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El 23F de un juez de Valverde del Camino

Baltasar Garzón
Publicada el 19/02/2021 a las 06:00

“¡Con todo lo que me ha costado llegar hasta aquí! ¡Y ahora…!” Eso es lo primero que se me vino a la cabeza cuando conocí la noticia: “Tiros en el Congreso. Un golpe de Estado”.

Tenía 25 años recién cumplidos y 10 días de antigüedad en la carrera judicial. En plenos carnavales, en una ciudad como Valverde del Camino (Huelva) que los celebraba por todo lo alto, había tomado posesión el 13 de febrero de 1981 de mi primer destino. No había sido fácil acceder a la judicatura. Lo había conseguido gracias a mi esfuerzo y al de toda mi familia. Mis padres, que habían formado una familia modesta en Torres, Jaén, habían emprendido la aventura de trasladarse a la capital hispalense para que los cinco hijos pudiéramos estudiar. Para ello, mi padre dejó la agricultura, su verdadera vocación, y se empleó en CAMPSA, en diferentes localidades de Andalucía, en alguna de las cuales yo trabajé durante los cursos universitarios; en concreto en la gasolinera de Las Cabezas de San Juan, en la expendeduría del Km 43 del Cerro del fantasma, en la autopista de Sevilla-Cádiz. Su objetivo era irnos acercando a centros académicos. Recuerdo que cuando les dije que quería estudiar Derecho no les gustó mucho porque consideraban que se trataba de una carrera fuera de nuestro alcance. Cuando además les confirmé mi decisión de estudiar para ser juez, casi certificaron que había perdido la cabeza. “Esa es una carrera muy grande y no para nosotros”.

Les había prometido que lo haría y siempre me apoyaron, aun cuando dudaran que podía conseguirlo. El amor que me tenían se sobrepuso al miedo a la temida frustración de no lograr alcanzar un mundo tan selecto, exclusivo y alejado. Hasta entonces, lo más cerca que habían visto a un juez había sido en el pueblo, cuando mi tío Gabriel, hermano mayor de mi madre, a pesar de haber luchado por la República y haber sufrido los rigores del franquismo, había sido elegido juez de paz, como antes lo había sido mi abuelo. Tengo que agradecerles mucho a mis padres y, desde luego, el hecho de que sacrificaran sus propias expectativas de vida para facilitar las mías y las de mis hermanos.

Un largo camino

En 1978 terminé mis estudios en la Facultad de Derecho de Sevilla. Dos años después, ingresaba en la Escuela Judicial y en enero juré el cargo en la Audiencia Territorial de Sevilla. Había vivido los últimos años del franquismo entre trabajos de camarero, albañil y gasolinero para aportar a la casa, manifestaciones, protestas universitarias y textos legales y, ya en la Transición, concluyendo la carrera y pleno de entusiasmo por la libertad que traía la democracia, que ya empezaba a notarse.

Demasiado había vivido el franquismo en mi pueblo, en la década de los sesenta y setenta, donde aún persistían vestigios de intolerancia ideológica y gente arrinconada por un pasado duro. Mi tío es quien me imbuyó el espíritu crítico de libertad, que es la base para situarse en la vida. Mis padres alimentaron mi capacidad de reflexión. Fui seminarista y aprendí a estudiar con sobriedad. Aspiraba a ser juez para administrar justicia y servir a la sociedad desde que a los 17 años, ya en el Curso de Orientación Universitaria (COU) en Baeza, escuché una charla del padre de mi compañero de habitación que era Juez de Distrito de Jódar, hoy presidente del TSJ de Andalucía, Lorenzo del Río. Nos habló de lo que suponía esa carrera y, a partir de aquel momento, encontré mi vocación, que comportaba renunciar a muchas cosas pero que me llenaba, por lo que no me preocupó asumir el desafío.

