Biodiversidad

La pérdida de biodiversidad más allá de la extinción de especies: "Estamos erosionando los cimientos de nuestras economías"

Un ciervo, en Doñana.

El informe publicado este lunes 6 de mayo en París por la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES, siglas en inglés), dependiente de la Unesco, alerta de la extinción de un millón de especies animales y vegetales en las próximas décadas, y muestra un cambio "sin precedentes en la historia de la humanidad". Pero el documento, fruto del trabajo de 150 científicos de 50 países y avance del trabajo final, que verá la luz a finales de año, es histórico por muchas más razones. Es el primer análisis global del estado de la naturaleza, estudiando indicadores desde 2005, hace más de una década; y no se conforma con informar de los datos, sino que profundiza en las causas y en los efectos de la pérdida.

Los datos más llamativos del estudio han ocupado los titulares de la mañana del lunes. De los ocho millones de especies animales y vegetales identificadas, un millón está en serio peligro. Entre otras razones, porque tres cuartas partes de la tierra y un 66% del mar se han visto "significativamente alterados" por la acción humana. El 85% de los humedades, cifran, directamente han desaparecido. El ser humano, además, explota a niveles insostenibles el 33% de los recursos pesqueros y provoca un cambio climático que acelera todos los procesos de pérdida de biodiversidad de manera exponencial. No se están perdiendo, a un ritmo de crucero, decenas de miles de razas y tipos distintos de insectos, de mamíferos, de árboles, de arrecifes de coral: la civilización, de mano de un sistema económico depredador, está haciéndolos desaparecer. Sin el impersonal.

"La evidencia abrumadora de la Evaluación Global de la IPBES, desde una amplia gama de diferentes campos de conocimiento, presenta una imagen amenazadora", aseguró en la presentación el presidente del organismo, Robert Watson. "La salud de los ecosistemas de los que nosotros y todas las demás especies dependemos se está deteriorando más rápidamente que nunca. Estamos erosionando los cimientos de nuestras economías, medios de vida, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida en todo el mundo". Aquí está la clave. No se trata de un capricho de conservacionistas enfurruñados. No es solo una preocupación –legítima– por el bienestar animal, por el derecho a vivir de nuestros compañeros de planeta: es que, al igual que otros procesos globales, la pérdida de biodiversidad, contar con cada vez menos especies vivas, amenaza nuestra manera de vivir.

Y durante más de 60 páginas, este primer avance del informe sobre biodiversidad y ecosistemas más grande y ambicioso de la historia se dedica a explicar por qué, por muy altos que se levanten nuestros edificios y rápido que corran nuestros coches, dependemos de la naturaleza. Desde lo más básico –la agricultura– hasta lo más abstracto: el impacto emocional positivo que tiene, en todas las sociedades, no vivir en un páramo. "La naturaleza juega un rol crucial en proveer de comida y alimento, energía, medicinas y recursos genéticos, y una variedad de materiales fundamental para  el bienestar físico de la gente y para mantener su cultura", recuerdan los científicos. "Por ejemplo, el 70% de los medicamentos usados contra el cáncer son de origen natural, o son productos sintéticos inspirados por la naturaleza".

La naturaleza regula el clima y hace de sumidero del dióxido de carbono de la atmósfera, disparado, y principal contribuidor del cambio climático; nos ofrece agua y aire y comida limpias, tres de los ingredientes esenciales para la vida; inspira nuestras medicinas, regala materiales de todo tipo, provee de energía y es el principal soporte de la identidad cultural de incontables poblaciones a lo largo y ancho del planeta. Y la pérdida de biodiversidad, a un ritmo tan desquiciado como el que refleja el documento, solo daña la capacidad de los entornos naturales de brindarnos todas estas facilidades. Los ecosistemas funcionan mediante el conocido, y nunca mejor llamado, efecto mariposa: lo que parece una anécdota puede desencadenar consecuencias a gran escala.

