Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Plaza Pública

Libertad de rebaño

Publicada el 21/05/2021 a las 06:00

¿Llegó el efecto rebaño a la cumbre el 4M? La respuesta fácil sería: “abducidos por el populismo, se dirigen airosos al desolladero”. Fácil, pero no cierto. No van airosos, simplemente están ahí. Y tampoco van hacia el final, sino hacia un ir “tirando como siempre”. Menospreciar dicho efecto, la impermeabilidad del rebaño a todo análisis ecuánime, podría ser una argucia de la izquierda para justificar su desidia en el pastoreo, pero tampoco cubriría una explicación consistente.

Que quede claro: escribo desde un respeto absoluto hacia el ciudadano de a pie (y de los sentados). Aquél que solo se hace visible días antes de unos comicios. Aquél que va tirando como puede, lidiando con sus ardores de estómago, las notas de los hijos, el vencimiento de la hipoteca, la pérdida (o exceso) de lívido o la suegra gruñona. Aquél al que de repente se le dice: el martes a votar.

Un país que ha pasado de la megalomanía de las Azores a la buena fe campechana, para seguir con el dontancredismo y la abulia y acabar con un ejército de espadachines luchando contra el alien Covid, ¿qué es lo que tiene en la mente?: pues su estómago, las notas, la lívido o la suegra... ¡ah!, y la omnipresente hipoteca. Y desde luego, la mascarilla y el miedo y la fatiga. En su caletre no caben ya ni los discos duros formateados a martillazos, ni las corruptelas, ni las mentiras emponzoñadas, ni las policías patrióticas. No tiene resuello para entrar a sopesar el falso dilema de decidir qué vale más: la vida de unos cientos de abuelos o el mísero sueldo de unos miles de camareros. El país, mal que bien, mande quien mande, va tirando, poco se puede hacer y en cualquier caso “no voy a ser yo quien me meta en el berenjenal del análisis sosegado”. Si a ello añadimos el factor Bruselas que aleja el foco de la atribución razonada de responsabilidades, comprenderemos que la atención se fije en el día a día: ¿ganará el Atlético la liga? Y por disonancia cognitiva, pasar a confundir el sobrevivir con el vivir en libertad. El muerto al hoyo y el vivo al botellón.

¡Qué poco se ha promovido el reflexionar (y actuar en consecuencia) sobre los programas propuestos en la campaña de Madrid, apenas aireados¡ Y menos aún en la de Cataluña de hará tres meses, donde solo importaba el teñido amarillento del mensaje! Sirva un ejemplo: Desde la Generalitat se anunció que la legislatura estaba acabada en enero del 2020, y hasta quince meses después seguíamos sin saber quién cogería las riendas. Y sin embargo, cada día sale el sol, los autobuses pasan más o menos a la hora, ¡y hasta se vacuna! ¡Qué importa quién gobierne! Mi hipoteca siempre llamará dos veces. Y añado: Y la política solo cada cuatro años. Y cuando, infinidad de oportunidades perdidas después, se convocaron en Cataluña, cientos de miles votaron a quien había mantenido en vilo a todo el mundo, en plena pandemia, gestionándola con los pies, ocupado como estaba en entretener a sus fieles con gestos de saltimbanqui.

Cuatro años (o menos, que para el caso da igual). ¿Qué se ha hecho durante este periodo entre comicios? Sí, claro, gobernar. Pero ¿cómo llegar a los millones de ciudadanos que bastante tienen con lo suyo? A los que si se les llama una semana antes del voto, hasta les ofende el olvido del que se dan cuenta entonces. Les han ido calando los exabruptos demagógicos, fáciles y hasta divertidos, pero no la tarea cotidiana de tirar el país adelante. ¿Saben los barceloneses que los ediles de Barcelona en Comú se recortan el sueldo, y que con dicha diferencia se nutre un fondo llamado Filadora que subvenciona con 100.000€ proyectos culturales? Lo saben los que no necesitan saberlo para votar dicha opción, los insiders. Pero no los outsiders: la inmensa mayoría de los votantes. ¡De qué poco servirá que alguien lo airee ante sus seguidores días antes de la próxima votación!

Se dice que en cualquier decisión hay una pugna entre razón y emoción. Y es cierto. Pero a menudo se olvida un tercer factor clave: que todo ello sucede sobre un sustrato determinado. El carácter, la formación, el estado anímico y físico, las relaciones sociales van recibiendo una lluvia fina que va calando imperceptiblemente: Aquel comentario en aquella tertulia, aquel hecho, aquella mentira, aquella verdad, se van entreverando en el interior de la idiosincrasia del individuo. Es ahí donde se libra el pulso, ante un reto determinado como puede ser decidir un voto, y es ahí donde la izquierda ha desertado de su obligación y tradición de impregnar el día a día de conciencia social. Al tratarse de una contienda a corto plazo, es evidente que la emoción tiene muchas más posibilidades que la razón, que requiere sosiego, conocimientos, voluntad y esfuerzo. Al no haberse cultivado el terreno, pues crece lo que crece.

