10N | Elecciones Generales

Los partidos ajustan estrategias para la campaña del 10N: así volverán a pedir el voto en las 'generales bis'

El presidente del Gobierno en funciones y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, este sábado durante el Comité Federal del partido.

Otra vez a elecciones. Unas generales bis. Las segundas en 2019, las cuartas en cuatro años. PSOE y Unidas Podemos no alcanzaron un acuerdo para evitarlas, acuerdo que hubiera necesitado a las fuerzas independentistas. Cs, que sumaba con el PSOE, ni siquiera negoció. Las encuestas del 10N coinciden en varias cosas: gana el PSOE, muy lejos de la mayoría absoluta; sube el PP y cae Cs; ningún bloque ideológico de fuerzas de ámbito estatal alcanza los 176 diputados, la mitad más uno del Congreso. Se presentan los mismos cinco líderes que el 28A, más Íñigo Errejón.

Con la ayuda de cinco politólogos, sociólogos y expertos en comunicación, infoLibre analiza la situación y las estrategias de los partidos ya metidos de facto –¿alguna vez salimos?– en una campaña que previsiblemente se verá sacudida por la sentencia del procés.

  IZQUIERDA

PSOE: La baza de la estabilidad

El candidato que cantaba La Internacional puño en alto, clamaba contra los poderosos que se alzaron contra él para que no pactara con Podemos y prometía una España plurinacional es historia. El presidente es hoy institucionalidad, moderación, centralidad, estabilidad. Un hombre que "no dormiría por las noches" con ministros de Podemos.

"El PSOE lo tenía claro en estas elecciones. Aspiraba a crecer a costa de Podemos ganando la batalla de la culpa y presentándose como la única opción posible. Ahora, ese punto ciego que no vieron en la proyección [Más País] les complica", señala Daniela S. Valencia, directora de la consultora de estrategia y comunicación Abella y Valencia. Eso sí, lo esencial está a salvo: pedir el voto para asegurar la "estabilidad", su concepto fetiche.

"Irán ajustando el mensaje hasta el último momento, pero el relato será: 'Cuanto más voto, más gobernanza'", resume Sílvia Claveria, politóloga y profesora de la Universidad Carlos III.

Su aspiración es mejorar su posición electoral y negociar el futuro gobierno con más fuerza. Encuestas y analistas coinciden en que es una opción verosímil. Suele darse el conocido como efecto bandwagon, que refuerza al partido líder de cada bloque. Pero el asesor de comunicación y consultor político Antonio Gutiérrez Rubí advierte: "Es una campaña imprevisible. El voto, tradicionalmente, ha estado asociado a intereses y necesidades, pero cada vez más lo está en el ánimo. ¿Cómo mides un enfado? Porque enfado hay". Gutiérrez Rubí advierte que los socialistas, aunque parten del primer puesto en las encuestas, son incapaces de controlar las emotividades desatadas por la convocatoria electoral. El consultor cree que, frente a las incógnitas, el PSOE hará lo posible por beneficiarse de la demanda de pragmatismo de una sociedad que ve cómo el multipartidismo ha aparejado bloqueo.

José Miguel Contreras, catedrático de Comunicación Audiovisual y experto en procesos electorales, observa que el PSOE vive la campaña con "lógica inquietud" [ver aquí]. "Es complicado que el PSOE aspire a un crecimiento significativo. Tradicionalmente su voto está muy decidido de antemano. Además, añade, Errejón tapona mucho ese posible votante de Unidas Podemos que pensara ir al PSOE. Lo que sí tiene es un elemento a favor: ese votante de centroizquierda de Cs que se puede volver", explica Contreras.

¿Cómo se maneja este escenario tan complejo? Contreras cree que a Sánchez le beneficiará la imagen de una campaña de "todos contra mí". "PP, Cs y Vox se medirán en dureza contra Sánchez. Y Unidas Podemos insistirá en la culpabilización del PSOE. La duda del PSOE es si responder con una campaña en positivo, de opción tranquila y segura, lo que tiene el riesgo de que puedes parecer débil, o responder con una campaña dura y resistente".

De lo que está seguro –todo lo seguro que se puede estar de lo que no ha ocurrido– es de que a Sánchez "no le interesa polarizar con Iglesias". "Él busca un debate de futuro", dice.

