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Trumpismo o desarrollo de las libertades

Ángel Viviente Core
Publicada el 05/04/2021 a las 06:00

En los tiempos que corren, bien avanzado el siglo XXI, nadie podrá negar que las corrientes políticas que se generaron a principios del siglo pasado han modificado sus contenidos y las ideas que conllevan, y así han debido de adaptarse a las nuevas realidades.

Los que ahora pueden considerarse herederos y depositarios de esas ideas políticas del pasado, sin renegar de ellas claramente, han adaptado sus contenidos a la nueva acción política. En particular, también los que en su momento eran partidos y regímenes fascistas.

La palabra fascista arrastra detrás un componente genocida que, excepto algunos negacionistas un tanto descerebrados, nadie puede negar. Sin embargo, nadie en su sano juicio podría plantearse ahora esas masacres de judíos o de izquierdistas que pagaron con su vida la defensa de sus ideas, en la Europa nazi y en la España de la dictadura. Pero sí que pueden incorporar a su mochila de propuestas algunos de los matices que incorporaron a esas ideas, como pudieran ser el odio a los opuestos, el uso de la mentira para descalificar y condenar a estos, la batalla contra la inmigración, el menosprecio a la lucha de las mujeres por la igualdad y a aquellos con diferente sexualidad, el ultranacionalismo exacerbado, la degradación en sus políticas de lo público, la fiscalidad que aumenta las diferencias económicas, el abandono de las políticas sociales, la utilización de símbolos y banderas como muestra de su identidad, etc.

A todo ello, tomado en conjunto, no puede aplicársele directamente y al 100% lo que fueron los movimientos fascistas del siglo XX, pero sí que forman parte de sus propuestas y métodos y de lo que fue su identidad.

En la actualidad, con la irrupción de la figura de Trump en el panorama de Occidente, se ha visto un incremento de partidos que llevan en su seno el poso de lo que fueron esos movimientos fascistas. Trump lo adaptó a la nueva realidad y luego lo exportó por medio de sus voceros al resto de Occidente, apareciendo grupos por doquier, añadidos a los minoritarios que siempre existieron, que por un lado adoptaban sus métodos y por otro, en pugna con ellos, filtraban esas ideas a partidos de la derecha próximos a ellos y en lucha por ese caladero de votos, mimetizándose a veces hasta hacerse en muchos casos indiferenciables, como pienso que está pasando ahora en Madrid.

Trump se ha visto obligado a dejar el poder, pero el trumpismo no ha desaparecido, se mantiene fuerte y creciendo. Sin embargo, creo que no es acertado aplicar a eso la palabra fascista, en el sentido de lo que fue en el siglo XX, porque banaliza lo ocurrido en el pasado con esos grupos y partidos nazis. Yo prefiero llamar a todo esto trumpismo.

Porque lo que se presenta ahora en la Comunidad de Madrid el próximo 4M es una batalla clara de esas fuerzas trumpistas, perfectamente encarnadas en la lideresa y en su entorno: el ínclito Miguel Ángel Rodríguez, Esperanza, Jose María, etc, en clara alianza con Vox y en lo que puede llegar a ser el laboratorio del trumpismo, para su posterior exportación a la política nacional, IDA incluida.

No hay más que ver la estrategia de la lideresa de insultos, mentiras, juegos con las palabras, como comunismo, bolivarianos, enfrentamientos con los opuestos, etc, para darse cuenta de que los mensajes son calcados a los utilizados por el trumpismo en sus batallas electorales, con profusión y utilización tremenda de medios y redes. Y si no ganan sus propuestas, hablarán de gobiernos ilegales. Exactamente igual.

Frente al insulto, la descalificación y el permanente enfrentamiento personal, nos encontramos con unos grupos a la izquierda que, como es habitual, están muy divididos. Vale, eso no tiene solución, dejémoslo estar y adaptémonos a esa realidad, viajemos con ella. Pero no entremos en la lucha vocinglera que el trumpismo busca.

