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28A | Elecciones generales

Tres claves para entender si existe el voto útil y cómo funciona de verdad

  • Con certeza absoluta es imposible decir que un voto será útil o inútil en una circunscripción concreta
  • Si uno cree en los sondeos y en la estadística, sí puede distinguir aquellas provincias donde una papeleta puede ser más provechosa para convertirse en un escaño
  • El reparto de actas depende de múltiples factores: con el mismo número de votos, un partido puede obtener o no escaño dependiendo de cómo se repartan las papeletas entre el resto de fuerzas

Publicada el 27/04/2019 a las 06:00 Actualizada el 27/04/2019 a las 12:13
Casado y Rivera en el plató del debate de Atresmedia.

Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias en el debate de hace unos días en Atresmedia.

EFE
A pocas horas de la celebración de las elecciones generales del 28 de abril, los principales partidos se afanan en rascar los últimos votos para su candidatura. Y entre los mensajes que están lanzando para captar a quienes aún no se han decidido, especialmente el PP y el PSOE están insistiendo en reivindicar su papeleta como la única "útil" para sortear los efectos antiproporcionales de la ley electoral. Pero, ¿puede hablarse realmente de que existe un voto útil y otro que no lo es? Pues, a priori, no, e incluso tomando como referencia los resultados de las encuestas, solo en algunas provincias sería asumible este argumento.
 

¿Existe el "voto útil"?


"Podemos ganar las elecciones el próximo domingo y el lunes encontrarnos un Gobierno de las tres derechas y por eso es importante concentrar el voto en el único partido que garantiza que España mire al futuro y no pueda retroceder 40 años y eso hoy es el PSOE", afirmó el candidato socialista Pedro Sánchez hace unos días. Se trata de un perfecto resumen de la base del argumento del voto útil: como la ley electoral no representa a los partidos de forma proporcional al porcentaje de votantes que obtienen y, además, prima la concentración del voto, escoger la papeleta de la opción mayoritaria de cada bloque evita que ningún voto quede sin representación.

No obstante, esta premisa está, cuanto menos, muy condicionada por las circunstancias. Es cierto que el funcionamiento de la ley electoral es poco proporcional en el conjunto de España y que esta escasa proporcionalidad perjudica a las fuerzas más pequeñas y potencia a las que tienen el voto más concentrado, pero también lo es que la base de esta distorsión es la sobrerrepresentación de las provincias rurales y, fundamentalmente, la abundancia de circunscripciones que eligen pocos diputados y en las que es complicado que las formaciones más pequeñas obtengan acta.

Así, es en las 24 provincias que eligen entre cinco y nueve diputados y, fundamentalmente, en las otras 19 circunscripciones que eligen cuatro actas o menos, donde el sistema electoral provoca sus efectos más mayoritarios. En las provincias donde se escogen diez o más parlamentarios –las más pobladas y las más infrarrepresentadas– la norma es prácticamente proporcional y los partidos pequeños pueden obtener diputados con porcentajes bajos de voto. Pero ni siquiera en esas 43 provincias pequeñas o medianas puede hablarse de la existencia constatable de un voto útil y un voto inútil, ya que el hecho de que la fuerza o fuerzas más pequeñas de cada bloque entren en el reparto de parlamentarios está condicionado por varios factores que cambian según la elección.
 

¿Cuáles son esos factores?


Fundamentalmente, son tres factores. En primer lugar, como se ha aclarado anteriormente, el número de diputados elegidos por la provincia es determinante, ya que en las más pobladas es más sencillo conseguir un escaño que en las más pequeñas, precisamente porque se reparten más, aunque también cada acta cuesta a los partidos un número –que no un porcentaje– mayor de votos. Buen ejemplo de ello son las generales de 2015, en las que IU se quedó sin representación en Asturias (que elige ocho escaños) pese a obtener un 8,5% de los votos, mientras que consiguió dos parlamentarios por Madrid (que es la provincia que más reparte, con un total de 36 entonces) con el 5,2% de los sufragios allí.

