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Plaza Pública

Casado, el patriota (marroquí)

Publicada el 23/05/2021 a las 06:00

En el marco de la lógica patentada de la derecha española del “cuanto peor, mejor”, el Partido Popular está a la que cae y no cesa de multiplicar esfuerzos para abatir al Gobierno, incluso si esto implica abrazar la causa nacional de un tercer país. En aras del pundonor patriótico, de un celo nacional siempre a flor de piel, perennemente envueltos en la bandera, no vaya a ser que alguien se la lleve, estos “españoles tan españoles” no han dudado en defender las opciones de Marruecos, por muy amorales y dignas de Maquiavelo que estas hayan sido, implicando la instrumentalización del drama migratorio para la consecución de sus fines. Para los de la bancada ideológica de Pablo Casado, el laxismo fronterizo exhibido por cuerpos y fuerzas de seguridad del Reino de Mohamed VI a las puertas de Ceuta, que ha derivado en una avalancha inédita de inmigrantes, destilando imágenes de inusitada dureza y desatando una crisis humanitaria en toda regla, se justifica en exactamente los mismos motivos argumentales que han guiado su oposición a Pedro Sánchez desde la puesta en marcha del Gobierno de coalición.

Entre otros, la radicalidad de Unidas Podemos, la incompetencia y desconocimiento socialistas, la falta de sensibilidad para con el vecino del sur, que no ha sido destino del primer viaje oficial presidencial, la torpeza gubernamental al acoger al líder del Frente Polisario sin compartir los más íntimos detalles de la operación y sin pedir permiso a Rabat, o incluso un pretendido efecto llamada. Eso sí, tras imputar a la Moncloa toda la responsabilidad en lo acaecido, mitigando en todo momento las opciones de Marruecos, los Casado y Arrimadas de turno vuelven a enarbolar el blasón patrio, se llenan la boca de España y se ponen a disposición del Gobierno (español). El paroxismo llega cuando el ínclito diplomado de “Harvard” se presenta como experto en Marruecos, se exhibe como estadista bien informado, susceptible de anticipar la sucesión de acontecimientos, y exhibe sus conversaciones con Nizar Baraka, líder del nacionalista Istiqlal (independencia), prohombre del régimen y nieto del fundador de la nación oficial marroquí, y Aziz Akhannouch, presidente de la Reagrupación Nacional de Independientes (RNI), “el elegido” por Mohamed VI para liderar el próximo ejecutivo, cuyas elecciones se tienen aún que celebrar en septiembre, y muy próspero hombre de negocios con una fortuna aledaña a los 1.900 millones de dólares, según Forbes.

El resultado de tal deriva, extensiva a toda la galaxia mediática de la derecha que, pingües contrapartidas mediante, da buena cuenta de tal argumentario al tiempo que acoge tribunas de conocidos propagandistas marroquíes vinculados con sus servicios de inteligencia exterior, quienes manejan los hilos de la estrategia de comunicación y lobbying marroquí en Europa y Estados Unidos es que los titulares de la prensa en Marruecos, e incluso las declaraciones de responsables gubernamentales, se nutren de las cavilaciones de la patriótica derecha española, que no hacen sino confortar las opciones de Rabat. Porque las palabras de tan insignes españoles justifican la represalia por acoger al enemigo saharaui, por muy inhumana que esta sea e implique poner en riesgo vidas humanas, descargando las culpas en los Sánchez, González Laya, Grande Marlaska y desharrapados podemitas. ¿Qué otra cosa podría hacer Marruecos ante tal afrenta? Se utilizan para destacar la condición de potencia de Marruecos, su rol clave en la estabilidad de Europa y, cómo no, la siempre clarividencia de Mohamed VI, motivo que se vincula a la ausencia del Emérito, erigido en único actor capaz de poner orden y sentido en tanto despropósito. También apoyan el horizonte deseado, que no es otro que el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental.

Adaptando a un marco más castizo la divisa nacional marroquí de “Alá, patria y rey”, Casado y los suyos se postulan como firmes partisanos de un Marruecos “uno, grande y libre”, pero con Ceuta española, claro. Tras tres días de silencio sobre la cuestión, el editorial firmado el pasado 19 de mayo por el director general de la agencia oficial marroquí, la MAP, Khalil Hachim Idrissi, que abrió la veda y marcó la línea a seguir por el resto de los medios, coincide pasmosamente con todos y cada uno de los “peros” que Casado y los suyos hacen al Gobierno de España. Los marcos de agravio planteados por Idrissi, la lectura de la situación y la prognosis de esta, parecen surgidos de la calle Génova, evidenciando la ineptitud del Gobierno de Sánchez, la magnitud de la afrenta, el pretexto a la represalia y una eventual escalada para llegar hasta donde sea necesario e instaurar el debido respeto al imperio marroquí. Focalizándose sobre el detonante de una estrategia de Rabat que se inscribe en el largo plazo, fuerte de sus apoyos internacionales y cuyo detonante impensado es el episodio de la hospitalización de Ghali, circunscribiendo la crisis a la bilateralidad, no concediendo su dimensión europea, cuando lo cierto es que Marruecos libra un pulso en toda regla con la UE sobre la espalda de España; Casado sirve a los intereses de Rabat y, de paso, contribuye a desviar la atención de las grandes crisis socioeconómicas internas y de legitimidad del propio régimen marroquí, que quedan en suspenso, minimizadas, silenciadas.