El ejemplo de los polinizadores

El ejemplo perfecto para entender cómo afecta la pérdida de la biodiversidad es en el caso de los insectos polinizadores. A simple vista inocuos, pequeños insectos como las abejas se encargan de transportar el polen de una flor a otra, haciendo viables procesos humanos como la agricultura. El decrecimiento de estos animales, para este estudio global, es evidente y continuado, y será decisivo en los próximos años. Los biólogos consultados por infoLibre aseguran que el caso de los polinizadores es uno de los más preocupantes cuando se habla de biodiversidad. "Es el caso más flagrante que se me ocurre. Se está demostrando que están bajando a una velocidad tremenda, con las consecuencias que ello conlleva para la producción de frutos", asegura Anna Traveset, investigadora en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (UIB-CISC) y especializada en las poblaciones de insectos en las islas.

La pérdida de biodiversidad está íntimamente relacionada con el cambio climático. Hace décadas que se conoce la relación, pero ahora se comprueba que los efectos ya son visibles: el aumento de la temperatura media y de los eventos extremos "han contribuido a extender los impactos en muchos aspectos de la biodiversidad, incluyendo la distribución de las especies, la fenología, las dinámicas de la población, la estructura de las comunidades y las funciones de los ecosistemas", explica el informe. Traveset pone un ejemplo de este agravamiento: si, por cambios en el ciclo de las estaciones, la floración no coincide con la eclosión de las mariposas, estos bonitos insectos no pueden cumplir su función y las consecuencias se desencadenan.

A José Luis Viejo, catedrático de Zoología y director del Máster en Biodiversidad de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), no le gusta el término cambio climático cuando se habla de la extinción de especies y la modificación de ecosistemas, porque a su juicio difumina los problemas a los que nos enfrentamos: prefiere el término cambio global, porque abarca todos los procesos naturales que se están viendo modificados y que vamos a tener que afrontar. El aumento de temperaturas, sí, pero también la desaparición de la pesca por su sobreexplotación. "Hablar de cambio climático en este sentido casi que nos exonera, porque echamos la culpa a otros", asegura, y mantiene una hipótesis de la que también alerta el estudio del IBPES: "Si no existiera el cambio climático, tendríamos igualmente un problema con la biodiversidad". El calentamiento global agrava, pero no provoca, el fenómeno.

La clave, a juicio del científico, está en el consumo de recursos y su sostenibilidad. "La especie humana es una de las mayores plagas que le ha caído a la Tierra en mucho tiempo", lamenta. "La acción humana es aterradora". El capitalismo, como cifra el documento, modifica el 75% de la tierra del planeta. Es decir, que tala más árboles de los que se pueden regenerar, destruye ecosistemas enteros a golpe de ladrillo, transforma bosques en campos de golf, envenena las aguas con sus procesos industriales y contamina el aire con su polución y el agua mediante su plástico.

Por ello, los científicos del IBPES urgen a una "transformación social, política, económica y tecnológica" en las próximas décadas para evitar los peores efectos de esta afrenta a la naturaleza que, además, y como pasa con el cambio climático, afectará más a los que menos culpa tienen: las comunidades indígenas llevan siglos, asegura el documento, dándonos lecciones de cómo es posible vivir bien sin sobreexplotar el entorno natural, y precisamente estas comunidades arraigadas en la tierra son las que antes sufrirán los efectos de la pérdida de biodiversidad.

 

La extinción de los insectos se acelera a un ritmo que "asusta", según un informe de Amigos de la Tierra

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Acción individual y colectiva

La pregunta es obligada: ¿y qué hacemos? Los científicos de medio mundo que han elaborado el informe sobre biodiversidad y ecosistemas advierten de que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) deben ser reinterpretados en base al cuidado de la naturaleza: de otro modo están en peligro metas tan básicas como las relacionadas con la salud, el agua o la energía. No se trata, insisten los investigadores, en vivir peor para conservar el medio ambiente: se trata de que conservando el medio ambiente se vivirá, en conjunto, mucho mejor. En global, sin desigualdades.

"Los objetivos de la sociedad – incluyendo los de alimentos, agua, energía, salud y el logro de un bienestar humano para todos, mitigando y adaptándose al cambio climático y conservando la naturaleza– se pueden lograr mediante caminos sostenibles, a través del rápido y mejorado despliegue de las políticas ya existentes y las nuevas iniciativas", afirma el informe, que, eso sí, advierte que solo la "acción individual y colectiva" podrá llevar a un "cambio transformador".

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