En segundo lugar, la distribución del voto entre los diferentes partidos que entran en el reparto de escaños en cada circunscripción también es clave. Veámoslo con un ejemplo hipotético, de una circunscripción que elige a 4 diputados, y dos escenarios posibles:

a) Primer supuesto: el PSOE obtiene 80.000 votos, el PP logra 70.000, Unidas Podemos consigue 30.000, Ciudadanos reúne 20.000 y Vox alcanza 15.000. En este supuesto, el PSOE obtendría dos escaños y el PP otros dos.

b) Segundo supuesto: el PSOE obtiene 80.000 votos, el PP logra 55.000, Unidas Podemos consigue 30.000, Ciudadanos reúne 25.000 y Vox alcanza 15.000. En este supuesto, el PSOE obtendría dos escaños, el PP uno y Unidas Podemos otro.

Es decir, con el mismo número de votos, en el primer supuesto Unidas Podemos se queda sin escaño y en el segundo consigue un diputado. Simplemente, por el reparto del voto entre los demás partidos. 

En tercer lugar, la participación es otro factor a tener en cuenta: cuanta más gente acuda a votar, más número de votos son necesarios para conseguir un escaño, lo que afecta sobre todo a los partidos con menor respaldo.

La conclusión, si uno tiene en cuenta estos tres factores, es que no se puede afirmar con certeza antes de una elección que el voto a un partido vaya a ser útil o inútil en una circunscripción. Otra cuestión es hablar en términos de probabilidades. En este terreno, sí se pueden hacer hipótesis más o menos plausibles.
 

si se toman como referencia los sondeos, ¿puede hablarse de voto útil?


Para hablar sobre el voto útil en términos de posibilidades, hay que tener en cuenta (y creerse) las encuestas. En ese caso, un ciudadano podría concluir que en aquellas circunscripciones donde un partido no tenga ninguna posibilidad de obtener un diputado, votar a esa formación sería inútil; si los sondeos le conceden alguna posibilidad, entonces su voto podría ser útil.

Tomemos como referencia un análisis publicado por el diario El País, realizado a través de un modelo estadístico basado en encuestas y sondeos publicados, en el que en cada circunscripción se indica si un partido obtendrá un escaño con "seguridad" (99% de probabilidad), de forma "probable" (entre un 75 y un 99% de probabilidad), si lo tiene "en juego" (entre un 25 y un 75%) o si prácticamente carece de opciones (menos del 25%). De acuerdo con la explicación indicada, sólo en aquellas provincias donde un partido ni siquiera tenga un escaño "en juego", se podría considerar inútil votar a dicha formación.

De acuerdo con el citado análisis, el voto al PSOE podría ser útil en las 52 circunscripciones de España, ya que como mínimo está disputando un acta.

La papeleta para el PP podría ser útil en todas las circunscripciones, excepto en cuatro: Gipuzkoa, Girona, Tarragona y Lleida, donde según los sondeos la posibilidad de que obtenga un diputado está por debajo del 25%. 

En el caso de Unidas Podemos, el voto podría ser útil y transformarse en escaños en las siguientes 24 circunscripciones: Madrid, Barcelona, Girona, Tarragona, Valencia, Alicante, Sevilla, Granada, Málaga, Cádiz, Córdoba, Murcia, A Coruña, Pontevedra, Bizkaia, Gipuzkoa, Álava, Navarra, Cantabria, Baleares, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Asturias y Zaragoza. En el resto, las probabilidades no llegarían al 25%.

El voto a Ciudadanos podría ser útil en 36 de las 52 circunscripciones. Todas menos Álava, Bizkaia, Gipuzkoa, Navarra, Girona, Lleida, Cáceres, Lugo, Ourense, Cuenca, Palencia, Soria, Zamora, Teruel, Ceuta y Melilla.

