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¿El 'donjuancarlismo' como salvación de la monarquía?

Publicada el 27/08/2020 a las 06:00

La aparición de algunas informaciones periodísticas sobre las actividades económicas del rey emérito Don Juan Carlos I han provocado un sustancioso debate que lo podemos filetear en diferentes estratos. Identificamos, así, un plano ideológico, uno periodístico, uno judicial, otro sobre el modelo de estado y un último vinculado a la teoría política. Este último es el que vamos a abordar en estas líneas. Y pivotará sobre el concepto de donjuarcarlismo. Esta fue una idea que se construyó en el contexto de la llamada “Transición modélica” hacia las libertades políticas. En ese momento, una parte del arco político español no estaba identificado con las monarquía pero sentía la obligación, institucional o no, de reconocer la labor del rey Don Juan Carlos en el camino hacia la democracia. Ese “ideologema” suponía un rechazo “consciente” a la monarquía, pero representaba una aceptación “inconsciente” de la idea de Rey, blanqueada bajo el soniquete de donjuancarlismo. Esta fórmula fue exitosa durante buena parte de los años 80 y 90. “No soy monárquico pero sí donjuarcarlista, sostenían muchos mientras discutían si la “nueva” monarquía era fruto de una instauración o de una restauración.

Elevando la reflexión, el donjuancarlismo supuso una operación intelectual de gran sofisticación teórica. Se trataba de cortocircuitar la relación entre los dos cuerpos del rey, el físico y el institucional. Ernst Kantorowicz identificó cómo los reyes se convirtieron en monarcas en la edad media. Es decir, los reyes ya no sólo reinaban en un territorio, sino que también construían una institución permanente e invariable, que era la monarquía. Acabado este proceso, los monarcas se desdoblaban en un cuerpo físico temporal y coyuntural y otro institucional vinculado a su dinastía. Alrededor de este postulado han funcionado las monarquías desde entonces.

Apliquemos esta doctrina a nuestro ejemplo. En la Transición, Don Juan Carlos fue despojado de su “cuerpo institucional” y subsistió únicamente con su cuerpo físico, que se denominó donjuancarlismo. Teóricamente, esta operación puso en peligro la defensa de la monarquía como forma de construcción estatal y la aparición de monárquicos, pero en la práctica fue una brillante salida para hablar de una “monarquía republicana”. Desde esa contradicción, la opinión pública hiló un personaje con poderes casi taumatúrgicos, afable y con gran capacidad de triangulación institucional y diplomática.

Pese a su impecable construcción intelectual, el donjucarlismo tuvo que regatear obstáculos desde muy pronto. El golpe de estado del 23-F y el papel del rey han sido debatidos y discutidos por diferentes historiadores (entre los que destaca el profesor Alfonso Pinilla) y periodistas desde un primer momento. Después de este evento, nos encontramos con una arcadia feliz empañada por informaciones publicadas puntualmente en algunos diarios como El Mundo, en revistas como Interviú o libros como El Negocio de la Libertad, de Jesús Cacho. Mientras diferentes proyectos informativos (Viento Sur o Rebelión) y muchos intelectuales a título individual iban mostrando la alternativa republicana frente a la monarquía. Aunque fue en la prensa del corazón donde anidaron personajes que descubrían un rey desconocido para el conjunto de la ciudadanía. Ahí se fraguó la idea de una especie de Pepe L'Amour que enganchaba al Rey con un supuesto comportamiento esencialista borbónico. Después, ya en los 2000, Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta investigaron en todo tipo de malezas para encontrar los desfalcos del caso Urdangarin. Y más tarde, aterrizó en nuestro país el incidente de la cacería de elefantes en Bostwana. Para entonces, la “transición modélica” se había convertido en la “transición fallida”. Afloraron relatos sobre la transición basados en el “negacionismo”, en la “violencia” o en su “origen oligárquico”, como ha estudiado el profesor Gonzalo Pasamar. Incluso los especialistas debatían si la transición había sido un proceso histórico construido “desde arriba” (grandes personajes) o “desde abajo (la sociedad). En ese momento, ya estaba desapareciendo el blindaje informativo que se había activado o consentido con tanto mimo desde los años 70.

