare que amenaza con entrar también a fondo en la política española. Un método que tiene que venir precedido de la creación de una sensación generalizada de ineficiencia del Estado, de corrupción sistemática de las instituciones. Es entonces cuando los técnicos apolíticos, la iniciativa privada, esa justicia a la que nadie elige, aparecen como salvadores de la patria. Basta elegir el tema del momento (el 8 de Marzo) y la guerra en los tribunales da comienzo.

La batalla queda en manos de informes policiales, investigaciones, mandos interesados, comisarios bien relacionados, procedimientos judiciales, debates de tertulianos, especialistas en tensionar debates parlamentarios, sentencias infundadas, reclamaciones y recursos, años de ajetreos, ya lo ensayaron con la conspiranoia del 11M y no han cejado en el intento de perfeccionar el lawfare.

Para que la operación salga bien hay que contar con la inestimable complicidad de medios de comunicación y redes sociales a los que no les importe jugar con las fake news, o con la facilidad para airear y poner mucho altavoz a pequeñas miserias, al tiempo que se tapan grandes escándalos. Utilizar el lawfare, la guerra jurídica, como método infalible para conseguir el lawfear, el miedo a la ley y a los dueños de la misma.

No creo que sea mucho pedir que, lejos de intentar aprovechar las malas experiencias de algunos países latinoamericanos, nos esforcemos en recuperar lo mejor de nosotros mismos, las buenas prácticas del estilo político que caracterizó el momento de la transición.

El neoliberalismo nos condujo al infierno de convivir con lo peor de nosotros mismos y a afrontar sin medios ni recursos una batalla como la que estamos viviendo contra la enfermedad y la pandemia. No podemos lanzarnos a la guerra de los tribunales para conseguir imponer el miedo a la ley y cambiar las decisiones democráticas.

No será mucho pedir que todos entendamos que tenemos que reinventar el mundo pensando en las personas, conviviendo en sociedades libres, seguras, con derechos. No puede volver el abuso que condena a la ciudadanía, destruye las sociedades y amenaza nuestras vidas cuando más necesitamos del Estado y de sus herramientas para proteger, en primer lugar, nuestra salud y luego la dignidad de las vidas.

___________________________

Francisco Javier López Martín fue secretario general de CCOO de Madrid entre los años 2000 y 2013

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4 Comentarios
  • VENCEREMOS VENCEREMOS 11/06/20 19:08

    Hablemos claro de una vez: La Justicia, incluido el tribunal Inconstitucional y el Contrapoder Judicial, está formado por jueces en su mayoría corruptos, codiciosos y soberbios, la Guardia Civil o Malemérita, esta formada en sus mandos por la mayoría de corruptos, ladrones, fascistas y degenerados, La Policía Nacional, Mosos, Euskalduna, tres cuartas partes de lo mismo, y el país nunca puede sentir ni seguridad ni justicia ni solidaridad mientras estos aprendices de golpistas sigan ahí gracias sobre todo al PSOE y el PP. El Rey emérito, a parte de mentiroso, y sinvergüenza se ha cargado la monarquía, que es el único bien que ha hecho a este pais. O todo lo limpiamos de una vez, incluidos los privilegios de la podrida Iglesia Católica con su desmanes. o nos enfrentamos a una minoria con mucho poder de fascistas involucionistas como pasa en América latina, con la inestimable colaboración de sus sicarios el PP. y Vox. A mi no me engañaron con la transacción, parece ser que la ignorancia es caldo de cultivo en los españoles. Ni tengo miedo ahora ni lo tuve cuando luchaba por cambiar este país. O empezamos ya o los deficientes mentales acabaran con toda esperanza de vida en el planeta, que esa es otra y con la mal llamada democracia. Es la hora de los valientes patriotas de verdad. Lo siento pero despues de lo del corrupto Constitucional admitendo una cuestión como el acatamiento a la mal llamada Constitución democrática, ya resuelto en el año 90, me parece que fue, lo políticamente correcto es repugnante. A las cosas hay que llmarlas por su nombre cuando las cosas son como son o cuando parece que son como realmente son. Fuera fascistas, ladrones, y demás gentuza de mi pais, del pais de la gente decente qe es la inmensa mayoría. Nos merecemos vvir bien y en paz, no de la caridad del un tal ciudadano Felipe con sus leche y aceite. hay que joderse con la aristocracia.

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  • Eljardín Eljardín 11/06/20 14:24

    Querido compañero, planteas con mucho acierto, la nueva técnica usada por la clase dominante, para seguir dominando. Eso está más que comprobado; creo que obviamente cuando es la razón la que guía el comportamiento, es lógico que partiendo de enfoques antagónicas, se busque consenso y puntos de encuentro. Lo que sucede es que siempre, es la clase trabajadora, o ese 80% el que debe transigir con los postulados de ese otro 20%, al servicio del 1%. Y en cada momento usan medios diferentes, años 30, el fascismo y la violencia directa en las calles, años 70, golpes de estado y asesinatos selectivos o aleatorios, ahora muerte civil a través de jueces y medios adictos, que son la mayoría. Estamos en una lucha de clases en los términos postulados por el marxismo. Ese, que se denomina gendarme del mundo, que en realidad es dispensador de asesinatos masivos e impunes, logro triunfar e imponer su modelo neoliberal, de capitalismo depredador y ecocida, sin solución de continuidad. Ahí tenemos una oportunidad para comenzar a dar la vuelta a esa lucha. No perdamos el norte...

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  • Canija Canija 11/06/20 08:11

    Lo cierto es que el gobierno de izquierda que nos hemos dado los españoles lo tiene difícil por un lado por la judicialización de la política a la que le está sometiendo la derecha y por otro lado el tiempo que lleva la propia derecha politizando la justicia 

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  • Canija Canija 11/06/20 08:11

    Lo cierto es que el gobierno de izquierda que nos hemos dado los españoles lo tiene difícil por un lado por la judicialización de la política a la que le está sometiendo la derecha y por otro lado el tiempo que lleva la propia derecha politizando la justicia 

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