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Conversaciones en una residencia: de qué hablan los mayores cuando nadie les escucha

Publicada el 07/11/2020 a las 06:00

Esta noche soñé con los tiempos de la guerra. Me vino a la cabeza cuando era chiquilla y llegaba a casa con las dos hogazas de pan para mis hermanos, escondidas bajo el vestido, después de caminar 10 kilómetros ya de noche y lloviendo. Qué felices éramos. Nos poníamos a cantar después de cenar con todos los vecinos y yo hasta tenía ganas de baile. Cada uno traía lo que tenía; todo se compartía. No como ahora, que la gente escucha salir al vecino y espera a llamar al ascensor.

Me hiciste reír, Pepa. También me acuerdo de los tiempos del pueblo y de mi gente de allí. Qué pena haber tenido que dejar mi casa. A saber ahora dónde están mis cosas y qué será del corral y del huerto, que ya no lo cuida nadie. Aunque viviera solo y no pudiera ya ni bañarme, yo allí estaba bien y respiraba aire todos los días... Pero bueno, por estar más cerca de los nietos me vine aquí y ya ves, ¡con lo poco acostumbrado que estoy a vivir con tanta gente y sin salir ni a por café hace ya 5 años!

Dices bien, Diego. Porque antes de esta enfermedad china tampoco es que saliéramos tanto. Si acaso algún domingo que vinieran a vernos. Y ahora ni eso. Que digo yo que si nos viéramos con la familia aunque sea con un cristal de por medio, habrá más distancia ahí que la que guarda la que me baña por la mañana, que además cada dos días es una persona distinta.

¡Eso mismo estaba yo pensando esta mañana! Y además, la Amparo tiene dos chiquillos que no paran quietos en la escuela y en la casa… y me cuenta que se van a merendar todas las madres cuando salen del colegio. Hace bien porque está en la edad del disfrute y de la juventud, pero digo yo que más virus traerá ella que mi hijo si lo veo detrás del cristal, que además con la depresión ni sale de la casa.

Pero piensa que si lo hacen con tu hijo, lo hacen con todos, Diego. Y no tienen tiempo de nada, menos aún de abrir la puerta. Mira cómo andan las auxiliares aquí: a la carrera y al bulla bulla. Nosotros cada vez más torpes y nos tienen que hacer cada vez más todo. Además hay mucho personal de baja y ya ni tiempo apenas de poner la comida caliente y de cambiarte los pañales.

Bueno, Pepa, tampoco es que antes estuviera muy caliente la comida. Eso es lo que más echo de menos, que la comida sepa a comida, que ésta la traen toda de fuera en esas bandejas grandes y a saber dónde la hacen. No tienen ni sabor ni nada, por muy sana que sea.

También es porque los alimentos no son los de antes, Diego. Ni los tomates saben a tomates ni las patatas a patatas. Ni la leche, ni el pan. Mira, nosotros vendíamos pan a todo el pueblo, pero luego teníamos en el huerto lo esencial, y hasta teníamos una cabra para leche y varias gallinas para huevos. Hoy en día la juventud ni sabe lo que es una planta de tomate. Y lo mismo se cree que la leche sale del cartón. Se ha perdido todo eso en 50 años, Diego, todito.

Bueno, es que cuando yo me vine del pueblo, la mayoría de los terrenos ya estaban abandonados. Y para que eso dé cultivo de nuevo se tiene que trabajar y echarle un tiempo. Pero mis nietos ahora solo tienen paciencia para escribir por el teléfono. Ahí sí que se pasan las horas. Ni paciencia para hablar ni para la tierra. Los dos en paro, eso sí, con lo bien que se respira en el pueblo, y la de trabajo que hay ahí, ahora que con las máquinas se pueden hacer las cosas más fáciles.

– Claro, Diego, pero la culpa tampoco es de tus nietos. Mira cómo la gente ahora quiere otras cosas y compra otras cosas. Ya da igual la calidad, lo que importa es que sea barato aunque dure poco. Yo de mocita tenía sólo 3 vestidos y me duraron hasta que parí al primero. Y bien contenta que estaba con que me duraran tanto, con lo bien que los cuidaba y con el cariño que se lo compramos a la vecina.

