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Entrevista

Isabel Valdés, autora de 'Violadas o muertas': "El respeto a la justicia acaba cuando atentan contra nuestra integridad"

  • La periodista parte en su libro de la agresión sexual que marcó los Sanfermines de 2016 para hablar de una "revolución feminista imparable" 
  • "Nosotras no tenemos que estar pendientes de si tenemos un abusador o un acosador detrás. Es tarea de la justicia protegernos", declara en esta entrevista

Publicada el 09/07/2018 a las 06:00 Actualizada el 08/07/2018 a las 15:11
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Imagen de la periodista Isabel Valdés.

Imagen de la periodista Isabel Valdés.

Ediciones Península.
Isabel Valdés (Calzada de Calatrava, Ciudad Real, 1985) es periodista. Los artículos que firma los publica actualmente el diario El País y su contenido versa, especialmente, sobre cuestiones de igualdad.

El cariz morado de sus relatos comienza adquirir un tono especialmente intenso desde que un acontecimiento clave, la agresión sexual de La Manada en los Sanfermines de 2016, impacta en la realidad social del país. Ahora, en el segundo aniversario de lo que fue sentenciado como abuso sexual, Isabel Valdés publica Violadas o Muertas. Un alegato contra todas las manadas y sus cómplices (Península). En sus páginas, la periodista describe escrupulosamente los detalles del caso. No lo hace con el objetivo de analizarlo de forma individual, sino para advertir de un fenómeno global y mostrar la gran reacción feminista que ha desencadenado.

"Nosotras no tenemos que estar pendientes de si tenemos un abusador o un acosador detrás. Es tarea de la justicia protegernos, no de la sociedad protegerse a sí misma", explica Valdés. Sobre la justicia, la cultura de la violación y el movimiento feminista habla en esta entrevista con infoLibre.

PREGUNTA: En el libro lleva a cabo un relato bastante explícito de la violación. ¿Por qué decidió ser tan descriptiva?

RESPUESTA:
 Yo empecé a escribir el libro justo el día que sale la sentencia, el 26 de abril, y me di cuenta de que inevitablemente en esta fuerza había una contrafuerza que salía cada vez con más intensidad cuando nosotras decíamos "hasta aquí". Enfrentar a la gente a lo que pasó de una forma tan explícita podría ser útil. Es verdad que el relato puede ser un poco frío, pero es lo que pasó. Creo que enfrentarse a eso pone un poco de foco en lo importante, y es que al final esta chica fue violada y no abusada sexualmente.

P: También habla de los mitos y las falsas creencias en torno a los delitos sexuales. La primera encuesta sobre violencia sexual elaborada por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género muestra que el 47,7% de los encuestados cree que el alcohol es "a menudo el causante de que un hombre viole a una mujer". ¿A qué se debe esto?

R: Es consecuencia del arraigo que tiene la cultura de la violación. Llega un momento en el que ponemos excusas o damos razones para argumentar algo que no tiene argumentos. Tú no puedes decir que has violado a alguien porque eran las dos de la mañana y te habías bebido doce copas. Lo que hace falta ahí es una base educacional híperpotente para que llegue el momento en el que, estés como estés, seas consciente de que nada te da ningún derecho a invadir el cuerpo de una mujer.

P: El Gobierno ha lanzado en varias ocasiones campañas vinculando el consumo de alcohol con las violaciones.

R: Debería decir que todo lo que sea proteger está bien, pero es que en este caso es muy erróneo el mensaje. Primero porque nos vuelve a responsabilizar a nosotras de algo de lo que no tenemos la culpa. Si alguien piensa en algún caso que nosotras buscamos que nos violen, o permitimos, o damos pie mínimo a que esto suceda, está totalmente equivocado. Lanzar un mensaje en el que directamente las potenciales víctimas son las responsables de lo que les va a suceder, me parece inaudito.

P: En el libro menciona que posiblemente los miembros de La Manada no eran conscientes de ser autores de una violación.