Vayamos a la plasmación en los programas de estos partidos de lo que debería ser la implantación auténtica de las libertades y su desarrollo. Como decía don Julio Anguita, frente al debate personalista, desmesurado, chabacano e insultante del trumpismo, que la izquierda hable de programa, programa, programa. Que esos grupos de izquierda ofrezcan propuestas ilusionantes, de temas importantes que impactan en las vidas de los ciudadanos. Lo que quieren escuchar estos son sus realidades concretas y las propuestas para mejorarlas, están hartos de oír descalificaciones y malos modos de los políticos, vacíos de contenido.

Dada la situación de aumento galopante del trumpismo en Madrid, representado por IDA, y la no posible unión de las izquierdas, la única opción es mantener debates serenos que puedan ilusionar a ese sector de la población, para la posible construcción de un gobierno de coalición de izquierdas en la Comunidad, después de tantos años de gobiernos de derechas que tanto han deteriorado los servicios públicos y sociales. Vayamos a ello y evitemos que esa desunión marque el pasotismo y la abstención de toda esa gente, ilusionémoslos. Ninguno de estos debe dejar de votar.

Sin embargo, para empezar, no son incentivadoras para la llamada al voto a cualquiera de esos partidos las recientes declaraciones del candidato del PSOE, en el sentido de que excluye de ese posible acuerdo de gobierno a uno de esos partidos. Independientemente de las críticas, que pudieran tener su parte de razón, y de que hay cosas que pudieran haberse hecho mejor, no debería este señor olvidar que ese partido lleva en su seno a quienes fueron parte importante del tránsito de la dictadura a la democracia, con grandes sacrificios y hasta muertes para conseguirla, o a sus herederos. No creo que nadie en el PSOE tenga derecho a menospreciar y ningunear a ese partido, con el que, por otra parte, forma gobierno a nivel estatal en la actualidad.

Quisiera decirle a este señor “soso, serio y formal” que en mis tiempos juveniles, en los ambientes en que me movía, me encontré a muchos como los que ahora son demonizados por algunos como “comunistas” que tenían unos planteamientos de lucha por la democracia y contra la dictadura, alejados del pasado estalinista que era como una pesada carga sobre sus espaldas y que a lo que aspiraban era a una conquista de las libertades inexistentes, como creo que hacen ahora sus sucesores para su mejora. Y todo ello a costa de grandes sacrificios.

Quisiera recordarle dos cosas. Primero que, en esa época, los antecesores de los trumpistas de ahora, encarcelaban a los “comunistas” (que no a los sosos, serios y formales) que utilizaban la palabra libertad en sus manifestaciones, palabra prohibida y denostada tanto como la palabra “comunista” y que sin embargo ahora es utilizada por ellos en sus manifestaciones e incluso en sus lemas de campaña electoral; y segundo, que en esas luchas por la democracia no me encontré nunca a esas personas “sosas, serias y formales” de los que ahora usted habla. ¿Dónde estaban?.

No volvamos al pasado y a la dicotomía fascista/comunista, ahora tenemos delante una amenaza real a esas libertades perfeccionables conquistadas, no descartemos ninguna posibilidad para evitarlo. Tenemos dos formas antagónicas de ver el futuro de esta Comunidad y de este país e, ineludiblemente, por tradición e historia, su partido ha de formar parte de una de ellas.

Ya sé que el PSOE es maestro en juegos florales con las palabras: de entrada OTAN no, no podría dormir a gusto con el Sr. Iglesias en el gobierno, con "este" Iglesias no voy a formar gobierno en la Comunidad, etc, porque tal vez, en algún momento, podría tener que tragarse esas palabras, como le pasó al Sr. Sanchez. Son palabras que no dudo han sido hechas para hurgar en el caladero de votos del centro-derecha, pero no menosprecie con ello a los que pudieran ser base fundamental para evitar ese triunfo, que muchos no queremos, para Madrid y para España después.