En cuanto al procés, Sánchez ya ha decidido: endurecer discurso contra el independentismo y anticiparse a los potenciales efectos de la sentencia [ver aquí].

UNIDAS PODEMOS: Sánchez (el poder) no quiso

Resumen de la campaña de Unidas Podemos: el PSOE, culpable de la repetición electoral, no quiere que tengamos poder porque entonces se harían políticas de izquierdas valientes y a favor de la mayoría que los socialistas, aliados en el fondo con los poderosos, no se atreven a impulsar; para demostrarles nuestra fuerza, vótanos; de lo contrario, el PSOE pactará con Cs.

"La estrategia será que les hace falta más voto para que el PSOE no pacte con Ciudadanos", resume Sílvia Claveria. El sociólogo Narciso Michavila, presidente de GAD3, cree que este es un mensaje bien diseñado y efectivo, pero pone matices: "El problema es Errejón. Si no fuera por Errejón, el votante de Podemos aguanta muy bien. Pero ahora le cede votos y escaños".

Michavila observa con interés los primeros movimientos de Iglesias tras la irrupción de Más País. El líder de Podemos ha agrupado a Errejón con Sánchez y ha dicho que la irrupción del nuevo partido le parece "previsible". "Es listo Iglesias", sonríe Michavila.

A falta de testar el impacto de Más País, las encuestas auguran bajadas para Unidas Podemos. Pero, en ningún caso, un hundimiento. "La debacle de Podemos fue en 2016, cuando pasó de 5 a 3,7 millones. Lo que tiene ahora no es fácilmente transferible", señala José Miguel Contreras, que anticipa en Unidas Podemos "una campaña de fortaleza". "Dirán 'aquí estamos nosotros, somos los que representamos estos valores'. Defenderán un terreno ideológico exclusivo", dice.

Con respecto a Errejón, dice Contreras, tratará de "ignorar su existencia" para polarizar, en el terreno de la izquierda, frente a Sánchez. Y no sólo por cálculo electoral. El enfrentamiento con Errejón "agita el debate interno". Y eso, grave siempre, en campaña es letal.

MÁS PAÍS: Algo nuevo para los descontentos

Antonio Gutiérrez Rubí, cauto sobre los efectos de la repetición en un electorado harto, sí tiene claro a quién le han dejado el balón botando. "En un contexto convulso, un nuevo partido tiene más que ganar que en un contexto estable. Errejón introduce la idea de lo pasado y lo nuevo, que no estaba", afirma. Y resume la idea de Más País: "El pasado no resuelve, no soluciona. En el futuro está la oportunidad".

A su juicio, Más País tiene dos ventajas: "puede explotar el rechazo a lo anterior y ofrecer esperanza en lo que viene". "Eso le da un buen posicionamiento de partida", añade. Coincide José Miguel Contreras: "De la misma manera que operativamente el partido no está preparado para elecciones, [electoralmente] las aguas se le han abierto como a Moisés". A juicio de Contreras, Errejón puede aprovechar un espacio "impresionante". "La izquierda tiene dos problemas: la sensación de fracaso y de polarización [entre partidarios de Unidas Podemos y del PSOE]. Más País se potencia en estos dos terrenos. Sin hacer nada, tiene un porcentaje significativo de voto casi garantizado. Pero además, Errejón representa bien esa opción del votante de izquierdas tranquilo que quiere acuerdo", explica Contreras, que advierte que, al presentarse en las provincias más pobladas y con mayor peso urbano, el mayor daño electoral se lo causará a Iglesias.

Más País se ha presentado en el tablero prometiendo "responsabilidad" para formar una mayoría progresista. "Le va a echar las culpas a los dos, tanto al PSOE como a Unidas Podemos", explica Sílvia Claveria. Así se coloca en un plano diferente, apelando a una especie de voto útil de la izquierda y deshaciendo de paso el posible efecto disuasorio de la idea de una pérdida de impacto electoral por la división de la izquierda.

La consultora Daniela S. Valencia observa que, nada más arrancar, Más País ya ha colocado sus cañones en la dirección correcta. "Se ha convertido en el eje, porque ha cortado el debate de la culpa entre PSOE y Unidas Podemos. Puede jalar voto del PSOE, de Unidas Podemos y hasta de exvotantes de Cs desencantados", dice Valencia.

