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¿Felipe VI contra Pedro Sánchez?

José Sanroma Aldea
Publicada el 18/10/2020 a las 06:00

“La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del
valle neanderthal gritando ‘el lobo, el lobo’, con un enorme lobo gris
pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó
gritando ‘el lobo, el lobo’, sin que le persiguiera ningún lobo.
La literatura es invención. La fición es ficción”

Vladimir Nabokov. Curso de literatura europea.

La disyuntiva política actual

“O Sánchez y su banda totalitaria o el rey y la libertad democrática”.

Tal sería la disyuntiva política actual. Lo dice con fuerza periodística un señor cuyo nombre temo pronunciar. Y no porque le falten títulos lustrosos. Es miembro de la RAE, premio Príncipe de Asturias....

Pero, aun así, me temo, lectores de infoLibre, que cuando lo nombre, abandonen la lectura si acaso han llegado hasta aquí. Les imagino diciéndose: me importa una higa lo que diga un monárquico que hoy poco pinta en política. Les imagino preocupados con razón por lo realmente importante: cómo vamos a salir de la pandemia y sus estragos. Les aseguro que de esto motiva mi artículo, aunque no lo pareciera.

Ahí va: es Luis María Anson quien en El fin de la España de la Transición (El Mundo 29/9/2020) ha planteado esa disyuntiva. Ese fin ya lo anticipó en enero, con gran difusión en redes, cuando Pedro Sánchez anunció que formaría un gobierno de coalición con Unidas Podemos.

El susodicho arguye que el socialismo sanchista asociado al Podemos comunista ha puesto en marcha un Frente Popular para destruir el sistema de la Transición, su espíritu de conciliación y su eje que es la monarquía parlamentaria.

En esta argumentación nada hay de nuevo ni nada que no hayamos oído mil veces desde que Rajoy perdió la moción de censura.

Lo que hace citable al autor es la simplicidad y descaro con que emplaza a los españoles a optar políticamente. Como polo de referencia, frente al jefe de Gobierno, no otra opción política sino el Jefe del Estado, obligado constitucionalmente a la neutralidad política.

La oleada –de artículos, manifiestos, titulares de portadas, declaraciones a favor de la monarquía y vídeos enfatizando el grito “Viva el rey”– se convierte en el ariete contra Sánchez y su Gobierno. Con independencia de la abigarrada multitud de los convocados al “Viva” lo decisivo es que al frente están los líderes de la derecha y cuantos, deseándolo, con apasionados criterios o intereses, no ven cómo desplazar por vía legítima a Sánchez de la presidencia. Abascal, recrecido en toda confrontación, y Casado, en la impotencia democrática de su desmontada oposición, se acogen fervorosos al dilema.

El primero, adalid de la estrategia de derribar al Gobierno, se ha atrevido a presentar una moción de censura; vía constitucional para intentarlo, y a cuyo resultado habría de aquietarse, aunque no se aquietará. El segundo, que ni se atreve ni se aquieta, trina cada vez más alto y desesperado, viendo cómo Abascal la próxima semana se yergue cual si fuera el primer defensor del rey y primer enemigo de Sánchez. Y a Casado lo ningunea, aún más, Ayuso, alta voceada por grandes medios, incluido el Financial Times: "La justicia, Madrid [es decir ella misma] y el rey son los que impiden que Sánchez cambie el país por la puerta de atrás".

También hace citable a Anson el hecho de que es un monárquico de siempre, de pura cepa (en España tierra poco fértil para producir monárquicos desde hace más de cien años) y que, ni franquista ni antifranquista, tiene una interpretación propia de lo que fue la Transición, ni rosa ni negra, aunque no es de extrañar que encomie en ella tanto al padre que no llegó a rey como al hijo que lo consiguió.

Y además Anson, no me resisto a recordarlo, fue otrora junto a otros entramados jefes mediáticos, el codirector de una campaña de acoso y derribo contra el presidente de Gobierno –mientras Aznar clamaba en el Congreso "¡Váyase Sr. González!"– cuando no veían forma de apartarlo con limpieza democrática del puesto al que lo habían llevado los votos de la ciudadanía y del Congreso. Ahora, al plantear su disyuntiva, le ensalza como el principal “hombre de Estado del siglo XX" solo para contraponerlo a Sánchez.

La transición como referente de la crisis actual 

Es pertinente traer a colación la Transición, iniciada con la formación del Gobierno Suárez (junio de 1977).

Es el referente histórico para la presente crisis política, como para ella lo fue la guerra civil. Sirve para intentar dar continuidad a la cultura política de los españoles.