En noviembre de 1980 me casé y el día 1 de diciembre dio inicio el curso de práctica que duró, mediante las vacaciones de Navidad, hasta el 20 de enero y nos dejaron caer a nuestra suerte en los diferentes destinos. Faltaban jueces y teníamos que empezar pronto a ejercer la jurisdicción. Fui a una zona desconocida para mí, para no tener ataduras y a pesar de que el juzgado llevaba varios años vacante y por tanto el trabajo acumulado era mucho. Nada importaba. Inauguraba una vida nueva y apasionante. En España teníamos una Constitución, se convocaban elecciones y con ese equipaje de optimismo inicié una andadura que poco podía imaginar iba a correr un riesgo supremo, si los hechos hubieran acontecido el 23 de febrero de una forma diferente.

El golpe

Este día amaneció nublado y frío. Valverde está en plena sierra de Huelva, es uno de los partidos judiciales más grandes de España, ciudad industrial dedicada al calzado y fabricación de muebles de calidad extraordinaria. El Ayuntamiento era de mayoría socialista. La recuerdo como una ciudad especial por la calidez de sus vecinos y en donde fuimos acogidos de forma inmediata por mi gran amigo y compadre Ramón Membrillo y su familia, y por la pequeña comunidad jurídica, especialmente por Salvador Carrero.

Por la tarde, estaba en mi despacho del juzgado tratando de hacerme con los expedientes judiciales amontonados en cerros de papel. Recuerdo que poco después de las seis de la tarde me llamó mi compañero y amigo el juez de Aracena, Fernando Tesón, y me dijo, “pon la radio que ha habido un golpe de Estado en Madrid. Un coronel de la guardia civil, pistola en mano, ha entrado en el Congreso y han sonado varios disparos. No sé nada más”.

Recogí varias causas para trabajar en casa aunque imagino que lo hice de forma automática para ocupar las manos con algo y con la cabeza en otra cosa, me marché. Vivía a distancia, pero enfrente del cuartel de la Guardia Civil, y quería ver si había movimiento o no. Al llegar al piso, me encontré con que Ramón y su familia estaban en mi domicilio, porque creían que con ello se encontrarían protegidos. Me asomé a la terraza, busqué mis prismáticos comprados en Sevilla y me centré en observar lo que ocurría. La comandancia de la Guardia civil era Jefatura de Línea y por tanto tenía bajo su responsabilidad toda la zona de la sierra, hasta Paymogo, último pueblo del partido, ya en la frontera con Portugal. Era clave ver lo que ocurría. A renglón seguido decidí que tenía que llamar al capitán.

No estaba muy seguro, porque eran guardias civiles los que habían entrado en el Congreso. Sonó varias veces el timbre de llamada y, finalmente, al otro lado escuché un “buenas tardes”.

Soy el juez de instrucción unos días antes se me había presentado en el juzgado para ponerse a disposición del nuevo juez.

A sus órdenes.

¿Cómo esta la situación, Capitán?

Sin novedad.

Si hubiera alguna incidencia, póngame al corriente de forma inmediata”.

Un nuevo y seco "a sus órdenes” cerró la conversación. Nunca supe si no se había enterado de lo que pasaba o no quiso pronunciarse más allá de estar a la espera. Como casi todos en los primeros momentos.

Tensa espera

A partir de entonces, comenzó una rueda familiar para tranquilizar a la familia y de comunicación entre los diferentes jueces de la provincia. Varios éramos de la misma promoción y nos coordinamos. El presidente de la Audiencia Provincial y el fiscal jefe de Huelva me llamaron para saber cómo estaba. Durante esa tarde, noche y madrugada, seguí con atención los acontecimientos, sin perder de vista los movimientos del cuartel de la Guardia Civil. Recuerdo que pensé en lo caprichoso que era el destino. ¡Tanto esfuerzo para llegar a ser juez y apenas iba a durar diez días en el cargo! Tenía claro que si triunfaba el golpe no me quedaría a administrar justicia en una dictadura. Pensé que me tocaría instruir causas bajo el código de justicia militar y con posibles penas de muerte y tomé la decisión de trasladarme a Portugal. Desde allí actuaría. Lo comenté en casa y no se habló más.

Afortunadamente, conforme fue avanzando la noche era evidente que el golpe no había triunfado. Por la mañana fui al juzgado. Estaba solo, nadie había ido, tuve que llamar a los funcionarios y decirles que estaba allí y que se incorporaran porque había que trabajar. Sobre el mediodía, el capitán de la Guardia Civil me llamó y me dijo que todo estaba en orden. Le di las gracias y reflexioné sobre cual habría sido su actitud si el golpe hubiera triunfado.