A diferencia del Podemos original, Más País ha perdido capacidad impugnadora. Es decir, se presenta ofreciendo acuerdo a uno de los partidos que en 2015 Errejón llamaba "la casta". Valencia cree que superará esa limitación. "No estamos en 2015, sino en 2019. Hay mucho votante de izquierdas decepcionado. Hay multipartidismo, sí, pero con dos bloques ideológicos. El mal cálculo de los otros partidos [del bloque de la izquierda] le ha dado a Errejón nada menos que la capacidad de generar gobernabilidad y aprovechar la imagen de irresponsabilidad y de falta de habilidad política de los demás".

Michavila ve a Errejón intentando conectar con "el votante de izquierdas decepcionado, reivindicándose como líder genuinamente transversal que garantiza un gobierno de izquierdas". Está por ver, añade Michavila, los números de ese electorado.

Lo que ya se puede observar es que, si no pueden evitar hablar de Más País, el PSOE dirá que es una escisión de Podemos, y Podemos dirá que es un partido nacido para apuntalar al PSOE. Ante estos ataques, Contreras señala una ventaja de Errejón: su tirón mediático. "Otro líder de un partido de una comunidad que se presenta en unas pocas circunscripciones no tendría ni de lejos el protagonismo en los medios de Errejón". Para bien o para mal, el líder de Más País vive en parte de ser fundador de Podemos, condición que le ha dado una enorme popularidad.

  DERECHA

PP: Cambio de rumbo

Con una barba que le distingue de Albert Rivera, haciéndole aparentar mayor madurez, Pablo Casado ofrece al resto de partidos de derechas integrarse en España Suma, lo cual genera un marco mental que presenta al PP como el partido hegemónico en este bloque. Si tras el 28A hubo debate sobre quién lideraba la oposición, ya no lo hay. Es el PP.

Daniela S. Valencia cree que es el partido más favorecido por la repetición electoral –el que menos, dice, Cs–: "El partido está unido, la herida entre aznaristas y marianistas está cerrada. A Casado se le ve más experimentado. Con su oferta de España Suma, además, logra que Cs, al rechazarla, pierda imagen de partido moderado y que llega a acuerdos".

"El PP es un caso de libro de cambio de posicionamiento. Su electorado le dijo 'por ahí no' y ha cambiado", señala Narciso Michavila. Sin hacerlo explícito, añade, Casado ha entendido el "error de cálculo" de pensar que el 28A podía "sumar a la andaluza" y ahora se esfuerza por "conectar con la demanda de pacto y diálogo" existente en la sociedad.

José Miguel Contreras afirma que Casado combina un talante más suave –ya no adjetiva sin cesar al presidente, en ocasiones bordeando el insulto– con la selección de perfiles afilados como Cayetana Álvarez de Toledo para recuperar terreno perdido ante Vox. Su baza, señala Contreras, es que parte del electorado de Vox –y en parte de Cs– asuma la "inutilidad estratégica" de la división del voto y confíe en el PP.

Ese trabajo, el de pedir el voto útil, lo tiene hecho casi sin moverse. De hecho, Contreras destaca cómo el PP mejora sus previsiones electorales con su líder prodigándose muy poco (para lo que le gustaba prodigarse antes, que era muchísimo). Es poco previsible otra campaña hiperactiva de Casado, augurando por la mañana el ocaso de la nación si gobierna Sánchez, ilustrando sobre los prodigios del blockchain por la tarde y llamando "traidor" o "felón" al presidente cuando encartase.

"Perfil bajo y sin excesivos aspavientos", define Contreras. Sílvia Claveria añade: "Casado ha visto que dejarse tirar tanto a la derecha por Vox, moviendo el eje de competición, le resta votos. Intenta ahora que el PP vuelva a ser la 'gran casa de la derecha'". En esa casa tendrían habitación propia Ciudadanos, que ha renunciado a compartir piso con el PSOE, y Vox. Pero las llaves serían de Casado.

CIUDADANOS: Buscando el marco del 'procés'

Ocurra lo que ocurra el 10N, no será el fin de la competición en el campo conservador. Si los tres partidos suman, es previsible que formen gobierno tipo Andalucía o Madrid. Si no, el PP ya prepara el terreno para culpar a Cs de dispersar inútilmente el voto [ver aquí]. Pero ese no es el primer problema de Cs, el partido al que mayor caída auguran las encuestas, descapitalizado en Cataluña, sumido en una crisis de identidad, con fugas de dirigentes históricos, cuestionado por una estrategia que en la práctica supone, no sólo trazar una línea roja al PSOE, sino negarse a reunirse con el presidente del Gobierno mientras se firman pactos con la ultraderecha. A Cs, el partido que lideraba las encuestas a finales de 2017, con el procés en ebullición, se le ha alejado la perspectiva del liderazgo conservador hasta casi hacerla desaparecer.

