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El empacho y la polarización

Publicada el 15/01/2021 a las 06:00

Resulta muy reconocible el empacho al que se refirió Iñaki Gabilondo para poner fin a su columna diaria sobre la actualidad política. Es el que produce, incluso a los que se interesan en la vida comunitaria, la cotidiana confusión de análisis con moralismo, hegemonía con encuestas, sociedad con redes sociales, política con partidos, arraigo social con manifestaciones, democracia con consenso. Su resultado es la ausencia de un debate de largo plazo entre discursos rivales sobre qué país se quiere y cómo llegar a él.

Gabilondo atribuyó ese empacho a “la súper polarización política”. En general, la polarización en España se asimila a una crispada lucha partidista entre la izquierda y la derecha por el puro poder. Su causa sería la ausencia de capacidad y así de generosidad de “los políticos”, que les impediría ceder y acordar en pos del bien común. Esta polarización sería sorda en todo sentido: inconmovible e incapaz de escuchar las buenas razones del otro. Y, a su vez, remitiría al espíritu cainita que se levanta en el fondo de la historia nacional.

¿Ésa es realmente la causa? ¿Es la mezquina imposibilidad de “ponerse de acuerdo” lo que genera esa sobreactuación vacía que empalaga?

Probemos verlo de otro modo. Si convenimos en que lo ausente es un debate de largo plazo sobre cómo queremos vivir, cabe pensar entonces que no hay conversación que alimente sin al menos dos posiciones. El empalago es la saturación que produce la ingesta reiterada de lo igual a sí mismo. Sin embargo, lo que más bien se echa de menos en España es lo diferente, el contrapunto, el litigio. Claro que cotidianamente asistimos a unas diferencias impostadas, aconsejadas por el márquetin con pretensión electoral. Pero ésas no son diferencias profundas, relativas a proyectos de país, sino a pugnas superficiales en pos de los medios (el poder político), no de los fines (valores). Pero atención: quien quiere el fin, quiere el medio. La lucha por el poder es consustancial a la política. No es eso lo que impide la pugna por los fines, sino la ausencia de éstos lo que vuelve empalagosa e irritante la sola lucha por los medios.

Pero hay otros problemas clave (el desarrollo social de la democracia, la cuestión nacional, el feminismo, la ecología) que a menudo quedan reducidos a los márgenes de la discusión pública o bien ahogados en griterío, etiquetas y lugares comunes.

Lo que puede estar provocando el empacho es precisamente el eterno giro en círculos de una mirada única que se encuentra a la defensiva hace varios años y que cada vez recurre a peores métodos para defender su encastillamiento. La previsibilidad “argumental”, la repetición de supuestos de otro tiempo, la autoindulgencia analítica, cuando no la deshonestidad interpretativa, la comodidad de lo políticamente correcto y el doblez ante lo que la tribu espera, han dejado de lado un elemento clave de la política cabal: el coraje cívico, la lucha por persuadir, por volver los propios valores deseables para la mayoría. Esto, que no debe confundirse con el quijotismo pedagógico de vanguardia, es un nutriente central de la vida colectiva. No casualmente, para existir requiere oposición, desacuerdo, controversia: sin esa rivalidad, no se activa el debate pluralista, que conlleva el artístico claroscuro de los matices, las inimaginadas formas de ver de distinto modo lo que parece igual para todos, los inexplicables momentos de condensación de voluntades colectivas. Y también antropofagia, infantilismo, agravio y fanatismo, porque la política es una lucha. Lo civilizado es aceptarla con su cara agreste, no el acuerdo fruto de su represión.

Quizá este empacho no sea más que una crisis de crecimiento. España tiene ante sí un enorme, problemático y complejísimo debate sobre su democracia y su entidad como país. Materia y motivos para quitarse el empacho no le faltan. El empalagamiento es también un orden.

__________

Por Javier Franzé es profesor de Teoría Política, en Universidad Complutense de Madrid.