La organización política se ha complicado muchísimo en los últimos tiempos. Hay mucho en juego y a tantos niveles que es prácticamente imposible para el ciudadano hacerse una opinión que no sea puntual y segmentada. En el momento de verse impelido a “mojarse” (con un voto, por ejemplo) solo cabe acudir a la emoción del momento o mirar alrededor la dirección de la mayoría (sea cierta o simulada). Los chascarrillos, las exageraciones, y peor aún, los exabruptos y los insultos (y también la falta de un análisis previo), le ponen entre la espada y la pared: “Vamos ya: decide de una vez”. Al fin y al cabo, todo seguirá igual. Y si en aquel momento está deseando salir de noche: pues vota “libertad”.

Ante ello, la izquierda se autoengaña basándose en su convicción (a la que me sumo) de que sus principios morales son buenos para el pueblo. Y deduce erróneamente que éste, al constatarlo, se acercará diligente a su luz, haciendo innecesario darle la mano para guiarle. Cuatro años en barbecho impiden que dos o tres semanas de siembra puedan dar sus frutos. Por parte de la derecha, lo fácil: dar carta de naturaleza al ir tirando sin reparar ni en el gobierno, ni en los efectos que puedan tener sus decisiones sobre el día a día. ¡Qué lejos está la úlcera de un decreto de privatización de un hospital! ¿A qué sombra va a cobijarse el acalorado ciudadano? Pues a la que le confirma que no está loco si decide seguir sobreviviendo sin mayores análisis y con el menor esfuerzo. Y puestos así, ¿nos extraña aún lo que ha pasado en la villa y corte? Y volviendo a mi querida Cataluña: ¿Nos sorprende el esfuerzo realizado en denigrar cualquier decisión gubernamental o en degradar el papel aglutinador y regulador del Parlament?, ¿que haya gente que siga fielmente el mantra de “cuanto pero mejor”? Lo dijo Puigdemont y parece que se va saliendo con la suya.

La deriva es peligrosa, por imperceptible y por dónde nos lleva. Trump, con su histrionismo, nos ha permitido visualizarla, pero creo que no se percibe lo suficiente el efecto llamada en el ámbito mundial donde se desarrolla. Desde los hechos del Capitolio, la estrategia se hace más evidente: El objetivo no es solo alcanzar el poder (que también) sino acceder a él para socavar el propio sistema democrático azuzando a los fieles seguidores mediante la manipulación de emociones a priori legítimas. Muestra de ello es la apropiación de conceptos, prostituyéndolos, que tendrían que servir de aglutinante y se usan como dispersantes: libertad, democracia, o España o Cataluña. Con ello se está consiguiendo desligar al ciudadano, al votante, de las estructuras institucionales. ¿Cómo puede ser que el tendero de Nebraska, la maestra de Manaos, el jubilado de Vallecas o el oficinista de Igualada hayan votado propuestas de líderes que han demostrado un egoísmo casi patológico y que, no a corto pero sí a medio y largo plazo, ponen en peligro la forma de vida del conjunto de la población? Si no se han dado cuenta de cómo se ha perjudicado a la ciudadanía, desde las residencias de ancianos y el covid hasta la malversación de fondos públicos, ¿cómo van a percibir el lento pero progresivo e implacable descenso hacia el autoritarismo y el olvido de la democracia?

Deriva imperceptible. Cuando uno se va a la cama: ¿Puede determinar el momento exacto en que se duerme? No, la propia modorra impide la percepción. ¿En qué instante se pasa de la democracia, imperfecta pero funcionando e intentando mejorar, al autoritarismo esquilmador?, y una vez arraigado éste, ¿hasta dónde puede llegar? Progresiva y sigilosamente (o no), va penetrando como un virus. Sin generar síntomas de rechazo, va calando la estrategia afinada que desarrollan los QAnon, Faes, Opus Dei, Vox y tantos otros, y que siguen ciegamente millones de personas adormecidas por el calorcillo que astutamente se transmite al rebaño. Ni experiencias recientes sacan a la gente de su modorra: Ni los muertos por la gripita del Brasil, ni los ocasionados por los recortes en sanidad pública tan cercanos… ¿A qué desapercibido derrumbe nos van conduciendo? En el pasado, ni gente tan avisada como Stephan Zweig intuyó en sus inicios los males que se avecinaban. Nos dice en El mundo de ayer: "Todas las barbaridades, como la quema de libros… que pocos meses más tarde ya eran hechos reales, un mes después de la toma del poder por Hitler todavía eran algo inconcebible incluso para las personas más perspicaces. Porque con su técnica del engaño sin escrúpulos, se guardaba muy mucho de mostrar el radicalismo total de sus objetivos antes de haber curtido al mundo”. Sí, evolución arteramente paulatina, disfrazada con palabras secuestradas y aprovechándose del alejamiento del día a día ciudadano de los planteamientos no ya de izquierdas, sino de una democracia razonada.

