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Los enemigos íntimos de Felipe VI y la crisis de la monarquía

Publicada el 09/03/2021 a las 06:00

El rosario de noticias sobre el rey emérito y la familia del rey ha pasado de ser un calvario para la casa real a una crisis institucional y una vergüenza para la sociedad española. Para atajarlas no basta con la ya clásica estrategia del cortafuegos, consistente en excluir a los familiares y sus hechos reprobables, a la vez que se adelgaza cada vez más la familia y la casa real, pero tampoco con unas instituciones de pasivas a impotentes y con una sociedad dividida entre la justificación y el escándalo.

Una estrategia de cortafuegos que comenzó con el caso Urdangarin pero que ya entonces no pudo evitar que la infanta Cristina se sentase en el banquillo de los acusados y con ella se rasgó el velo de los negocios y la legitimidad de ejercicio del símbolo de la familia real. La crisis de la legitimidad de origen de la forma de Estado data ya de mucho antes.

Desde entonces, el deterioro de la credibilidad y de la imagen de la corona ha continuado agravándose, hasta la actual decadencia de la familia del rey y de la familia real, incluyendo a su fundador, el rey emérito don Juan Carlos.

Porque a día de hoy cabe preguntarse si la irresponsabilidad y el desplante reciente del rey emérito, primero con una abdicación forzada y luego con su reciente espantada de España, por lo que al parecer ha interpretado como muestras de ingratitud de su hijo y también de la democracia española para con su persona, ha traspasado con creces el límite de la irresponsabilidad y la deslealtad con España.

En los últimos días, hemos asistido a la guinda de la vacunación de Cristina y Elena, hermanas del actual rey Felipe VI, al margen del turno que les correspondería con el resto de los españoles. Un error de bulto que muestra hasta qué punto la familia del rey ignora que sus privilegios, que persisten tras su salida de la familia Real, conllevan,además de obligada ejemplaridad, importantes responsabilidades, siendo la primordial la del respeto a su pueblo. En primer lugar a la sociedad española que tanto les dio, luego el respeto a la prioridad ética y de salud pública de los más vulnerables y de los servidores públicos de primera línea frente a la pandemia. A todos los ciudadanos.

Porque tampoco es verdad que las vacunas, en plena pandemia letal, sean solo unos productos de mercado más que "me los ofrecieron y los cogí", o como falazmente ha argumentado la derecha, se pueden comprar y no le restan nada al resto de los ciudadanos españoles. Muy al contrario, las vacunas son bienes comunes, por ahora y por un cierto tiempo escasos, que forman parte fundamental del derecho humano a la salud en un contexto trágico de pandemia. También especialmente de los ciudadanos emiratíes, y con mucha más razón, al tratarse de una dictadura.

Las excusas de la derecha apuntan a una concepción del viejo régimen de vasallaje de una monarquía absolutista y para nada de un sistema democrático. Muy al estilo del populismo del hombre y la familia providencial de Vox, aunque inexplicable en una derecha que se proclama democrática.

Una gota más en un vaso hace tiempo desbordado, en que todo ha estado precedido y presidido por la repercusión escandalosa de las dos regularizaciones del desmesurado patrimonio del rey emérito, incluso en contextos tan significativos como en el entorno de la fiesta de la Constitución y ahora en el cuarenta aniversario del frustrado golpe del 23F.

Un escándalo porque pone en evidencia el enorme patrimonio de Don Juan Carlos que no se explica tan solo por una herencia no declarada a su debido tiempo, como se dijo en un primer momento, con ser ya muy grave en una institución como es la Jefatura del Estado.

Llueve sobre mojado con una segunda regularización de casi cuatro millones y medio de euros por el regalo de los viajes en aviones chárter, después de que el pasado mes de diciembre depositase en Hacienda otros casi seiscientos ochenta mil euros por el caso de las transferencias irregulares del industrial mexicano Sanginés-Krause.

Pero lo que es peor, las abultadas sumas hasta ahora conocidas apuntan al origen oscuro de la fortuna del ahora rey emérito ligada a las relaciones privilegiadas, tanto diplomáticas como económicas, aprovechándose a nivel particular de la máxima representación exterior de España, que ostentó durante décadas como jefe del Estado y primer servidor público.