 

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5 Comentarios
  • Aynur Aynur 15/01/21 21:13

    EMPACHO. Estoy de acuerdo con deabajo. La propia definición de "empacho" define a, Iñaki, periodista burgués que ya es "uno de los grandes". Fue uno de los dobermans que guardó el psoe hasta el final para condenar la coaliccion con podemos en la ser. Iñaki es la última carta periodística del psoe, la última bala en la recámara que se disparará aunque él no lo quiera. ¡Empachado! Los demás decimos que estamos hasta los co.... de tanta mediocridad, confusión, mentiras, partidismo, intereses, vulgaridad. Habla el articulista de debate. ¿Debatir, escuchar, compartir, acordar, analizar? ¡¡Vamos hombre!! Si solo nos falta repetir el suceso de 1830, más o menos, cuando los asesinatos de sacerdotes a los que se atribuía la propagación del cólera por que echaban cosas al agua. Pero sí estamos en la primera mitad del XIX. "Encastillamiento, previsibilidad argumental, autoindulgencia, deshonestidad..." ¡Que no, que son unos sinverguenzas, unos aprovechados, unos maleantes! Que mienten, confunden y sacan réditos partidistas: del coronavirus, de Catalunya, de las vacunas, de la monarquía, de la nieve caída, de los hospitales, de la Cañada Real..... y hasta de la madre que los parió. Y digo yo ¿porqué no se expresa Iñaki en términos análogos o similares? Como adocenado no se lo puede permitir. Guarda algo para sus memorias. Pero sin llamar a un levantamiento trumpiano, tampoco estaría mal tener el coraje de llamar a las cosas por su nombre.

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  • deabajo deabajo 15/01/21 18:58

    Iñaki Gabilondo, con su "sensatez" aplaudida por tirios y troyanos, creo que ha contribuido a lo largo de todo su recorrido periodístico a llevar el centro político en España muy a la derecha, defendiendo un neoliberalismo con ciertos rasgos humanos. No estoy culpando a Iñaki de alentar a la ultraderecha, ni mucho menos. Creo, además, que es un antifascista sincero, pero, a veces, el peor de los extremismo puede ser cierto moderantismo que va escorando poco a poco, sin que se note, el mango de la sartén hacia las élites.
    Claro que debe de estar cansado, y, si ha reflexionado sobre ello, que seguro que lo ha hecho, también algo decepcionado con su "sensatez moderada" y dónde ha desembocado esta.
    Si, además, ve el rumbo que ha tomado el grupo PRISA y la caricatura que ahora es frente a lo que fue, además de cansado estará deprimido.
    Y todo dicho con el máximo respeto, pues he disfrutado de algunos de tus comentarios (de otros, no).
    Por otra parte, escuchando ayer el telegrama de Miguel Ángel Aguilar, no me cupo ninguna duda de las razones que tiene Iñaki para abandonar la SER.

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  • VictorR VictorR 15/01/21 17:17

    No es de extrañar que la Polarización te desasosiegue cuando llevas lustros practicando la Equidistancia, el Mira para otro lado y la Desmemoria, esas disciplinas que la generación de Gabilondo practicó (algunos hasta acabaron disfrutando) para alcanzar el "Éxito".

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  • GRINGO GRINGO 15/01/21 12:18

    Iñaki Gabilondo es una persona muy correcta y por eso utiliza el "empacho" como fórmula para aseverar que está hasta los cojones..

    Y no me extraña, lleva asistiendo a éste espectáculo desde sus comienzos, con más información que cualquiera de nosotros, conocedor de tantos y tantos delitos/pecados/abusos que no han sido castigados debidamente por ésta sociedad que reacciona indignada cuando se trata de las traiciones de la Casa Real, por ejemplo, pero permanece impasible mientras el resto del Sistema hace lo mismo y no se le castiga, es más se le premia con la confianza de una gran mayoría.

    Supongo que también le pesará no haber sido más valiente, algo que creo nos pasa a muchos, cuando vemos que se nos va pasando la vida y podíamos haber hecho algo más, aunque NUNCA ES TARDE y, quién sabe, quizás ahora vayamos a conocer a un Iñaki Gabilondo más "pendenciero y claro en sus opiniones".

    Nos vendría bien a TODOS un referente como Iñaki Gabilondo HABLANDO CLARO.

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  • MIglesias MIglesias 15/01/21 10:34

    ¡Uy lo que ha dicho!
    "Lo que puede estar provocando el empacho es precisamente el eterno giro en círculos de una mirada única que se encuentra a la defensiva hace varios años y que cada vez recurre a peores métodos para defender su encastillamiento. La previsibilidad “argumental”, la repetición de supuestos de otro tiempo, la autoindulgencia analítica, cuando no la deshonestidad interpretativa, la comodidad de lo políticamente correcto y el doblez ante lo que la tribu espera"
    Más de uno debería tomar nota.
    Gracias por expresar lo que siento.

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