Esta apertura de la información sobre el rey ha terminado con el rey emérito fuera de España. Para unos es una “huida”, para otros un “exilio”, y no faltan para los que es una simple “marcha” para proteger la monarquía. Muchos han buscado comparaciones con Alfonso XIII o con Don Juan. Es cierto que los tres han estado fuera de España, pero la historiografía no se pone de acuerdo en mucho más. Alfonso XIII ayudó al dictador Primo de Rivera a edificar un régimen autoritario muy discutido entre los especialistas por su oportunidad y sobre todo por su interpretación. Confundió su cuerpo institucional con el secuestro de la soberanía popular. Y lo pagó. Las elecciones municipales de 1931 fueron plebiscitarias y dieron paso a la República. Por su parte, Don Juan fue un rey sin corona que renunció en favor de su hijo. Tampoco la historiografía se ha puesto de acuerdo en la importancia de su tarea. Para unos fue un intrigante en la sombra; para otros un colaborador de Franco; y para muchos un trabajador incansable por la democracia y la monarquía parlamentaria.

Con todo esto, nos encontramos con que las informaciones destapadas por diferentes diarios han puesto la figura de Don Juan Carlos en una situación muy comprometida. El rey emérito ya no tiene el favor de gran parte de la prensa, ni el respeto de muchos políticos progresistas, conservadores, liberales y nacionalistas. Pero, en un sentido profundo, nos podemos preguntar si los ataques son contra el donjuancarlismo, es decir, si las críticas, desacuerdos, agravios y menosprecios van únicamente referidos al cuerpo físico del rey o también alcanzan al cuerpo institucional. Recuerden que éste se lo habían amputado al rey en la transición para aceptarlo y convertirlo en donjuancarlos y no en un monarca. Así, lo que fue un problema para la monarquía en un principio pudiera convertirse en una posible vía de salvaguarda. En ese enredo, el cuerpo institucional está ocupado ahora por otro rey, Felipe VI, cuya coronación fue entendida como la sustitución de un rey por otro y no como la abdicación de un rey en un monarca que comenzaba con sus “dos cuerpos” intactos.

Pese a que una parte de la población se declara republicana y otra indiferente a la monarquía, algunos todavía pueden pensar que el donjuancarlismo ha sido finalmente un escudo protector para la monarquía, que sigue su labor institucional ajena a los designios de Don Juan Carlos. Esa monarquía intenta convencer diariamente a los ciudadanos de que en las democracias liberales pueden convivir elementos tradicionales premodernos e irracionales (la familia, las costumbres, los fueros, ellos mismos) con elementos racionales y electivos. Curiosamente, y para finalizar, podemos resumir que la creación de la idea de un “rey republicano” en la Transición puede ser descifrada como la salvación intelectual de la monarquía. Si es un legado de la transición, si representa otro problema que nos deja la misma, si reproduce otro resultado de un proceso malogrado, o si simplemente constituye el último truco de Don Juan Carlos derivado de sus poderes taumatúrgicos, lo debe decidir cada cual. Es el turno de cada uno de nosotros.

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Israel Sanmartín es profesor de historia medieval en el Departamento de Historia de la Universidad de Santiago de Compostela

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4 Comentarios
  • Ambon Ambon 28/08/20 16:10

    El famoso manifiesto de no se cuantos exaltos cargos de UCD, PP Y PSOE haciendo un panegírico del Emérito Juan Carlos I "El Golfo", me trae a la memoria el "Vivan las caenas" que anteponía al rey por encima de la nación. Han pasado 200 años, dos repúblicas y sus correspondientes restauraciones borbónicas y este país, su ciudadanía sigue sin entender la diferencia entre súbditos y ciudadanos.

