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Las personas lo merecen

Publicada el 01/05/2021 a las 06:00

Los trabajadores y trabajadoras lo merecen. Se merecen un país que mire por y para las personas, sin dejar a nadie atrás. Se merecen una reconstrucción económica y social bajo el paraguas de los derechos y la dignidad. Durante casi una década después del 2008, hemos soportado una crisis económica y social muy dura provocada por los mercados y las entidades financieras, y a España no la ha sostenido el capital, sino el esfuerzo y dedicación incansable de las personas.

Los últimos cinco años han sido durísimos. Hemos pasado por tres elecciones y cuatro gobiernos diferentes. Por políticas de austeridad y recorte, otras más progresistas y sociales y otras expansivas que se anuncian pero nunca llegan; por empleos cada vez más inestables, temporales y precarios; por salarios de miseria, que no suben a pesar de haberlo firmado con la patronal o la propia empresa; por un aumento de las desigualdad en los centros de trabajo, con el incremento año a año de la brecha salarial entre hombres y mujeres; y por un agravamiento de los accidentes de trabajo, que aumentaron en un 10% el año pasado cuando, paradójicamente, nuestro PIB ha descendido más de un 10%.

Un último año que ha sido catastrófico para nuestro país. Hemos vivido una crisis sanitaria sin precedentes en nuestra historia moderna, que ha supuesto mucho dolor y sufrimiento para la población española. Desde UGT, hemos tenido que aparcar todas las reivindicaciones en las que estábamos inmersos para atender las necesidades básicas de las personas y para salvar el tejido productivo de nuestro país. A todos, no solo a las personas trabajadoras. También a las empresas.

UGT ha impulsado, junto a los otros agentes sociales, una red de protección social y económica que ni siquiera se había imaginado con anterioridad. Los ERTE existen desde hace más de 30 años, pero nunca se habían utilizado de esta manera masiva, y han supuesto la salvaguarda para muchas personas empleadas —aunque ninguna bicoca ya que ven mermados sus ingresos porque solo cobran el 70% de su salario base— y para muchas empresas, posibilitando que muchas de ellas no tengan que cerrar y preservando así la mayor parte de nuestro sistema productivo y de su empleo. Además, hemos consensuado con el Gobierno prestaciones y ayudas para las personas desempleadas o para los autónomos, y hemos evitado que cientos de miles de personas se quedasen sin ingresos para poder sobrevivir.

Han sido las personas de este país, y no los mercados o el capital financiero, quienes han cuidado de nuestros mayores en el periodo más arduo de la pandemia del coronavirus. Han sido las personas, y no los mercados o el capital financiero, quienes nos han hecho llegar los alimentos básicos para poder sobrevivir día tras día, y quienes se han expuesto a la voracidad de este virus en su puesto de trabajo para que pudiéramos comer, o para que pudiéramos ver atendida nuestra salud.

Se lo merecen. Se merecen que se reconstruya nuestro país por y para las personas. Porque, a pesar de los esfuerzos para sostenernos, aún tenemos una dura espina clavada. Aún hay decenas de miles de personas que tienen que dormir cada noche en la calle, o tienen que hacer cola en las puertas de asociaciones o distintos organismos para poder comer, las llamadas "colas del hambre o de la vergüenza", trabajadores y trabajadoras pobres que en ningún caso son unos "mantenidos", como los ha calificado la candidata a la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Y con esto me refiero a trabajadores y trabajadoras que no tienen ingresos para poder sobrevivir, personas trabajadoras pobres que llevan sufriendo más de diez años una crisis tras otra, y no levantan cabeza.

UGT y CCOO hemos impulsado el Ingreso Mínimo Vital, que ha sido esencial para cientos de miles de personas sin recursos durante la pandemia. Pero no ha funcionado como debiera y como propusimos. Y tal y como está concebido, no va a funcionar. Se lo dijimos en su día al Gobierno, pero prefirió escuchar sólo a Cáritas o a Cruz Roja —cuya labor es muy importante— en lugar de a los sindicatos. Esta norma es positiva para implementarse de forma generalizada, pero no para una crisis como la que hemos vivido porque está encorsetada en la Ley de Seguridad Social. Hay que eliminar la burocratización infinita que existe alrededor de esta prestación y comenzar a aumentar la cifra de beneficiarios y beneficiarias. Esta ayuda es indispensable para la supervivencia de muchas familias. La necesidad vital de comer no se puede posponer, ni realizarse de manera retroactiva.

Por ello, este Primero de Mayo hay que decir alto y claro al Gobierno que ahora le toca cumplir su palabra, tanto con los electores como con los sindicatos en el marco del diálogo social. Es urgente poner en marcha la agenda social pendiente antes de la pandemia. Retomar la derogación de las reformas laborales, que solo han producido dolor entre la población, despidos, desregulación y precariedad tanto en el empleo como en el desempleo. Es una auténtica rémora para la recuperación de nuestro país que se debe corregir de inmediato. Ahora toca cumplir.

Además, es imprescindible derogar la reforma de las pensiones de 2013 y volver al acuerdo social de 2011, revalorizando por ley las mismas conforme al IPC y eliminando el factor de sostenibilidad. No vamos a llegar a ningún acuerdo que recorte las pensiones. El Ejecutivo no puede dejar en la estacada a un colectivo que ha sido tractor para nuestras familias durante la crisis económica, y que se ha visto tan mermado en la crisis sanitaria debido al coronavirus. Ahora toca cumplir.

Y tiene que aumentar el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) para llegar al 60% del salario medio en España (más de 1.200 euros), como recomienda la Carta Social Europea, al final de esta legislatura. Todos los países de nuestro entorno han sufrido la pandemia y todos, sin excepción, han subido el SMI, con cuantías, en algún caso, bastante superiores a la nuestra. Es imprescindible para mejorar el consumo, la demanda interna, el empleo y los ingresos a la Seguridad Social.

Ahora toca cumplir. La ciudadanía lo merece. Merece empleos decentes y con derechos, mejores salarios, prestaciones por desempleo suficientes, políticas activas de empleo renovadas, una ley de igualdad salarial que acabe con la brecha que existe en las empresas y una prevención eficiente que evite las muertes en el trabajo. Los fondos de reconstrucción de la UE nos tienen que ayudar a conseguir este objetivo. Nos merecemos un país por y para las personas. Ahora le toca al Gobierno cumplir. Como dice nuestro lema del Primero de Mayo, “el país está en deuda con su gente trabajadora”. Nos vemos en las calles para reclamarlo.

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Pepe Álvarez es secretario general de UGT

 

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