x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
PREPUBLICACIÓN

La reforma electoral perfecta

Alberto Penadés | José Manuel Pavía
Publicada el 29/05/2016 a las 06:00
La reforma electoral perfecta

La reforma electoral perfecta


info
Libre publica las conclusiones de La reforma electoral perfecta, escrito por Alberto Penadés y José Manuel Pavía. El libro se presenta el próximo 7 de junio en la Librería Cervantes de Madrid.






El sistema electoral español ha producido un equilibrio con tres tipos de partidos, el bipartidismo, los panes (partidos de implantación autonómica) y los peces (minorías de toda España) que, en conjunción con otras reglas, como nuestro procedimiento de investidura por mayoría simple y el sistema de mociones de censura constructiva, han dado lugar a una combinación no muy desafortunada de representatividad y gobernabilidad. De hecho, la notable estabilidad de los gobiernos se ha logrado sin que prácticamente ningún partido haya sido excluido del Parlamento. El efecto medio del sistema electoral consiste en una moderada fragmentación y una moderada desviación de la proporcionalidad, todo ello ayudado porque los votantes, siguiendo, si se quiere, las señales del sistema, han elegido coordinarse en torno a pocas opciones políticas. En 2015, el equilibrio se desarticula, la fragmentación alcanza un máximo histórico y el sistema electoral produce un Parlamento muy dividido. El mismo sistema electoral, es importante subrayarlo mucho.

La reforma electoral perfecta

La formación de los gobiernos en España, en gran medida gracias a la moderada fragmentación parlamentaria, ha funcionado bien, y estos han sido responsables ante los electores, que han quitado y puesto a todos los presidentes del gobierno después de Suárez. La claridad en la responsabilidad se ha obtenido a precio de una falta de coaliciones que tal vez sea chocante, en términos comparados. Como es lógico, siempre que ha habido gobiernos de minoría ha habido acuerdos parlamentarios, pero no nos hemos entrenado en la corresponsabilidad. A veces, podría venir bien.

Con todo, la dificultad que al tiempo de escribir estas líneas parece encontrar el Parlamento para investir a un nuevo gobierno no puede achacarse en exclusiva, ni principalmente, al sistema electoral. La reforma del procedimiento de investidura y del poder de disolver las cámaras tal vez pudiera hacer más por ello. Discutir esto nos saca del asunto del libro, pero debería meditarse sobre el hecho de que la amenaza de elecciones es una amenaza que se puede volver autocumplida, pues nadie quiere ser el guapo que pacta con los rivales a menos de tres meses de unas elecciones probables. Lo que tal vez nos demuestra la conducta de los líderes políticos durante las aparentes negociaciones es que de ninguno ellos, salvo que no sepan lo que hacen, podemos esperar una reforma electoral muy proporcional. Una reforma que, a juzgar por la experiencia de nuestros vecinos, les obligaría siempre a formar pactos “contra natura”, a negociar sin radiar sus posiciones y a no excluir a nadie, salvo, tal vez, a las opciones más radicales, que aquí tienden a ser amigas de una proporcionalidad pura que, paradójicamente, es probable que les hiciera quedar relegados. O eso dice el ejemplo de Holanda, Alemania, Suecia, Dinamarca... Paradojas nuestras, los que quieren ser como Holanda no deberían quererlo, y los que no lo quieren sí deberían (piense la derecha española que la holandesa está casi siempre en el gobierno, y por largo tiempo, además, cómodamente en funciones).