En aquellas tensas horas, pasó mi vida como en una película panorámica. Tuve claro entonces, como ahora, que la intolerancia y el deseo trasnochado de continuar en una dictadura fue lo que motivó ese ruido de sables que afortunadamente quedó en un episodio para la historia. Hubo una consecuencia importante, la de que los políticos vieron la urgencia de consolidar el cambio necesario y de trabajar para que todas las instancias se reforzaran en los valores democráticos. Había mucho que hacer, fuerzas de seguridad, ejército, administración… Pero ante todo existía una sociedad que no estaba dispuesta a dar un paso atrás y que también se encontraba presente en todas esas instituciones y quería hacer borrón y cuenta nueva. También los jueces debíamos cumplir y cambiar las cosas. Sería difícil, pero necesario.

Tejero y mi madre

Termino con una anécdota que aconteció mucho después. Años más tarde me llevé la sorpresa de que alguien en nombre de la esposa de Antonio Tejero, uno de los principales protagonistas de aquel 23F, me daba recuerdos para mi madre. “Mamá le pregunté–, ¿qué tienes tú con esta señora?” Al principio no caía, pero luego ya recordó. “¡Ah, una buena mujer!”. Me contó que habían viajado toda una noche en tren, en coche cama, camino de Gerona. Mi madre iba a ver a mi hermano Luis, que vivía en Torroella de Mongrí. La mujer le explicó que iba a Figueras; le dijo que su marido trabajaba allí, en el ejército, pero que ella vivía con su hijo en Madrid.

¿Y cómo es que está ahí y no con ustedes en Madrid?”

– Mire… sus cosas.

Pues las familias tienen que estar juntas”.

Hablaron de sus respectivos hijos y salió a la luz que era mi madre.

“Pues no lo oculte, que debe ser un buen hombre”, le dijo la señora de Tejero: “Sólo con que se parezca a la madre, ya lo es”.

“Tenía muy buena opinión de ti”, afirmaba mi madre.

Su interlocutora no le había contado que Tejero cumplía condena en Figueras y su hijo iba a cantar misa. Tejero deseaba ir a escucharlo, pero el ministro de Interior José Luis Corcuera (según creo) no quería ni oír hablar de aquello. El juez dio el permiso necesario. Salió de prisión, le acercaron a la iglesia y, tras la ceremonia, volvió a su celda. Todo fue bien.

“¡Ay, hijo!”, exclamó mi madre algo atribulada cuando se lo conté. “¡Y yo que la estuve diciendo que convenciese a su marido para que pidiera el traslado a Madrid!”

Así fue mi 23F y sus extensiones. No puedo evitar aún hoy cierto escalofrío cuando recuerdo aquella tarde inusitada. Algo que me sigue ocurriendo con el ascenso electoral de la ultraderecha. No quiero que ningún otro joven, ninguna otra joven, se vean ante el abismo de pensar que todo lo conseguido se va al traste. Debemos ir hacia adelante. No podemos permitir que algo así vuelva a suceder. Y ha sido en este último fin de semana cuando he visto exaltar a la División Azul que luchó con Hitler, dar vivas al fascismo y escenificar el odio antisemita en la voz de una joven de no más de veintitantos años los que yo tenía hace 40–, cuando he recordado de nuevo que no debemos consentir la peste del fascismo.

__________

Baltasar Garzón es jurista, presidente de Fibgar y el juez que inició la investigación de la 'trama Gürtel' y ordenó las primeras detenciones en febrero de 2009.

 

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15 Comentarios
  • losdel38 losdel38 21/02/21 18:52

    Sres. de infoLibre gracias.