Lamento el tono y extensión del artículo. En Cataluña tenemos ya la sociedad partida por el eje, con heridas que en el mejor de los casos tardarán décadas en sanar. Ahora Madrid, quizá pronto Murcia o Andalucía, en consonancia con una tendencia a escala universal de separar de cuajo los “buenos” de los “malos” para dominarlos a todos. Y como música de fondo, la demagogia simplista que va subiendo como una marea, induciendo al sueño. Pero ¡ojo!: cuando despertemos, la democracia ya no estará ahí.

__________________

Antoni Cisteró es es sociólogo y escritor. También es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre

 

Publicamos este artículo en abierto gracias a los socios y socias de infoLibre. Sin su apoyo, nuestro proyecto no existiría. Hazte con tu suscripción o regala una haciendo click aquí. La información y el análisis que recibes dependen de ti.

 

 

Más contenidos sobre este tema
Etiquetas




16 Comentarios
  • Hélène R Hélène R 21/05/21 21:53

    Suegras gruñonas haylas, y no gruñonas también, pero más que un problema social pueden llegar a ser una preocupación individual y familiar que puede alterar la decisión de votar. Como todos los demás factores que nombra Antoni Cisteró y que cuando se convierten en prioridades, consiguen ocupar todos nuestros pensamientos... hasta estimar que la democracia en la que vivimos no nos necesita.
    También me pregunto cómo, después de las elecciones de Madrid, se ha podido recordar la "buena gestión" (económica) de Ayuso, durante la crisis sanitaria, para justificar su victoria, sin que ningún comentarista mostrara asombro ante el evidente olvido, por parte de los votantes, de la pésima gestión humana de la pandemia, en Madrid. Se ha recompensado más el aspecto económico que no se ha castigado las heridas humanas ¿Qué sentido democrático es éste?
    Cierto que parece que no se aprende: el mismo queso Camembert con distinta caja, dibujó Perich, en unas elecciones francesas... ¿Habrá que esperar a que el olor sea insostenible para deshacerse de él?
    A principios del siglo XIX, A. de Tocqueville fue a estudiar la nueva democracia que se desarrollaba en América... Su trabajo, de sociólogo y politólogo "avant la lettre" es admirable, todavía hoy en día: pone en evidencia cómo el miedo a perder el bienestar ganado con (más o menos) esfuerzos puede llegar a anestesiar el sentido de libertad del individuo... Cuenta muchas más cosas, como premoniciones y advertencias de lo que se ha asentado durante el siglo XX, en "occidente". Es asombroso que se conozcan tan poco estos estudios... ¿o no?

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    4

    • ACistero ACistero 23/05/21 10:18

      Gracias por tu comentario. El problema del “Camenbert” es no sólo que aleja a la gente, sino que (cosa que no sucede con el queso, salvo si va acompañado de un buen Borgoña) la adormece. Hace falta un nuevo Tocqueville de vuelta, que analice las causas del desencanto popular por la política de la arrogante Europa.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

  • ArktosUrsus ArktosUrsus 21/05/21 15:53

    Lívido me deja su artículo. Tras leerlo no he podido evitar recordar la cantata de Santa María de Iquique:
    "Qué hacer entonces, qué,
    si nadie escucha?
    hermano con hermano preguntaban.
    Es justo lo pedido
    y es tan poco.
    tendremos que perder las esperanzas?"
    Los medios de comunicación social mayoritarios y ricos no dan cancha a las mejoras políticas que pone en marcha un gobierno lastrado por una pandemia y una oposición feroz y descarnada. Periodistas que afirman que han dado pábulo a la versión de una parte porque la otra no dice nada. Que en las entrevistas callan ante la mentira colosal del entrevistado si éste pertenece a determinada formación política que defiende los intereses económicos de su editora. Qué pena no disponer de un Jeremy Paxman en nuestro periodismo. ¿Cómo transmitir el mensaje de lo que se ha hecho para conseguir traspasar la "impermeabilidad del rebaño"? ¿Dónde hacerlo? ¿O jugamos todos al juego de la exageración y la mentira? Perderíamos porque en eso son maestros quienes son mentira en su propio nombre: Popular (relativo al pueblo) o Vox (palabra, voz). Tras el análisis vendría bien alguna propuesta de solución. Veo muchos y muy buenos análisis y pocas soluciones, casi todas ellas lastradas por ser las de siempre: más educación, más cultura, más ciudadanía.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    5