De los grandes acontecimientos históricos puede decirse lo que decía Nabokov de las grandes obras literarias: que el buen lector tiene que releerlas. Pero así como –sigo citando al ruso– es “un insulto al arte y a la verdad calificar un relato literario de historia verídica", añado que es un insulto a la historia y a la verdad evocar la Transición sin centrar cada vez con más precisión sus hechos relevantes, el entrelazamiento de causas y efectos, la relación con unas y otros de la acción de las clases sociales,  de sus agentes políticos y de las personalidades relevantes. Así pueden leerla con aprovechamiento las generaciones que no la vivieron.

La España de la Transición es muy diferente de la de hoy. En aquella no se encontrará la receta para la crisis actual; pero al menos sirve para evitar caminos erróneos.

Retengamos de aquel periodo que fue extraordinariamente conflictivo, que se abrió a impulsos de enormes movilizaciones populares, que se fue resolviendo con pactos -hitos del proceso- cuya máxima expresión fue el pacto constitucional, siendo la Constitución de 1978 resultado y el fin de la Transición.

Conviene recordar que alguno de aquellos pactos resultaban tan peligrosos para sus contrayentes que se hicieron en secreto, como el habido (tras la ejemplar reacción ante los asesinatos fascistas de Atocha) entre el presidente Suárez y Carrillo, segretario general del PCE, a cuya legalización se comprometió el primero en cuanto el segundo se comprometía con la monarquía de Juan Carlos I. El riesgo, por la parte del régimen a desguazar, no lo corría el rey, sino Suárez y un militar, el general Gutierrez Mellado. Antes habían sido los capitanes de la UMD .

Recordemos que la Transición terminó bien, pero que su fruto (la Constitución) pudo terminar pronto y mal si hubiera triunfado el golpe del 23-F. Este falló, no por falta, sino por exceso de golpistas en un Ejército ("la fuerza" del rey) cuyos generales sólo le obedecían a él porque así se lo había ordenado Franco. De hecho ninguno de los tres senadores militares nombrados por el rey en representación de las Fuerzas Armadas había votado a favor de la Constitución.

En cierto modo, el principal pacto de aquel tiempo –en el que se caminó silenciosamente sobre el filo de los fusiles y atronados los oídos por la metralla etarra– ni se firmó en público ni se contrajo en secreto. Fue, más que un pacto, un profundo convencimiento -enraizado en la dramática experiencia de las generaciones que padecieron la guerra civil- de que aquella crisis de legitimación y de descomposición del franquismo no debería resolverse por la violencia y por la fuerza de las armas. Ese fue el influjo poderoso del referente histórico.

Hablar de la guerra civil era material inflamable. Así que borrón y cuenta nueva. Hubo poderosas imágenes de reconciliación (Dolores Ibarrruri presidiendo el Congreso post elecciones de 1977). Ni los vencedores en la guerra pasaban a ser los vencidos, ni los perdedores en aquella pasaban a ser los vencedores. Aun así difícilmente puede mantenerse que hubo una "reconciliación” tan profunda y consciente como para marcar indeleblemente nuestra cultura política democrática. Narrarla de ese modo puede que exprese íntimos o declarados deseos, pero en mi opinión es más literatura que historia.

La monarquía y el rey en su ayer y su hoy 

En la crisis de legitimación actual, como en la de aquel entonces, tan distintas, aparece la figura del rey.

Pero ni la monarquía es hoy la que instituyó Franco, ni el rey es el mismo, ni Juan Carlos I ni Felipe VI han tenido la misma vía de origen, ni el protagonismo del rey hoy puede ser el mismo que en la Transición. En consecuencia. la cuestión monarquia o república difiere radicalmente en su trascendencia.

Juan Carlos I comenzó siendo el rey de la monarquia franquista, no heredó el cargo, le nombró el dictador como sucesor suyo a título de rey, su propio padre no le reconoció legitimidad hasta que, en mayo de 1977, le cedió los derechos dinásticos.

Felipe VI heredó la Corona en aplicación del artículo 47 de la Constitución, cuando en junio de 2014 su padre abdicó.

Fue un acontecimiento histórico, pero el Congreso pasó rápido –como sobre ascuas– gracias al acuerdo bipartidista Rajoy-Rubalcaba; la opinión pública se lo tragó como quien bebe un vaso de agua.

La finalidad de la abdicación la sintetizó de inmediato José Antonio Zarzalejos en el título de su artículo: “El rey abdica para salvar a la monarquía de la crisis institucional” (elConfidencial, 2 de junio de 2014).