Sí, pero eso era porque antes vivíamos más unidos y nos gustaba saber de dónde venían las cosas, Pepa. Mirábamos todos por todos, y nadie pasaba necesidad porque nos cuidábamos. Y en el pueblo además mirábamos por lo que teníamos: las dos fuentes, el terreno y esos árboles que anda que no daban buen fresco y buen aire. Lo cuidábamos para los hijos y los nietos que aún no teníamos y ¡fíjate!, quién nos iba a decir que se irían del pueblo y que nosotros iríamos detrás de ellos para al final vivir aquí encerrados.

¿Pues sabes qué te digo Diego? Yo creo que estamos ahora con este virus chino por esto mismo que decimos. Tanto comprar cosas de fuera, tan pocas cosas naturales, y tanto cambio en tan poco tiempo, no podía traer nada bueno. Si es que ya no hay ni los animales de antes, ni gorriones, ni las mismas plantas. Por no haber ya no hay ni estaciones del año… dentro de poco, tendremos solo dos estaciones: el verano y la estación del tren.

Toda la razón, Pepa. Si es que nos hemos buscado nosotros mismos estas enfermedades. Antes todo era más natural, desde lo que comíamos a cómo nos ayudábamos. Por eso creo yo que hemos llegado a viejos y hemos visto y vivido tanto. Yo no creo que mi nieto viva tantos años. Ni que se acuerde de las cosas que yo viví ni de todo lo que sé de la tierra y del pueblo, que se irá conmigo a la tumba pronto, al paso que vamos.

“¿Me abren la puerta que me voy a mi casa?” , dice Carmen.

Anda, ¿y ésta? ¡Diez años lleva ya repitiendo lo mismo todo el santo día!. Anda mucho pero ni se acuerda de qué dijo hace 3 minutos. Mejor vivir así a veces.

Que tu casa es ésta, Carmencita. Que vives aquí y que no hay quien te abra la puerta ni antes ni ahora.

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Estos son retazos recreados de conversaciones con Pepa y con Diego

  • En España hay 5.378 residencias de mayores, en las que viven más de 300.000 personas, según datos del CSIC a través de Envejecimiento en RED.
  • La situación es muy diferente a la vivida en abril, ya que ahora sí hay posibilidad de adquirir material de protección y se conocen las medidas que pueden frenar la expansión del covid-19.
  • Las visitas se han restringido o se mantienen con altas medidas de seguridad en todos los centros. Una de las vías de entrada fundamentales del covid-19 es a través del personal, ya que está expuesto a las mismas vías de contagio que el resto de la población, por lo que una disminución en la tasa de incidencia general repercute también en una mejora en las residencias.
  • Dos informes a tener en cuenta a la hora de estimar recomendaciones: 1) Envejecimiento en RED trabaja desde el CSIC en dar información y datos confiables sobre residencias en España. Hace pocos días publicó un nuevo informe con recomendaciones. 2)Anteriormente, la SEGG publicó en agosto un informe que incluía también recomendaciones teniendo en cuenta la salud emocional de las y los residentes.
  • Desde el 21 de junio, en esta segunda ola han fallecido más de 1.700 personas (a la fecha de redacción de este artículo) según cifras oficiales.
  • Este artículo resume los puntos de vista de los distintos actores que forman parte del complejo puzzle de ancianos institucionalizados en España.
  • Desconocemos mucho de las vidas de las personas ancianas institucionalizadas y ni siquiera sabemos mucho más que su perfil médico. Desconocemos su perfil cultural, emocional, educativo, dónde vivieron, cuáles han sido sus hobbies o qué estructura familiar tenían. Para profundizar en la parte más emocional de las personas mayores y mejorar la apreciación que tenemos hacia ellas, nació el proyecto Somos Memoria, un álbum vivo de recuerdos e historias.
  • En el último informe del IPBES se reitera el estrecho vínculo entre pandemias y pérdida de biodiversidad. Precisamente son las personas más mayores las que más han cuidado del entorno natural que ahora perdemos a pasos agigantados.
  • Recordar por último que hacen falta “varias capas” para detener al virus, y en el caso de las residencias el especial cuidado del personal será esencial para no seguir aumentando las cifras de contagios.