Lo que el sistema electoral no puede hacerse perdonar es el sesgo partidista, de tipo conservador y centralista, que se agudiza precisamente en el contexto del nuevo sistema de partidos, favoreciendo a las alternativas consolidadas frente a las emergentes, además de al PP frente al resto. Para terminar con la falta de equidad, es necesario dejar de contar los votos en las provincias, pues la desigualdad en los tamaños de los distritos es lo que provoca que 124 de los escaños tengan un coste desigual para partidos que son comparables entre sí. Lo mejor sería, simplemente, terminar con las provincias como demarcaciones, algo que, además, podría complementarse con otros empujes reformistas en la organización territorial del Estado. Es cierto que esto haría más difícil el acceso de los peces al Parlamento, pero quizá, dadas las circunstancias del cambiante sistema de partidos, es buena hora para que las opciones se definan y coordinen en lugar de multiplicarse. Los políticos siempre tienen incentivos para situarse a sí mismos entre los votos y los acuerdos, y para eso exigen su derecho, aunque sea, a un nicho en las asambleas. Eso no es siempre malo, al contrario, pero los ciudadanos tienen también derecho a pedirles, a veces, que se coordinen antes, para poder elegir entre programas ambiciosos. Para eso pensamos que sirve un sistema electoral que no tenga distritos demasiado grandes.

Por lo demás, las consecuencias de la implantación de un sistema como la Equidad sin Provincias son moderadas y saludables. La formación de los gobiernos seguiría siendo parecida a como se ha producido hasta ahora, pero sería menos probable que hubiera gobiernos por mayoría absoluta. Los resultados serían un poco más proporcionales y es posible que, de vez en cuando, se requieran coaliciones. Igual que si dejáramos el antiguo sistema. El sistema de listas cortas favorecerá la participación de los ciudadanos en las expresiones de votos de preferencias, y puede que cambie la forma de hacer las listas de los partidos, lo que puede ser un experimento interesante en sí mismo.

No diremos que, si no les gusta nuestra reforma, tenemos otra, pero lo cierto es que les recomendamos mucho que dejen de pensar en modelos alemanes, si se empeñan en el salto proporcional. Para eso tienen nuestro modelo de inspiración sueco, con un solo voto para los ciudadanos, con solo un tipo de candidatos y con reciclaje de las provincias para fines un poco más inocuos que los presentes. Si se aplica con sentido común sueco, es decir, con umbrales altos, puede ser una alternativa muy razonable, aunque siempre nos quedará la tentación de toquetear los umbrales. Y seguro que caemos en ella.

La reforma institucional debería emprenderse con ánimo experimentador, buscando los cambios paulatinos y graduales. Hemos de decir, si se nos permite, que los ejercicios de simulación con distritos nuevos como el que presentamos, simplemente, no se han hecho, o al menos no se han publicado. Esperamos animar con esto a experimentar más. Tiempo habrá después de pensar si los distritos deberían crecer de siete a nueve escaños, o disminuir de siete a cinco. Lo importante, esto no hay ni que decirlo, es que los pasos estén consensuados, en la medida de lo posible. Un problema de los sistemas electorales es que a veces no se tocan para no caer en una secuencia de reformas y contrarreformas oportunistas. Esperemos que no sea así.
Más contenidos sobre este tema




7 Comentarios
  • esollaga esollaga 02/06/16 09:49

    Quiero participar en una plataforma ciudadana que promueva la equidad sin provincias. El provincialismo es un resabio del caciquismo y eso en Galicia lo sabemos muy bien..por eso nos gobierna un señorito de Pontevedra. No, mi querida Pontevedra no se merece ese baldón-

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • manuel ralo manuel ralo 30/05/16 00:51

    Nuestro sistema electoral establece claras desigualdades entre ciudadanos que, a la luz de la Constitución, deberían tener vocación de iguales ante la ley. Nuestros dirigentes quisieron que fuese así en la época de la Transición-Transacción, vaya usted a saber por qué, pero se diría que todavía les parece perfecto, porque nunca han planteado seriamente la prioridad de su mejora en ese sentido. Sin parar en argumentos a favor del sistema, que habrán dado para ríos de tinta, hay cuando menos un efecto perverso en institucionalizar la desigualdad para algo tan esencial como el derecho de voto y es que la igualdad pasa más fácilmente a ser algo secundario en todos los demás ámbitos. Eso también hace menos discordantes otras deficiencias como la corrupción, la mentira o la insolidaridad. Es lo normal en la calle, por mucho que la Norma diga otra cosa.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Pamplinash Pamplinash 29/05/16 20:32