Las causas de esa crisis de la monarquía no son atribuibles a la propaganda a favor de la república, sino a las acciones del propio rey que abdicó. Anotemos: no porque hubiera dejado de ser neutral políticamente a las distintas opciones de gobierno (hasta entonces solo monocolores del PSOE y del PP) sino por otras bien distintas asociadas a las andanzas del rey abdicado.

Esa crisis institucional la reflejó el barómetro del CIS que ya suspendía a la monarquía desde el año 2011.

Así que, en tales circunstancias, el nuevo rey de legitimidad de origen constitucional incuestionable, se enfrentaba a la necesidad desde su mismo comienzo de reforzar la legitimidad de ejercicio. (Digamos entre paréntesis que todo el edificio institucional de la democracia y no solo la monarquía necesitaba lo mismo).

No le iba a ser fácil. Pero los problemas de legitimación de Felipe VI resultaban incomparables con los que tuvo que afrontar su padre.

La transición entre una dictadura y una democracia implicaba necesariamente un cambio radical en los principios de legitimidad (de origen y de ejercicio) en que se basan una y otra.

Juan Carlos I tuvo que cabalgar el tigre de la contradicción entre aquellos principios del Movimiento Nacional (que juró solemnemente ante las Cortes franquistas cuando fue nombrado sucesor a título de rey en 1969) y los principios democráticos que sustentan la Constitución (que no juraría sino tras el fallido golpe del 23-F y en la Academia militar).

Juan Carlos era un rey de parte que no podía ejercer los poderes que heredó de Franco como lo hacía este; que agrupó tras él a la gran mayoría de cuantos habían prestado servicios al franquismo y querían un futuro político tras la imparable descomposición final del régimen. Obviamente decía querer serlo de todos, pero el poder que tenía lo ponía de la parte que se consideraba representada bajo su bandera y amparada por su fuerza (sobre todo militar).

En suma, tras avatares múltiples, logró asegurarse la corona cuando consiguió insertarla, con rígido anclaje, en el paquete del pacto constitucional. A tenor de la Constitución su monarquía pasaba a ser parlamentaria, sin poderes, sino con funciones tasadas, con papel simbólico, arbitral y moderador.

Le costó hacerse a la idea de que el jefe de Gobierno, Adolfo Suárez, era de hecho y sobre todo de derecho más poderoso que él mismo. Se enceló y muy mal aconsejado por gente armada jugó sin neutralidad política contra el presidente de Gobierno. Suárez dimitió en la antesala del golpe del 23-F. Por su participación final en hacerlo fracasar, Juan Carlos I logró una amplia legitimación popular, que hasta entonces no había alcanzado, y escarmentó de jugar con la neutralidad que constitucionalmente le era obligada.

Recapitulando. Hay una lógica común –por encima de las mil diversas circunstancias– que guía el comportamiento de quienes aspiran a ser rey: hacer todo lo necesario y solo lo necesario para llegar a serlo y para seguir siéndolo. Si hubiera de establecerse una diferencia esencial entre Juan Carlos I y Felipe VI es que el primero tuvo que pasar necesariamente a la neutralidad política tras haber sido rey de parte, y que el segundo, en virtud de la Constitucion, es necesariamente neutral desde su mismo acceso a la corona y la jefatura del Estado y tiene que seguir siéndolo en la monarquía parlamentaria.

Por esto surge la pregunta: ¿Por qué un monarquico convencido sitúa a Felipe VI fuera de la neutralidad convirtiéndolo en la personificación de la alternativa frente al presidente del Gobierno?

Ficción, Pandemia, Realidad

Pues porque sabe que su disyuntiva es pura invención; sabe que es una falsa disyuntiva política y sabe, además, que ni Sánchez va a cargar contra Felipe VI para convertirse en presidente de la III República, ni Felipe VI va a poner en riesgo su corona para encabezar una lucha ficticia por la libertad democrática.

Felipe VI fue neutral ante la formación del Gobierno de coalición, ningún dirigente de UP puso en duda esa neutralidad, ni la coalición de Gobierno ni su programa tiene como objetivo dar paso alguno hacia la consecución de la república.

Es cierto, es parte de la realidad política que UP se declara republicana y ha visto ocasión, a cuenta del emérito, de hacer banderín de enganche para futuras contiendas electorales. Es cierto que Iglesias dice contemplar un horizonte republicano para España; que el Gobierno consideró conveniente que el rey no asistiera a un acto organizado por el Consejo General del Poder Judicial; que ministros como Garzón y Castell (a los que tanto nos gustaría oír hablar de los temas de su gestión) cuestionaran la neutralidad del rey en este episodio.