    Sr. Garzon ha demostrado Ud. que para ser juez No es suficiente los estudios hay que demostrar que uno es muy legal aun sabiendo que te está jugando el cargo.....salu y suerte

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  • Urdiales Urdiales 21/02/21 02:03

    Todavía queda por escribir qué es lo que pasó exactamente, ya que lo cierto es que un par de meses aprox. se estaba pidiendo un " golpe de timón" según se dijo en una reunión de Armada con Mújica ( PSOE) en Lérida, y también que lo que abortó este golpe fué que en la lista de gobierno que presentaron a Tejero había socialistas y algún comunista, también el coronel Amadeo Martínez Inglés dice que el golpe estaba previsto para marzo en el que estaba implicado gran parte del ejército y Tejero se adelantó, los golpistas dicen que el Rey habría insinuado que lo apoyaría, pero lo cierto es que lo cortó, por eso se hace necesario conocer fehacientemente lo que sucedió pero me temo que va a ser imposible

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  • nini nini 20/02/21 15:15

    Una semana antes, ya veía la “blanca” en mi bolsillo. Pero se tuercen las expectativas y nos acuartelan a la tropa del “Muñoz Grandes” en Campamento en la salida de Madrid a Extremadura. Yo, un ya todo “visa” al que no le quedaban meses sino días. Vaya m.
    Prepara las baterías desde la plana mayor, con el comandante Vázquez  recién ascendido a jefe de las tres baterías de la ATPXII (baterías autopropulsadas de La brigada XII en cuartel Muñoz grandes) preparando los detalles de las cargas de las tres baterías, con municion real, inclusive ojivas con carga radioactivas, y capitaneados desde la plana mayor , por su hijo, el teniente Vázquez, en estado de promoción a capitán en la plana mayor, y encubriendo a nuestro gran capitán de la plana “Faustino (Tino) Milans del Bosch” el sobrinin de su excelencia el cap. gener. De valencia e inventor y desarrollador en tiempos del viejo de la gallina,  de la mecanizada XII, que entrelazaba y extendía como una web a todas las divisiones acorazadas de nuestra madre p. Todo atado y bien atado. 

    Pues con la municion en lo alto del tren,  las tres baterías y pasada la noche en vela, descargamos el material de tiro real en el campo de san Gregorio cerca de Zaragoza a unos kms de acuartelamiento de la academia general del ejército de tierra, con los nuevos alféreces fresquitos para: a) jurar bandera, b) prometer “esa mariconá” que le llaman constitución. Sólo por si había que intimidar a algún maricon que fuera a dar un paso en falso.
    Creo que ese fue punto de no retorno. El Incremento año a año de las nuevas hornadas de oficiales del ejército, que prometían la constitución, frente a los que rendían bandera, hincando la rodilla en tierra, frente al sacrosanto cáliz del cura coronel castrense de turno, por dios por la patria y por pocos más. En fin Esmitzes y Abascales, sin cuarteles que le aplaudan las machadas de los aduladores militares fascistas.
    Ahora, Releyendo el 23F, cada día me siento más revolucionario y antimonarquico, solo por haber prometido la constitución junto con otros cuatro vascos (que por supuesto que serían de la eta)  otro murciano como yo con estudios universitarios, todos.
    Una pena señor  Esmitz y Tabacal

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    • Maestro Galiano Maestro Galiano 23/02/21 09:27

      En esa época, un compañero que trabajaba en el pueblo de Guadix me comentó que inmediatamente después de que se produjera la entrada del T. Coronel Tejero en el Congreso de los Diputados, un grupo de ciudadanos de reconocida adscripción política acudieron en masa al cuartel de la guardia civil con una lista de izquierdosos y exigiendo armas para iniciar los fusilamientos. El oficial al mando, al parecer un capitán, ordenó y situó en formación armada a la fuerza a sus órdenes y dio un minuto para que tal tumulto se dispersase bajo la amenaza de fuego. Aquello se acabó o mismo que empezó, pero es necesario recordar la actuación ejemplar de aquel oficial leal y sensato y para no olvidar que también existieron honorables militares profesionales que saben velar por nuestra seguridad, frente a descerebrados cuyo paso por el ejército español no fue más que la constatación de un trágico cómico sainete.

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  • Petín 1 Petín 1 19/02/21 20:11

    Demasiado tiempo tardó Juan Carlos en salir a desautorizar el movimiento de sus generales Armada y Milans, generales monárquicos donde los hubiera.