    Son muy certeros los comentarios.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • manuel romero mesa manuel romero mesa 29/05/16 14:56

    Totalmente de acuerdo con Demetrio  Vert, lo único en que discrepo es en que creo,que la elección el presidente del gobierno debería ser por mayoría absoluta del electorado, si no se consigue en una primera vuelta, en una segunda como en Francia al más votado de los dos que quede primeros, y que los votos abstencionistas, ocupen escaños no asignados sin reducir su número total en la cámara hasta un máximo del25%.De esa forma las mayorías absolutas serían más difíciles de conseguir sin negociaciones, y se evitaría el rodillo parlamentario al que tan acostumbrados nos tienen los partidos que nos han gobernado hasta ahora.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Demetrio Vert Demetrio Vert 29/05/16 11:01

    Estoy en absoluto desacuerdo con el señor Penadés. El articulista da por inalterables varias premisas. Primera: Legislativo y Ejecutivo "deben" salir de las mismas paeletas. Lo que la situación actual está diciendo no es que los partidos deban pactar un Ejecutivo, sino que el sistema actual puede fallar para elegir un Ejecutivo. Hemos tenido un legislativo perfectamente constituido y con capacidad de legislar (lo ha hecho). Lo que no ha podido se es tener un Ejecutivo (obvio, los votantes de cada partido desean que este aplique sus propuestas electorales). Por lo tanto el problema está en elegir al Ejecutivo. Mi propuesta es que se elija directamente por los ciudadanos en papeleta aparte (cómo en EEUU). Puede que el Ejecutivo tuviese más problemas técnicos para gobernar (debe hacerlo según las leyes que apruebe el Legislativo), pero esa es la separación de poderes, no. Segunda premisa "inaqlterable": Olvida la importancia del senado para reformar la Constitución, y olvida que la elección del Senado es aún mas desproporcinal,de manera que un partido con un 25 por ciento de votos puede ser absolutamente mayoritario en el Senado, según circunstancias como las actuales. Por lo tanto, y de acuerdo con algunos criterios del artículo, la propuesta sensata sería, en mi opinión, la eleccción de un Parlamento que legisle nacionalmente con un distrito único. Una persona, un voto. No importaría que estuviera formado por muchos partidos. Se trata de legislar. Un Senado convertido realmente en cámara territorial, con las competencias propias de asuntos de coordinación de políticas singulares de los territorios y de sus presupuestos (que los nacionalistas se apñen con los otros territorios y no puedan influir desmedidamente en el Parlamento). Y por último un Ejecutivo elegido directamente y, claro está, con distrito único. De un plumazo tendríamos: Un Parlamento con real representación ciudadana sin problemas para legislar. Un Senado para resolver los asuntos singulares de los territorios de forma mancomunada, y un Ejecutivo sin ninguna espada de damócles para gobernar segúnla Ley. No es una útopía. EEUU, entre otros paises, lo hace así (más o menos).

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 2 Respuestas

    0

    0

    • gusalo gusalo 29/05/16 17:46

      Me parece, señor Vert, que usted está pidiendo nada menos que la separación de los poderes legislativo y ejecutivo, y además pide la igualdad de voto para todos los ciudadanos. Eso lo hay en Francia (o –mire usted por dónde– también en Venezuela). Pero aquí, en democracias avanzadas como la española, pues ... eso: no va a valer lo mismo el voto de un madrileño que el voto de un palentino. ¡Hasta ahí podíamos llegar!   ¶   En serio: creo que su propuesta mejoraría bastante nuestra democracia. Si además pudiéramos elegir el Presidente del Ejecutivo tal como indica el señor Romero Mesa (comº 2), sólo nos quedaría buscar un empleo (o un destino) para el Rey.   ¶   Repito las palabras de Laguncar: "Voto a favor. ¿Para cuándo?"    ¶    Un saludo.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

    • laguncar laguncar 29/05/16 17:11

      Voto a favor, ¿para cuándo?. Soñar es gratis, aunque a veces resulte decepcionante ante la realidad que tenemos.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

Lo más...
 
Opinión