Al patrimonio irregular, hay que sumar la voluntad de ocultamiento y los consiguientes manejos de fraude fiscal y blanqueo de capitales en paraísos fiscales para eludir sus obligaciones con Hacienda. En este sentido, han sido reconocidos últimamente los rumores de los manejos de sus testaferros.

A eso se añade que para sufragar las obligaciones con Hacienda se haya podido recurrir a supuestos créditos que en realidad no serían tales, sino donaciones que deberían estar por tanto sujetas a tributación.

En definitiva, la demolición descontrolada del patrimonio del rey Juan Carlos acumulado en la Transición política, por su propia mano, y su concurso inesperado a la campaña de sectores independentistas y populistas contra el ímprobo esfuerzo de generosidad social y política de la generación de la Transición. Todo ello con el silencio y la protección durante décadas de poderes políticos, económicos e institucionales que no han dado una sola explicación. Un daño autoinfligido de difícil reparación.

Pero no solo estamos ante un reto para la institución de la Jefatura del Estado, sino también y en particular para el resto de las principales instituciones democráticas, en especial para las que tienen la tarea de reparar el estropicio y depurar responsabilidades.

El incumplimiento fiscal y las décadas de inacción obligan a una intervención firme por parte de las instituciones democráticas, que pasará inicialmente por un papel primordial de la Hacienda pública y la Justicia para depurar los hechos y las responsabilidades. En este sentido, sería incomprensible que al margen de la sobreactuación de posiciones públicas republicanas por parte de unos y la defensa cerrada del statu quo constitucional por parte de otros en el seno del Gobierno, no viniesen acompañadas del cumplimiento exigente de sus responsabilidades como gobierno de la investigación, la sanción y en su caso de la acusación ante la justicia por parte del ministerio de Hacienda así como de la Fiscalía General del Estado. Como también por parte de un poder judicial que en los últimos tiempos se ha injerido en el poder político y no ha demostrado igual celo en sus funciones constitucionales.

Pero no solo. Si la jefatura del Estado aspira a sobrevivir, aunque sea a corto plazo, la poda periódica de las ramas secas no será suficiente como tampoco los son los pequeños retoques realizados hasta ahora por la fuerza de los acontecimientos.

Es imprescindible un cambio radical en relación a la inviolabilidad del rey, salvo para asuntos relacionados con el cargo, de la falta de transparencia y dación de cuentas mediante un estatuto de la casa real, así como en la opacidad y el trato de favor por parte del resto de las instituciones democráticas y de la sociedad civil que ha devenido en un clima de impunidad.

Recientes acontecimientos en países vecinos nos marcan el camino a seguir en la defensa de las instituciones democráticas. Es el caso del expresidente Sarkozy en Francia. La nación francesa, la república francesa, el estado Francés no entran en debates existenciales sobre la primera magistratura del Estado cuando un expresidente tiene que ser juzgado. La separación entre institución y persona es tan radicalmente evidente que la sociedad francesa no se debate entre cuáles sean los logros de una Presidencia en un momento histórico y la necesidad de juzgar con severidad, incluso con la cárcel, a quienes cuando la ocuparon se comportaron de forma ilegal. El jefe del Estado en ejercicio es el primero en solicitar transparencia. Aquí, nuestro jefe de Estado, cuando intuyó ilegalidades de su predecesor acudió con nocturnidad a un notario, en lugar de poner en marcha los mecanismos institucionales para defender al Estado al que representa.

Y es que, en opinión de este republicano, la monarquía es una adherencia histórica de difícil encaje en una sociedad democrática compleja donde la transparencia es indiscutible y, al final, acaba alcanzando a todos. Estamos yendo contra natura al mantener una fórmula institucional que, por fuerza, ha de terminar. La democracia no puede contener una institución basada en la permanencia de un linaje. El mundo real ya no sostiene esa ficción cuya utilidad ya periclitó. La democracia requiere como componente esencial la renovación periódica y total del componente humano que encarna una institución. Al no hacer este análisis y permanecer en un análisis predemocrático que confunde persona y representación institucional, tanto la derecha nacional como el partido socialista entienden que para defender la génesis de nuestra Constitución hay que permanecer varados en la defensa de los logros de un personaje histórico que, como decía el filósofo, es humano, demasiado humano.