Por último, el apoyo a Vox podría ser útil en 31 circunscripciones: Madrid, Barcelona, Alicante, Valencia, Castellón, Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Málaga, Sevilla, Murcia, Badajoz, Toledo, Ciudad Real, A Coruña, Lugo, Pontevedra, Illes Balears, Asturias, La Rioja, Cantabria, Ávila, Valladolid, Burgos, León, Salamanca, Zamora, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife y Zaragoza.

Ahora bien, hay que insistir en lo dicho anteriormente: esta clasificación exige que el votante se crea lo que dicen los sondeos y que además acepte que no tiene sentido votar a un partido que según esos sondeos no tiene ni un 25% de probabilidades de obtener escaño por la provincia respectiva (porque efectivamente el cálculo de probabilidades finalmente se cumplirá). En otras palabras, exige un doble acto de fe: en los institutos demoscópicos y en la estadística. Con certeza absoluta, es imposible asegurar que el voto a uno de los principales partidos será inútil en una circunscripción concreta.
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4 Comentarios
  • Leoncio Leoncio 28/04/19 02:31

    Mi respetado don Alfonso J. Vázquez, estoy tan de acuerdo con lo que dice en su comentario que me es imposible agregar algo. Gracias

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  • PEGOTE PEGOTE 27/04/19 10:01

    Cada vez queda más claro que para una representación justa al Congreso y al Senado la circunscripción debería ser la Comunidad Autónoma. No estarían determinadas provincias sobre- dimensionales y, además se correspondería con el principio de que el Senado las representa. Por otra parte, que el sistema no sea proporcional puro ya no evita la dificultad de formar gobierno, pero si una mayor injusticia en el valor de cada voto

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 27/04/19 00:33

    No hablemos con circumloquios para evitar decir la verdad clara: la ley electoral es un descarado fraude; el principio democrático de una persona un votono se respeta; aunque es verdad que cada uno emite un voto, la realidad es que el voto vale de 300 % a 10.000 % más según circunscripción.
    Es el fruto de una ley electoral que es un fraude de ley (art. 6.4 CC) que se preparó de mala fe (art. 7.1 CC) y se sigue aplicando porque no se hace nada por corregirla como exige el art. 7.2 CC, pero también el art. 9 CE78. La solucion correcta seria hacer una sola circunscripción electoral, en cuyo caso cada voto valdría lo mismo, o al menos, una circunscripción por autonomía en la que el numero de electos en cada uno fuera proporcinal a su ppoblacion y a los votos emitidos de acuerdo cnn la regla d'Hont, porque no es una ley sino un cuenta de la vieja.


    Contabilizar los votos nulos y las abstenciones sería una decision excelente: permitiría reducir el núnmero de Senadores y Diputados, lo cual significaría un ahorro tanto mayor cuanto mayor fuera la abstención. Además, la pérdida de diputados y senadores por abstención sería muy superior a las diferencias de los restos, con lo cual nadie podría achacar ninguna responsabildiad a la paja en el ojo de los restos cuando la viga depende de la abstención que disuade a los ciudadanos de votar porque los progrmas son inadecuados y la falta de confianza en los candidatos disuade a los viudadanos de darles su apoyo. Eso les obligaria a motivar más a los candidatos, cosa que ahora no ocurre porque lo hagan bien o mal se repartiránel mismo número de diputados y senadores. Contabilizando los votos nulos y las abtenciones se estaria castigandoa a los políticos, al dejar sillones vacantes, peo también la inhibición de los ciudadanos al respetar su derecho a no estar representdo; eso significa votar en blanco o no ir a votar.
    Si les da lo mismo, lo mejor es no poner a nadie. ¡Y más barato!

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    • Amatista Amatista 28/04/19 03:35

      Disculpe, pero me gustaría saber, según su opinión que me parece experta, cuál es el efecto de votar en blanco, porque uno considera que ninguno le representa, si es idéntico al voto nulo o no.
      Gracias de antemano.

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