A cuenta de estos ingredientes, resaltados escandalosamente hasta la desmesura, la disyuntiva falsa de toda falsedad va siendo convertida en falacia embaucadora; se monta una movilización -exaltación de la monarquía, del rey pasado y sobre todo del presente, mientras se prosigue la denigración ininterrumpida de Sánchez, ahora presidente, el otro término de la disyuntiva.

En la invención literaria tiene que haber algún ingrediente de realidad que contribuya a la capacidad de encantar y embaucar. ¿Cómo podría el pastorcillo despertar la alarma en cuantos acuden prestos a auxiliarle si estos no supieran de la existencia de lobos en el valle?

En las estrategias de guerra –“continuación de la política por otros medios”– el engaño y la ocultación al enemigo son recursos que a veces contribuyen de modo importante a la victoria. Pero la realidad es la que termina mandando. Si se quiere ocupar un territorio no solo hay que bombardearlo, también hay que tener infantería.

En la política cada vez se usan más los recursos de la pura representación teatral y del juego de las apariencias. En ese exceso, más que al adversario, se desconcierta y se engaña a la ciudadanía, al electorado, al público y hasta es posible que los mismos creadores de apariencias acaben atados en sus enredos.

Porque el fundamento de la política es la realidad. A la realidad hay que mirarla de cara. No se la puede engañar. La ficción ansoniana, seguida con entusiasmo por Abascal y Casado que no tienen la infantería democrática de los votos para llegar al Gobierno, es muy dañina. La realidad más determinante hoy se llama pandemia y los entrelazados estragos sanitarios, económicos y sociales que produce. Estos son los feroces lobos grises cuyas fauces devoran la vida y la hacienda de los españoles. A estos hay que hacer frente juntos sin distinción. Pues la dimensión que estos estragos alcancen puede ser aumentada o disminuida por la respuesta política. Aumentar la capacidad de hacer frente a esa multicrisis pasaba, desde el estallido de la covid-19, por pactar la gobernabilidad, implicando lo más posible a la oposición, ampliando los acuerdos políticos más allá de la raya divisoria de la votación de la investidura. Cierto que la ultraderecha de Vox, a cuyo rebufo se descoyunta Casado, alzó pronto (no de inmediato) la estrategia de acabar con el Gobierno, aprovechando la pandemia.

Esa es la disyuntiva política real.

La lucha entre ambas estrategias tendrá un episodio en la moción de censura de Vox, que se ventilará esta próxima semana. No solo será su votación, sino también el contenido del debate lo que inclinará la balanza de un lado o del otro. Porque es el anticipo de la más decisiva que se viene librando de modo incomprensiblemente soterrado: la de los Presupuestos Generales del Estado. Su relación es directa con el gran debate pendiente (que es imprescindible y que no acaba de tomar cuerpo en la opinión pública enredada en ficcciones y representaciones): cómo se van a ganar la vida los españoles durante y tras la covid y cómo hemos de rehabilitar las instituciones de la democracia española. Esto último pasa ahora por evitar que el Congreso sea altavoz de la escandalera voxpopulera en que se ha convertido.

Evocar la Transición en nombre de los pactos y de la conciliación es en vano, si no es para esforzarse en pactar la gobernabilidad, por encima de los riesgos (ahora sólo riesgos electorales, pequeños comparados con los de entones que no eran sólo tales). Ahora los PGE. Los pactos de entonces en la Constitución quedan.

Evocar la Transición para contraponer al Presidente del Gobierno al Jefe del Estado, empujándolo a ser parte, es olvidar que hay monarquía porque Juan Carlos I transitó entre ser de parte a ser neutral, y ahora a su hijo se le propone un retorno al origen.

Invocar la Constitución y el pacto que contiene sobre la monarquía para enmarañar la legitimidad de la opción republicana y constreñir la libertad de opinión es prueba de la impotencia democrática de la derecha y una trampa para incautos republicanos sobrevenidos, en la que terminan cayendo también incautos monárquicos sobrevenidos.

(Escribiría de otro modo este último párrafo si acaso pensara que la campaña pro monarquía es un ataque preventivo).

Dejaremos para un artículo posterior, destinado a la moción de censura, el papel que al independentismo catalán se le atribuye en la invención derechista, presentada como disyuntiva política.

Merece capítulo aparte, porque también ellos han sabido inventar nocivas y falaces contraposiciones entre la “España de los Borbones" y la Cataluña que recuperará por fin su independencia perdida tras trescientos años de dominación y expolio, como si en las tierras catalanas nunca hubieran recibido con aplausos a Franco y como si el señor Pujol no hubiera sido el virrey de la corrupción si a Juan Carlos I se le endosa el título de rey de la misma.

Terminemos este parafraseando los versos de León Felipe.