R:
Volvemos a la cultura de la violación. De hecho para mí es la máxima expresión de lo que produce la cultura de la violación. Hay tal cantidad de mensajes, tan extendidos, y tan profundos en la mente y en las rutinas de todos, que una noche cinco tíos acaban metiendo a una chavala en un portal pensando que están montando una orgía. Y además los escuchas, lees lo que se ha dicho de ello, o transcripciones exactas de sus declaraciones, y ellos están convencidos no sólo de que ella se lo estaba pasando bien, sino de que casi le hicieron un favor. Hay uno que argumenta que la penetró porque ella quería, que él no tenía ganas de hacerlo. Es tan surrealista, que para mí precisamente lo más grave de todo es esa inconsciencia. Cuando alguien es consciente de algo y sabe que está mal, le puedes reeducar de una forma más fácil. Pero cuando alguien no es consciente de lo que está haciendo, es muy difícil convencerle de que está mal.

P: ¿Cuál es la fórmula para evitar que parte de la sociedad no asuma como tales las agresiones sexuales y las confunda con sexo consentido?

R:
La educación. En el cole, en casa y en todos los estamentos, en el funcionariado de este país. Me parece fundamental empezar por la educación al profesorado, tanto de primaria como de secundaria y universidades. Y en aquellos ámbitos profesionales que tengan una relación directa con este tipo de delitos sexuales: Policía, Guardia Civil, abogacía… Por supuesto, extenderlo al resto de la sociedad. Si somos una sociedad machista es porque todos somos machistas. Con lo cual todos somos susceptibles de tener esas ideas en la cabeza, incluso nosotras. Pero me parece muy urgente abordar esos ámbitos.

P: Desde que se popularizó el caso, varias webs pornográficas tuvieron que capar de sus buscadores el concepto de La Manada, tras haber detectado un aumento considerable de las búsquedas. ¿Existe un vínculo entre la pornografía y la cultura de la violación?

R: Me parece que tiene un vínculo bastante directo, bastante más directo que antes. Yo tengo 32 años. Cuando era pequeña, el máximo porno que podía ver y que vi era Jamón, jamón (Juan José Bigas Luna, 1992), porque mis padres tenían una colección de películas y estaba esa, la veíamos a escondidas. Era el máximo porno que vi, además de las revistas que tuvieran tus amigos, porque siempre eran ellos los que tenían revistas. Pero ahora cualquier niño que tenga un dedo con piel puede coger un móvil, desbloquearlo y acceder de forma continua, durante 24 horas, a una cantidad de contenido sin ningún tipo de filtro, que está educándolos sexualmente. Por otra parte tenemos una sociedad muy poco madura en cuanto a educación sexual, en muchos ámbitos todavía se ve como un tabú. Entonces mezclas un torrente de información sexual totalmente errónea, porque el porno es hípermachista, y por otro un muro que todavía se sigue poniendo en cuanto a hablar de sexo con los críos, que los convierte en potenciales amantes de esas búsquedas. Les parece incluso divertido observar una violación. 

P: También han brotado casos de violaciones múltiples que repiten un cierto patrón de imitación con La Manada.

R:
Tenemos a una parte de la sociedad, por suerte pequeña, que tiene una estructura en su cabeza que hace que quieran reproducir estos ejemplos. ¿Peligroso? Mucho. Porque además han cogido todos los elementos y detalles de este caso, son como una especie de secuela. Aún así, creo que es minoritario y creo que este caso ha generado una conciencia tremenda y me parece que ha sido mucho más lo positivo.

P: Cuando escribió el libro había salido a la luz la sentencia condenatoria, pero no el auto que les concede la libertad provisional. ¿Qué le parece?

R:
Siempre se dice que hay que respetar a la justicia pero el respeto ciudadano en este caso acaba cuando nosotras sentimos que están atentando contra nuestra integridad y contra los pasos que habíamos dado hacia adelante. Tenemos una ley con unos parámetros totalmente anticuados, entonces si tú tienes que tomar una decisión con esos parámetros, casi que no puedes hacer otra cosa. En este caso a mí sí que me parece que tenían herramientas suficientes para dejarlos en la cárcel, precisamente por la falta de reconocimiento de su delito. Si se van a fugar o no, no lo sé, pero pueden hacerlo aunque no tengan dinero. Que no van a destruir pruebas, a estas alturas creo que todo lo que podía extraer la Policía lo extrajo y fue contundente. Pero en cuanto a la reincidencia, para mí ahí están totalmente ciegos. Precisamente porque si alguien no sabe que está haciendo algo mal, puede volver a reincidir. No los exculpa, pero hay que tener mucho cuidado con eso.