    La monarquía en general y los borbones en particular son incompatibles con una democracia real. No se puede sostener la máxima democrática de que "todos somos iguales" si el jefe de esa sociedad lo es por nacimiento, por herencia, porqué si.

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  • yokin yokin 28/08/20 02:13

    para “muy largo”, tanto que por mi edad, quizás no lo veré, mientras tanto, al menos, deberíamos hacerla “transparente” que para eso creo que no hace falta un referéndum, ¿no?. Saludos.

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  • yokin yokin 28/08/20 02:11

    A mi me parece que la monarquía en general, es algo anacrónico en este siglo 21, la nuestra en particular, además nos la impusieron con calzador, en un momento en que todos ansiamos un soplo de libertad después de 40 años de dictadura asesina, y así convivimos con ella otros 40 años y hubo muchos que, más que monárquicos, se hicieron “juancarlistas” por su papel, con muchas sombras, en el intento de golpe del 23F, y también por su imagen de “campechano, mayormente en la prensa rosa, que ha sido la única prensa que ha hablado largamente de él, la otra prensa la “seria” siempre ha mirado para otro lado, al igual que muchos políticos, algunos de ellos firmantes del manifiesto infame y manipulador, ahora de golpe nos enteramos de las andanzas del “campechano” y resulta que además de campechano, “supuestamente” ha sido como mínimo, defraudador, lo de “supuestamente” es para los que nos consideramos demócratas, porque para su hijo, nuestro nuevo rey, es culpable, puesto que ya lo ha condenado y castigado, echándolo de su “castillo” y quitándole el “diezmo” así que los que han firmado el manifiesto y otros muchos que no lo han firmado, pero que defienden la presunción de inocencia del “campechano” al que deberían pedir cuentas es al nuevo rey, que además de condenarlo, ha esperado un año para hacerlo, curiosamente cuando la prensa extranjera “levantaba la liebre” y además, para más indignidad, en plena pandemia, cuando nuestra atención estaba puesta en los miles de muertos que se estaba llevando, y los que se llevará; dicho esto, y volviendo al anacronismo de las monarquías, tal vez , no sea el mejor momento para librarnos de la nuestra, la maldita pandemia está resurgiendo, y vemos cómo el interés partidista de los políticos en general, (sálvese quien pueda) hace más difícil e incierta la salida de ella, prueba de ello es el acuerdo a “carajo sacado” y por tanto con muchas vaguedades, sobre la apertura de los colegios, y en breve, los presupuestos generales, ahí veremos otro “numerito” por todo ello, y también porque hay muchos que no quieren hablar del asunto, unos por miedo al cambio, y otros porque creen en la monarquía, me parece a mí que librarnos de ella va

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 27/08/20 07:59

    El fundamento "ético" (?) de la monarquía es la herencia recibida ¿cual si no? Nada hay que discutir
    Es posible que un Jefe del Estado electo sea tan corrupto como un rey impuesto por un dictador.
    Perol al menos, el pueblo lo puede poner en la calle sin que se tambalee el sistema del Estado.
    Si se tambalea el sistema monárquico cuando se tiene un presunto delincuente, "algo huele a corrupto en Dinamarca", que dijo Shakespeare
    Prescritos los delitos, los muertos siguen muertos y ETA una panda de asesinos impune.
    Prescritos los delitos, el fraude sigue defraudado, y los borbones ¿una panda de delicuentes impunes (?)
    Políticamente hablando ambos merece, mutatis mutandis, el mismo rechazo. De todos modos ¿cuantos muertos hubo porque la Sanidad no atendió al enfermo por falta del dinero defraudado?
    ¿O lo importante es el heredero y lo subsidiario el Estado y los súbditos "en los que reside la soberanía de donde emanan los poderes del Estado? (art. 1.2 CE78)
    Cada vez que leo ese texto me da un ataque de risa que casi me muero;
    O al leer el art. 14 que prohíbe toda "discriminación ... por cualquier condición personal o social".
    ¿Podría denunciar a la CE78 como un intento indirecto de asesinato de republicanos?
    Hablaré con mi abogado de cabecera

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