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Xunta Galicia

Fallece a los 100 años Gerardo Fernández Albor, primer presidente autonómico de Galicia

  • Fue el primer presidente autonómico elegido en las urnas (1981) y se consideraba a sí mismo discípulo del galleguismo de Ramón Piñeiro
  • Médico de profesión, el paso hacia la política lo dio de la mano de Manuel Fraga, al concurrir a las primeras elecciones autonómicas como candidato de Alianza Popular

Publicada el 12/07/2018 a las 11:28 Actualizada el 12/07/2018 a las 12:36
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El expresidente de la Xunta Gerardo Fernández Albor, en febrero de 2017.

El expresidente de la Xunta Gerardo Fernández Albor, en febrero de 2017.

Europa Press
El expresidente de la Xunta de Galicia Gerardo Fernández Albor ha fallecido en la mañana de este jueves en Santiago de Compostela, a los 100 años de edad, según han confirmado a Europa Press fuentes próximas al histórico político gallego.

La vocación le llevó por el camino de la Medicina, carrera que inició en la Universidade de Santiago de Compostela y que concluyó tras la interrupción de sus estudios con la Guerra Civil en 1936. Aunque esto no le impidió involucrarse en la vida pública.

El paso hacia adelante en política lo dio de la mano de Manuel Fraga, con quien entró de lleno al concurrir a las primeras elecciones autonómicas de octubre de 1981 como candidato de Alianza Popular (AP), una decisión que lo convirtió en el primer presidente gallego elegido en las urnas. El pasado mes de septiembre celebró junto con los suyos un siglo de vida.

Primer presidente autonómico en las urnas

Como "un amante de su tierra y de la libertad". Así se veía Gerardo Fernández Albor (Santiago de Compostela, 1917-2018), el "doctor Albor", como le gustaba que le llamasen, el médico instruido como piloto aéreo en la Alemania nazi tras estallar la Guerra Civil y el discípulo del galleguismo de Ramón Piñeiro que introdujo en la Xunta al convertirse en el primer presidente autonómico elegido en las urnas en octubre de 1981.

El autogobierno en Galicia empezaba a caminar con la promesa de Albor de que AP no utilizaría su poder en Galicia "como arma de presión" en España. Con más de 60 años, un perfil liberal y de la mano de Manuel Fraga, había decidido entrar política. Su ausencia de significación durante el franquismo contribuyó a abrirle las puertas.

Como él mismo contaba, a diferencia de compañeros que continuaron en aviación, él regresó a su ciudad, donde se licenció en Medicina. Tras pasar periodos formativos en distintas urbes europeas, lo que le permitió aprender varios idiomas, hizo carrera como especialista en Cirugía General y Digestiva, y logró cumplir uno de sus sueños al fundar el Policlínico La Rosaleda.

Casado con Asunción Baltar y padre de siete hijos, debía su prestigio profesional al humanismo y a la cultura de quien mantuvo en los años 50 y 60 contacto fluido con intelectuales como Domingo García-Sabell, llegando a formar parte del grupo 'Realidade Galega'.

Cuenta su amigo, el profesor Marcelino Agís, que fue Ramón Piñeiro quien le convenció de la necesidad de que el galleguismo "estuviese en todos los partidos".

Mandato

Albor siempre hablaba con ilusión de aquel primer Parlamento gallego que conformaban cuatro grupos −AP, centristas, socialistas y grupo mixto− y hasta seis organizaciones políticas. Era "un caballero de la política", como lo define la senadora del PP y en parte hija política María Jesús Sáinz, con la que solía quedar cada domingo a mediodía en una cafetería próxima a La Rosaleda para tomar un café.

Paso a paso se fueron construyendo los pilares de la autonomía en un mandato en el que Albor recordaba con orgullo el impulso de las obras del Pazo do Hórreo, de la sede del Gobierno gallego de San Caetano y de la Compañía de Radio Televisión de Galicia.