Yo no sé muchas cosas, es verdad / digo tan solo lo que veo / veo que a las generaciones jóvenes las mecen con cuentos / que la angustia de todas ante lo que está pasando se ahoga con cuentos / y que cansados de tanta confrontación absurda podemos hastiarnos y dormirnos  / creyendo que ya sabemos todos los cuentos.

Pero es la hora del despertar y del renacimiento de la conciencia cívica. Es el tiempo de su vigilia.

 

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30 Comentarios
  • Epi Epi 20/10/20 11:47

    No me parece un mal artículo, aunque siempre tengo dudas con los conversos; sobre todo, si proceden de la aristocracia y estudiaron en colegios de curas.

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  • Arkiloco Arkiloco 19/10/20 15:53

    A algunos de los más patéticos republicanos con artrosis que opinan por aqui les parece despreciable lo que opine Sanroma por haber sido dirigente de un partido que en algun tiempo y no muy largo se definió como maoista. Y se empeñan en vestirlo como "monárquico" por el simple hecho de no poner a parir a la monarquía y hablar mal de la Transción. Estos republicanos intrascendentes son la monda y ese es su estrecho mundo de intolerancia. Y como aqui sabemos que vientos dominan, es como si otros, en vez de valorar las opiniones que exponga, condenásemos y excluyesemos al Sr Verstringe, asesor de Podemos, por su pasado como delfín de Fraga y amigo en su tiempo de Martín Villa. Y que, puestos, sería mucho más grave que haberse declarado maoista. Hay que ver como te calzan como monarquico a toda costa y lo horroroso que fue pelear como maoista. Estos republicanos, mientras, se dedicaban a tocarse la minga, la dominga y el tímpano. Ya os vale, republicanos de papel.

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  • José Luis53 José Luis53 19/10/20 00:29

    El autor resalta la neutralidad política del rey con el ascenso del PSOE y Podemos al Gobierno -.¿ qué otra cosa podía hacer..?- sin embargo obvia la gravísima Intromisión política del rey en Cataluña, una intromisión que no puede catalogarse de accidental ya que no se limitó a su nefasto discurso del 3-O sino que el rey jugó un papel muy activo en otros terrenos, como por ejemplo en la salida de empresas de Cataluña. Las llamadas del rey fueron decisivas en muchos casos, como por  ejemplo en La Caixa.

    Dejo claro por enésima vez mi absoluto desacuerdo con las tesis independentistas, pero la actitud del rey se puede catalogar de todo menos de neutral y, a mi juicio, fue un gravísimo error que contribuyó decisivamente a agravar la situación en Cataluña y sus consecuencias no se han terminado de ver.

    Al mismo tiempo dejó a la monarquia en evidente fragilidad y mostró la nula comprensión de su posición institucional, algo que no benefició ni benificiara a la estabilidad  de España y que, a mi juicio, es mucho más grave políticamente que los desmanes y choriceos de su señor padre, de los que más o menos puede desmarcarse, pero no  así de los graves errores cometidos por él.

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    • Arkiloco Arkiloco 19/10/20 16:49

      Hay que ver a lo que se obligan algunos “centrados” para razonar y hacer críticas que casi siempre son simplonas y maniqueas. Rigor nulo, aprecio a la verdad poco y pruebas que pudieran demostrar algunas cosas que afirman ninguna. Así como tú crees imprescindible subrayar que no simpatizas con los independentistas yo no voy a hacer declaraciones inútiles de que no soy “monárquico”. Basta y sobra con atenerse a lo que se dice. Hacer críticas en negativo es muy fácil y fácil es afirmar que el discurso del Rey fue una intromisión en Cataluña y que no fue neutral. Si se trata de concretar, en positivo, que hubiera sido no entrometerse o manifestarse como neutral, la cosa ya no es tan fácil y estoy muy seguro que te costaría desarrollarlo. Su discurso pudo afinarse más y ser objeto de discusión pero ¿tenía que estar callado el Rey? ¿Ser neutral es ser equidistante respecto a quienes no respetaban la Constitución y con los que tu no apruebas “sus tesis”? Y que no eran “tesis”, ese truquito que trastoca el razonar, sino acciones fuera de la legalidad constitucional.
      Cómo si no bastase con la “intromisión” y la “no neutralidad” pero me excuso de caracterizar como sería la neutralidad y no entrometerse, se puede afirmar que el Rey fue activo y decisivo en “la salida de empresas de Cataluña” y hasta sabe que llamó a la Caixa. Chúpate esa e información de primera mano. No hacía falta mucha intervención para tomar decisiones que tenían toda la lógica desde el punto de vista jurídico, económico, comercial y de tratar que las marcas no sufriesen mucho daño en el resto de España. ¿La Caixa tomó esa decisión por la llamada del Rey o por las considerables retiradas de fondos que se estaban produciendo y que no se identificase su marca con Cataluña estando presente en toda España?