P: Algunas asociaciones feministas han advertido de los riesgos de conceder entrevistas a los miembros de La Manada. ¿Qué significaría que eso ocurriera?

R:
Me parece que viviríamos en una sociedad mucho peor que la que tenemos ahora. Darles voz a estos cinco tíos públicamente en horarios bastante potentes, que seguramente será en lo que se esté pensando, es dar voz a la defensa de una violación, que es por otra parte lo que relatan los hechos probados. Me parece que un medio que los siente en su sofá y los entreviste está provocando por un lado la banalización de lo ocurrido, está intentando ponerse de frente contra un avance que me parece imparable y muy justo, que es el de la lucha feminista, y además me parece poco ético, poco moral... Me parece asqueroso, sinceramente.

P: Uno de los abogados defensores fue un habitual en los medios de comunicación.

R:
Agustín [Martínez] es alguien muy mediático, le gusta mucho el movimiento televisivo, las cámaras, los micros. Él siempre pedía que no se hiciera un juicio paralelo para con sus defendidos, y él de forma paralela hacía un juicio sobre la víctima. Cada uno tiene derecho a hacer su trabajo como bien le parezca, pero por supuesto también la sociedad tiene derecho a contestar como le parezca bien. A mí no me ha parecido justo para el delito que era, me parece muy obsceno hacer circo de esto, y por otro lado me parece que ha logrado calar en una parte de la sociedad que tenía dudas. Eso me parece un peligro.

P: La cobertura mediática de este y otros casos como el de Diana Quer ha sido objeto de críticas. ¿Usted cómo la valora?

R:
Siempre ha existido el periodismo sensacionalista y el amarillismo en los medios, lo que pasa es que ahora tenemos acceso a ellos de una forma totalmente viral, nos inundan. Me parece que hay medios que lo han hecho muy bien, y hay medios que no sólo han bajado al barro sino que han buceado en el barro. Los medios tienen una labor social tremenda de educación y de apuntalar ese progreso que nos hace falta y hay alguno que lo que ha hecho es destruirlo.

P: En el libro habla de otros 16 detenidos en los Sanfemines de 2016 por delitos de violencia sexual, que sin embargo no trascendieron como el caso de La Manada. ¿Por qué?

R: Porque los detalles del caso parecen una historia de terror para nosotras y muy jugosa para los medios amarillistas. Una fiesta como los Sanfermines, que si no has ido sabes cómo son, son internacionales, una chica de 18 años, cinco tíos entre los que hay un Guardia Civil y un militar, que su grupo se llama La Manada, graban, hacen fotos, podemos escuchar a sus amigos hablando de ellos como lo que son. Uno de ellos dice que los reconoce en eso, que es su forma de trabajar. Todos los detalles lo hacían carne de viral. Luego hay una parte muy importante, y es que todas las mujeres, de la edad que sea, se vieron reconocidas en parte de ese relato. Cuando tú te ves reflejada en algo, esa empatía genera una conexión brutal e imparable.

P: En todo caso, en su libro se refiere a este caso individual para hablar de un fenómeno colectivo y de la reacción feminista al respecto.

R: Es sólo porque en España este caso ha supuesto como el eslabón final a todo lo que estaba pasando. Eso que se dice de la gota que colmó el vaso. Pero a la par, el resto del mundo estaba sufriendo una serie de cambios acelerados que tuvo su punto álgido en EEUU con el #MeToo a raíz de un tuit. Entonces creo que esas pequeñas hogueras en cada sitio se han convertido en un incendio global, que alimenta más ese fuego. Me parece muy emocionante y muy imparable.

P: También habla de lo que se conoce como feminismo mainstream.