Por eso, le daba igual −o eso decía− que el fuerte liderazgo político de Fraga, el león de Vilalba' que dirigió Galicia durante casi 16 años, situasen sus logros como primer presidente popular en un segundo término de reconocimiento. "Cumplí con mi deber", solía afirmar un hombre que más de una vez rechazó encasillarse "en derechas o izquierdas" y que prefirió identificarse como "un galleguista de libertad".

Moción de censura

Pese a lo convulso de los primeros años de la autonomía, el doctor Albor repitió a finales de 1985 como candidato de Coalición Popular, en la que al margen de AP se integraron otras fuerzas como Centristas de Galicia, y volvió a ser investido presidente tras un nuevo éxito en las urnas, aunque le esperaba un año de inestabilidad política que llegaría a su punto culminante en octubre de 1986.

El 31 de ese mes, su hasta entonces vicepresidente, Xosé Luis Barreiro, y otros cinco conselleiros colocaron la dimisión sobre su mesa tras negarse a su petición de dejar la Presidencia. Fraga le brindó apoyo total y él aguantó el golpe y sumó a Mariano Rajoy como vicepresidente con la misión de frenar la rebelión, pero no hubo marcha atrás.

Los meses de conversaciones de Barreiro con los socialistas y otras fuerzas de la Cámara se vieron coronados con el llamado pacto de Os Tilos y se tradujeron en una moción de censura que situó en septiembre de 1987 al socialista Fernando González Laxe como nuevo presidente. "Lo único que puedo hacer es salir de aquí con toda la dignidad de viejo galleguista y viejo demócrata", se despidió el Albor derrocado.

Múltiples cargos políticos

La salida forzosa de la Xunta no frenó la actividad política de Albor que, en el mismo año en el que Manuel Fraga recuperaba el Gobierno gallego para los populares (1989), aterrizaba en la Eurocámara, donde permaneció una década y donde presidió en su primera etapa la Comisión creada para la reunificación de Alemania.

Europeísta convencido, fundador del Intergrupo Camino de Santiago en el Parlamento Europeo, miembro de numerosas sociedades científicas, participativo en foros como el de Pensamiento y Opinión Galicia Milenio, nunca renunció a la premisa de que "el que es joven lo es para toda la vida".

Prueba de ello es que en 2007, ya con 90 años, fue el primer expresidente en pedir el ingreso en el Consello Consultivo. También ha acudido a diario a su despacho en el centro de Santiago mientras se lo ha permitido su salud y ha participado en múltiples actos del Partido Popular de Galicia (PPdeG).

Sus compañeros de filas recuerdan que en sus intervenciones nunca faltaban las referencias históricas, algún chiste y un comentario para una mujer. También se ha atrevido a decir en algún mitin lo que muchos piensan −pero callan− sobre una hipotética marcha de Feijóo a Madrid. "Nos lo van a llevar", dijo en un multitudinario acto en la Plaza de Toros de Pontevedra antes de las autonómicas de 2012.

Rajoy: "Un gran español"

Albor figura en el organigrama del partido que lidera Alberto Núñez Feijóo como presidente de honor, idéntica distinción a la que tiene en el PPdeG Mariano Rajoy, el que fuera su vicepresidente en aquellos momentos de crispación de mediados de los 80 que finalizaron en moción de censura.

Rajoy, al igual que Feijóo, ha erigido en reiteradas ocasiones al médico compostelano en "ejemplo" a seguir. Lo hizo de nuevo a principios de 2013, cuando le entregó la condecoración de la Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica al expresidente gallego.

Al doctor Albor se refirió Rajoy, en quien había confiado en su día para frenar una ruptura de Gobierno que resultó inevitable, como "un servidor fiel" de su país y "un gran español", pero también "un gallego íntegro, un europeo sobresaliente, una persona docta y sabia, y un político tan ejemplar en sus ideales como en su recorrido vital".
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