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Gaspar Llamazares es fundador de Actúa

 

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11 Comentarios
  • miguel65 miguel65 09/03/21 19:22

    Un artículo muy certero, esa institución es imcompatible con la democracia y si creen que el pueblo español la desea, no se comprende su negativa a un referendun que la justificaría durante varias generaciones, pues con la actual situación de profunda brecha social que está anulando el tan cacareado "estado del bienestar" existe el riesgo de estallidos sociales que nos llevasen a situaciones extremas no deseadas, por eso creo que los actuales gobernantes deberían ir pensando en dar una salida digna a esa familia que forman la monarquía.

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  • GRINGO GRINGO 09/03/21 14:06

    Referéndum Monarquía - República YA, y del resto que se ocupen los Tribunales de Justicia, que están para eso, para impartir JUSTICIA.

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  • galipote galipote 09/03/21 09:24

    Anda! Gaspar, el rey mago que traía carbón a Podemos!

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  • ncvc ncvc 09/03/21 07:20

    Totalmente de acuerdo, es evidente, excepto para los que no quieren ver. A mi me dan pena y grima las dos niñas, sobre todo la mayor, cuyas vidas están totalmente programadas y aprisionadas por su condición de hijas del rey. Esta situación va en contra de la libertad de cualquier niño de dibujar su paso en la vida, es que no tienen escapatoria, pobre Leonor destinada desde que nació a una vida no elegida.

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    • GRINGO GRINGO 09/03/21 14:04

      En España hay cientos de miles de niños que no han podido elegir su futuro, pero por otras causas bien diferentes, ellas, las Infantas, pueden renunciar, otros ya quisieran poder renunciar vivir en la más absoluta miseria....

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      • ncvc ncvc 09/03/21 17:02

        Es verdad por supuesto, pero una cosa no quita la otra, quiero decir que me parece execrable el sistema monárquico entre otras muchas cosas por la monstruosa utilización que hace de los niños reales, sus vidas están deformadas nada más nacer, esto va totalmente en contra de los mismos derechos de la infancia. Pobre Leonor.

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    • Epi Epi 09/03/21 11:18

      A mí me da pena de ti, ncvc. Ellas, las infantas, viven muy a gusto así y no sabrían vivir de otra manera. Fíjate en sus tías. ¿Cres tú que les damos pena la mayoría de los mortales? Ya ves sus explicaciones...Estas chicas, las infantas, ten por seguro que, llegado el caso, harán lo mismo que sus tías. Viven en un mundo paralelo al nuestro y lo maman desde la cuna. La monarquía es una anomalía democrática y un anacronismo en los tiempos que corren. Mucha gente la defiende no porque crea que sirve para algo, sino porque es su modus vivendi y no quieren perder los privilegios que han conseguido a su sombra.

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      • ncvc ncvc 09/03/21 11:48

        Es verdad, la monarquía es una anomalía, en lo político por antidemocrático, y en lo humano entre otras cosas por involucrar a niños, y por eso estoy tan en contra de la monarquía, me parece totalmente antinatural y reprobable que el destino de unos niños esté programado de antemano, sin libertad aunque la jaula sea de oro, creo incluso que se vulneran absolutamente los derechos de estos niños. Pobre Leonor.

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        • Epi Epi 10/03/21 08:38

          De pobre nada. Milongas lo de "pobre niña y que pena me da". Tiene el futuro solucionado. Eso no le pasa a la mayoría de los niñ@s que se lo tendrán que currar. Nos mean encima , nos dicen que llueve y nos lo creemos.

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          • ncvc ncvc 10/03/21 10:24

            Cabe una lectura más amplia, un "futuro solucionado" no debe ser un "futuro impuesto", ahí es dónde se vulneran sin duda los derechos de la infancia.

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  • andoni4 andoni4 08/03/21 23:23

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