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Rosa Castizo lleva trabajando 15 años en desarrollo sostenible, desde el sector público y la sociedad civil. Agente de cambio que durante estos meses ha impulsado voluntariamente las iniciativas Somos Memoria y La Fábrica de Innovación.

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5 Comentarios
  • ArktosUrsus ArktosUrsus 07/11/20 19:53

    Me hace gracia lo de la "Solidaridad" en los pueblos. Mucho se cuidaban los unos a los otyros siempre que el otro no fuera maricón o bollera, o si el pueblo era azul, que el vecino se le ocurriera ser rojo. Durante la guerra civil y tras la misma, los vecinos denunciaban a los vecinos. Incluso con falsedades para poder correr las lindes. La atmósfera de los pueblos era asfixiante. Los motes, muchos de ellos crueles (los robaperas, los castraos, los patachula, los caracortás, ...) te definían más que tus actos. Si no ibas a misa, te señalaban con el dedo. Recordemos "La mala reputación" de Brassens (En mi pueblo sin pretensión/ tengo mala reputación./ Haga lo que haga es igual/ todo lo consideran mal). Las comunidades pequeñas son enormemente severas con quien "se sale del tiesto". O a Beneditti " ... cómo nos ensartaron/ en la limpia república verbal/ cómo idealizaron
    la vidurria de vacas y estancieros ...". Mostrar los sentimientos de los ancianos (hay una fuerte tendencia a considerar que cualquier tiempo pasado fue mejor) para despacharse luego con datos escalofriantes (que lo son) es indigno. Es justo lo que hace Trump y su parentela: apelar al sentimiento (o sentimentalismo) aunque sea más falso que una princesa Disney. En mi opinión, sobran las conversaciones citadas para hablar de un problema real que es el abandono de nuestros mayores. Sobre todo porque la solidaridad en los pueblos que recuerdan es falsa. Nadie cuidaba del vecino salvo si era amigo. Y se ensañaban con el diferente. Eso no es solidaridad. Y eso pasa en cualquier comunidad pequeña y estrecha de miras como eran (y posiblemente siguen siendo) la mayoría de los pueblos de España. El tiempo no blanquea los actos.

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  • MIglesias MIglesias 07/11/20 13:27

    En fin... tópicos una vez más.

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  • Ambon Ambon 07/11/20 12:15

    Muy bonito el diálogo, hay que pensar que la gente de los pueblos de esa edad han visto a sus padres trabajar la tierra con el arado romano, han vivido en pueblos sin luz y sin agua corriente en las casas, había que ir a la fuente a lavar al rio, es decir una vida casi igual a la de hace 2000 años y ahora ven como un tractor o como se llame la maquinaria concreta es capaz de arar la tierra guíado por satélite y sin nadie dentro, pero si tienen que conducirlo tienen su aire acondicionado y todas las comodidades, el salto tecnológico del campo español ha sido brutal en 60 años, pero como bien dicen en el diálogo se han roto las solidaridades que genera la precariedad, han aparecido los vicios urbanos de la ambición, del abandono de los mayores por inútiles, porque no generan riqueza.

    La vida rural de los años 30 y 40 tampoco era idílica, estaba llena de penurias, de sacrificio, de enfermedad, de hambre, pero era mas social, mas familiar, de familia extensa, ahora es mas solitaria, mas individual, entonces a los viejos se les respetaba por lo que sabían, ahora, a veces, se los desprecia por lo que no saben, tecnología.

    De todos modos creo que como sociedad no podemos permitirnos despreciar toda aquella sabiduría, habría que buscar la forma de hacérsela llegara a nuestros niños y jóvenes, como decía el Señor Cayo en la novela de Delibes "Que pasará cuando no quede nadie que sepa para que sirve la flor del sauco?"

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  • Kaexar Kaexar 07/11/20 10:10

    Precioso y acertado artículo.

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  • Ira Ira 07/11/20 09:42

    Muy buen artículo.
    Más claro agua.

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Opinión