    • ACistero ACistero 23/05/21 10:24

      Gracias por tus comentarios. Perdón por el error ortográfico, uno de los desafíos que tenemos los catalanes es nuestra eterna lucha entre las uves y las bes.
      Pregunta la cantata: ¿Tendremos que perder las esperanzas? Y responde Max Aub: “Nada duele tanto como la esperanza, como cuándo la esperanza pende de un hilo”.
      No, no debemos perderla, sino más bien encontrarla. Ella está ahí, agazapada detrás de tanta zafiedad. ¡Busquémosla!

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

  • Fernandos Fernandos 21/05/21 12:03

    Quizás tenga razón, en muchas cabezas ya no cabe mas que la rutina y a ir tirando, lo malo es que ir tirando cada vez le cuesta mas esfuerzo.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    4

    • ACistero ACistero 23/05/21 10:23

      Gracias por tu comentario. Abundando en el concepto de “ir tirando”, me viene a la cabeza la fuerza centrífuga que la velocidad en que se desarrolla la tecnología (y con ella el dominio de las mentes). A cada curva, a cada crisis, más gente sale despedida, tirada en la cuneta.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

  • jorgeplaza jorgeplaza 21/05/21 08:54

    Libido (femenino, por cierto) y no lívido. Dudo que sea una errata porque está duplicada.

    Los principios morales no son ni beneficiosos ni perjudiciales por sí mismos, ni para el pueblo ni para nadie. Las acciones que se deriven de ellos pueden serlo, pero no necesariamente. Las buenas intenciones no dan lugar automáticamente a actos beneficiosos y, además, fines distintos pueden ser contradictorios, lo son de hecho muchas veces. Ejemplo: el empeño en reducir la emisión de CO2, beneficioso de manera genérica pero difusa, puede penalizar la fabricación y el empleo del automóvil. Pero del automóvil vive directa o indirectamente mucha gente cuyo empleo corre peligro por el celo ecológico. La pérdida de empleo es perjudicial de manera muy concreta para cada desempleado. En un país tan dependiente del turismo como España, por muy loables que parezcan los fines, perjudicar al automóvil o la hostelería daña el empleo de muchísimas personas con derecho a voto.

    Y no, el electorado no nos ha salido malo ni en Cataluña ni en Madrid. O, dicho de otra manera, si iel electorado somos todos, ¿no es mucho más probable que los que "nos han salido malos" sean los políticos, que son solo unos cuantos?

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    1

    2

    • ACistero ACistero 21/05/21 10:29

      Tienes razón en la falta de ortografía. Lo siento. Gracias por avisarme.
      No pretendía criticar, ni mucho menos, al electorado, sino reflexionar sobre la falta de comunicación, de empatía, y también de esfuerzo por analizar la situación. Los políticos, pues también llevan su propia carga, son humanos, y algunos no saben, otros están obcecados, otros intentan sobrevivir en una posición que en la vida privada no tendrían, y otros, pues se esfuerzan, sufren y hacen lo que pueden (que no es poco).
      Gracias por tu comentario.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      3

  • Turismundo Turismundo 21/05/21 08:40

    Muy bueno Antoni, para mí, has dado en el clavo, el tono y la extensión del artículo son los adecuados y necesarios para hacernos abrir los ojos y el cerebro. Es dificil reflexionar cuando no se está entrenado para ello y tienes enfrente a esas personas humanas ávidas de secarte el alma y la cartera para darse el gusto de ponerse hasta el culo de todas las tonterías que les apasionan, un yate, un jaguar, una raya, un volquete de putas, lo último del piticlin, mientras la mierda ambiental va subiendo de nivel, aunque ahogará primero a la tropa. Que delicia gobernar sobre otros que te laman el culo y te agradezcan la salvación de sus vidas y sus almas después de este valle de lagrimas. Les pone hasta el paroxismo, toda esa miseria humana de los que ni siquiera consideran personas. Tenemos recorrido para empeorar y mucho, nuestras condiciones de vida de regreso al edad feudal todavia pueden ser menoscabadas, nuestra meta será Filipinas, Colombia, Marruecos, la esclavitud existió siempre, no nos engañemos, vuelve la moda, vivan las caenas, La grey esta preparada para asumir su papel de rebaño. Que placer experimentan esos grandiosos seres humanos que se alzan clara y diafanamente sobre los demás, les falla eso si el gen rojo ese, que les jode como una mosca cojonera y es que nosotros somos quien somos a su pesar.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    5