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      • Arkiloco Arkiloco 19/10/20 16:50

        La intervención del rey, nos cuentas, fue un “gravísimo error” y que contribuyó “decisivamente” a agravar. ¿Cómo se puede afirmar esto y con esos “ísimos” y “decisivos”? Dadas las características del conflicto y a los niveles de enfrentamiento y desobediencia institucional a los que se había llegado, la intervención del Rey tendría algún efecto. Para nada verificable pero a la le sobran los “ísimos” y los “decisivos”. Interesante para la retórica de las “tesis” por supuesto pero alguien puede pensar que la no aclarada “neutralidad” y la “no intromisión” ¿habría sido “decisivo” y “excelentísimo” para solucionar aquello y sacar del enroque y huida hacia delante de las “tesis” independentistas? Eso si que roza lo increíble pero, como se puede afirmar cualquier cosa sin ninguna necesidad de demostrar nada o que tenga apariencia de sensato, pues eso, a afirmar lo que nos parezca o considerar hechos lo que son solo opiniones de soporte raquítico.

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    • Antonio Basanta Antonio Basanta 19/10/20 13:12

      Diga usted qué empresa quiso el rey Felipe VI que saliera de Cataluña. He leido miles de noticias de todos los periódicos y no hay ni una noticia que diga una sola empresa que el rey Felipe VI haya querido sacar de Cataluña. Hay algún medio mentiroso, y fake, secesionista por supuesto, que dijo algo de Seat, Noticia desmentida por el expresidente de SEAT que la calificó como una patraña infame. Es al revés. No se puede decir mentiras, de manera impune sin demostrar nada. No se puede hacer propaganda politica sin ningun coste implicando a los demás, sin pruebas falsas o con fakes. En cuanto a la actitud del rey el 3 de octubre, fue extraordinaria. Totalmente neutral entre los partidos politicos. Pero si lo que usted pide es que hubiera sido neutral entre los que defendemos la Constitucion y la democracia y los que quieren acabar con la democracia, con La Constitución e incluso con España, el rey no puede sr neutral. Ni el rey ni ningun demócrata. Porque su obligación (para eso se lo pusimos en la Constitución de 1978 por la inmensa mayoría del pueblo español) es defender la Constitución y la soberanía del pueblo español, su función es ser la garantía de la Unidad de España y del ordenamiento constitucional. El discurso del Rey lo único que consistió es instar a todos los poderes del Estado (también a los poderes del Estado en la Comunidad Autónoma de Cataluña) que defendieran la Constitución y la democracia. Eso valía para el poder ejecutivo (Rajoy no hacia nada al ataque a la soberanía del pueblo español) que permitió hacer dos referendums inmorales e ilegales contra la democracia y que pudieron acabar en el enfrentamiento civil. Valía para el poder legislativo, controlado por el PP, que callaba como una p... Y para el poder judicial que callaba de la misma manera. Eso es lo único que indicó en el discurso. Y valía también para intentar parar a una comunidad autónoma que dirigida por secesionistas y golpistas intentó romper España por la fuerza con el consiguiente peligro de guerra. Usted dice que está en desacuerdo con las tesis independentistas pero su comentario refleja todos los argumentos y mentiras de los fasciosecesionstas catalanes.

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  • HEREJE HEREJE 18/10/20 20:32

    Estoy básicamente de acuerdo con todo lo expresado en el artículo que, dicho de paso, me parece de una redacción admirable.

    Echo de menos alguna referencia a la peligrosa deriva del actual inquilino, que no propietario, del palacio de la Zarzuela. Hasta ahora ha demostrado una especial inclinación para con los que siempre fueron más afines y entregados vasallos de sus poco ejemplares antepasados. La neutralidad no es precisamente uno de sus puntos fuertes y creo que, salvo salidas extemporáneas de salvadores de la patria uniformados, será su personal gota y la causa de su eventual retirada a Yuste o a Abu Dabi.

    También echo de menos el recuerdo del aciago discurso del 3 de octubre del 2017 y alguna valoración sobre esa efeméride que a algunos nos dejó petrificados en nuestros sillones.

    Con todo, coincido con lo expresado en la casi totalidad del artículo, que he leído con interés y delectación.

    MUY INTERESANTE.