    Cuando salió y desautorizó a los golpistas, todos nos hicimos Juancarlistas, aunque soñásemos con la república.

    Fue un movimiento muy extraño, visto a toro pasado.

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  • Angel10 Angel10 19/02/21 17:37

    Vivíamos en Andalucía y aquel 23 de febrero yo estaba en Valencia en una reunión de trabajo y mi mujer con mi hijo se fueron a Madrid a casa de una tía suya.

    Cuando terminamos la sesión de trabajo de la tarde y salimos pensando donde íbamos a tomar unas cañas antes de cenar, en la recepción del hotel nos dieron la noticia de lo que pasaba en Madrid, lógicamente no nos separamos de la tele y la cerveza y la cena nos la tomamos en el hotel.

    Hablé con mi mujer y quedamos en mantener el contacto todo lo posible. En el grupo había gente de toda España y surgieron las desconfianzas, todos teníamos miedo a manifestar libremente nuestros pensamientos y sentimientos, fuí de los primero en retirarme a mi habitación donde estuve pendiente de la televisión, fui convenciéndome de que el golpe no triunfaba, pero temía que alguien hiciera una tontería por alguna parte, gente, los partidos o los sindicatos de izquierdas saliendo a la calle a defender la democracia o algún fascista exaltado celebrándolo y tenía miedo porque una chispa podía encender la pólvora.

    Cuando salió el rey y la ciudadanía seguía prudente en sus casas, supe que todo había pasado, pero muchas veces pienso en lo que habría sucedido si el golpe triunfa y mi familia hubiera quedado separada, yo en Valencia y mi mujer con mi hijo en Madrid.

    Sentía una profunda vergüenza del ejército y de ciertos poderes fácticos de mi país, ¿no seríamos capaces de ser ciudadanos? ¿Tendríamos que resignarnos a ser siempre súbditos?

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  • mjoa mjoa 19/02/21 12:51

    No igual a la situación del juez Baltasar Garzón (siempre será juez) pero con los mi sentimientos viví el 23F. Ahora recuerdo con nostalgia aquellos momentos y sobre todo los de aquella madrugada y días siguientes. Yo era joven

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  • MASEGOSO MASEGOSO 19/02/21 10:50

    Gracias Señoría, algunos aún tenemos acuerdos de aquel día, malos por la situación y buenos por que alguien de la familia se dio cuenta de que no todo era democracia que, a pesare del tiempo transcurrido aquí se seguía con la misma directriz del franquismo.

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  • JCFR JCFR 19/02/21 10:15

    Comparto todas sus reflexiones que también viví en esas fechas con 30 años en el ámbito educativo y a menos de 20 km del Cuartel del Goloso donde estaban acuarteladas las tropas de Milán del Boch.

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    • MASEGOSO MASEGOSO 19/02/21 10:54

      JCRF, Milans del Botch estaba en Valencia y los tanques que salieron a la calle fueron los del 31 Batallón de Carros Medios de la División Mestrazgo 31, con acuartelamiento den Bétera (Valencia)
      No es por rectificarle es por informarle de la procedencia esos tanques.

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      • JCFR JCFR 19/02/21 18:26

        Disculpe. Tiene Vd. razón, el grueso de las tropas del acuartelamiento de El Goloso siguieron acuarteladas. El 24 F fuimos muy pocos profesores a dar clase.

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  • bajachico bajachico 19/02/21 09:02

    Como bien dice Ud, señor juez vergonzosamente expedientado, había mucho que hacer, y Ud puso su buen granito de arena, pero el Sistema le cortó las alas. Porque realmente no sé purgó el franquismo, ni el militar ni el judicial ni los que le sacaban bajo palio en las procesiones, ni a esos corruptos capitalistas que siguieron mamando de las ubres del erario público. Y así nos hallamos 40 años después con tanto cadáver irredento por las cunetas y con ese fascismo descarado y matón en el Congreso y apoyando en Madrid, Murcia y Sevilla.
    Honor a Ud por su trayectoria vital.

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  • Grandota Grandota 19/02/21 07:00

    Gracias por el articulo. Sólo un pero, Valverde en plena Sierra de Huelva? No!. Conozco la zona como la palma de mi mano. Saludos

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