Xenofobia

Una ONG advierte de que España no es la excepción a la "ola de intolerancia" mundial

El presidente de la asociación Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra.

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España no es la excepción ante la "ola de intolerancia" que, según el presidente de Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, está viviendo el mundo y, particularmente, algunos de los países más desarrollados, como EEUU, Reino Unido, Alemania, Austria o Francia, donde los discursos xenófobos de algunas fuerzas políticas han influido en elecciones democráticas y en decisiones políticas como el Brexit.

Coincidiendo con la conmemoración del Día Mundial por la Tolerancia, que tendrá lugar este jueves, 16 de noviembre, Ibarra ha subrayado la importancia de que, en términos generales, los partidos políticos en España no han abrazado discursos xenófobos o la promoción del odio como estrategia, algo que sí ha ocurrido en otros países de su entorno, especialmente tras la crisis económica. "Es algo que hay que agradecer", ha indicado, al tiempo que destaca que en España "sigue viva la memoria de la dictadura" que dificulta el ascenso de grupos de extrema derecha y que la dependencia del turismo facilita el contacto con personas de distintos países.

No obstante, ha advertido de que este hecho no debe ocultar que el país está experimentando una escalada en cuanto a actitudes intolerantes que se manifiesta tanto en el fortalecimiento de organizaciones "de extrema derecha, grupos xenófobos y neonazis" fuera del marco político (como los grupos ultra de los equipos de fútbol), y en la proliferación de actitudes islamófobas, especialmente tras los atentados de Cambrils y Barcelona, y en las actitudes de odio vistas en torno al proceso secesionista en Cataluña.

Hispanofobia y catalanofobia

"La crisis en Cataluña nos ha puesto sobre la mesa dos fenómenos de intolerancia: por una parte, la hispanofobiahispanofobia ha sido evidente y ha provocado muchas denuncias por delitos de odio que están siendo investigados por las fiscalías de Barcelona y otras zonas de Cataluña; pero también ha crecido la catalanofobia en el resto de España. Nos hemos encontrado con muchos discursos, no ya de crítica política, que eran actitudes de intolerancia y que se han concretado en humillaciones e injurias. El escenario en los últimos meses se ha deteriorado", ha lamentado en una entrevista con Europa Press.

Para Ibarra, al margen de una "legítima defensa de la independencia" dentro de la legalidad, las muestras de intolerancia vistas en el contexto de la crisis en Cataluña revelan casos de "discursos supremacistas" que no pueden ser reducidos a "hechos puntuales" sino que están "bastante capilarizados" en el entorno nacionalista. "Hay muchos discursos que están cargados de supremacismo nacionalista, mensajes de inferiorización de aquellos que ellos consideran que son charnegos o de otras comunidades autónomas, como los planteamientos de Junqueras acerca de la genética o los de 'España nos roba', que no es que hayan sido comentarios marginales de café", ha subrayado.

Anomia moral: ya no hay ética común

En el resto del país, más allá de las reacciones catalanofóbicas ante la crisis política, destaca el crecimiento de la islamofobia, de la violencia en el "vivero" de los grupos ultras de equipos de fútbol, y el incremento de la violencia en las redes sociales. Según sostiene, la violencia en las redes es un fenómeno que se ha acentuado en los últimos tiempos gracias a la "quiebra ética" de las sociedades contemporáneas (mucho más atomizadas que en el pasado desde el punto de vista ético) que dificulta hacer frente a los retos de la globalización y con el apoyo de "gente que está interesada en enfrentar a todos contra todos" y fraccionar a la población en "identidades".

"La anomia moral, que así se llama el fenómeno, es uno de los problemas graves que tenemos. Este 'vale todo' que vemos en las redes sociales de gente diciendo barbaridades y creando bulos, montando mentiras y difamando, es una gasolina que se fundamenta en una quiebra ética para la que el fin justifica los medios", ha advertido.

Escraches en universidades

Junto con estos fenómenos, sitúa también la intolerancia en el ámbito de las universidades, donde tanto en España como en otros países se han producido casos de escraches a profesores, alumnos y ponentes para evitar que pudieran hablar públicamente y expresar sus ideas.

"Nadie debería dar apoyo a este tipo de prácticas. Aunque no se esté de acuerdo con lo que va a decir un ponente, se debe respetar su derecho a decirlo", subraya Ibarra, que critica que algunos políticos apoyen este tipo de conductas e incide en que "no hay que olvidar que lo que están haciendo es una suspensión de derechos y libertades fundamentales" recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Ante la pregunta, "¿se debe ser intolerante con el intolerante", el presidente de Movimiento contra la Intolerancia responde: "No. Hay que ser intransigente con el intolerante, pero de manera legal y democrática. Hay que desmontar ese juego de palabras que se usa cuando no se sabe lo que es la tolerancia".

Por ello, destaca que "ninguna hipotética razón política o ideológica" justifica actos de boicot, de acoso o de impedimento para que las personas no puedan ejercer unos derechos que aparecen recogidos tanto en la Constitución como en el Tratado de la UE y el la Declaración de los Derechos Humanos.

En este sentido, precisa que se puede reconocer la intolerancia porque supone una agresión a otras personas "por lo que son", ya sea por su forma de pensar, su religión, su raza, su orientación sexual o su procedencia.

"Los problemas podrán venir por lo que uno hace y entonces tendrá que ser corregido o sancionado. Pero los delitos de odio que están creciendo en España son delitos cometidos contra la gente por lo que es", ha advertido.

El mensaje de Auschwitz

Ante esta situación, apela a la educación desde la infancia y a la recuperación de los valores compartidos, como son los "valores democráticos", para conseguir que vuelva a calar en las sociedades el "mensaje de Auschwitz" que aprendió la generación precedente.

"Al acabar la Segunda Guerra Mundial y al ver el holocausto todo el mundo entendió que el nazismo lo que exterminó era lo que consideraba vidas sin valor. Las respuesta de la Declaración de los Derechos Humanos fue 'todos los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos'. Esa fue la respuesta a Auschwitz", ha reivindicado.

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Junto con esta lección, destaca la importancia de visibilizar la diversidad en el espacio público, porque "la tolerancia no se teoriza, sino que se practica" y es necesario hacer presente la diversidad en la sociedad para que las personas puedan entender el valor que representa el otro.

"No vemos gentes diversas, negros en las fuerzas de seguridad, en la judicatura o en otros espacios. No vemos gente con una tradición religiosa distinta en instituciones públicas o privadas. Y eso que son millones", ha indicado.

"Es necesario aceptar la diversidad humana, porque es la que vamos a tener de aquí al final de nuestros días. Ya no hay incomunicaciones. Debe haber una educación para la intolerancia que implica que aunque tú no seas de una religión, tienes que respetarla, aceptar que está a tu lado y reconocer lo que aporta", insiste, además de señalar que se debe poder tener identidades u opiniones distintas, como "ser musulmán o independentista", siempre y cuando se respeten los Derechos Humanos.

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