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  • palangana republicano palangana republicano 18/10/20 19:05

    HAY QUE SER ANALFABETO PARA DECIR LOS MALES Y CRIMENES HAY QUE SER FACHA Y MENTIROSO TODA REVOLUCION ES DESPIADA CON LOS CRIMINALES QUE ROBABAN AL PUEBLO Y MAO LES DIO EL CAMINO PARA PODER COMER MISERABLES NO MENTIR MAS CANALLAS SALUD PARA LA GENTE DECENTE Y NO SOY MAOISTA SOY MARXISTA LENINISTA BOLCHEVIQUE CHAVISTA BOLIVARIANO Y GENTE DE MAL VIVIR PERO IRE A MISA Y CONFESARE MIS PECADOS ANTE UN CURA PEDERASTA Y CHIVATO DE ASESINAR A MAESTROS Y SINDICALISTAS REPUBLICANOS SEGUID LIMPIIANDO LA MONARQUIA CORRUPTA MATONES DE BARRIO SALU PARA LA GENTE DECENTE

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  • ncvc ncvc 18/10/20 18:16

    Muy buen artículo, que he disfrutado mucho desde mi republicanismo tranquilo, muy bueno el último párrafo: "Pero es la hora del despertar y del renacimiento de la conciencia cívica:" A ver si avanzamos y lo llego a ver!

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  • Jesús apostata Jesús apostata 18/10/20 18:05

    Q el Sr. Sanroma se haya convertido a defensor d la Monarquía y su actual representante ( Felipe el preparado ) no debería sorprender ni sonrojar.
    Otra cosa es q tergiverse omita distorsione hechos históricos solo para justificar su adhesión Monárquica.
    No es un hecho nuevo el reciclaje d antiguos izquierdistas en Monárquicos , incluso en representantes d la derecha más ultra.
    Sobran ejemplos, en la transición fueron generosamente recompensados por los servicios.
    La República no vendrá solo como un rechazo a prácticas corruptas o para cambiar personalidades.
    La República es gobierno del Pueblo , para el Pueblo.
    Principios d fraternidad , honestidad, justicia social , progreso ,....

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    • Antonio Basanta Antonio Basanta 18/10/20 18:57

      Ejs la Republica nacionalsocialista de Alemania, La Unión de republicas socialistas Sovieticas y sus crímenes, La república Venezolana con Maduro a la cabeza., La república fascista italiana de Mussolini. Incluso pongamos la republica de Estados Unidos comandados por Trump. Todos para el pueblo pero intentando asesinarlo, excepto Trump (por ahora)

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      • salvafer salvafer 19/10/20 14:46

        Joder Antonio, quien te ha visto y quien te ve.
        ¿Hasta Venezuela te vale a ti también?.
        Del resto, una buena e interesada muestra para forzar argumentos: Te imaginaba por encima de esos recursos tan falacios y tan facilones.
        Vuelve, por favor

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        • Antonio Basanta Antonio Basanta 19/10/20 20:44

          Solo respondía a un comentario que decía. "La República es gobierno del Pueblo , para el Pueblo.
          Principios de fraternidad , honestidad, justicia social , progreso". Y le ponía ejemplos de eso. Cuando se dice un aserto sobre la Republica, con la firmeza del comentarista anterior, hay que demostrar su universalidad. Si la Republica fuese lo que dice el comentarista anterior, los falangistas españoles no hubieran combatido contra la MOnarquia, como combatían ni hubieran apoyado una republica...fascista. Y en cuanto a si meto a Venezuela en el mismo saco es porque es un régimen criminal que paga escuadrones de la muerte motorizados, los famosos escuadrones de la muerte chavistas, que ya han acabado con la vida de miles de personas asesinadas, sin que la justicia vicaria, sicaria y controlada de allí haga nada ni investigue nada.

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  • GRINGO GRINGO 18/10/20 15:48

    El pulso no es entre Felipe VI y Pedro Sanchez, es entre Felipe VI y el tiempo (cronológico), que avanza inexorablemente y cada vez entiende menos éstas fórmulas hereditarias, ni en las grandes empresas, mucho menos en los países.

    "Recordemos que la Transición terminó bien", para quién ???, desde luego no para los trabajadores de éste país, que perdieron más derechos de los que habían conseguido en la dictadura franquista, aunque eso sí, "rebosantes de libertad".

    Nadie entendería, por lo menos en Alemania, que Adolf Hitler hubiera recuperado la monarquía parlamentaria, y que después de su derrota y muerte, ese régimen se perpetuara y se presentara como defensor de la democracia, en España, muchos miles, millones, y yo más tampoco lo entendemos.

    "A tenor de la Constitución su monarquía pasaba a ser parlamentaria, sin poderes, sino con funciones tasadas, con papel simbólico, arbitral y moderador", sobre todo "moderador de moderación" y que si no se lo pregunten a los catalanes, le adoran !!!.