Así que, todos juntos: “Trumpismo o desarrollo de las libertades”. Ese ha de ser el lema.

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Ángel Viviente Core es coordinador general de Convocatoria Cívica.

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5 Comentarios
  • Julián Julián 05/04/21 20:28

    Muy acertado definir el campo de juego entre Tumpismo o Desarrollo de las libertades. como dice ArktosUrsus quién propone el campo de juego arranca con ventaja, y la propuesta de IDA entre Comunismo y Democracía es además de Trumpista, Tramposa.

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 05/04/21 11:00

    Señor Viviente, siendo evidente que los que usted llama trumpistas no son fascistas (carecen de ideología propia, son ideólogos "contra" y no presentan propuestas de estructuración social más allá del retroceso o el puro inmovilismo) tampoco son "comunistas" los herederos de aquel PC de los años 60 y 70 (el famoso "eurocomunismo") ni, claro está, de la ideología del reparto de los medios de producción entre los trabajadores y la política social de "cada quien según sus posibilidades a cada quien según sus necesidades", que es la esencia pura del comunismo. ¿Herederos? Sólo en parte. Sobre todo en la creencia de que la democracia tal y como se concibe actualmente puede beneficiar a las clases populares. Se echan en falta alternativas ilusionantes porque hay que desmontar una compleja tela de araña de sutilidades basadas en el principio de que lo privado funciona mejor que lo público, que lo individual es mejor que lo colectivo, ya que lo individual es fragmentado y visible en el momento mientras que lo colectivo sólo muestra sus bondades cuando hay que hacer frente a una desgracia general como la pandemia, y entre tanto queda oculto tras el día a día que hace que lo colectivo parezca surgido de la nada y que siempre ha estado ahí. No se fomenta la conciencia ciudadana. Se la desmotiva consiguiendo que se entienda que “impuestos” es sinónimo de “confiscación” y no de ingreso necesario para mantener lo público al alcance de todos. Un discurso al que contribuye, por cierto, el “soso” catedrático. Deberíamos articular nuestro propio discurso señalando la necesidad de contar con una sociedad fuerte con ingresos suficientes para gozar de unos servicios públicos fuertes y para todos. Y cómo el latrocinio de los gestores de lo público mediante prácticas corruptas es lo que daña al sistema público y no la presunta “ineficiencia” de ese sector. El discurso está equivocado. Y como no lo cambiemos estamos perdidos. Quien propone el campo de lucha ha ganado el 50% de la batalla.

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    • Angel Viviente Angel Viviente 05/04/21 12:08

      Totalmente de acuerdo. Muy acertado
      Saludos

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  • ACistero ACistero 05/04/21 10:47

    Excelente artículo, que invita a la reflexión, más allá de las trifulcas electorales entre el soso y la salpimentada. El avance del trumpismo se vale de la inopia ciudadana, utiliza todos los resortes actuales, en especial las redes sociales, y un lenguaje excluyente que a una parte de la población no le produce rechazo. Mientras tanto, ¿ que ha hecho la izquierda (en su más amplio concepto) para avivar el interés por la razón, por el análisis que permita distinguir un programa de otro?, ¿cuánta gente se lee un programa electoral, ni tan siquiera el de la opción con la que se siente más afín? Es una labor del día a día, que no se consigue en la vorágine de una campaña.
    Frente a ello, el utilizar términos excluyentes entre la izquierda, es un mala copia de las tácticas trumpistas, dándoles carta de naturaleza, haciéndolas parte de una dialéctica de la que la derecha sacará más rédito, pues es el hábitat donde mejor se desenvuelve. En democracia, no deberían existir las líneas rojas y sí los programas en los que se pudieran encontrar puntos en común entre candidaturas diversas.

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    • Angel Viviente Angel Viviente 05/04/21 12:11

      Gracias
      Desde luego que la izquierda debe de.crear un discurso propio y no caer en las trampas del trumpismo, con descalificaciones y lineas rojas entre ellos. Hablar, debatir y llegar a acuerdos. 

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