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Violencia machista

"¿De verdad piensan que yo puedo entregarlos?": lee aquí la carta íntegra de Juana Rivas

  • Admite que "está huida" de la justicia, pero no siente que esté haciendo "nada fuera de la ley" porque lo que ha hecho es "huir del horror para proteger" a sus dos hijos
  • "Señores jueces, lo que estoy haciendo no es un desafío, es supervivencia", afirma en la misiva

infoLibre Publicada 15/08/2017 a las 13:40 Actualizada 15/08/2017 a las 14:16    
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La policía interviene en la concentración en apoyo a Juana Rivas en Granada

Tensión entre los manifestantes que apoyan a la madre y al padre.

Este lunes varias ciudades españolas acogieron concentraciones en apoyo a Juana Rivas, la mujer de Maracena (Granada) ilocalizable desde el 26 de julio tras no entregar a sus dos hijos al padre, condenado por un delito de lesiones en el ámbito doméstico en 2009. Durante la manifestación transcurrida en su ciudad, se leyó una carta en la que Rivas solicitaba "cordura" y que la justicia se pusiera "en su lugar", explicando los motivos por los cuales decidió huir "del horror" para "proteger" a sus hijos.

La madre de Maracena agradeció el apoyo de los presentes y señaló que no considera que tuviera que estar "escondida" con sus hijos menores de edad. Está "huida" pero no siente que esté haciendo "nada fuera de la ley"

Esta es la carta íntegra de Juana Rivas:
 
Hola a todos y todas,


Soy esa Juana Rivas Gómez a la que tanta gente está juzgando. Sin saber prácticamente nada de la auténtica pesadilla de terror a la cual nos estamos enfrentando mis dos hijos y yo.

No tendríamos que estar así.

Ante todo muchísimas gracias a todos aquellos que conocéis la empatía y desde lejos y cerca nos estáis apoyando. No tengo suficientes palabras de agradecimiento, pero sí un corazón que se expande sin límites hacia las personas con humanidad.

Como dije ayer estoy huída, pero no siento que esté haciendo nada malo, pues la ley es la primera que se la han saltado a la torera desde el principio.

Si la ley se hubiera aplicado no estaríamos aquí.

Si la primera jueza a la que acudí en España denunciando nuestra grave situación en Italia me hubiera escuchado y hubiera enviado la denuncia inmediatamente como pone la ley, el Convenio de la Haya no estaría amenazando a mis hijos sino protegiéndolos. Pero es que ni siquiera lo admitió a trámite por error. Y resulta que la denuncia de malos tratos, que tenía que haber llegado a Italia hace más de un año todavía no ha salido de España. Por favor, comprueben que lo que digo es cierto.

Para proteger a mi hijo pequeño también pedí su custodia hace más de un año en un juzgado de familia español (la del grande ya la tengo desde 2009). Ese juzgado citó a Francesco varias veces durante meses, protegiendo su derecho a ser escuchado. Él nunca compareció. Como tampoco nunca vino a ver a sus hijos ni aportó nada para mantenerlos. ¿Cómo se explica si es tan buen padre que durante un año haga esto? Todo se puede comprobar.

Desde que vine a España, siempre, por el bien de mis hijos, he estado dispuesta a llegar a un acuerdo (por favor, pregunten a mi abogada María Castillo y al Centro de la Mujer de Maracena), pero siempre su respuesta fue que por encima de todo yo tenía que volver a Italia. ¿Cómo volver a esta vida de pesadilla para mí y para mis hijos? A ellos nunca les he hablado mal de su padre. Siempre he intentado que tuvieran buena relación. Hasta él mismo dice que siempre pudo hablar con ellos cuando quiso. ¿y saben ustedes cuándo dejo de hablar? No fue porque yo se lo negara, sino porque mi hijo de 11 años, a partir de diciembre, le dijo que no quería hablar con él porque no podía entender que su padre nos hiciera sufrir tanto.

A las citaciones a las que no vino, a las llamadas de mi abogada a las que no contestó, a los meses de pesadilla intentando formalizar la custodia de mi hijo, su respuesta fue presentar una demanda internacional como si yo hubiera raptado a los niños.

Un rapto no puede ser una mujer que huye del horror para proteger a sus hijos (sí, con la excusa de las vacaciones) ¿Cómo si no? Para poder salir del terror en el que estábamos sumergidos, y donde literalmente la vida se me estaba agotando y cerrando un camino de libertad y bienestar para mis hijos. Un maltratador nunca te va a dar el consentimiento de irte.

Y entonces empieza un nuevo calvario.