¿Qué hacer ahora? Antonio Gutiérrez Rubí, que en otras ocasiones ha resaltado la cintura y la habilidad política de Rivera, cree que ahora se ha quedado sin margen: "Sólo le queda perseverar. No hay tiempo para otro volantazo".

Michavila ve a Rivera metido en problemas: "Mientras que el votante de Unidas Podemos culpa de todo a Sánchez, en Cs no está tan claro. Muchos votantes no entienden que haya renunciado a ser partido bisagra que modula a unos y a otros. Su electorado más templado, menos ideológico, que quiere un gobierno, está descolocado".

El marco de discusión vigente incomoda a Cs, que se desgasta teniendo que responder una y otra vez sobre sus pactos. ¿Qué marco le interesaría? Por supuesto, el procés, su abono naturalprocés. "Ojo", dice José Miguel Contreras, "porque si el tema catalán sube, con una sentencia en la campaña, lo va a condicionar todo". Rivera ya prepara el terreno. En su cuenta de Twitter, prácticamente todos sus mensajes son ya sobre Cataluña.

"En ese tema tienen ventaja. Es su contexto propicio", dice Silvia Clavería, que también cree que jugar la baza de un cambio de estrategia –por ejemplo, ofreciéndose como opción bisagra– desorientaría a su electorado. "Es difícil hacer virajes tan rápidos".

VOX: Campaña de nicho

Es una incógnita cómo va a responder Vox a la repetición electoral. Sus 12 diputados en Andalucía reventaron las previsiones por arriba. En cambio, en las generales del 28A, pese a unos apreciables 24 diputados, no alcanzaron las previsiones. Está más que demostrado que la dispersión del voto debilitó al bloque conservador. ¿Pagará Vox ahora? En teoría, debe bajar.

A Michavila le sorprende que sus números indiquen que no baja tanto. "Los que reconocen que han votado a Vox, que no son todos, tienen una fidelidad enorme y te dicen que van a repetir. El problema de Vox es que, a poco que pierda puntos, pierde escaños. Está en la zona de 'un punto menos, dos escaños menos'".

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¿Qué estrategia va a seguir Vox? Si sigue su actual rumbo, será zigzagueante. Porque, aunque hace menos de un año desde su irrupción en Vistalegre, Vox ha dado ya sus bandazos. Su discurso está a medio hacer. El historiador Xavier Casals, uno de los más reputados conocedores de la extrema derecha española, ha definido así su "síntesis ideológica": "Por un lado, están los temas propios de la extrema derecha tradicional, como han sido el antiseparatismo, el antisecesionismo, el irredentismo (recordemos la reivindicación de Gibraltar), el rechazo a la memoria histórica, con la oposición a la exhumación al cadáver de Franco. Hay otros temas que lo sitúan en línea con la extrema derecha europea, como la cruzada ideológica contra la ideología de género o el rechazo al Islam. Y, por último, hay elementos del trumpismo, como esto de 'hacer de España grande otra vez' o la pretensión de levantar muros en Ceuta y Melilla, que además debería pagar Marruecos".

Vox va tomando elementos de esos tres paquetes, sin que sea fácil adivinar un patrón. Su líder, Santiago Abascal, se prodiga poco. Michavila cree que "se equivocarán si intentan hacer una campaña con elevadas expectativas". "Lo lógico es que hagan una campaña de nicho, reteniendo a sus votantes", afirma. Cree que el partido de Abascal tiene la doble ventaja de que los votantes no los ven culpables de la repetición electoral y tienen clara su política de pactos.

Abascal y los suyos, ya en precampaña, intentan imponer su marco de discusión: Cataluña –donde piden más mano dura que nadie– e inmigración ganan terreno sobre la "ideología de género". Es dudoso el recorrido de esa idea según la cual Vox es la única opción a un "consenso progre" que abarcaría desde el PP a Izquierda Unida. Los votantes conocen más a Vox ahora que el 28A. Se verá si eso suma o resta.

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