    • ACistero ACistero 21/05/21 10:32

      Gracias por tu comentario, aunque no comparto el tono fatalista. Es verdad que tenemos margen para ir a peor, pero también que el hombre y la mujer son seres adaptativos. Los tiempos cambian, y necesitan un lapso para que la humanidad vaya asimilando lo nuevo. El problema es que los ritmos se aceleran, y todos vamos actuando a salto de mata, y la mata cada vez es más alta.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      2

  • Angel Viviente Angel Viviente 21/05/21 00:28

    Es la degradacion mas absoluta de la democracia, entendida como participacion de toda la ciudadania como iguales, en el funcionamiento y desarrollo de la sociedad.
    Es la tendencia avisada hace muchos años por Orwell hacia la sociefad dirigida y tutelada, con metodos mas sofisticados que los de las dictaduras de antaño, son otros tiempos.
    Un futuro, reflejado en este buen articulo, que amenaza con triturarnos.
    ¿Y la respuesta de los ciudadanos ante esto? No existe, ya se ha visto en Madrid.
    El metodo seguido es el de la mercadotecnia, el control de los medios de comunicación, y el de la impregnación de los mensajes adecuados en los sistemas educativos, asi como la degradación de la Cultura. Si se controla todo eso, los mensajes adormecedores de las falsas libertades tendran buena acogida en los puntuales momentos en sue haya que depositar un voto.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    1

    8

    • ACistero ACistero 21/05/21 10:36

      Gracias por tu comentario. Das en el clavo al hablar de la degradación (o control, que para el caso) de la cultura y la educación. Se está preparando el terreno donde crecerá el populismo.
      Estábamos en el campo de batalla, nos retiramos a las trincheras, y poco a poco nos vamos sumergiendo en las catacumbas. Pero no debemos deseseperar. También estaban allí los cristianos, y mira el tinglado que montaron luego.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      5

  • Artero Artero 20/05/21 23:54

    ME PARECE, QUE LA CIUDADANÍA, HA DESERTADO DEL USO DEL CREBRO, LO HA DEJADO DE LADO, PARA USAR SOLO EL OIDO, ESPECIALMENTE, PARA ESCUCHAR LO QUE LE APETECE EN ESE MOMENTO, SIN PENSAR SI VA A SER LO CONVENIENTE O NO

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    8

    • ACistero ACistero 21/05/21 10:40

      Gracias por tu comentario. Quizá desertar no sea la palabra más ajustada, puesto que en muchos casos, nunca se ha estado en la contienda.
      Anteriormente se bajaba al ruedo a reclutar, algunos se enganchaban y otros no, pero había un contacto directo entre quienes pretendían orientar la ciudadanía hacia una dirección determinada y los que luego vivirían (o sufrirían) los resultados.
      Ahora, la distancia, el aislamiento, deja lugar al populismo más zafio.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      3

  • Furancho Furancho 20/05/21 22:34

    "Aquél que va tirando como puede, lidiando con [...] o la suegra gruñona". ¿Por qué ese desprecio hacia las mujeres? La nombra dos veces con carácter peyorativo, despectivo. Le recuerdo que su tatarabuela, bisabuela, abuela, hermanas, sobrinas, hijas... tal vez fueron, son o serán suegras. ¡Qué cerquita le tocan, eh! Por eso, inconscientemente, las está excluyendo; de lo contrario, no mencionaría a las suegras de manera despreciativa.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    5

    1

    • ACistero ACistero 21/05/21 10:46

      Lamento la interpretación que haces de una sola palabra en un contexto mucho más amplio. Yo también soy suegro (no gruñón, pero podría serlo). La hipoteca tampoco es un tema de broma. Pero es que el artículo no se refiere a ello, sino al reto que supone afrontar un cambio de paradigma social para quién bastante tiene con lo suyo, sean las notas de los hijos o aquel dolor articular que no acaba de marcharse. ¿Puede a la vez pensar en la conveniencia, o no, de aplicar un determinado programa electoral?, ¿va a leerselo?
      Por cierto: yo a mi mamá política (q.e.p.d.) la adoraba (y ella a mí). Y cuando le contaba un chiste de suegras, se reía.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      5

Lo más...
 
Opinión