El 24 de noviembre pasado, tres días después de recibir su demanda, me encuentro sentada en el banquillo de un juicio, donde se me hacen tres preguntas. “¿El padre de los niños los llevaba al colegio? ¿El padre sostenía económicamente a la familia? ¿Por qué no denuncio los hechos allí?”. Sí, el padre de los niños los llevabas muchas veces al colegio mientras yo trabajaba en el negocio familiar y era lo único que él estaba dispuesto a hacer a lo largo del día en relación a los niños. El negocio familiar estaba efectivamente a su nombre, pero pueden preguntar a cualquiera de los clientes quién hacía la limpieza, la lavandería, la comida, quién atendía a los niños, cargaba la leña, daba la cal…
A la tercera pregunta de por qué no denuncié los malos tratos en Italia, yo les digo: cualquiera con mi historia, viviendo en una casa aislada en el campo a 8 kilómetros del único pueblo de una isla pequeña en un país que no es el mío, sin ningún familiar, trabajando con mi maltratador, viviendo en casa de mi maltratador, que controla todas mis entradas y salidas, con vecinos que me dicen que los trapos sucios se lavan en casa… ¿Qué persona en esa situación va y pone una denuncia para comenzar una lucha legal contra el hombre que la maltrata psicológica y físicamente frente a sus hijos durante años? ¿Quién comenzaría una lucha legal sin apoyo ni recurso alguno?
No creo que un ser humano con todas sus capacidades humanas me diga que sí. Es muy fácil y rápido juzgar, pero pónganse por unos segundos en esa realidad. ¿Tan difícil es de entender?

Esas son las únicas preguntas que me hacen a mí. ¿y a mis hijos? ¿Qué preguntan a mis hijos?
Mi hijo mayor es “valorado” por la psicóloga del juzgado y las dos veces que sale de su despacho sale llorando. Es a partir de entonces cuando se niega a ponerse al teléfono cuando lo llama su padre. Mi hijo no quiere vivir con él. A lo sumo, dice en el Juzgado, está dispuesto a pasar vacaciones en Italia.

Los malos tratos, de los que mi hijo ha sido testigo, se acreditan. Sale en la sentencia de este proceso, lo dice la misma jueza. Por favor, compruébenlo.

A pesar de todo esto dicen que mis hijos se tienen que ir.

¿Cómo puede ser que a mis hijos, españoles, en España, cuya ley entiende que son víctimas del maltrato y que por eso hay que protegerlos especialmente, se les condene a ser enviados sin demora con el maltratador a otro país? ¿Cómo puede ser, sin embargo, que la denuncia de maltrato de julio del año pasado, cuya resolución les habría protegido, todavía no se haya mandado en agosto de este año? ¿Cómo puede ser que el sistema que debería protegernos se use para dañarnos?

¿Cómo es posible que mi hijo haya sido valorado por una psicóloga, que ni siquiera está colegiada, cuando en la ley española se dice que en estos casos deben intervenir varios profesionales especializados en violencia de género? Mi hijo relató a la psicóloga cosas de terror y no aparecen en el informe. Y sin embargo él salía llorando de impotencia. ¿Por qué le están haciendo pasar por este calvario? ¿Por qué no protegen a mis hijos?

Cada situación violenta que desencadenaba este hombre era de puertas para dentro, pero nunca se privaba de que los niños no estuviesen delante, incluso mi hijo recibió algún golpe intentando defenderme. Él seguía a su padre cuando me encerraba para ver dónde escondía las llaves tanto de casa como del coche y, pobrecito mío, en muchas ocasiones me las traía y decía "¡mamá, ¡escapa!".

También un día lo dejó encerrado fuera en el campo sin luz y con mucho frío durante dos horas que yo conseguí bajar al pueblo. Y eso lo hacía para hacerme daño a mí, para que no saliera.

Él siempre me decía que era una desgraciada y que él tenía dinero para enterrarme judicialmente, que allí lo tenía todo perdido con sus contactos.

Os puedo asegurar que esto no es ser un buen padre, este hombre me decía los peores insultos e incluso me escupía en la cara delante de mis hijos.

Son infinitas las veces que en mi mente se reproducen las imágenes de mis hijos aterrorizados abrazándome en llantos inconsolables, no comprendían qué pasaba y sentían mucho miedo.

¡Podría contar tantas cosas!

He escrito diez folios, pero es demasiado largo. Ojalá me los pidiera un juez. Yo no pido que los jueces cambien sin más de opinión, solo pido que se valore adecuadamente mi situación y la de mis hijos. Que hasta ahora no se ha hecho.

¿De verdad piensan que yo puedo entregarlos?

Quiero darle este mensaje a la jueza de la instancia nº 3 de Granada. Por favor, si en su mano aún queda algo en lo que nos pueda ayudar, que lo haga, por favor. Que está todo documentado. Y que tanto mis hijos como yo merecemos un respeto.

Que aquí lo importante son mis hijos que están en peligro por errores judiciales.

Quiero pedir a esta jueza y a todo aquel que nos pueda juzgar que encamine este proceso hacia la cordura, hacia la coherencia. Mis hijos están en peligro si dejamos caminar esta injusticia que nos está martirizando.

Señores jueces, lo que estoy haciendo no es un desafío, es supervivencia. Legalmente lo he intentado todo y no me han dejado otro camino. Esconderme es la única forma que he encontrado a mi alcance como madre para proteger las joyas más preciadas de mi vida. Pero no puede ser para siempre. Por favor, paren esta locura.

Por favor, pónganse en mi lugar.

Juana Rivas Gómez

Granada, 14 de agosto de 2017
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