    El "Demérito" ha hecho méritos más que suficientes para ser defenestrado, y su hijo "el preparao" también, y eso que no ha tenido que lidiar con un 23F, algo habrá que hacer para "reivindicarlo" ya que el 1-O, en el que podría haber hecho un buen papel de "moderación", se cubrió de gloria "real".

    Felipe VI conocía todos los tejemanejes de su papá, y ha heredado, además del trono, el capital que ha amasado su papá a base de cobrar "mordidas", algo muy edificante en un país que vive "en crisis permanente", así que si quiere pasar a la historia "como algo diferente", que proponga en referéndum de Monarquía-República YA !!!, y así nos evitará la matraca de las derechas de éste penoso país.

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  • Antonio Basanta Antonio Basanta 18/10/20 13:25

    Excelente el artículo de José Sanroma. Una de las paradojas de la democracia reciente es la aparente buena sintonía de Juan Carlos con los expresidentes progresistas o socialistas Felipe Gonzalez y Zapatero. Infinitamente mejor sintonia que con Adolfo Suarez, Aznar o Rajoy. Pudiera ser porque sabia que la legitimidad de la monarquía estaba en manos de las fuerzas de izquierdas, PSOE y PCE, porque le daban más libertad al Rey o por el tremendo control que la derecha española pretende hacer sobre tas las instituciones y su patrimonialización o porque como dice Sanroma venia de los apoyos de la derecha y necesitaba el máximo apoyo de todos. El Rey sabía, y sabe el actual, que la asociación con la derecha es letal para la monarquía. De ahí que los intentos de patrimonializarla que hace en este momento la derecha contraponiendola a las elecciones democraticas es como un abrazo del oso para el monarca. Igual que el político (y cargo politico con Aznar) Lesmes, desde su presidencia del CGPJ le ha intentado dar el abrazo del oso con esa tremenda deslealtad hacia la monarquía Haciendo público una supuesta llamada telefónica, que como sabe que el Rey no puede dar su versión, puede ser hasta inventada, o inventada en parte adjudicando al Rey los deseos del político Lesmes. Supongo que se sentirá mas cómodo con el PSOE en el gobierno que es incapaz de hacer ninguna deslealtad a la Monarquía y menos utilizarla para alcanzar poder político como nos tiene acostumbrado esa derecha que es tan extremista en España. La supuestas fuerzas republicanistas colaboran a esa imagen que pretende dejar la derecha sobre la monarquía. Colaboran unos como pardillos y los otros interesadamente. Los secesionistas catalanes o vascos interesadamente defendiendo una republica, pero nunca dicen española sino catalana o vasca, es decir defienden no la república, sino la partición de España. Y los otros los líderes de Podemos, o el líder y su pareja, que como pardillos, quieren sacar rédito electoral pero en vez de domar al lobo de la derecha extrema lo están alimentando, sin medir bien las fuerzas, sin hacer los cálculos racionales politicos que una fuerza de izquierdas debe hacer.

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    • Coronel Dax Coronel Dax 19/10/20 21:23

      Una precisión: el rey Felipe VI reconoció la conversación con Lesmes porque, ante la denuncia de falta de parcialidad por realizarla, la matizó:

      https://www.europapress.es/nacional/noticia-zarzuela-dice-llamada-rey-lesmes-sido-cortesia-consideraciones-institucionales-20200925194306.html

      Un saludo.

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  • guilemm guilemm 18/10/20 13:11

    Ese Sr. no tienen ninguna autoridad, puede opinar, pero su opinión vale poco por mucho académico que sea. No está ni a la altura de MIguel Delibes ni de María Moliner por poner unos ejemplos que por desgracia no están con nosotros.
    Siempre me ha chirriado el boato con el que habla que parece que siempre está en actitud "excátedra". En fin si tipos como este o los Abascales de turno o Casados son los que aconsejan a Felipe VI ...... Con amigos como estos no le hacen falta enemigos.... De momento con salir de la pandemia, levantar la economía y curar las inmensas heridas sociales, de pobreza y de muerte que planea en nuestra España, ya tenemos curro para rato y para ello necesitamos mirar a nuestros semejantes a los ojos, ponernos en su lugar y empujar juntos y con cojones y camaradería con el mismo afán. Y con los tipos que he mencionado anteriormente tenemos una rémora que no hay forma de quitarselos de encima....(si no quieren empujar.... que no lo hagan... pero que no molesten).... Espero que los ciudadanos no entremos a su trapo y que seamos inmunes al odio que destilan. Y pongamos tengamos presente en todo momento los conceptos de unidad y de fraternidad.

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