R:
Siempre vemos lo mainstream como algo pasajero, con poco contenido y superficial. Y lo es, en realidad. Sin embargo, este movimiento tiene tal fuerza y tiene tal conexión con la vida diaria de la gente y los derechos de las mujeres, que creo que una camiseta en una pasarela o el tuit de Alyssa Milano, las declaraciones en los Oscar, en los Grammy o en los Goya, tienen un poder de arrastre que ni los periodistas tenemos, ni las teóricas feministas tienen, ni tiene la propia historia del feminismo. Me parece muy positivo que gente que tiene un altavoz de millones de personas tire ese anzuelo. Porque a lo mejor hay chavalas que mañana se ponen la camiseta de "Todos deberíamos ser feministas" y pasado se olvidan. Pero a lo mejor no. A lo mejor eso les hace quedarse. Y creo que eso también les ha hecho decir, aunque sólo sea por moda y porque sale en todos los periódicos, "No es no". Y la repetición graba. Me parece importante. Contra el purismo de que hay que leer a Simone de Beauvoir y leer libros densísimos que al final sólo interesan a quien se dedica a esto, hay que saber llegar a la gente, y el feminismo ha sabido llegar a la masa.

P: Hay quien dice que una camiseta de Dior, elaborada gracias a la explotación de niñas y mujeres pobres, no puede ser feminista.

R: Es que en realidad la camiseta no es lo feminista. En realidad lo único que tenía de feminista esa camiseta era el mensaje. Siempre se puede hacer una crítica de cualquier cosa. Yo en este punto de la batalla con lo único que me quiero y me puedo quedar es con lo positivo. Creo que las luchas intestinas que muchas veces se generan son nefastas para el avance. Y estamos cogiendo tanto impulso que cualquier zancadilla en este momento no me gusta. Vamos a terminar de expandirnos un poco más y efectivamente luego podremos decir lo que hicimos mal. Hay muchas izquierdas, muchas derechas y una idea por cada persona de este mundo. No vamos a estar siempre de acuerdo, pero no hace falta. El feminismo no es una masa homogénea, cada una tiene su idea. Por supuesto que un discurso basado en la explotación de niñas está mal, pero estamos hablando de una marca de moda, yo a lo que me refiero es al mensaje.

P: La Comisión 8M fue muy clara al declararse anticapitalista. ¿Cree que hizo mal?

R: Muchas veces creo que cualquier mensaje que se intente enfocar a una determinada parte de la población muy cerrada y muy concreta, creo que es un error. Cualquier revolución triunfa cuando llega a la calle. No vamos a hacer nada si nos separamos en grupúsculos y no estamos juntas. Creo que precisamente estar juntas es lo que ha provocado este terremoto aquí y en todo el mundo.

P: ¿Cuáles son los siguientes pasos en esa revolución de la que habla?

R:
El 9M te habría dicho que nuestra lucha tiene que llegar ya a la política, y ahí está. Eso sí que ha sido una locura. A mí me ilusionó y me emocionó mucho. Los cambios políticos no son como un elefante, cuando se quiere hacer es obvio que se puede hacer. Pero nos queda aún muchas cosas, esto no se acaba aquí. Porque tengamos un Consejo de Ministras esto no ha acabado. La educación es algo básico y es también muy básico atender a esas pequeñas aristas que todas nos deberíamos revisar cada día. Queda mucho por hacer. Tenemos una brecha salarial tremenda, ahora los permisos de paternidad por fin… A nivel institucional y político, y todo lo que sea orgánico, quedan muchísimas cosas. Tampoco se han acabado las violaciones, ni los asesinatos, ni la violencia. Estamos en un buen punto porque esto ha sido un trampolín, pero ahora hay que saltar y luego seguir nadando.

P: Para conseguir esos objetivos, ¿el camino es seguir en las calles?

R: Guerrear en las calles es muy positivo, porque alzar la voz lo es. La lucha se da en la calle y se da abriendo la boca. Tenemos que seguir pidiendo cosas. Hay un momento en que como la pelea ha subido un escalón, está en manos de otros. Creo que ahora está en muy buenas manos, pero tenemos que seguir pidiendo. Nosotras pedimos donde tenemos que pedir, que es en las calles y en las redes sociales.
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